LA NENA Y EL VAGABUNDO – A LOVE STORY (Cap.II)

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Desde que comencé a viajar por el mundo, no habían faltado esos encuentros azarosos, esas colisiones con otras almas viajeras que luego quedaban en la nada porque uno se dirigía a Estambul y el otro a Bangkok, o sencillamente porque no era el momento para ninguno. Ahora, en cambio, sentía que los astros se alineaban, aprestándose a dar cauce a un destino. Laura y yo dejamos la carpa y caminamos hacia los montes que rodeaban el poblado, y cruzamos un puente ferroviario oxidado saltando de durmiente en durmiente como si fuéramos pulgas accionando un xilofón gigante. Del otro lado había una acequia. Mojando mi mano hasta los nudillos comprobé la agradable temperatura del agua, que corría bajo el sol filtrado por las copas de los árboles, brillante, como si hubiera sido otra sustancia. Y sin decir una palabra acordamos que era un sitio excelente para un baño que el viaje ya nos pedía. Así, en esa situación edénica, vi su cuerpo por primera vez seguir el patrón del otoño y constelar su sinceridad con el paisaje. Alrededor nuestros, los árboles, y la vaca que lejos bebía de la acequia, tampoco se ocultaban tras vestiduras. Con imprescindible timidez Laura sumergió en la acequia su leve humanidad, y comenzó a bañarse. Ya los dos en el agua, conversamos:

– Entiendo que no puedas vivir sin viajar, -dijo Laura- porque a mi me pase lo mismo. No me imagino ningún motivo para dejar de ir a Nueva Zelanda, a no ser por otro viaje.

– Laura, la invitación a Alaska está hecha…

El resto del viaje por Salta tuvo la gracia de un paso de baile. Aquellos días en Alemanía fueron magia pura. Además, excedía los límites de mi comprensión racional como un pueblo abandonado de 50 habitantes había albergado dos decisiones claves en mi vida, la de volverme nómada, y ahora, la de compartir este nomadismo con alguien. Aunque Laura no me había dado un “sí”, nos referíamos a la posibilidad de viajar juntos cada vez con más frecuencia, aunque Laura siempre tenía la cautela de anticipar cada bocado de fantasía con un condicional. A veces estas frases sonaban cómicas: “En el hipotético caso de que coordinemos algo, me gustaría que después de Alaska fuéramos a Asia y visitáramos Filipinas”

El viaje nos seguía poniendo frente a todas las clásicas situaciones de los viajes, y nos servía a ambos para comprobar que podíamos compartir tal experiencia. Después de dos noches en Cafayate salimos por la RN40 rumbo a Cachi. Hasta San Carlos viajamos en la caja de una F-100 de la municipalidad de ese pueblo. Como si fuera una delegada del reino de las chatas enviada a rendir pleitesía a la nueva pareja de viajeros, la camioneta de la municipalidad de San Carlos llevaba oportunamente en su caja un colchón sommier, sobre el que flotábamos sobre la ruta nacional 40.


En San Carlos esperamos unos 45 minutos por un camión. Como si los vehículos más frecuentes de las rutas argentinas estuvieran visitándonos cual reyes magos para presentarse ante Laura, lo que frenó fue un Mercedes 1114. Y no cualquier 1114, sinó uno cuya carga consistía de ladrillos de adobe, y cuyos choferes nos ordenaron subir a techo. Allí, en una plataforma de madera sobre la cabina, viajábamos como en una alfombra voladora por los Valles Calchaquíes. Y de adobe también estaba hecho todo el entorno que se desenrollaba a nuestro paso, las casas con sus galerías con columnas moldeadas con volutas jónicas o dóricas, como en una Acrópolis desplazada al Cono Sur. Acaso un tanto obsesionado con los símbolos, no pude dejar de advertir en el adobe una metáfora de la transformación de la tierra en materia sólida de construcción, y por ende en letra o embajada de cualquier sueño, como el que empezábamos a tejer Laura y yo.



Y además de las rutas y de esos vehículos que nos llevan, está el principal ingrediente de cualquier viaje. Al llegar a Angastaco, mientras pedíamos una parcela en el camping municipal, conocimos a Marcelo Ruedas. Marcelo, un hombre de mediana edad que llevaba con orgullo su sombrero negro y su quena. Nos contó que venía de Jasimaná, una comunidad bien alto en los valles, a 15 horas a pie de Cafayate. Ahora se dirigía a Cachi, pero había perdido en micro y esperaría hasta mañana. Entre muchas cosas nos contó que él y sus amigos músicos querían reintroducir el quechua en el folclore de su pueblo, pero que no tenían libros de texto ni diccionarios. Con Laura le prometimos conseguirle algunos en Buenos Aires y regresar para donárselos, y de paso organizar uno de los eventos educativos. De pronto, estábamos pensando en plural.

