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Búsqueda de chamanes en el norte de Ecuador.

Lo digo cariñosamente. Además, si uno no le habla cariñosamente a un chamán, éste siempre tiene la opción, la baraja, de transformarlo a uno en venado o teléfono móvil. Como sea, el amigo Diego (amigo de Cecilia, debo por cordialidad, protocolo, y choripanes invitados que es también mi amigo, aunque haya compatido sólo un par de horas -entretenidas- con él) nos había contado de un tal Freddy, que era francés, y que residía en Ecuador con su familia. Sabíamos que Freddy tenía cierta afinidad con las plantas medicinales, y poco más. Entre ese poco más figura el coreo electrónico. Les habíamos escrito y nos habían enviado su número telefónico para contactarlos. Por dirección teníamos solo cuatro letras: Same. En nuestro torpe mapa de nano-caligra´fía (seguramente trazado por alguna raza de enanos con buena vista) figuraba “Punta Same” en algún rincón cerca de Esmeralda, y hacia allí salimos desde Canoas. El estado de las rutas, como se ven en la foto, aletargaría nuestro valiente paso, aunque ello debe entenderse como una dificultad intrínseca sn la cual la busqueda de cualquier chamán desembocaría a lo sumo en el hallazgo de un vendedor de reduce Fast-Fat.

En una doble cabina llegamos hasta Jama. Las calles de todos los pueblos que atravesamos está cubierta de barro. Los otros pasajeros de la camioneta conversan entre sí, sin prestarnos mucha atención. Parece que uno de ellos tiene que presentarse en la comisaría y tiene que conseguir un abogado…

La ruta desde Canoas atraviesa colinas forestadas interrumpidas por mínimas parcelas labradas (bananos, ovos, arroz, etc) Se observan muchos niños en burro y hombres a caballo. Una camioneta recibe tarros de leche de un hombre que se ha acercado al camino en un caro tirado por un caballo. Esta sensación de armonía rural se contamina cuando desde un moto-taxi un hombre grita: “!Esos gringos! Mata al marido y quédate con la gringa…”

Viajamos en un camión Ford F-350, sobre una pila de bidones de nafta. (foto) El cielo, siempre gris y lluvioso. Todo el tiempo estamos alertas: además de encontrar a un chamán tenemos que conseguir semillas de cacao, coco y café para el campo de los padres de Ceci en Formosa. En algún punto un cartel anuncia que entramos en otro cantón. Cada provincia de Ecuador está dividida en cantones, lo que revela que Ecuador es un país con vocación alpina… A Pedernales llegamos en un camión Hyundai, cuyo canoso y amable conductor le eplica pausadamente a Ceci que debe dejar 5 mts de distancia entre coco y coco si quiera que nazcan palmeras sanas. Mientras ellos conversan miro lentamente el heterpgéneo conjunto de objetos que adornan el camión: una calco del Che, un crucifijo, una hamaca en miniatura, la bandera ecuatoriana y dos faroles chinos colgando del espejito y en maboleo constante. Frenamos a almorzar, sentados en la vereda, abrimos la última de las latas de atún obsequiadas por Rafael en Lima. Hacemos dedo nuevamente, y frena una camioneta con unos hombres que debían ser evangélicos, pero no para llevarnos, sino para avisarnos que el pueblo que sigue, Beche, es peligroso. Desde que los hombres del moto-taxi nos gritaron esa grosería, hemos empezado a detectar la tensión el aire.


Como no podría ser de otra manera, la siguiente camioneta que freno (30 min. de espera), iba a Beche. Junto a una loma de burro, hacemos dedo, frente a una casa cuyas paredes están cubiertas con versículos de San Marcos y afiches que le ordenan a la gente votar a cierta “Lista 3”. Afuera un hombre descansa en una hamaca, junto a un viejo bote dado vuelta. Tres niños que juegan sobre un triciclo nos miran. Se escucha el barullo de un comedor repleto… Media hora, y tenemos pasaje, ha frenado una pick up Mitsubishi.

Nuestro nuevo conductor es un moreno de gafas plásticas amarillas y gorro de pescador que pisa el acelerador descalzo. Es muy amable, nos cuenta que la ruta es nueva: antes había que recorrer este sector costero en lancha… Viajamos escuchando “bachatas” en la radio, un tipo de cumbia con más calidad instrumental y letras bien populares que no llegan a ser zarpadas. El chofer nos cuenta que tiene “chuchaque”, o resaca, y que estuvo tomando hasta las 4 de la mañana… A pesar de su chuchaque, nuestro nuevo amigo se detiene para mostrarnos unas cascadas (fotos). Nos deja en un cruce que va a Same. Como estamos ansiosos por encontrar a la familia de Fredd, tomamos un micro por los últimos kms..


