NOSTALGIA COMUNISTA EN ALBANIA: CONVERSANDO CON LOS DINOSAURIOS:

¿Quiénes y por qué sienten nostalgia por el comunismo en Albania, un país que sufrió durante 40 años la feroz dictadura de Enver Hoxha? Esta es una crónica escrita tras un mes en el país, basada en una entrevista con ancianos miembros del sobreviviente partido y conversaciones con campesinos memoriosos de las miserias de la época.
Sali Muftare parece uno más de los ancianos de sombrero encintado que revuelven las fichas de dominó con aire soberano y beben café turco en pocillos con sus nombres. No es que sus nombres estén escritos, sino que la mujer que lleva treinta años atendiendo la antigua Eshtepía e Oficerave (Casa de Oficiales) de Berat, Albania, conoce las mañas seniles de cada uno de ellos. Sabe que si a Hasan no le dan la taza de ribete dorado con la inscripción “Regina”, esa tarde Hasan no beberá su café. Nadie puede decir con certeza cuándo este grupo de militares jubilados, antiguos perros guardianes de la dictadura comunista de Enver Hoxha, que gobernó el país desde 1945 hasta 1985, comenzó a demostrar semejante apego capitalista por una tacita. Quizás esas manijas de porcelana sean lo último de lo que la vieja generación puede agarrarse ante la caída libre de sus ideales, un último bastión entre la nostalgia y el vértigo.

La Casa de oficiales: una máquina del tiempo. A mi derecha, Sali no sólo se cree un iluminado del marxismo-leninismo, sino que además el sol le da literalmente en la pelada.

 La Casa de oficiales: una máquina del tiempo. A mi derecha, Sali no sólo se cree un iluminado del marxismo-leninismo, sino que además el sol le da literalmente en la pelada.
Sali Muftare es calvo y debe rondar los setenta años. Tiene los gestos pacientes de cualquier otro anciano albanés, pero cuando habla su retórica y sus ojos seguros y directos como trenes nocturnos lo delatan. Quien da sorbos mínimos y metódicos a la taza de café frente a mí es el secretario del buró político del Partido del Trabajo de Enver Hoxha. Cuando en 1992 el offside era evidente y el Partido Comunista renegó públicamente de sus principios y se autoproclamó como Partido Socialista —abriendo paso a las reformas y liberalización del país— los más acérrimos militantes se refugiaron en el Partido del Trabajo. Está acompañado de otro fiel camarada, coronel retirado y miembro del partido comunista desde 1954. Menos corpulento que Sali, tiene más aspecto de abuelo que del comandante que dice haber sido. De su bolsillo asoman dos pares de lentes, para ver de cerca y de lejos. Me pregunto con cuál mira a los jóvenes que festejan su nuevo teléfono celular sobre la calle peatonal, qué lentes usa cuando lo que está fuera de foco es el tiempo. Uno de los camareros del café hace de traductor. Markus es lo opuesto de los camaradas, un joven de 22 años nacido en democracia y ansioso de mundo, al que sólo le quedan tres libros sin leer de todos los que en idioma inglés dispone la biblioteca de Berat.
—¿Qué es lo que extraña del comunismo?
Sali me mira y se reacomoda en el asiento. Lo hará tras cada pregunta, como un boxeador que espera un gancho sorpresivo de su rival.
—Ahora le voy a dar una información interesante para que reflexione. Cuando el Partido Comunista tomó el control de Albania, el analfabetismo era del 93%. A los campesinos no les alcanzaba para vivir ni tres meses al año. La industria no era conocida. No había casi escuelas ni un sistema de salud. Con planes quinquenales revertimos todo eso. En apenas cinco años había escuelas hasta en el último pueblo y en 1972 toda Albania tenía electricidad. Todos teníamos trabajo y había seguridad, eso es lo que extrañamos.

Mientras hablaba, Sali hojeaba el periódico -¿debo decir fanzine?- del partido.

