ENCUENTRO CONTINENTAL POR EL AGUA Y LA PACHAMAMA EN CUENCA


No podría decir que fue fácil. El camino a Cuenca, Ecuador nos demandó 15 días de viaje casi continuo desde Potosí, montados en todo tipo de vehículos, desde camiones cargados con explosivos o alcachofas hasta mototaxis, a lo largo de la vertebral carretera Panamericana. Sin embargo, para nosotros, caminantes de la América actual, conflictiva, saqueada (como siempre) asistir al Encuentro Continental por el Agua y la Pachamama era una cuestión de principios, y una oportunidad única para asistir a una comunión de los pueblos americanos en resistencia frente a la apropiación y contaminación del agua por emprendimientos mineros y agroindustriales. Viajar a Cuenca implicó eliminar del itinerario sitios como La Paz o el Titicaca. Rápidamente decidimos que no era gran sacrificio reemplazar un ícono turístico de la Pachamama por aquella coordenada precisa donde ésta se defendía de la explotación transnacional de sus entrañas.



El incienso y el sonido del churo –una enorme caracola- impregnan la atmósfera. La Ceremonia inaugural del Encuentro tiene lugar en un parque situado detrás del Banco Central del Ecuador, en un montículo ceremonial ya sagrado en tiempo de los cañaris y los Incas, quienes llamaron a la ciudad, sucesivamente, Guapondelig y Tomebamba. Cuenca es la reencarnación actual. Allí, como si fueran legiones de guardianes enviados por la misma tierra desde un espiral de puntos cardinales, se congregan hombres y mujeres de todas las naciones americanas. Vamos llegando, nos reconocemos hermanos sin interrogarnos la identidad o la ideología. Si compartimos ese tiempo y espacio sólo puede habernos reunido la indignación. Mejor que cualquier wipala, la diversidad que personificamos rubrica la veracidad de nuestra voz. Somos campesinos, profesionales, delegados de organizaciones sociales, activistas, docentes, estudiantes, latinoamericanos, europeos, pueblos originarios y criollos. Gente autoconvocada, gente de las organizaciones coordinadoras, como el Movimiento Mundial por la Salud de los Pueblos, Ecuarunari, la CONAIE o Acción Ecológica, entre otras. Colectivamente, el pueblo internacional reclamando frente a una amenaza internacional. Sobre la hierba, los campesinos locales han preparado un coricancha, un ritual de agradecimiento a la Pachamama. En forma de chakana, de la sagrada constelación de los incas, mujeres ataviadas en vistosos textiles, con sus sombreros y aguayos colocan con precisión de relojeras los frutos de la tierra, choclos, bananas, manzanas, uvas, mandarinas y pétalos de flores. En el centro, una esfera de cristal evoca al planeta…



Una representantes de la Confederación de los Pueblos Quechuas del Ecuador toma la palabra, llamando al continente por el nombre que le daban los Mayas, anuncia: “Hombres y mujeres de los pueblos de Abya Yala, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, hijos e hijas del águila y del cóndor, nos reunimos en Guapondelig, cuna de nuestros ancestros cañaris, en este solsticio de inviernos en los Andes…” Es casualmente la fecha del Inti Raymi, ocasión para agradecer al sol, “ente transformador, por las cosechas y los alimentos que nos permiten vivir en el sumak kawsay (el buen vivir andino, en quechua). La mujer enfatiza que a través de este ritual estamos conectados con el cosmos y la Madre Tierra. Luego es una delegada indígena de Guatemala quien toma la palabra y siembra el tono del Encuentro: “Estamos con una lucha grande que no sabemos cuando se va a terminar, pero sí sabemos que vamos a ganarla en unidad..” Ella invoca al agua, no a la limtada fórmula del H2O, sinó a la Yakumama (Madre Agua), que permite y urde la vida, que está conectada “tanto con la luna como con el vientre de las mujeres”. Por momentos la mujer habla en quechua, por momentos en castellano. Cuando lo hace en quechua, sus palabras se vuelven –quizás- espejos más exactos de su alma.


Pero el Abya Yala, nuestra América, tiene una herencia híbrida, sincrética. Por eso un sacerdote católico y un chaman centroamericano entonan juntos una canción. No es un dúo cualquiera, sino uno que concilia lo que podría considerarse antagónico. Guitarra en mano, cantan:



“Abya Yala hoy vuelve a su memoria y construye libre su propia historia.
Pachamama de naciones hermanas, cuidaremos la vida en tus entrañas.
Compartimos agua, tierra y cultura, resistencia frente a la dictadura.
Denunciamos persecución y muerte, contra la gente que cuida nuestro ambiente. Nuestro pueblo no es un terrorista, es mentira, pretexto imperialista…”



Apelando a una genuina teología de la resistencia, que luego tuvo su mesa aparte en el Encuentro, el párroco –al revés de tantos obispos mineros que pululan en Catamarca y San Juan- anima a resistir a los Caínes ya que “la resistencia es sagrada”. Con la nobleza de las metáforas sencillas, el hombre aclara que “la libertad tiene que correr como el agua –pura, sencilla, humilde- que es vida”. El misionero, que vive con los Shuar en la Amazonía, testifica: “En los afluentes del río Zamora está la creación tal como Dios la dejó (…) por allí andan petroleras diciendo que van a sacar la sangre de la tierra, y mineras que van a sacar los huesos de la tierra y sociobosques que van a arrasar con la biodiversidad..”



