Guía completa para visitar los Valles Kalasha: el último refugio pagano del Hindu Kush

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Visitar los Valles Kalasha en el norte de Pakistán es una experiencia refrescante. Te saca completamente de cuadro, si vienes subiendo desde el conservador Peshawar, con sus bazares tan “afganos” y sus mujeres cubiertas de burkas, y te pone frente a una tribu colorida y aislada.

Esa diferencia no es solamente estética: los kalasha, la última tribu pagana del Hindukush, observan una ceremonia social que se saltea los estrictos códigos de segregación del islam conservador de toda la región.

Los hombres preparan vino, y las mujeres, celebradas en vestidos policrómaticos, andan por doquier y saludan sin tabúes a los viajeros con una sonrisa, sea camino a la cosecha de nueces o regresando de lavar la ropa en el río.

Además, el valor paisajístico del conjunto se suma al valor etnográfico de la visita. Los kalasha viven en aldeas de piedra sin tiempo, y mantienen templos donde sacrifican cabras en cada ocasión social. 

He viajado repetidamente a los Valles Kalasha desde 2006 y, en esta guía, te cuento todos mis consejos de transporte, alojamiento y códigos culturales de esta “isla cultural” en medio de Pakistán.

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Visado Permisos para visitar los valles Kalasha

Anteriormente, moverte por los valles de Kalasha era bastante restrictivo, debido a la cercanía con Afganistán.

A cualquier viajero extranjero se le asignaba un escolta policial apenas ponía un pie en la zona. Sin embargo, gracias a las nuevas políticas de turismo, ahora tienes mucha más libertad para explorar y ‘perderte’ por ahí sin necesidad de una sombra oficial.

Ahora, simplemente, te registras en los checkpoints del camino, antes del túnel de Lowari si vienes de Peshawar o después del paso de Shandur, desde Gilgit.  

Lleva abundantes fotocopias de tu pasaporte, es mi consejo de oro, para ahorrar tiempo (eso le permite a los militares dejarte ir y luego transcribir tus datos manualmente a su perezoso ritmo).

En la entrada al Valle de Bumburet, un checkpoint algo improvisado te cobrará un ticket de ingreso de 500 Rs (unos 2 USD), en beneficio de proyectos locales.

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Escolta armada en el camino a los Valles Kalasha

Como llegar Cómo llegar a los valles Kalasha desde Chitral

Ubicados en los pliegues más remotos del Hindukush, llegar a los valles Kalasha implica cierto grado de determinación, pero nada que no se solucione con paciencia.

Desde Chitral, hay jeeps directos hacia los tres valles, que parten desde la esquina del Alfalah Bank, en el centro, alrededor del mediodía, y tienen un valor de 350 Rs. Es un viaje de unos 40 km y dos horas de duración.

Otra opción es tomar un auto compartido desde Chitral a Ayún, un poblado unos 20 km al sur, que es la puerta de entrada a los Valles Kalasha, por unas 100 Rs, y desde allí, salen jeeps y autos con mucha más frecuencia hacia los tres valles, por otras 100 Rs.

Desde Ayun el camino se estrecha y retuerce, y se convierte en un camino de cornisa en que los viejos Jeep Willys son más versátiles que el último Land Cruiser.

Ayun por cierto, tiene un bazar bastante animado, en el que solemos detenernos en nuestros viajes grupales.  

En Expedición Karakorum, subimos desde Peshawar, transitando el cambio desde el islam más conservador y conectando luego con Chitral, Gilgit y Hunza, para abarcar el norte de Pakistán en toda su diversidad etnográfica.

Ten en cuenta que, en lo profundo del Hindu Kush, la logística no se resuelve con una app, sino con paciencia, contactos locales y un profundo conocimiento de los códigos culturales de la región.

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En ruta hacia los Valles Kalasha

¿Cuál de los tres valles kalasha visitar?

Una duda muy frecuente es cuál de los tres valles Kalasha deberías visitar. Te voy a dar un panorama bastante conciso pero claro.