 Luego le clava a Markus una mirada periscópica, hunde un dedo pesadísimo sobre mi cuaderno y le ordena que me ordene que escriba lo que acaba de decir. El secretario del partido ha jugado las predecibles cartas fuertes en la primera ronda. Como en todo comunismo, tener la panza llena y saber escribir es lo más importante, más no sea para enunciar tu amor por el dictador de turno con ortografía correcta o componer himnos patrióticos. Como si hubiera adivinado los pensamientos tras mi silencio, Sali añade:
 Si hoy le preguntas a un joven qué es lo que más desea te responderá: quiero más dinero, libertad e independencia. ¿Pero de qué sirve la independencia cuando no encuentras trabajo?
No me sorprende en absoluto el canje extorsivo de pan por sumisión, y la confusión entre enseñar a leer y escribir y enseñar a pensar. Creo que la independencia en sí misma, es decir, la capacidad de hacer rentable tus propias ideas es madre de todo trabajo posible, pero prefiero callar para ver hasta dónde llegan. Están tan entusiasmados por esta exótica entrevista para un medio argentino que se pelean por hablar. Temo que si les pateo algunas columnas retóricas la hipertensión se los lleve en ambulancia.Además, acaban de pedir una ronda de café turco y raki, un licor de ciruela casero que desgarra esófagos a lo ancho y a lo largo de Albania, y sería muy poco polite, muy poco camarada ir al choque.

Berat, la ciudad donde tuvo lugar la entrevista, es Patrimonio de la UNESCO por sus casas escalonadas de la era otomana. En esta ciudad, nos quedamos 15 días.

El comunismo de Enver Hoxha era quizás el más radical y celoso de toda La Internacional. Nada debía entusiasmar a los corazones proletarios más que el glorioso futuro del partido y por eso, en vez de coquetear con persuasiones y medias tintas, en 1967 Hoxha declaró a Albania el primer país ateo de la historia. Cientos de iglesias y mezquitas en todo el país fueron destruidas. A los albaneses, portadores de un Islam nominal al que habían sido convertidos a la fuerza por las mismas hordas otomanas que tomaron Constantinopla, no les costó demasiado desarrollar la más laica de las apatías.
—Cuando Hoxha estaba en el poder, Albania no se arrodillaba ante nadie Dios ni ante Moscú, ante nadie– culminó Sali como si Dios y Moscú hubieran sido las
dos amenazas máximas de Albania.
Mientras Cuba y otros países, crecientemente boicoteados por embargos internacionales en los sesentas, se prendían a la gran teta soviética, Albania cortaba lazos con Moscú de forma voluntaria y buscaba ordeñar su propia vaca. “Los albaneses comeremos pasto antes que vendernos por 30 piezas de plata” –había declarado Hoxha. Ante sus ojos puristas, Kruschev era un revisionista, un derrotista que había acudido al parche del socialismo de mercado. Así, tras una fallida alianza con China, Albania fue quedando cada vez más sola incluso entre los aislados países del otro lado de la cortina de hierro, y Hoxha fue encaneciendo montado en su propia espiral de paranoia. Convencido de que lo iban a invadir, no importaba si los chinos o los norteamericanos, mandó a construir 700.000 bunkers de concreto que aún asoman por toda Albania. Fueron atacados por la maleza y por los grafities antes que por cualquier marine.

Incluso frente a una granja en un paraje olvidado, uno puede encontrar un bunker. La historia que vivimos con Lau en una de esas casas “defendidas” por bunkers, quizás se las cuenta ella en su blog. Aunque esa historia da para un libro aparte.

