Rutas costeras ecuatorianas: de Guayaquil a Olón.

Lo que encontramos en la caja de una camioneta refleja la cultura local, debería decir en algún parágrafo un manual de mochileros… Esperamos sólo un minuto en la estación de servicio donde nos dejó el padre de Mafer hasta que encontramos una camioneta que nos llevaría asi hasta Salinas, destino turístico en la costa. En la caja iba un racimo de bananas del tamaño de mi mochila… Hace poco el presidente ecuatoriano ha creado una nueva provincia (Santa Helena) en la que quedaron muchos de los destinos turísticos tradicionales de la gente de Guayaquil, y que muchos han interpretado como una ofensa.

Nos bajan en una rotonda, donde esperamos 5 minutos, tras ser desplazados «un poco más allá» por un policía malhumorado. El hombre que se detuvo en su doble cabina Chevrolet se llamaba Lenín, y nos llevó hasta Salinas mismo. Salinas nos pareció demasiado urbano, y tardamos 25´minutos en subirnos a otra camioneta que nos dejaría en Ayangue. La caja de esta camioneta estaba super poblada, por dos hombres con dos niñas que iban comiendo galletitas y tomando una gaseosa de manzana. Frenaron por sus propios motivos, y cuando les pedimos que nos llevaran tuvieron que consultarle a la «tía». La tía era una mujer de talle cetáceo, ropa tres talles más chica y buena voluntad. Ayangue era un pueblo de pescadores con turismo local, vendedores de plàtano frito en las calles, un malecón descuidado invadido por la arena y un ambiente general de despreocupación. Nos habían dicho que había unas islas en frente al pueblo pero resultó ser que estas islas no tenían playa, requisito sine qua non, por lo que seguimos adelante.
La camioneta matriarcal de «la tía»… Cuando se bajaron nos regalaron un paquete de medio kilo de galletas sin sal, que resultaron ser tan insípidas que quedaron abandonadas en Ayangue…

El Pacífico, en Montañita, adonde nos dirigimos en la camioneta de unos gringos, luego de Ayangue, para conocer el popular destino de surfers y mochileros. Como dijo Ceci, fue un atardecer de folleto evangélico, sólo faltaba que entre las nubes se deslizaran los títulos de «Dios es amor».

Una calle de Montañita. Había algo mutado en este pueblo, quizás su innecesaria saturación de viviendas con techos de paja, que en algún momento habrá sido la usanza en toda la costa, ahora sustituida por otros materiales como madera y chapa. Pero claro, hay que encarnar el estereotipo de paraíso surfer que, sin ofender a nadie, parece consistir de mucha paja… Hubiera sido un buen lugar donde quedarse unos días a vender libros, ya que vendí tres en la playa en sólo un rato.

En otra doble cabina llegamos a Olón, donde decidimos detenernos, pues ya era de noche. «Un amigo más» dijo el conductor antes de que nos bajáramos. Pero hubo que golpear la carrocería y gritar porque se iba, sin querer, con nuestras mochilas… Cenamos seco de pescado (aroz, frejoles y corvina) con una cerveza Brahma. La local «Pilsener» es un brebaje que solo te llena la panza, con apenas 3 grados de alcohol… En la foto, un vendedor ambulante de gaseosas.

Olón: casas de madera, una mañana de lluvia y gallos melancólicos


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

5 Comentarios

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  • Hola Chicos!!!! Muchos paralelos y meridianos más tarde nos volvemos a encontrar aunque sea en este ciber espacio.
    Les admiro tener la constancia de escribir y fotografiar y mantener actualizado el blog, desde el particular modo de ver que ambos tienen. Yo…pura fiaca no escribí ni en un cuadernito y las acuarelas fueron y volvieron del viaje sin ser usadas.
    El dedo funcionó bellamente en mi viaje ecuatoriano y en perú no nos animamos, las dos chicas…todo el mundo te hace poner paranoico. Para el año que viene nos quedan colom,bia, venezuela, cuba? Ahora tuvimos que volver a dar clases y es el momento del año en el que me pregunto si el trabajo no será una ficción que se ayudan a creer los unos a los otros, una necesidad ficticia. Si la rutina es necesaria, para qué estoy en este mundo y esas cosas…Pasarán unos días, me acostumbraré o más bien me domesticaré? Cómo saberlo, no?
    saludos!!! Y buenos caminos.
    Silvia

  • Soy viajero de alma, en la practica no tanto como me gustaria. He leido Caminos Invisibles (el titulo encaja como nunca con el contenido) y veo hecho carne en ustedes mis anhelos mas profundos de viajar. Un temor conectado con el deber ser oficia como ancla!
    Hace una semana volvi de Ecuador: visitamos Guayaquil, Cuenca, Quito, la costa del sol. Nos encontramos con un pais maravilloso, con gran variedad de climas, paisajes y costumbres a pocos km de distancia entre si.
    Tengo su blog, su experiencia y sus libros como material de cabecera para depuntar el vicio de la libertad del viaje, que cada tanto me animo a ejercitar. Suerte chicos, sigan asi, amando recorrer rutas.

  • Hola Juan Pablo, sabes q en Ayangue se puede nadar en la noche xq al tratarse de una ensenada y aparte haber tantos barcos aparcados a la entrada del golfo que minimizan el impacto de las olas es una playa tranquila, muy recomendada para descansar, saludos desde Quito.

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