GRIPE A: MIEDO Y LUCRO EN UNA PANDEMIA DEMOCRÁTICA

¿No sienten nada raro detrás de esto de la gripe? En primera instancia el pánico que anida en toda la población a causa de los sesenta o setenta muertos debería dejarnos éticamente mal parados si comparamos la cantidad de muertes al año por cólera, dengue o accidentes de tránsito. Un millón de personas muere al año por malaria, por ejemplo, mientras que los laboratorios que podrían producir una vacuna prefieren lucrar con las drogas para el tratamiento. Hace unos años, con la gripe aviar, fue el laboratior Roche el que salió a vender pastillitas mágicas curativas. Vendieron millones de cápsulas, a pesar de que aquella epidemia sólo causó un par de centenares de muertes. Con el Tamiflu, la transnacional puso también fichas en esta pandemia…
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Por otro lado, al margen de que estas pandemias estén o no sponsoreadas por correctos señores de traje y corbata que abrazan fuertemente a sus hijitas cuando llegan a su casa, hay otro factor. Un factor interno. Creo que esta gripe le proporciona a la gente una excusa para exteriorizar el miedo que cultiva en su conciencia. Que no es otra cosa que la separación y la sospecha mutua entre los seres fomentada por nuestra querida sociedad de consumo. Con un virus raro, amas de casas y porteros de edificio cruzan miradas cómplices en las gélidas mañanas bonaerenses y celebran con guiños misteriosos la coincidencia de sus barbijos, y lo hacen épicamente, como si hubiera naves nodrizas suspendidas sobre la ciudad. Es cierto, la gripe genera miedo – y shock añadiría Naomi Klein- y ganancias. Y lo hace porque al ser tan promiscua y fácil de contagiar, tan democrática hasta podría decirse, genera necesidad de sobreprotección en la clase media, que es la que puede comprar el Tamiflu. En comparación, el dengue en el Noreste Argentino no deja de ser una nota de color que a lo sumo atragantará a algún comensal desprevenido antes de que el resumen del Gran Cuñado le devuelva la sonrisa y la paz de conciencia necesarias para la inoperancia al señor televidente. Y mientras tanto, los maniquíes han adoptado -con silencio y discreción, a su estilo- los barbijos. ¿Se protegerán de la gripe o de nosotros?

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

2 Comentarios

Dejar un comenentario
  • Tal vez debamos rezar por un nuevo dios,que como otros tantos, basa su poder en la represiòn mental y el sarcasmo espiritual. Todas las sociedades necesitan un dominio que no se muestre como tal, pero que nos digite a gusto ciertas cosas. Clase media, nunca hemos vivido el extremo, pero somos extremistas en nuestros juicios de valor. Vale de ejemplo este mismo comentario.
    Un optimista impenetrable dirìa que al menos el barbijo hace que a la gente le cueste mucho màs fumar.
    Saludos desde Farmacity

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