—¿Alguna vez llegaron a usarse los bunkers? – pregunté sabiendo que no.
Fue entonces que Sali pareció hacer un gesto paternal de permiso y dejó hablar al camarada cara de abuelito.
—No, pero estábamos listos para pelear ante el último hombre. El camarada Hoxha había proclamado que nunca más nos volverían a conquistar…
Los bunkers eran desalmados iglúes de concreto con una mustia ranura pensada para contemplar el apocalipsis o para causarlo. El ingeniero que los concibió tuvo que probar su fe en el diseño permaneciendo dentro mientras el bunker era bombardeado por un tanque. Pero al parecer hubo un error de cálculo, y ningún invasor se presentó a la cita a reclamar sus reservas mundiales de yogurt y rebaños de cabras.
—El supremo camarada había pedido que todos los albaneses que pudieran erguirse sobre sus piernas debían armarse y defender el marxismo-leninismo desde un bunker. Teníamos suficientes bunkers para acomodar a toda la población, a razón de cuatro personas por refugio.
Markus me mira y revolea los ojos. No puede evitar traducir sin editar y agrega:
—Dice eso pero es mentira, nadie se hubiera sacrificado. Ahora soy yo el que te voy a decir unos datos para que reflexiones: la gente vivía en la miseria y colgaban retratos de Hoxha por miedo a ser encarcelados por la Sigurimi—policía secreta—. Ellos asesinaron a más de 6 mil personas. ¡Ya ni siquiera buscamos sus huesos!  Los albaneses vivíamos en el terror, si te sorprendían escuchando una emisora extranjera, podían condenarte a trabajar en una mina de carbón durante 10 años. Tenías que atar a los perros para que ladren y recién ahí sintonizar con volumen mínimo los programas de la RAI italiana, que era el único canal del mundo exterior que llegaba.
Sali y su camarada, pensando que Markus seguía traduciendo su amor por la hoz y el martillo, sonrieron con todo el brillo de sus ortodoncias postizas.
—Tampoco te lo van a decir —añadió— pero para lo único que sirven esos bunkers ahora es para que los albaneses más pobres tengan donde perder la virginidad. ¡Esa fue su única contribución al proletariado!

Este bunker quedó en medio a la ciudad. Me metí dentro para imaginarme que se debió haber sentido ser un soldadito de la Guerra Fría. Esto es lo que se veía desde la mira donde antes calzaría una Kalashnikov: ¡gente de shopping!

Hemos visto bunkers en los sitios más inusuales, junto a carreteras de montañas y en la misma playa, cerca de Himare. Su ubicuidad me recuerda algunos textos de Foucault y su idea de lo panóptico. Un gran hermano soviet de hormigón, un sutil recordatorio de que, ante todo, había que defender la revolución. Coherentemente, muchos edificios que parecen no mantenerse en pie cuentan —todavía—con refugios antinucleares en sus sótanos, y redes de túneles misteriosos se abren paso dentro de las montañas. Es curioso: tras sostener los puños en guardia durante 40 años en los que obtener una visa de Albania era imposible, hoy Albania es uno de los países más American-friendly del mundo. Los norteamericanos pueden quedarse hasta un año sin necesidad de tramitar permisos ni visados.
—Si la gente era tan feliz ¿por qué decidió cambiar de sistema? – me animo a preguntar luego de darle un sorbo profundo al raki.
La pregunta es un poco mordaz, y Sali me mira con cara de “te la tenías guardada”. Después traga saliva, mira a un punto fijo detrás de mí y con el aire filosófico que le confiere esa búsqueda de horizonte hace la prueba a responder:
—Los pueblos son pueblos, son gobernados y confían en sus líderes. La población no fue consultada si quería o no cambiar de sistema. Los problemas económicos abalanzaron el cambio…
Su respuesta es completamente tautológica y no explica por qué había problemas económicos en el mundo de la abundancia proletaria. Pero lo alucinante viene después. Para remontar la situación, Sali se pone de pie y en tono castrense hace su propio plebiscito, dirigido a una población septuagenaria de jugadores de dominó.
—¡Levante la mano el que quisiera que regrese Enver Hoxha!
Lo que queda de los camaradas levanta la mano hasta donde la artritis se los permite, sin entender muy bien la naturaleza del llamado pero respetando al antiguo coronel. Un hombre se acerca a nuestra mesa y susurra:
—Si tuviera cuatro manos, las levantaría las cuatro.
En el mismísimo nido del águila, donde el tiempo es un insecto en formol, el referéndum comunista es un éxito. Tengo la sensación de que, en realidad, el comunismo es la máscara local de la universal añoranza que tienen los ancianos por su juventud. Quizás lo que extrañan sean sus años guapos, cuando lucían uniformes con galones y las damas consideraban el más grande de los honores poder acompañarlos en la otrora suntuosa eshtepería. Sobre todo, extrañan ser la clase detentora del poder. No veo jóvenes. Los jóvenes eran los primeros en ser reprimidos y encarcelados por cualquier idea o manifestación emocional o artística. Por sólo decir la palabra “Europa” te acompañaban a la comisaría. Como consecuencia de este deseo contenido, más de un millón de ellos emigraron de todas las maneras imaginables después de 1991. Aunque en Sudamérica la rebeldía de muchos consistía en soñar un comunismo para tirarle una piedra con el alma a las botas de derecha, al Este de la Cortina de Hierro no había guitarras eléctricas sino palas y trabajos forzados para los que soñaban.