Bumburet fue el primero de los valles en abrirse al turismo, pero, al haber captado sobre todo al turismo doméstico pakistaní, también se ha desvirtuado un poco y perdido su aspecto de paraíso perdido. Es aquí donde verás carteles de “Kalasha Galaxy Guesthouse”.

Dicho esto, una breve visita a Bumburet es inevitable, al menos si quieres visitar el cementerio kalasha y el museo, que está muy bien.

Rumbur debería ser tu valle de adopción. A diferencia de Bumburet, donde se nota que los kalasha han entrado en modo parque temático para complacer la expectativa de “lo exótico” frente a los pakistaníes del Punjab, en Rumbur los kalasha siguen con su vida.

En otras palabras, Rumbur es el valle favorito de los viajeros extranjeros, que aprecian la paz del valle y visitan con más respeto cultural que pretensiones.

Por último, Birir es el valle menos visitado de los tres, donde el turismo aún está en pañales.

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Panorámica del Valle de Rumbur

La mejor época para viajar a los valles Kalasha

La mejor época para visitar los valles Kalasha se abre entre mayo y octubre. Durante estos meses, el clima es más benevolente, los caminos de cornisa son transitables y el paisaje del Hindu Kush luce su verde más intenso.

Con nuestros grupos, siempre visitamos en septiembre. Si me pides mi opinión, este es el mes perfecto. El calor cede, el turismo local desaparece y la luz dorada del otoño comienza a teñir los bosques de nogales con una paz absoluta.

Evita el invierno, pues estás en el Hindukush, y la temperatura desciende a bajo cero.

¿Cuándo son los festivales del pueblo kalasha?

Si buscas sumergirte en su cultura, el festival Chilam Joshi en mayo es la cita clave. Es una explosión de color y danzas donde la comunidad celebra el fin del invierno y la llegada de la primavera entre flores y cantos tradicionales.

En agosto, el festival Uchau marca el agradecimiento por las cosechas de granos. Es un momento vibrante donde el ritmo de los tambores domina el ambiente, y genera la atmósfera más propicia para socializar.

Para los más aventureros, el Choimus en diciembre ofrece una experiencia mística bajo la nieve. Es el festival más sagrado y privado, donde se realizan rituales de purificación que han sobrevivido casi intactos desde la antigüedad.

Para los festivales, te recomiendo reservar alojamiento con meses de anticipación.

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Origen del pueblo kalasha: 

Los kalasha son un relicto antropológico, el único pueblo indo-ario de todo el Hindukush que no se ha convertido al islam.

Este pueblo pagano es custodio de una cosmovisión religiosa y pautas culturales animistas y politeístas vinculadas a un hinduismo rudimentario.

¿Son los kalasha descendientes de Alejandro Magno?

Los primeros europeos en llegar a la zona a finales del siglo XIX pensaron que se habían topado con descendientes de las legiones perdidas de Alejandro Magno, debido a la frecuencia inusual de ojos claros, piel pálida y cabellos rubios o castaños.

Esa mezcla de literatura colonial y orgullo local tiene “patas cortas”. Una versión más plausible y apoyada por estudios genéticos es que se trata de un pueblo de origen indo-ario, como los que habitaban el norte de India y Pakistán, habiendo migrado desde el sur de Rusia y Ucrania alrededor del 1500 AC.

Los antropólogos aseguran que conservan el sustrato indoeuropeo, al haber quedado “encerrados” en los valles más remotos, y esa es la familiaridad que resuena en sus rostros.

Los kafires del Hindu Kush

Antiguamente, los kalasha habitaban un territorio más amplio, a ambos lados del Hindu Kush. Del lado afgano, eran conocidos como “kafires” (del árabe kafir, infiel) y su territorio aparecía en los mapas del siglo XIX que atesoro en mi colección como “Kafiristán” (“Tierra de los Infieles”).

