MUSEOS FRIDA KAHLO Y DIEGO RIVERA

Cuando se piensa en México y en su arte, es normal que las primeras imágenes que conjure la mente sean de ruinas precolombinas, como Teotihuacán o las pirámides mayas de Yucatán. Tenemos, en nuestro imaginario colectivo y no sin motivos, a México anclado en sus orígenes, pero lo cierto que es ese país fue cuna de genios que hicieron aportes invaluables al arte contemporáneo, y no hay exponentes más famosos en ese sentido que Frida Kahlo y Diego Rivera, quienes además de haber sido pareja se influenciaron mutuamente en la dimensión artística. La ciudad de México tiene varios museos dedicados a ellos, aquí hablaremos de los dos principales: el Museo Frida Kahlo, también conocido como “la Casa Azul”, y el Museo Anahuacalli, coloquialmente conocido como Museo Diego Rivera. Ambos se encuentran en Coyoacán, la zona donde vivieron ambos artistas.

Si vas a viajar a México, no te pierdas este post con mi lista de sitios imperdibles de Ciudad de México.

Museo Frida Kahlo

Frida Kahlo es quizás la pintora latinoamericana más famosa del siglo XX. Más allá de su obra pictórica, su irreverente mirada uniceja es un ícono en sí mismo, e incluso gente que no sabe quién fue sí identifica su imagen. El Museo Frida Kahlo tiene lugar en la Casa Azul, la misma vivienda en dónde Frida se crío desde pequeña y también donde desarrolló gran parte de su obra.

Toda su obra está signada por el dolor que le imprimieron a su vida, primero la poliomielitis, enfermedad que contrajo de niña, y luego un grave accidente de tránsito (el autobús en que viajaba fue embestido por un tranvía). Pero justamente, su obra es un ejemplo del arte como poder catalizador. En sus más de 200 obras, en su mayoría autorretratos, Frida plasmó la puja por sobrevivir y navegar sus tormentas personales (fue sometida a no menos de 32 operaciones quirúrgicas).

el marxismo curara a los enfermos

Además, sus lienzos fueron vehículo de sus ideales políticos. Desde joven, Frida había comenzado a moverse en veladas intelectuales, donde conoció al comunista cubano Julio Antonio Mella y, a través de él, a Diego Rivera, con quien se casó en 1929 y quien también creía fervientemente en la misión social del arte. Ambas circunstancias, el dolor y sus ideales políticos, confluyen en cuadros como El marxismo curará a los enfermos, en el que se ve a Karl Marx colocándole un arnés ortopédico, y a una paloma de la paz. La iconografía comunista, de hecho, deambula orgullosa las obras de Frida y Diego.

Cuando Frida conoció a Diego él ya era un muralista reconocido, y muy pronto el uno fue el más grande admirador del otro, pero también el mayor crítico. Algunos calificaron su matrimonio como la unión de un elefante y una paloma, dado que Diego era obeso y ella ligera, pero más allá de que fue una relación tempestuosa, con infidelidades y divorcios incluidas, ambos se potenciaron mutuamente.

Fue interesante la inserción meteórica de Frida en la vanguardia artística de su época. André Bretón invitó a Frida a exponer en 1939 e intenta convencerla del carácter surrealista de sus obras, mote rechazado por la autora bajo la defensa de que ella no pintaba sueños sino su propia vida. Pronto, la obra de Frida era admirada por genios como Picasso y Kandinsky, y sus obras llegaron al Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Una de las obras que no deberías perderte es Viva la vida, pintada por la artista poco antes de morir, a pesar de su deteriorado estado de salud.

En 2007 se encontraron y catalogaron un gran cúmulo de objetos en espacios que habían permanecido cerrados durante décadas por instrucciones de Diego Rivera. Así salieron a la luz 28.000 documentos, dibujos, grabados y borradores de la artista, más de 300 prendas de vestir y corsés (que se encuentran expuestos), y hasta el par de aretes que Picasso le regaló a Frida (y que se había dado por perdido).

Entre los objetos más interesantes expuestos se encuentran los pinceles, acuarelas y oleos de Frida, sus atriles y su silla de ruedas, pero también los jardines coloridos donde se distendía.