Los padres de Jimmy, nuestro anfitrión, en la aldea de Sharez

No veo tampoco  a nuestro alrededor ex granjeros ansiosos de regresar a las granjas colectivas. En los pueblos de Albania conversé con numerosos campesinos que habían vivido la época comunista y que recordaban muy bien lo que era vivir arriando vacas ajenas y poder tener, solamente, una vaca y cinco ovejas para usufructo familiar. Parece ser que eso de que “las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas”, es algo que infligieron los oligarcas capitalistas y los comunismos por igual.
—Pobres, ellos no saben las miserias que pasamos.
Eso había dicho un anciano, antiguo mecánico de tractores en la aldea de Sharrez, a su hijo, quien nos estaba alojando. Mientras bebíamos café turco servido junto a la infaltable copita de raki en una coqueta bandeja, me contó que había tenido una sola camisa por cuatro años, que pasaba el día en los campos sólo para regresar a su casa con un pan para cada integrante de la familia. En Vejze, otra aldea, Paulo, un hombre que había terminado emigrando en un gomón hasta las costas italianas, hizo una detallada catarsis. Me relató los gramos mensuales de manteca, de azúcar, de carne, que podía reclamar cada familia sin ir a la cárcel.
—¿Y no podías tener animales sin que se dieran cuenta?
– Sí, algún que otro chanchito de más teníamos. El problema es que el gobierno mandaba soldados a controlar que no hubiera chanchos escondidos en los patios. Y era un problema, porque los chanchos hacen mucho barullo.
—¿Y qué hacían?
—Los emborrachábamos, les dábamos raki con una mamadera.
De regreso en la cafetería bolchevique, un hombre calvo y de camisa impecable pasa repartiendo una mirada severa pero perdida entre las mesas, se choca con la camarera que se deshace en mil perdones, y continúa con paso inspector. Markus le ha servido café mil veces:
—Era un hombre muy importante, durante el comunismo había en toda Albania 28 mil oficiales del ejército, pero sólo 100 tenían rango como él.
Empiezo a entender a la casa de oficiales como el último reducto de una jerarquía, la última pasarela donde aún se respetan los antiguos títulos y medallas de quienes pregonaban la igualdad.  Todos tenían  las mismas oportunidades, es decir, ninguna. La oportunidad personal, la capacidad de hacer rentables tus capacidades e ideas y de obtener un rédito económico en base a tu esfuerzo personal, era algo así como un pecado en un sistema más preocupado por la homogeneidad que por la felicidad. Pero parece que el ser humano no es feliz cuando se siente apuntado con un arma para vestirse como su vecino, sino cuando puede echar a volar su imaginación, crear una obra de arte o una empresa. Por eso, tampoco hay jóvenes en la cafetería.
—¿Cuántos afiliados tienen?
—Muchos… — Neo intenta hacer trampa y esquiva las preguntas como balas.
—Dígame un número. ¿Cuántos cree Usted?
Acorralado, Sali parece estar midiendo mi cara de zonzo para ver hasta dónde me puede mentir. Obligado a responder, murmura que unos ochenta mil, dice algo sobre un dos por ciento y relojea como va la partida de dominó en una mesa cercana. Sin embargo, pronto se olvida de los votos. En el giro, la calle peatonal cercana, un grupo de chicas muy coquetas se ha puesto a ensayar un esquema con música de Britney Spears. Markus me dice que son chicas locales que participan de una actividad del Cuerpo de Paz, una ONG norteamericana. Las chicas bailan en la vía pública con pancartas contra la violencia de género. Lo hacen en una ciudad albanesa de provincia donde las mujeres adultas lucen ochentosos vestidos estampados y las jóvenes pasan de la virginidad adolescente al compromiso matrimonial tras el primer beso. Sali y el resto de los camaradas se desinflan por un segundo de tanto marxismo leninismo y dejan caer la mandíbula. Su vista ya no advierte el futuro del proletariado sino la suspensión plástica de la belleza sobre el pavimento del giro. The final day when leaders met cheerleaders.

