fbpx

TRUEQUE DE ENERGIAS EN RIO GALLEGOS: LA HISTORIA DE LA AMBULANCIA VIAJERA

A medida que Laura y yo viajamos vamos como rastreando las líneas de fuga que la historia ha disparado sobre la Patagonia. Cada persona que nos levanta o nos aloja en la ruta condensa en su curriculum familiar los pasos con los que el último siglo ha avanzado sobre la estepa patagónica. Pienso en esto mientras conversamos con Sara y Ramón, un matrimonio que asistió a nuestra charla en la UNPA de San Julián y que nos vio por la calle mientras cargados con nuestras mochilas marchábamos a paso desganado hacia la Ruta 3. Aunque la primera oferta fue hasta la salida, Ramón terminó soltando el acelerador en Piedrabuena, 100 km más adelante. La gran ensalada genealógica que declaran nuestros amigos es, en realidad, de lo más común en la región. Ramón es español. Se bajó del barco aún niño, acompañado por un tío que se estableció en San Julián cuando el gobierno de Aramburu prohibió la inmigración europea en la Provincia de Buenos Aires. Su mujer Sara se apellida Burns, y es nieta de un escocés llegado desde las Malvinas, en épocas en las que los isleños no veían aún en Argentina a una nación beligerante e inestable de la que había que protegerse, como ahora se alejan guanacos y choikes a la vez que nuestro auto avanza. El vacío a nuestro alrededor me hace pensar si acaso no había suficiente lugar para las culturas nativas extinguidas sin piedad. “Ahora se nos enseña a respetar lo que antes se nos enseñaba a destruir” – le digo a Ramón y él se suma al revisionismo: “Exacto. Sarmiento mismo era partidario de obsequiar la Patagonia a Chile porque según él estaba llena de bárbaros”
Pasamos por el prolijo pueblo de Comandante Luis Piedra Buena, con un parque temático de Paturuzú y canteros con césped (todo un lujo en la Patagonia costera) dividiendo las manos de sus escasas avenidas. Allí nos separamos, y después de 1:20 de espera nos subimos al Ford Ka de José, instructor de infantería, 49 años, dos hijas, dos nietas, y dos tropezones con la misma piedra (son sus palabras elegidas para referirse a las separaciones de bienes). Ahora volvía de visitar una amigovia en Buenos Aires. Volando por la ruta 3, José se lamentaba de no haber encontrado hasta ahora mochileros para llevar y conversar. Las fábricas de televisores, las guarniciones militares y la aventura petrolera han catapultado tantos hombres y mujeres hacia el paralelo 54 que ahora esta distancia con la cuna capitalina o provincial se convierte en una transitada pista. Los jóvenes vuelven a visitar a sus padres, los más adultos mandan a llamar a sus padres ya mayores, otros se retiran con una jubilación patagónica y vuelven al “norte” (como refieren a cualquier sitio arriba de Bahía Blanca), y los camiones de mudanzas van y vienen como camareros enloquecidos en una gran fiesta.

En medio a este torrente humano, el glóbulo José vuelve de una visita a Buenos Aires rumbo a su guarnición en Río Grande. Le pregunto por su profesión, ¿cómo andan las cosas en los cuarteles? Ahí viene lo interesante. Para José, convencido del rol de las fuerzas armadas como una capacidad de respuesta creíble para defender los intereses nacionales, no hay justificativo para el desmantelamiento progresivo inducido a través de los recortes presupuestarios. “Yo recuerdo ejercicios con tanques y artillería que los chicos que entran ahora jamás van a ver…” José hace un alto en la YPF de la entrada de Río Gallegos. Son casi las seis de la tarde, y no hay tiempo para hacer los 60 km restantes hasta la balsa. Por eso planea acampar detrás de la estación para salir mañana temprano y completar el último tramo hasta Río Grande, ya en la Isla Grande de Tierra del Fuego, a un paso de Ushuaia. Nos parece una buena idea hacer noche en casa de Luciana y Alejandro (miembros de Couchsurfing) y volver al otro día temprano para seguir viaje con José. El no tiene inconvenientes, y con ese trato pactado llamamos a nuestros amigos, quienes nos pasan a buscar.