La aventura no acabó allí. Tras una estadía en Cachi, salimos a hacer dedo con el plan de cruzar la Cuesta del Obispo hacia Salta. Entonces nos frena un Falcon modelo 72. Eran Beno y Teo, dos estudiantes de medicina franceses que estaban, técnicamente hablando, chapita. Pero era un locura linda la suya, conducían insensiblemente su Falcon por la ruta 40 como si fuera un vehículo blindado. Lo increíble era que no se dirigían a Salta, sino a San Antonio de los Cobres. Es decir, pensaban cruzar el Abra del Acay (4985 m) en ese Falcon, por la ruta más alta de la Argentina. Siempre dudé que llegáramos, pero nunca pensamos en bajarnos. Era la tentación de la figurita difícil, del tramo más huidizo y solitario de la RN40.


Más allá del default de chapa en que incurría el Falcon (había notado un agujero en el techo vinílico antes de subir) estaba el factor caos que reinaba dentro. Cada vez que nos zamarreábamos en una curva un universo de libros se batía en la luneta trasera, y caían sobre nuestros hombros, para luego seguir su procesión hasta el suelo, donde se amigaba con otras guías de viaje y toda clase de chucherías, como un táper con remolachas. Teo y Beno se alternaban al volante. Teo, de pelo corto, sombrero de paja, lentes y aspecto prolijo, parecía estar cometiendo ese viaje como para compensar la opresión de una aritmética de alma interna. Daba volantazos mientras mordía una espiga de yuyo y se meneaba al son de Buena Vita Social Club, que sonaba en el stereo. A la altura de La Poma pinchamos una goma, y la vedad que nos sorprendimos que los chicos tuvieran un auxilio. De hecho lo tenian, estaba sepultado en el baúl debajo de diarios húmedos, cartones de vino y envases. A medida que subíamos la ruta era cortada por caudalosos arroyos, y cada vez que los cruzábamos, con el Falcon a toda máquina, el agua entraba por el hueco de la caja de cambios como un géiser, mientras Beno, que en esas ocasiones gustaba de subirse al techo, gritaba como si lo estuvieran crucificando.

Tras una estadía breve en San Antonio de los Cobres, donde el viento parecía estar entusiasmado en un proceso de cancelación de lo creado hasta ahora sobre la faz de la tierra, llegamos a Salta. Con Laura no dejábamos de sorprendernos ante lo vivido, ante la magia que nos había envuelto en todo el viaje. Salta había cumplido su parte del trato, nos había enamorado. ¿Quizás era muy pronto? Pero como resistirse y coquetear ante esas palabras que vienen corriendo a nuestra lengua desde el fondo del alma, ante esa intuición nunca antes sentida de que, juntos, podíamos compartir un mundo? Y en eso estamos. Desde Salta regresamos a Buenos Aires para participar de la Feria del Libro. Ahora, lentamente, Laura acomoda su mundo a la inminente partida. Yo tengo poco que acomodar, ya estaba en la ruta. A finales de junio partimos, juntos, hacia Alaska, con nuestras fuerzas sumadas por cumplir con nuestro proyecto mimado, el de explorar los caminos menos transitados del continente difundiendo los valores de la hospitalidad en escuelas, aldeas y comunidades. América espera, nunca me sentí mejor acompañado para un desafío…


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

15 Comentarios

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  • Dia a dia entro al blog para ver como sigue la historia, pero con mucha ansiedad de comenzar vivir el viaje que ustedes nos iran contando, era como un preludio a propio viaje, pero para ello debo esperar, aun me quedan algunas cosas por realizar en baires antes mi partida.

    Juan se que andaran ajustadisimo con los tiempos, pero me gustaria si cabe la posibilidad de juntarnos un sabado o domingo, aunque sea uno minutos para darle unos de mis libros.

    Desde una habitacion en la joven Buenos Aires les dejo un gran afecto.

    Ivan

  • Nos gusta esta historia de vagabundos y almas gemelas!