La Pirámide pensada para ser museo, y que fue apenas discoteca y hoy ruina.

Similares contrastes nos roban los ojos en Tirana. El bloku, antiguo barrio residencial de la cúpula comunista donde ningún albanés corriente podía aspirar a entrar, es hoy una zona de bares chill out, donde no faltan locales de Swarowski y más de uno llega en Porsche. Dicen que cuando el bloku abrió sus puertas al público en 1991, los albaneses lloraban de rabia al constatar que quienes los alentaban al sacrificio vivían rodeados de lujos. No tardaron en bajar las estatuas de los próceres soviéticos de sus pedestales. Todo bronce incorrecto fue descatalogado y relegado a oscuros galpones. En el patio de un ministerio (foto de apertura) divisamos un grupo de estos héroes derrocados compartiendo el olvido y custodiados por un guardia de seguridad que no nos deja acercarnos a menos de cien metros. Se puede reconocer a Stalin con su reciedumbre y su capa al viento, a dos pasos un Lenin con su brazo mutilado ya no señala ningún rumbo. Lo más intrigante es un busto embalado y asfixiado por una sábana blanca, que se encuentra entre los dos primeros. Es una de las últimas estatuas de Enver Hoxha. ¿Fue cubierta para que nadie más la vea en una maniobra de aniquilamiento simbólico, por alguien cansado de verlo en todos los segundos, en todas las visiones? ¿O habrá sido el gesto piadoso de un viejo correligionario, que prefirió vendarlo para que no notara los cambios que ocurrirían, inevitablemente, en Albania? Markus me cuenta de un pueblo de montaña donde los ancianos escondieron la estatua de su líder en el sótano y la taparon de paja, confiando en que futuras generaciones volverían a apreciar el comunismo a la vez que dando un ejemplo de cómo hacer compost y criogenia al mismo tiempo.

 

Cerca del ministerio hay una pirámide de vidrio y hormigón, una rara cruza de Louvre y plan de viviendas. Fue construida en 1988 como museo dedicado al difunto dictador, pero terminó siendo una discoteca llamada “La Momia”, nombre muy apropiado para alguien cuya memoria sería honrada en una pirámide. Hoy, clausurada y repleta de esténcils, sirve para que los adolescentes trepen sus aristas y miren por un minuto a esta ciudad de promesas desde arriba. Un resto fósil del comunismo paradójicamente reciclado como simulador del ascenso social. Pero del rojo no se pasó al rosa. La gente perdió todos sus ahorros en 1997 cuando unos extraños planes de ahorro colapsaron dejando la economía en la ruina. Hubo saqueos en todo el país, surgieron mafias dedicadas al tráfico de cigarrillos, de autos de alta gama robados en Alemania, de personas. Muchas granjas colectivas se convirtieron en plantaciones ilegales de marihuana. Ahora, sin bunkers ni prohombres de hierro, Albania busca aprender las reglas del juego e integrarse en la Unión Europea. Eso sí, una Europa con vendedores de choclo en sus aceras y vacas que vagan libres por las carreteras bacheadas. Me pregunto si lograrán hacerlo sin perder la dignidad y la simpleza en el camino, o si pasarán —a la europea— de la miseria al materialismo, de montar a pelo un burro a quejarse de que el Mercedes Benz es usado.
Nadie tiene las respuestas porque, claramente, estas son mis preguntas, no las de los albaneses. Los adolescentes trepados a la Pirámide sueñan con emigrar a Italia si algún día su país ingresa en la eurozona. (Las remesas de los emigrados son uno de los principales ingresos de Albania).
Sali Muftare y su fiel camarada piden permiso para retirarse de la entrevista y volver a jugar al dominó con sus amigos, casi confiando en que algún encastre jeroglífico de sus fichas les revelará un antídoto contra ese otro dominó viscoso que los acecha a ellos, a sus estatuas y a sus pocillos de café.

