SAN RAFAEL Y LA SEMILLA DE OTROS MUNDOS POSIBLES

Una camioneta de Vialidad Provincial de La Pampa pasó como un espejismo por el ripio del aislado paraje Arbol de la Esperanza, transformándose en mi pasaje de vuelta a los caminos asfaltados, más concretamente a la pequeña población de Santa Isabel, en dónde escuché a un mecánico local despotricar contra los campesinos que acababa de visitar, diciendo que “la indiada siempre fue haragana”. A continuación, comentó que le gustaría que volvieran los militares…

No todos eran tan ignorantes en Santa Isabel. También encontré gente buena, como una panadera que no me quiso cobrar el pan, y la gente del Parador La Cumbre, quienes me permitieron sentarme a trabajar con la computadora a pesar de no consumir más que el fresco del aire acondicionado.

Mi próximo rumbo era San Rafael, en Mendoza. Esperé 40 minutos bajo la sombra estratégica de un árbol a la salida de Santa Isabel, hasta que frenó un conductor de topadoras que regresaba a su casa en San Rafael en su VW Polo. Cebando mate mientras manejaba con irresponsable destreza llegamos a destino. Mi objetivo en San Rafael era visitar a los Brown, una familia norteamericana a quienes conocía sólo por Internet. Caty y Shoan son una pareja de Michigan que viven en Argentina desde hace un año con sus tres hijos. Shoan trabaja en un emprendimiento inmobiliario que ofrece casas con viñedos adyacentes a gente que quiera “jugar a tener sus propios viñedos”. Incluso les ofrecen un ingeniero agrónomo incluido que les controla la producción durante los primeros años. Con más experiencia en el consumo que en la producción, el motivo de mi visita no era la actividad vitivinícola, sino conocer las historias de viajes de dedo de Caty…

Caty comenzó a viajar a dedo cuando se mudó a El Bolsón y comprobó que el servicio de transporte público no era como el norteamericano. En vez de tomar pastillas para loe nervios, salió alegremente a la ruta con sus dos hijitas a hacer dedo. Mientras pivoteaba entre El Bolsón y San Rafael, Caty fue no sólo adquiriendo un caudal de anécdotas graciosas como viajar en la caja de un camión que transportaba colchones, sino que también les permitió a sus hijas apropiarse de una visión menos paranoica del mundo. “Ellas creen que es normal” – dice sin ocultar lo cómico del caso. En vez de educarlas en la doctrina del miedo –hegemónica en su país de origen- Caty alienta a sus hijas a indagar el horizontes y a confiar en sus pares. Cuando yo conté la historia de aquella ocasión en que hice dedo a una locomotora que maniobraba entre Guido y Pinamar, Stella -su hijita- estalló en sorpresa: “¿Waw mamá, también se le puede hacer dedo a los trenes?” Caty, orgullosa de la libertad que iluminaba el rostro del piojo rubio sentado sobre la mesada de la cocina, reflexionaba: “No va a pasar mucho hasta que me plantee que quiere viajar a India –y se ríe- ¡Espero que al menos sea después de los doce!” Luego, más seriamente, me comenta: “Cuando llegue el momento de la rebelión adolescente ante los padres, supongo que Stella no va a huir de casa con una mochila, pues eso nos haría feliz. Es más posible que nos anuncie que estudiará Economía en Harvard. Ella sabe muy bien que es algo que nos decepcionaría”.


Además de ser testigo y aplaudir este modelo de familia flexible y semi-nómade, San Rafael me deparaba otra exquisitez. Resulta que los vecinos de Caty se han organizado en una comunidad sustentable. Estamos en una zona de fincas a 20 Km de la ciudad. Allí han concertado sus esfuerzos unas ocho familias, construyendo cada uno sus casas con materiales naturales como adobe y madera de álamo, pero procurando una propiedad colectiva de los terrenos cultivables. Alejandro es un músico jóven que vive con su esposa y su hijita en una comodísima, rústica y estéticamente seductora vivienda en Los Claveles. El me cuenta la satisfacción que le ha dado construir su propia casa. Me hace un pequeño tour, y lo primero que noto es que lo artesanal no excluye la comodidad. Hay amplias bibliotecas, sillones, mesa de computadora y un taller en el que destaca un contrabajo en construcción. Luego noto los detalles: la ventana es en realidad un parabrisas de camioneta; la manija de la puerta, una corona de bicicleta. Todo se recicla. La exposición ante un escenario de sedentarismo tan bohemio y coherente sólo puede reflotar mis fantasías acalladas de vivir en un entorno similar, que me llevó alguna vez a visitar comunidades similares en Europa y a un Encuentro Arco Iris en Noruega.

Noto en Alejandro la enorme satisfacción de estar dejando una semilla concreta de otro mundo posible. Es algo que trasciende la dimensión individual, y supone la conservación de un paradigma que, aunque actualmente desplazado y sojuzgado por el facilismo urbano que delega la supervivencia a la percepción de un sueldo, está destinado a reemplazarlo tarde o temprano. En mi caso, el nomadismo que profeso me impide darle una dimensión concreta a mis ideales. En estos años, yo vengo construyendo mi casa de palabras. Son por ahora mi único legado. Llegará o no el momento de reclamar una base o un nido donde recalar de vez en cuando. Y no será muy distinto a lo que observé en Los Claveles.


Finalmente, antes de partir de San Rafael, los Brown me invitaron a hacer rafting en el Río Atuel. No puedo negar que fue entretenido, al menos hasta que llegué a la conclusión que se trataba del mismo río sobre uyo lecho seco, rocoso y abandonado había estado caminando en el oeste pampeano, allí donde su curso es desviado para provecho de los agricultores mendocinos. Guardé silencio y no expliqué a nadie por qué dejé de sonreír…


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

5 Comentarios

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  • Se nota en el relato, y que se filtran sin casi percibirse, pensamientos internos de lo que observas día a día. Es gratificante seguir ese viaje de varios que estas haciendo.

    El cumulo de contrastes y la capacidad que tiene la vida, la gente, el ser humano, a realizar, pensar y actuar de tantas maneras diversas, te siguen sorprendiendo a medidas que das pasos. Y eso varios sabemos que nos mantiene vivos.

    Suerte en donde pisen sus pies y miren sus ojos.

    Como siempre, a la espera de instrucciones.

    Saludos

  • Maestroooo… se nota que has quedado prendado de La Pampa.

    Cuando te vayas a asentar en un lado a construir tu mundo material, pensá en La Cuesta, donde conociste el piquillín.

  • Si la Caty a quien te referís es aquella que creo que es, puedo decir que es una persona increíble. La conocí el año pasado a través de Couch Surfer, cuando estaba en El Bolsón. Si bien no pudo alojarme en su casa, ella no estaría en casa en la época en que yo llegaría, me facilitó mucha info.
    Si seguís en contacto con ella dale mis saludos.

  • Haber sabido que pasabas por Santa Isabel, podría haberte avisado que preguntaras por el Indio Pancho (si es que aún vive). En el año 1996 estuve trabajando y el era quien tenía todas llaves del pueblo, trabajaba o era el dueño de la pulpería que está a la salida, rumbo a San Rafael. Tal vez sea el parador donde trabajaste con tu PC que se ha modernizado y hoy tiene aire acondicionado. Seguí haciendonos viajar…

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