Cómo llegar y horarios

La Casa Azul se encuentra en la calle Londres 247, en Coyoacán. Se encuentra abierta de martes a domingo de 10 a 17 horas. Un gran consejo es comprar las entradas online previamente para saltearse la cola, que siempre da vuelta a la esquina. La entrada general es de 200 MX$, y el permiso para fotografías es de 30 MX$ adicionales. Web del Museo.

Museo Diego Rivera

museo diego rivera

También conocido como Museo Anahuacalli, la idea del museo surge en los años 30, cuando Frida y Diego hablan por primera vez sobre la necesidad de legarle al pueblo mexicano parte de su pasado, ya que Diego, como admirador de todo lo prehispánico, era poseedor de una colección de más de 50.000 piezas y artefactos.

El Museo combina influencias de estilos precolombinos como Teotihuacán con aspectos del Art-Decó. Las muestras se organizan en tres niveles que guardan correlación con los tres niveles de la cosmogonía mesoamericana: el inframundo, donde habitan los muertos, el mundo de los vivos, y el de los dioses, sobre los dos anteriores.

Para quien ya haya visitado el Museo Nacional de Historia y Antropología, las piezas prehispánicas causaran una impresión moderada. Para mí, la razón para visitar el museo es contemplar los bocetos originales de los murales de Diego Rivera, que están en el tercer nivel.

Si llegaste leyendo hasta aquí doy por sentado que sabés que Diego Rivera fue un eximio muralista mexicano famoso por producir murales con alto contenido social en lugares públicos.

Diego Rivera, lejos de esconder su ideología comunista, se embanderaba con ella, manteniendo su coherencia, incluso, contra sus propios intereses. En 1933 Rivera fue invitado por el magnate Nelson Rockefeller a realizar un mural en el vestíbulo del edificio de la RCA (Radio Corporation of America) que luego sería el Rockefeller Center. Era una oferta que ya habían rechazado Picasso y Matisse, por tratarse de un tema impuesto. Diego entonces realizó una obra llamada “El hombre en la encrucijada”, y según otras fuentes El hombre controlador del universo, que de forma vanguardista mostraba avances tecnológicos como pantallas de televisión y telescopios, pero también las contradicciones sociales del mundo contemporáneo.

el hombre en la encrucijada

En el mural pueden verse tropas con máscaras de gas (una reminiscencia de la todavía fresca I Guerra Mundial) y dos estatuas, una de ellas decapitada, como metáfora de la revolución. Cuando Rivera estaba a punto de culminar el mural, incluyó de Lenin, Trotsky y Marx, lo que enfureció a la familia Rockefeller: la obra se estaba pintando, después de todo, en el corazón del capitalismo.

Cuentan que Rockefeller le pidió que cambiara el rostro de Lenin por el de un obrero anónimo, pero Rivera se reusó. Pocos meses tras ser concluida, la obra fue destruida a martillazos por una cuadrilla de obreros al mando del millonario, acto que muchos calificaron como un vandalismo cultural.

Gracias a fotografías realizadas durante el proceso de elaboración, Rivera pudo volver a pintar su obra en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México.

En el Museo hay bocetos de otras obras polémicas, como el titulado “Pesadilla de guerra y Sueño de Paz” que hasta el día de hoy se encuentra desaparecido. Fue realizado para la exposición “Veinte siglos de Arte Mexicano”, una muestra itinerante que recorrió Europa. Pero como la obra mostraba a Marx, Lenin y Stalin ofreciendo la paloma de la paz al Tío Sam (Estados Unidos), John Bull (Inglaterra) y la alegoría de Mariana (representando a Francia), la pieza fue censurada tras la negativa de Rivera a cambiarla. Entonces el artista la regaló a China. El rastro se pierde al llegar al Museo Pushkin de Bellas Artes de Moscú, y aún su paradero es un misterio.

Como llegar, horarios y entrada

El museo se encuentra en Museo 150, San Pablo Tepetlapa, Coyoacán, Ciudad de México y abre de miércoles a domingo de 11 a 17:30. La entrada tiene un valor de 90 MX$.

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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