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

31 Comentarios

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  • Súper interesante!! Lo contradictorio de proclamarse ateos pero citar del evangelio para definirse: “Los albaneses comeremos pasto antes que vendernos por 30 piezas de plata” 😛 Una crónica genial, gracias! 😀

  • Juan: escribís de una manera increíble, fenomenal!!! Además de admirar las andanzas que llevan a cuestas y todo aquello que tus ojos y los de Laura descubren en el camino, también admiro enormemente cómo lo transmitís. Me permito una crítica constructiva: desde ya que lo que hizo el comunismo en Albania es incontrastable, pero noté demasiado fervor en el supuesto de algo así como “volvieron a la senda correcta”, tengo mis serias dudas al respecto. Comunismo o capitalismo pueden casi mimetizarse si de comprar voluntades, explotar al más débil, usufructuar del poder…..etc. se trata. Gracias por compartir tus opiniones y dejarnos expresar las nuestras. Saludos y sigan volando!!

  • Hola Juan:
    gracias por responderme, desde un lugar tan sufrido y estigmatizado como es Kosovo. Espero pueda, a través de tu mirada, más allá de mis conocimientos sobre el lugar y su historia, conocer y comprender ( también disfrutar de tu escritura) sobre “cercado” lugar.
    También deseo y necesito obtener “vagabundeando…”. Quisiera saber cómo hago para obtenerlo, y seguir militando en tu causa, que se convirtió en la mía, que es la libertad de viajar.
    Te mando un gran saludo.

  • Hola Juan! Gracias a Aniko descubrí tu blog y no paro de leer cada post. Podrás dar alguna información acerca del costo de vida, gastos diarios, etc. Saludos!

  • Excelente nota Juan Pablo! Comunismo y Capitalismo: misma opresión con diferentes cadenas. Unos con pan (supuestamente) y sin libertad y otros al reves…
    Abrazo!

  • Hacía rato que tenía ganas de leer esta nota, y por cuestiones de tiempo o de qué sé yo, nunca la leí. Hoy la encontré de casualidad, googleando otra cosa. Me gustó mucho, y me recuerda a esas preguntas que me hacía allá: por qué nunca se habla de Albania como paradigma del comunismo más cerrado? Un estado delirante que sobrepasó los sueños más rojos del rojo Kremlin y la roja China de Mao. Será porque el mundo tan occidental y cristiano le tenía ese miedo de guerra fría a los países más fuertes e influyentes, y Albania simplemente era irrelevante. Qué sé yo. De todas formas, como comenté en el blog de Lau hace unos días, me gusta leer sobre Albania y acordarme que no todo fue la mierda que me quedó en la cabeza. Gracias por eso. Abrazo.

  • “¿Opresivo y gris? NO, crecer en el comunismo fue la época más feliz de mi vida”. Una Húngara que nació, creció y vivió en la Hungría Socialista y que después de la mierda del derrocamiento del Glorioso Sistema Socialista en vías de Comunismo, se fue a vivir a Gran Bretaña. Nación que más la recuerda a su hermosa Hungría. Se llama Zsuzsanna Clark (apellido de marido, claro está ): http://elpravda.blogspot.com.ar/2012/03/opresivo-y-gris-no-crecer-en-el.html

    Y como cuento siempre, que tengo una amada amiga, que NACIÓ, CRECIÓ Y VIVIÓ EN LA GLORIOSA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA ALEMANA ♥ , que por ello, es COMUNISTA ♥ , militante de la SED ♥ (El PARTIDO SOCIALISTA UNIFICADO ALEMÁN ♥ ), lo cual, me cuenta con TODA OBJETIVIDAD CÓMO ERA LA RDA ♥ , GLORIOSA, HERMOSA, DULCE, TIERNA, EMOCIONANTE, LLENA DE VIDA, LLENA DE PASIÓN, DE CULTURA, DE EDUCACIÓN, SALUD, DE TRABAJO, DICHA RDA ♥ COMO TODO PAÍS SOCIALISTA EN VÍAS DE COMUNISMO. Y, sí, lo que me cuenta, también, es muy similar a la verdad de Hungría Socialista ♥ .