De esta época (1891) data el libro The Kafirs of the Hindu Kush de George Scott Robertson, quien se ganó la confianza de los jefes kalasha y vivió un año con los “kalashas afganos”.

Poco después, en 1893,  Abdur Rahman, el Emir de Hierro de Afganistán emprendió una campaña para islamizar a los kalasha por la fuerza y, cumplida su misión, rebautizó a la región Nuristán (“tierra de la luz”).

Una cultura en extinción

Hoy, los kalashas del lado pakistaní resisten como pueden los sutiles intentos de conversión al islam.

De los siete mil kalashas, se estima que la mitad ya se han convertido por presión social, ejercida también desde la educación y los medios de comunicación.

El turismo, al revalorizar la cultura kalasha y convertirse en una fuente de ingresos tangibles, puede ser parte de la solución.

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Invitados a tomar el té en una vivienda local

Cultura y tradiciones: ¿qué hace únicos a los kalasha?

Los kalasha profesan una espiritualidad tan antigua, que es un misterio para el resto delos pueblos vecinos, acostumbrados a la simplicidad y abstracción islámica.

Frente a esto, los kalasha habitan un mundo con múltiples capas, regido por los conceptos de lo puro y lo impuro.

La importancia de las cabras

Las cabras y las montañas, en este esquema, son lo más puro, el hogar de los dioses, y cada hogar tiene altares marcados por cornamentas de cabras salvajes.

El valle pertenece a una tierra “media” habitada por los humanos, y hay toda una serie de hadas y espíritus benignos o malignos que actúan desde las sombras.

Gran parte de la vida comunitaria se centra en festivales, que celebran las cosechas (la cosecha de la nuez es una de las actividades primordiales de estos valles), y hay templos en que se realizan sacrificios de cabras en ocasiones de matrimonios o nacimientos.

Unas mujeres muy distintas a sus vecinas

Hay cosas que me chocan y otras que admiro del rol de la mujer entre los kalasha. Las mujeres, por un lado, son apartadas de su comunidad durante el período, en que viven con otras mujeres en una casa de menstruación junto al río, por considerarse algo “impuro”.

Pero más allá de eso, andan por doquier, riendo y conversando en grupos mixtos con hombres y mujeres, en lugar de escabullirse tras un burka.

Los matrimonios forzados son una rareza entre los kalasha, lo que es más, una mujer Kalasha tiene el derecho absoluto de divorciarse de su marido si no es feliz o si se enamora de otro hombre. El proceso no requiere jueces ni abogados, sino una negociación económica entre familias.

La vestimenta colorida de las mujeres kalasha

Notarás que las mujeres visten coloridos vestidos tradicionales, que siempre llevan puestos, y no para el turismo. 

La base negra del vestido actúa como un lienzo para los bordados. A diferencia de las mujeres de los valles vecinos que suelen usar colores más sobrios o cubrirse con el chador, las Kalash muestran su identidad a través de este contraste visual fuerte.

Los bordados de colores en los cuellos, mangas y bordes del vestido son únicos de cada familia y utilizan colores vibrantes (naranja, rojo, verde y amarillo). Los patrones geométricos no son azarosos; representan elementos de la naturaleza como flores de los valles o picos de las montañas y símbolos de protección contra los malos espíritus.

El shushut es el tocado circular que usan sobre el cabello y está decorado con pequeñas conchas marinas, que en su momento llegaron a la región con la Ruta de la Seda y daba estatus a la familia que los poseía.

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El vino Kalasha

Estarás encantado de saber que los kalasha producen vino, a diferencia de la población musulmana circundante. 

Las uvas se cosechan en los valles de Bumburet o Rumbur al final del verano. Usan uvas locales, generalmente pequeñas y muy dulces. Alternativamente, también hacen un licor de moras silvestres. Todo el proceso es manual y comunitario, y puedes fácilmente comprar una botella (normalmente de agua mineral, rellenada) en cualquier alojamiento.