El problema de localizar a Freddy era que sólo sabíamos eso, que se llamaba Freddy y que era francés. Y que su mujer se llamaba Graciela. Teníamos su teléfono pero en un mail, y parecía no haber internet en todo el pueblo. La gente parecía no conocerlos, lo que nos alarmaba, porque en los pueblos chicos se conocen todos. Empezamos a preguntar si ese era el único pueblo que se llamaba Same. Y era el único. Parecía que había muchos restaurantes propiedad de etranjeros: griegos, polacos, españoles….pero nadie sabía nada de un francés llamado Freddy. Un chico que se llamaba Antonio, de 17 años, que era del pueblo nos ayuda a buscarlos. Primero dejamos nuestras mochilas en un lujoso albergue, cuya propietaria nos aceptó las mochilas mientras despedía a tres policías, sin sacarse un loro de su hombro. La mujer nos da un monton de posibilidades: “¿Serán esos artesanos chilenos?” “Por allá había unos argentinos…” Explicamos que justamente lo único que sabemos con certeza es que es francés… Habíamos caminado mucho cuando un tal Abraham, conocido de nuestro “guía”, dijo saber quienes eran…

Finalmente dimos con Freddy y su familia. Cuando llegamos Graciela cocinaba emapanadas… ¡porque era jujeña! De allí la cionfusión con los arentinos, socializan tan poco con el resto del pueblo que muchos creen que ambos son argentinos. Freddy es esa clase de personas que nunca deja de sonreir. Se nota lo contento que está de viir en un sitio como este. Detrás de lac asa…inmediatamente, abriendo una puerta, aparece la playa y el mar. A la mesa también se sientan los padres de Freddy, que han llegado de Lyon, una pareja mayor prolija típicamene europea, y la hija de Freddy y Graciela. Lo primero que me llamaba de atención es que se conversaba en familia sobre reiki, plantas medicinales, rituales chamánicos, etc. El tema de las plantas paree ser el favorito de Freddy, quien nos explica quien nos recomienda la Dulca Mara y la “sangre de drago”. Pero la fauna también merece una mención, y si no, miren al cangrejo que curioseaba nuestra carpa, armada en el jardín de la casa.

Como dije, con sólo salir de la casa se tiene esta vista. No nos hicimos rogar y pronto estábamos super felices intentando mantenernos en pie a pesar de las olas… cuya furia no se aprecia en la foto. Al otro día, seguimos rumbo a Las Peñas, otra localidad costera. Antes, Freddy y su familia compran tres de mis libros. Les agradezco no sólo por el dinero, sino por alivianar el peso de mi mochila..


Para recibir en tu casa nuestro libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

12 Comentarios

Dejar un comenentario
  • Hola juan: Hermoso tu blog!, estamos viajando con Uds. El humor implícito en tus fotos y comentarios nos divierten mucho. ¿para qué necesitás un chamán?, las pastillas de carbón son más efectivas.
    Con afecto. Caty

  • Juan: Eva está organizando la fiesta de los 85 años de don Bernard y la recepción de Uds. para el día 8 de marzo. Avisen si ya estarán de regreso. Será en la vieja casa de El Colorado.
    Cariños.
    Caty

  • Juan&Ceci:
    Les mandé un comentario que quedó en la entrada de Olón. Nosotras llegamos a Tulcán buscando el caribe, pero no nos dieron los tiempos y fuimos a Tufiño o Tufillo (del lado colombiano) sin hacer papeles migrtorios a tomar un baño de aguas termales en unas termas muy antropológicas. De ahí en más emprendimos el viaje de regreso y ya estamos en Luján a punto de regresar al sistema institucional de las clases y esas cosas….
    Besos!
    Silvia

  • Hola Juan, no me conoces pero yo a ti si.
    He seguido tus pasos, y los bellos y raros lugares a donde vas.
    Pasa por mi Blog tengo un presente para ti, y te felicito por tu espacio.
    Un beso,
    Irlanda

  • Hola Juan: ¡Adelante con la actualización del blog!…somos muchos los que esperamos deleitarnos con las fotos y los simpáticos comentarios.
    Afectuosamente,
    Caty

  • Hola Juan !

    Tanto tiempo !!!!!. Tuve mi propio viaje al sur y al regresar a la capi me encontré con cantidad importante de cosas por hacer, asi que me quedé resolviendo acá. Me reincorporo al viaje desde hoy y espero poder seguirlos y recuperar anécdotas anteriores.

    Te mando un saludo grande y, como siempre, los deseos de buenos caminos.

    Madys

  • hola chicos viajeros te cuento que lo mejor es irte para el oiriente ahi encontrara s a un chaman llamado DON JUAN un indio con mucha sabiduri el los guiara por el camino corecto de su trabecia pues nada mis locos yo estoy recoriendo colombia a hora me encentro en la frontera quieciera saber mas de sus historias que mi dios les bande muchas bendiciones isigan por donde los gue el, gran espiritu att feryack el viajero solitario chauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

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