    Por suerte cuando estuve en Alemania, Hungría y República Checa, me tomé fotos y tomé fotos a cada Monumento Soviético ♥ .

    • Lo mas gracioso es que adoras a UK, entregas las Malvinas, jajaj, que genio, alto mambo tenes en la cabeza. cuanto tenes? 10 anios? UK es lo mas representativo del capitalismo despues de USA.

      • ¡¡¡Que asqueroso anti comunista que sos!!! ¡¡¡DAS MUCHO ASCO!!! ¡TE ESTÁN CONTANDO LO HERMOSO QUE FUE ALBANIA EN EL SOCIALISMO Y VOS CON TU ABSURDA Y PELOTUDA BARBITA, TUS ANTEOJITOS RECTANGULARES HORRIBLES Y ÉSA CARITA INMUNDA DE SOBRADOR Y ENERGÚMENO QUE TENÉS, TE LA TIRÁS DE “CAPO” BASTARDEANDO AL GLORIOSO SOCIALISMO QUE FUE Y ES ÉXITO EN CADA PAÍS HA SABIDO ESTAR Y ESTÁ GOBERNANDO!!! ¡¡¡SOS LAMENTABLE!!! ¡¡¡¡¡TREMENDO NAZI!!! ¡¡¡¡VIVA MARX, VIVA ENGELS, VIVA EL “CHE”, VIVA FIDEL, VIVA LENIN, VIVA MAO, VIVA STALIN, VIVA ERICK HONECKER, VIVA TITO, VIVA HOXHA!!! ¡¡¡VIVA EL SOCIALISMO EN VÍAS DE COMUNISMO, VIVA EL COMUNISMO!!! ¡ABAJO LOS ASESINOS NAZIS COMO VOS! ¡MUERTE A LOS OPRESORES DEL PUEBLO, A LOS TIRANOS, A LOS DICTADORES INMUNDO COMO VOS! ¡EL SOCIALISMO EN VÍAS DE COMUNISMO ES LIBERTAD, Y EL CAPITALISMO OPRESIÓN!
        ¡¡¡¡¡ASCO ME DAS, MUERTE A TUS MENTIRAS CONTRAREVOLUCIONARIAS, NAZI CAPITALISTAS!!!

        • Esto es el ejemplo de lo que hace el comunismo. Fanatismo, ceguera, limitar la opinion del que piensa distinto. Mezclan el concepto de Nazi con el de capitalista, cuando el nazismo tambien se apoya en el socialismo, y no entienden que lo terrible no es tanto como se maneja el sistema economico, sino la deformacion de los mismos sistemas ideales en dictaduras. Ahora que no te guste el comunismo te hace nazi. En que partidista opresor te convertira que no te guste el capitalismo? Que intriga.

  • No entiendo como puedes creer saber mas de Albania que los mismos Albanses??? Tu única fuente es la propagnda que mamaste en tu juventud y en ti infancia, la fuente de ellos es su vida. No soy comunista, para nada, pero es absurdo que tu creas que sabes mas de su vida que ellos.

    • Alvaro, no entendiste nada jajja Estuve dos meses en Albania y entrevisté a cien personas por lo menos, desde campesinos en cuyas granjas nos quedamos hasta hombres de negocios, estudiantes, etc. Y encontré sólo dos personas que extrañaban el comunismo y (qué casualidad) eran militares. El resto está horrorizado de sólo escuchar la palabra comunismo. Como vos decís, no se le puede discutir a ellos mismos, y por eso el mensaje del artículo es el que los mismos albaneses te cuentan, que están mucho mejor ahora.

