COMUNIDADES SUSTENTABLES EN FINLANDIA: RECOLECTANDO FRESAS EN KATAJAMAKI



Si algo me gusta de Finlandia es que el país está a la vanguardia europea en ecología y comunidades sustentables. Katajamaki es sólo una del centenar de comunidades sustentables descriptas en la edición 2005 de Eurotopia, un volumen que cada año compila los experimentos sociales existentes en el continente, su población estable, las hectáreas que ocupan, el sistema de toma de decisiones, y la manera de organizar la propiedad. De Katajamaki me había enterado en el encuentro Rainbow en el Círculo Polar, de boca de Touco, Katrii y Aleksi, unos fineses a los que visité en su Jyvaskyla natal, camino a la comunidad. En esos días los chicos complotaban sobre la manera de subsistir de la venta de mandolines eléctricos confeccionados con latas de galletas. Entre debate y debate soltaron la dirección y allí fui.




Katajamaki funciona en medio a un bosque de coníferas, aunque eso se puede decir de cualquier sitio en Finlandia. La casona principal donde sus 10 habitantes permanentes se reúnen para cada comida data de 1905, y era la instalación principal de un sanatorio mental que funcionó hasta 1917, y que utilizaba terapias alternativas (y controversiales para la época) como hacer vivir a los internos por varios días en casas montadas sobre árboles, me cuenta con orgullo Kiutso, uno de los 3 sobrevivientes de la primera formación del experimento, mientras el sol chiquilín juega y se intrica entre las hebras de su barba. La idea de una comunidad es lograr la tan anhelada “autosuficiencia”, y de acuerdo al grado en que lo logra se la puede categorizar. Autosuficiencia como contestación a la división del trabajo en la que el obrero que trabaja en la fábrica de televisores cambia su salario por pepinos y el que suda en la fábrica de pepinos cambia su salario por televisores… Se pretende recuperar la conexión perdida con los alimentos servidos sobre la mesa cada día. Pero también se arremete contra la idea de propiedad privada, ya que todo se posee colectivamente, la tierra, los animales, el dinero. El salario, en caso de percibirse un ingreso por venta de alimentos en el mercado externo, también se distribuye de acuerdo a la necesidad. Se sigue en algunos aspectos el modelo de los kibutz judíos. Reunidos en asamblea, una propuesta se implementa sólo si hay consenso total. En este contexto, honrado me sentí (y con estas líneas transfiero la dicha a quienes realmente están en el asunto) cuando Kiutso me preguntó si el trueque en Argentina seguía siendo tan fuerte como en lo peor de la crisis. ¡Hasta acá se enteraron! 




Pero uno no puede caer por estos pagos a hacerse el antropólogo y ponerse a garabatear ensayos en una libreta. Por las mañanas, con un balde sujeto al cuerpo por un cinturón nos sentábamos junto a las plantas de fresas y recogíamos individualmente aquellas maduras que luego se almacenaban en el freezer para el largo invierno. Había trabajo allí para un batallón, parecía que ordenábamos una vaca infinita. Alguien en la casa había puesto un vinilo de Mozart, humanísima sofisticación para acompañar la básica tarea de recibir de la tierra sus frutos. Por la tarde caminaríamos por el bosque buscando hongos comestibles, luego recogeríamos papa en el huerto y prepararíamos una buena comida grupal. 



En la casa (que huele a madera y a hierba, producto de la caldera que seca kilos de hierbas silvestres en una sala ad hoc) siempre hay visitantes. La comunidad lo alienta: los curiosos dejan algunos euros o su trabajo a cambio de la pensión, pero más que nada se suple la conectividad de la ciudad abandonada y criticada, a la vez que se promueven los valores comunitarios. En conjunto, Katajamaki me pareció subdesarrollada en relación a su potencial. Lo que es algo bueno. Hay mucho para hacer, pero encontrar gente con voluntad de compromiso a largo plazo es una tarea difícil. Kiutso y Ossi se esfuerzan ahora por extender los cultivos al bosque respetando los principios de la permacultura, una disciplina que está en boga entre los granjeros orgánicos contemporáneos, y que consiste justamente en eso: lograr que agricultura y naturaleza no se excluyan mutuamente.…Próxima parada: Helsinki.

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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