    Como dos orgullosos marpaltenses, les vamos contando a la gente del loco acróbata del camino de nuestras tierras. Conocimos de tu historia hace casi tres años por el diario La Capital de Mardel. Nosotros salimos hace dos años y medio rumbo a Ushuaia primero y de ahi al Norte, en nuestro pequeño Citro del ´70. Ahora estamos en Canadá, ya a punto de llegar a destino: Alaska. Otros locos para que agregues a la caravana viajera!
    Buenos caminos por la gran y maravillosa América, Juan y Laura!

  • Deseo lo mejor para ustedes y que puedan cumplir sus espectativas. Como siempre, desde la gauchesca ciudad de Buenos Aires alguién vigilia ante cualquier necesidad que pueda encaminar su resolución.

    Andrés se reporta desde el Observador de los Caminantes Errantes.

  • todo es lindo, todo es bello, todo es sensacional, todo es cosquillitas!

    saludos a los dos…

    p/data entre parentesis: laura, sos una afortunada, juan escribio dos post seguidos acerca de «vos»!

    boyero

  • Muy linda la historia … estoy comenzando a leerla .. tengo un amigo que tuvo una historia parecida … una lastima que ahora no este tan emocionante como la de Uds.., espero que siga y como los cuantos «y fueron felices para siempre» en una playa de las islas seischeles jejeje suerte

  • ahh … .perdon … soy yo otra vez … te cuento quesoy de honduras .. de un pueblito en el sur cerca de la frontera con nicaragua, se llama San Marcos de Colon … si pasas por ahi me encantaria verlo en tu blog … gracias (Ildefonso Turcios) desde Encarnacion Paraguay

  • Que bueno saber que tus huellas en el camino ahora tienen compañia y no caminas solo. Un fuerte abrazo desde Tucuman. Aca los espero para compartir un buen vino y charlar. Abrazos!
    Leticia.

  • Justo ayer lei la parte del libro en la cual vos te preguntabas si ibas a conseguir a tu compañera de ruta. Te felicito y disfruten mucho el viaje!!!

  • Hola Juan, te escribe Ricardo de San Vicente, o mas conocido como rickypar. Como estas flaco. Hace ya mucho tiempo de de aquel arribo a Ezeiza y ese desayuno con Impeza en las instalaciones del aeropuerto. Fue quizas ese el ultimo contacto con los amigos de las rutas que yo haya tenido en persona. Ahora, despues de un par de años me reencuentro con tu historia, leyendo las notas que salen en todos lados de vos, enterandome que terminaste el libro grande. Yo tengo bien guardada la copia del viaje por Afganistan que me diste aquel dia en Ezeiza.
    Te me has vuelto famoso mi querido amigo!!
    Celebro el exito de tu viaje y te deseo buenos caminos para lo que vendra. Solo o acompañado pero mejor acompañado, aunque mas no sea, por la suerte.
    [email protected]

  • hola!!! Hacía muchos años que no me sentaba en esa playa con el mate y mis viejo, también por esa manía de «salir a la ruta» aunque de una forma distinta a la de ustedes, y los ví acercarse con ese mapa tan parecido al mapa color que tenía en la secundaria, cuando en las clases de geografía me entretenía dibujando las rutas que haría por el mundo. Tal vez un día nos encontremos en algún camino más. Ustedes son de esas historias que se quedan guardadas en uno.
    Gracias.
    un beso
    claudia

  • Sos un maestro escribiendo! Descubir hoy este blog, a traves de Herman Zapp, a quien le di una mano con la traduccion al Ingles de Atrapa tu Sueño. Me encanta tu estilo, tenes un don increible para hacer acrobacias (valga la redundancia) con las palabras y darle vida al relato! Desde ya, conta con nosotros para comprar tu libro y les deseamos como alguien les dijo a los Zapp, no un viaje libre de problemas sino uno donde sepas como solucinarlos para que tengas recuerdos inolvidables.

    Abrazo

    Fer y Lau, de Quilmes.

  • hola juan!soy maria,la novia de david(dondeandanestos)nosotros hace mas de tres años que estamos en ruta tambien,ahora en Malasia.
    me alegro muchisimo de que hayas encontrado a tu otra alma viajera.Os deseo lo mejor a los dos en este camino a Alaska.

  • es increible, lo que le faltaba a la gran historia chicos. ahora hay que hablar en plural los felicito me encata … le deseo muchisimo amor y espero con ansias el nuevo viaje

  • Que historia más hermosa, más real y más mágica, definitivamente el amor es el sentimiento mas predecible mente impredecible es la fuente de nuestras lagrimas de felicidad, es una sonrisa en el rostro y es tener a quien regalar un te quiero.

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