  • Es interesante tu postura, pero no la comparto del todo. Hasta que no vivas la miseria de ser oprimido por un grupo de gobernantes, aristócratas: policia, jueces corruptos, etc. Pero la mas profunda, donde que violen a tu hermana y el acto quede impune (a sabiendas quien fue, o quienes) es lo mas normal por tener poder político o cargos o pertenecer a una “casta”, por citarte un ejemplo. Nunca sabrás de lo que es capaz un ser humano, ni lo que hará tratando de safar de esa miseria, o hasta con que ideologías podrían llegar a simpatizar. Creo que es un fenómeno social. Hoy en día en mi ciudad es normal arreglar los matrimonios, las chicas quieren asegurarse su futuro!! jeje pero las jóvenes de una década atrás lo considerado algo malo y preferían buscar el verdadero amor. Un fenómeno que parece consistir en que las costumbres cambian, que todo da vuelta, sobre todo cuando partes de realidades distintas en el tiempo y lugar, que lo que ayer fue prohibido, hoy es justificado. Eso me ayuda a entender que de 93% de alfabetismo que tenia Albania a construir escuelas en todos los rincones del país, no es la solución a los conflictos del hombre y menos de albania, pero que en ese momento y lugar ya era algo, algo grande, partiendo de donde estaban, y que es totalmente disculpada la nostalgia de aquellos viejos..

    • Hla! Gracias por comentar. Te entiendo. Para mí, proveer educación pública y gratuita no tiene por qué traer aparejada la privación de la libertad individual, o las torturas de un régimen policial. Claro que son contextos, y que todo cambia (por suerte) Te mando un abrazo!

    • Es decir, vos buscás información (entonces por definición desconocés sobre el tema) pero querés que esa información coincida con tus prejucios. Querés leer cosas que confirmen lo que vos, que nunca pisaste Albania comentás vos mismo, imaginás. Andá a elogiarle a los albaneses el comunismo vas a ver cómo te linchan en público. Minas no vas a levantar seguro. Otra cosa, como doy por descontado que tendrás a lo sumo 18 años, te recuerdo que necesitás permiso de tus padres firmado ante escribano público para salir del país. Un abrazo!

  • Juan pablo, no tengo que preguntarte si eres comunista en algún sentido, porque claramente no es así. Me gustaría saber que es lo que piensan los albaneses del sapitalismo, de su libre mercado.

    • Hola José, como te imaginarás, la gente está mucho más feliz ahora, con todas las falas que pueda tener el libre mercado, están felices de no tener que emborrachar a sus animales para que no se los decomise el gobierno, y en general, de poder ser libres de trabajar, ganar dinero, comprarse coches, cruzar fronteras, aprender idiomas, bailar música que no sea el himno del partido, usar más de una camisa por quincena, y la lista sigue. Prueba de lo cual es que el Partido Comunista, hoy no llegue no al 1% de los votos y sus únicos simpatizantes sean los viejos de 80 que eran los torturados de entonces. Como has dicho, nada como preguntarle a la misma gente lo que piensa de su presente, pero sobre todo, qué piensa de su pasado, qué recuerdos tiene, cómo vivió esa época y si le gustaría que sis hijos vivieran en esa época….

    • Hola José, como te imaginarás, la gente está mucho más feliz ahora, con todas las falas que pueda tener el libre mercado, están felices de no tener que emborrachar a sus animales para que no se los decomise el gobierno, y en general, de poder ser libres de trabajar, ganar dinero, comprarse coches, cruzar fronteras, aprender idiomas, bailar música que no sea el himno del partido, usar más de una camisa por quincena, y la lista sigue. Prueba de lo cual es que el Partido Comunista, hoy no llegue no al 1% de los votos y sus únicos simpatizantes sean los viejos de 80 que eran los torturados de entonces. Como has dicho, nada como preguntarle a la misma gente lo que piensa de su presente, pero sobre todo, qué piensa de su pasado, qué recuerdos tiene, cómo vivió esa época y si le gustaría que sus hijos vivieran en esa época….

  • Excelente artículo. Usted escribe de una forma que me encanta. Probablemente los que se metieron con usted estén deseando vivir en paises “libres” como Cuba o Corea del Norte .

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