La última cena de Bin Laden, en Sharak

Como si estuviera relevando todos los sectores de la sociedad afgana, después de los enfermeros llega un grupo de docentes de Kabul, que está dirigiendo los programas de perfeccionamiento para maestros rurales. Se bajan todos de su jeep para reacomodar sus bártulos y hacer lugar para La Maga. Me ofrecen pasaje hasta Shahrak, bien arriba en las montañas. Aquí la ruta se desvía del río Harirurd durante varias horas. Viajamos de noche por un camino pésimo y a los saltos hasta que paramos a cenar en una aldea.
Sobre la carretera, lámpara de kerosén en mano, nos recibe el maestro local, quien nos guía hasta su casa por los enmarañados recovecos de la aldea sin luz. Se come arroz con cordero, con las manos. Luego se bebe té, reteniendo entre los dientes el terrón de azúcar hasta que la dulzura cúbica termina diluyéndose. A juzgar por la débil luz artificial, que alumbra desigualmente la cavernosa vivienda, las barbas y los atavíos, estimo que sería muy fácil convencer a los televidentes de que se trata de la última cena de Bin Laden.
Maestros en jornadas de perfeccionamiento, dictadas por los maestros llegados de Kabul.
La mañana de la partida, en la Oficina de Educación de Sharak. Todos los maestros hacen cola para probarse a “La Maga”.

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