Alojamiento Dónde dormir en los valles Kalasha

Si bien tanto Rumbur como Bumburet tienen opciones de alojamiento, evita alojarte en este último, ya que es el valle favorito del turismo doméstico, que es famoso por su empatía cultural con los kalasha sino por esperar su servidumbre.

Es en Rumbur donde convivirás como un huésped de honor entre los kalasha. Los precios rondan los 20 USD por noche incluyendo las tres comidas, lo que no está nada mal.

Una opción muy conocida es Engineer´s Guesthouse. Su propietario se llama, o hace llamar, curiosamente, Engineer, por ser el primer graduado universitario entre los kalasha. las habitaciones. Me alojé en su hostal en mi primera visita a los valles en 2006. Está justo al principio de la aldea de Grom, a mano izquierda si vas entrando por el camino principal.

Mi lugar favorito, y adonde llevo a todos mis grupos, es Saif Ullah Jan Guesthouse, en la aldea de Bulunguru, con cuartos alrededor de un jardín verde atravesado por una acequia. Las comidas grupales con vistas a la montaña y con el murmullo del agua siempre son inolvidables. Además Saif Ullah es un defensor y activista de la cultura kalasha, y licenciado en turismo.

En todos los valles los servicios son básicos, pero tendrás tu baño, tu ducha y electricidad (aunque no las 24 horas).

casas en el norte de Pakistán

Que ver en los Valles Kalasha

Rumbur

Si te alojas en Rumbur, aquí el atractivo principal es la vida cotidiana, salir a caminar por la aldea a intercambiar sonrisas con los locales, ver como secan grano sobre los techos de las casas o cosechan nueces en canastos tradicionales.

Lo que sí deberías visitar en Rumbur son los “festival grounds”, es decir, las áreas abiertas donde se danza. La de Rumbur ha sido restaurada con ayuda de la embajada de Noruega y tiene tallas de maderas con motivos étnicos.

Otra opción es seguir hasta el final del valle, donde hay una aldea nuristaní, como se conocen a los kalasha que escaparon de Afganistán con la islamización forzada de Abdur Rahman (aunque hoy se han convertido).

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Bumburet

Aunque hagas base en Rumbur, deberías ir a Bumburet para ver puntos focales de la comunidad. Algunos de ellos son.

Kalasha Museum. Un museo financiado por Grecia (¡pues si son nuestros descendientes!) con gran variedad de artefactos y fotografías antiguas. Considero que vale la pena. La entrada cuesta unas 500 PKR.

Cementerio kalasha: Los kalashas tienen rituales funerarios únicos, y entierran a sus seres queridos en sus camas. También verás las tumbas de antropólogos europeos que han dedicado la vida a los kalasha.

Templos kalasha: hay uno en cada aldea. Son centros comunitarios dedicados a Jestak, la deidad que protege a la familia, el hogar y los niños. Son construidos con piedra y madera de cedro, con cuatro columnas centrales talladas con motivos geométricos y cabezas de cabra.

El techo tiene una abertura central cuadrada (clanch). Su función es doble: permitir la salida del humo del fuego ritual y conectar el mundo terrenal con el celestial.

Birir

Es el menos turístico de los valles kalasha. Aquí deberías simplemente dedicar un día a caminar y sentirte realmente fuera del mapa.

museo kalasha
Leyenda: El museo de la cultura kalasha

Más consejos para visitar los valles kalasha

Lleva ropa adecuada, técnica por el clima, pero modesta para respetar la cultura local. No son musulmanes, pero no estás en Berlín.

Lleva efectivo, no hay cajeros en los valles kalasha.

Lleva los medicamentos básicos que pudieras necesitar y un filtro de agua si vas a hacer trekking en los valles Kalasha. El agua de deshielo del Hindu Kush es pura, pero ten en cuenta que hay ganado y cabras por todas partes.

Si quieres conectar los valles Kalasha con el resto del norte de Pakistán en un viaje con enfoque etnográfico, súmate a una de nuestras expediciones.

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