Muy pronto nos damos cuenta que nos será imposible cumplir con lo pactado. Si bien Río Gallegos no era una parada en nuestro itinerario, con Luciana y Ale sentimos como si nos hubiésemos conocido por años. Predeciblemente, nuestros amigos son de otra parte, en este caso, Buenos Aires. Hace dos años salieron a la aventura, con la idea de llegar hasta Ushuaia y luego comenzar a subir por toda América Latina. Calcularon mal algunas cosas. Y vaya si los viajes no son un antídoto contra el cálculo… Así después de algunos intentos de revitalizar el diezmado presupuesto con macramé (instruídos por un peruano llamado Cofla en el camping de Puerto Pirámides) decidieron hacer base en Gallegos para generar ahorros. Acamparon dos meses en el jardín de una señora que les cobraba $30 por día aunque aseguraba con lágrimas de cocodrilo que rezaba por ellos todos los días en la iglesia. Aunque nunca había llevado un asado a término en su vida, Ale consiguió trabajo en una parrilla. Los ahorros comenzaron a mejorar, y pronto sacaron cuentas y comprendieron que quizás era una buena idea frenar un año y volver a salir con más herramientas. Lu comenzó a estudiar arte y Ale, coherentemente, gastronomía. Sus amigos comenzaron a pronosticarles –o desearles, porque son gente de amabilidad adictiva- que se terminarían quedando. Y ellos no tenían con que retrucarles. Un poco con el afán de convencerlos – y convencerse- es que compraron hace poco una combi Volkswagen modelo 86. El vehículo sirvió como ambulancia en la localidad de Pico Truncado y aún hace gala de sus sirenas y cruces en el costado, una joya.

La conversación se extendió tanto como las cervezas y, siendo las 2 de la mañana, era claro que no íbamos a madrugar para alcanzar el Ford Ka de nuestro amigo José, que en términos de su propio chofer e instructor de infantería de marina, “zarparía” a las 7 am. De hecho, tomaríamos la misma decisión consecutivamente durante cuatro días, culpa de tantas charlas con tereré, cerveza, o cuartos de helado de la Abuela Goye que traía Ale bajo el brazo cuando a las 11 de la noche volvía de la parrilla. En casa de Luciana aprendí también sobre la existencia de las engrampadoras portátiles. ¡Hace dos años que vengo viajando con una abrochadora de brazo largo enorme en la mochila! (¿por qué nadie me avisó?). Algunas noches cenamos en casa de Eduardo, un amigo de los chicos que trabaja como fotógrafo del gobierno en la localidad de Las Heras, a la que describió como “un escenario apocalíptico, con las cigüeñas de petróleo, el viento, las bolsas, los perros…” Entre asado en la casa de Eduardo y tererés en la casita de los chicos, también hablamos de esa necesidad que, sospecho, casi todos los que andamos boyando por el mundo albergamos: tener algún día un terrenito propio. Algunos lo visualizarán en el norte, otros en el sur, pero allí está esa fantasía muleta de los caminantes, evocada con cautela mientras amarramos nuestra inercia en alguna localidad remota. Desde que nuestros pasos siguen la ruta 3, repetidas veces hemos conocido viajero que llegaron al sur con una mochila pensando que estaban de paso, y terminaron trabajando o incluso radicándose. Será que si bien los precios altos los obligan a detenerse para recuperar fondos, los altos sueldos que encuentran los tientan para ahorrar hasta reventar el chanchito… Y si sobra para un terrenito, ¿Por qué no?


Nuestra estadía en Río Gallegos fue un trueque de energías. A Luciana y Alejandro, ver su pequeña casa repleta de mochilas, vernos armando nuestras postales artesanales, fue un recordatorio de que el suyo es un viaje momentáneamente amarrado, pero no deja de ser un viaje. A nosotros, su calor de hogar y sueños de un terreno nos hizo mirar por el ojo de la cerradura del futuro hacia donde algún día también caminaremos. Acaso el collar de guayruru que Luciana me armó fue el sello de los días compartidos por ahora. Nos despedimos de la arquitecta de semillas y su fiel escudero no sin un breve pucherito, y salimos a la ruta.

Para recibir en tu casa nuestro libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

Más Información
Share on Pinterest
There are no images.
Comparte con tus amigos










Enviar

¡Unite a la tribu!

Logo

Suscribite para recibir novedades sobre mis viajes, guías prácticas sobre destinos insólitos, reflexiones & filosofía nómada. Además, vas a ser el primero en enterarte sobre nuevos libros, talleres online, y las reuniones presenciales de la TRIBU Acróbata en todo el mundo. ¡Más de 8500 viajeros ya son parte!


Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

2 Comentarios

Dejar un comenentario
  • Juan! Hermosas tus palabras!!!
    Realmente fue un intercambio de energias!!!
    Como le decia a Lau, se merecen todo lo que les esta pasando!!
    Muchisimos exitos por los caminos de este maravilloso mundo!!!
    Y realemnte quedamos mas que felices de haberlos conocido!!!
    Estoy segura que nos volveremos a encontrar!!!
    Abrazo grande!!
    Ale, Lu y La Combi!

  • Gracias Juan por tus palabras, no tengo mejores palabras para describir lo que fue conocerlos, mas que la que vos mismo usas, “un trueque de energias”, anhelo desde muy profundo en mi corazon que su viaje sea un exito y que nos volvamos a ver algun dia.

    Los queremos mucho

    Alejandro Pusineri

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>