SOBRE CARRUAJES Y POLLERAS NO HAY NADA ESCRITO

carreta menonita

Desplazado en el resto del mundo por automóviles y motocicletas, el carro tirado a la caballo, la carroza, el mítico carruaje, ha encontrado un santuario en donde seguir desarrollándose a su ritmo entre los menonitas. Estamos, acaso, ante la última evolución del carruaje. Uno de los objetivos de mi viaje era viajar en uno de los buggies, como ellos mismos apodan a sus carros. Pensé que iba que ponerme a hacer dedo, pero Jaobo fue lo suficientemente amable como para invitarme a probar el de su familia, y de paso llevarnos a la casa de un amigo de ellos, Pedro, cuya familia elaboraba quesos. Pero primero fuimos a la casa Jacobo, donde su padre nos mostró sofás camas, mecedoras, y todo tipo de artesanías confeccionadas en madera con toda majestad. Nos sorprendió que el padre de Jacobo estuviera informado sobre la situación política, si bien mínimamente, y nombró el problema de las retenciones y la llegada de Obama a la presidencia de Estados Unidos… El hombre iba cada dos semanas a Bahía Blanca a abastecerse de bienes, lo que permite que pueda informarse de estas cuestiones.


Después de andar toda la mañana en el VW Gol de Raúl, que a pesar de todo el comfort de un auto moderno traducía con fidelidad cada irregularidad del terreno, nos sorprendimos cuando nos subimos al buggy menonita, que con el menor movimiento de riendas comenzó a flotar por la ruta de tierra sin que se notara el menor sobresalto. El caballo estaba tan acostumbrado a su recorrido diario que sabía exactamente donde doblar y a dónde regresar. Cuando elogio la suspensión del buggy, Jacobo me cuenta que tiene barra de torsión Volkswagen. Las familias especializadas en construirlos –la división del trabajo es bien menonita- los vende en precios que oscilan entre 6000 y 8000 pesos, dependiendo la versión. La versión full tiene dos asientos ajustables, parabrisas de vidrio rebatible, y cortinas laterales de lona para cubrirse de la luz y el polvo.

A lo largo de una de las ocho avenidas de tierra de la colonia encontramos, esparcidos, grupos de adolescentes vagueando. Y es que el domingo es el único día en que se les permite alejarse de la rutina del trabajo. Entonces los chicos y las chicas salen a charlar –y tomar cerveza- Es además, el único momento para el roce y la seducción. Si conocen a una chica con la que congenian, pueden visitarla en su casa los lunes y los miércoles por la tarde por un espacio de dos horas. Cuando me cuenta esto, yo no puedo dejar de pensar en El perjurio de las Nieves, ese cuento de Bioy Casares en que una familia danesa que vivía aislada en una estancia de la Patagonia –estos excentricismos parecen algo netamente nórdico- intenta evitar el paso del tiempo repitiendo siempre la misma rutina, sin permitir la novedad. La repetición hace de los menonitas una comunidad que, además de ser sedentaria en sentido espacial, lo es en sentido temporal.Mientras el caballo trota, nosotros seguimos hablando de mujeres, Jacobo comenta que Abraham, quien es su cuñado, no puede entrar a su casa cuando están los suegros. “Para nosotros en una vergüenza tener contacto con los suegros antes del matrimonio. Hay algunos que sí les hablan, ¡pero son unos boludos!” Me sorprende tanto la costumbre como el uso del argentinismo peyorativo. De esta manera, cuando regresamos a su casa Abraham se baja del carruaje y se esconde detrás de unos arbustos. Se nos unirá más tarde.


El otro punto es que sólo pueden elegir a una mujer dentro de su comunidad. Esto se observa en general en casi todas las etnias del mundo, sobretodo en las clases más humildes. Es raro que un kurdo elija una mujer árabe, o viceversa. Mientras en las grandes urbes este mandato social es más flexible, en los agrestes prados menonitas esto es incuestionable. A diferencias de otras razas, no hay detrás de esta ley no escrita ninguna premisa de superioridad racial, sino más bien, como dije antes, un temor al cambio, una xenofobia ingenua. Heráclito crucificado.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

Un comentarios

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  • Que inetersante nota, sabes que siempre los menonitas como los amish y otras comunidades parecidas han llamado mi atencion y espero que pronto vaya a conocerlos no solo los que estan en Argentina sino los de Bolivia y Paraguay….me parece muy interesante conocerlos y compartir dias con ellos si es posble, seria una gran experiencia, una diferente.
    Espero seguir leyendo mas articulos sobre ellos..Saludos viajero.

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