El tránsito de estas voces, acrisoladas en su origen pero coincidentes en su potencia y mensaje, hacia el Salón de la Ciudad, solo podía asumir la forma de una marcha. “Queremos chicha, queremos maíz, multinacionales fuera del país!” –clamábamos todos ansiosos. “Agua sí, oro no” – era una fórmula más corta y directa del mismo derecho universal. Mientras caminábamos, pude oír cómo muchos cuencanos que nos veían pasar se comentaban sin disimulo: “ahí van los fundamentalistas”. En ese momento concluí que en algunas cuestiones, en todo caso, no se puede ser relativista. La continuidad de la vida en el planeta requiere de fundamentalismos como el acceso al agua y alimentos sanos. En el Salón de la Ciudad se inauguró el Foro “Los Pueblos del Abya Yala frente a la crisis civilizatoria”. Porque claro, no se puede asumir que la minería a cielo abierto ha surgido mágicamente como una maleza entre nosotros. En ese sentido, Raúl Zibecchi, del Uruguay, expuso un punto de vista lúcido, al articular los conceptos de extractivismo y neoliberalismo. Según esta lógica el neoliberalismo se mudó de la fase de producción (donde se tradujo en privatizaciones a nivel continental de 1990 a 2000) a la de especulación (monocultivos, minería, finanzas) porque la primera fase es también el espacio de seres humanos que se organizan para defenderse. También subrayó que no hay minería sin militarismo y por ende criminalización de las protestas. La consecuencia de este modelo es una polarización social y económica entre pobres y ricos, que los gobiernos intentan contener con bonos y asistencialismo para evitar el estallido social, para que la gente tenga lo mínimo para no rebelarse. En Brasil, por ejemplo, 50 millones de personas reciben la “Bolsa Familia”. Esa política de limosnas masivas son interpretadas por algunos como guiños hacia la izquierda, aunque según Zibecchi no cumplen otro rol que perpetuar el colonialismo sin que la gente lo perciba.



Luis Macas, de Ecuador, analizó la retórica de la lucha, rescatando que nosotros los americanos no deberíamos decir “Otro Mundo es Posible” sino “Nuestra Abya Yala de siempre”. Acotó con su neto acento andino- que la crisis no es económica o financiera sino civilizatoria y global” “Por eso es que no nos entendemos con los eurocentristas. Estos extraños empezaron a llevarse el oro desde que maniataron a Atahualpa. Ellos dicen que ahora los indígenas comenzamos a visibilizarnos. Es que siempre fuimos visibles, sólo que recién ahora nos ven, porque empezamos a protestar” Desde Colombia, Diana Murcia enriqueció el Foro con una óptica de los mecanismos de defensa para los criminalizados por defender el agua, que en Ecuador llegan a 200. La Constitución de Ecuador declara irónicamente a la Pachamama un sujeto de derecho, además de sentar la imprescriptibilidad de los crímenes contra la naturaleza. Todo un sarcasmo en una nación que viene avalando la intromisión de mineras transnacionales en territorios campesinos. Claro que los jóvenes universitarios ecuatorianos, cuya ausencia llena para mi la sala, en algún sentido de preocupación, se sentirán más cómodos con este tipo de revolución light de I-phones y recitales pagos por el estado que en una verdadera revuelta donde pueda haber gases lacrimógenos que arruinen el maquillaje de las coquetas estudiantes. Estamos en un país donde los decanos hacen huelgas de hambre y los estudiantes suben las fotos del… “evento” a su muro de Facebook. La compañera Diana, antes de ceder la palabra, nos dejó pensando a todos cuando deslizó, al menos teóricamente, la posibilidad de que una justicia indígena tenga algún día competencia para juzgar a las transnacionales.



Alberto Acosta, ecuatoriano coordinador del evento y judicializado él mismo por condenar la acción de las mineras, abrió su discurso con una perlita de revisionismo: “En su diario de abordo, Cristobal Colón menciona 175 veces la palabra oro, y sólo 45 veces la palabra Dios. Creo que con eso queda clara la motivación de su viaje”. Luego avanza algunos siglos y explica cómo con el patrocinio de la Agencia Canadiense para el Desarrollo se modificaron los códigos mineros latinoamericanos (primero en Argentina, qué sorpresa) y luego en todo el continente. Cita luego la propia constitución ecuatoriana, que en su artículo 12 declara al agua un derecho humano fundamental, y a su artículo 413, que prescribe que cuando se utilice el agua para actividades productivas deberá procederse de manera de que no se quite el acceso a la población. La realidad es distinta. En Ecuador, el 87% de los campesinos tienen, conjuntamente, el dominio de apenas el 13% del caudal del agua de riego, mientras los terratenientes, que suman sólo el 1% de los usuarios del agua de riego, acceden al 67%. Y con todo lo que cuesta acceder a esa misma agua, la minería utiliza 8000 litros de agua por cada onza de oro extraída.


EL EXTRACTIVISMO Y LA CRIMINALIZACIÓN: 175 VECES ORO, APENAS 45 VECES DIOS.


 
En la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca tuvo lugar el Panel sobre Extractivismo. Allí, expertos en la materia como el canadiense William Sacher dejaron el alma en el micrófono para no dejar dudas de que la minería “bien hecha” como lle gusta llamarla a Correa, sencillamente no existe ni en la misma patria de las mineras. Una delegada Shuar dio su testimonio tras haber recorrido extensamente la Amazonía ecuatoriana constatando los desastrosos efectos de la actividad petrolera y la alta incidencia de malformaciones en los nacimientos en las zonas afectadas. César Padilla, del Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina expuso algunos gráficos interesantes, mostrando la creciente inversión en minería en América Latina, causadas por la rentabilidad del sector y la permisividad de los gobiernos locales. El 48% de las minas extrae oro, que va directamente a las reservas de los bancos, a cubrir la crisis financiera inmobiliaria de los EE.UU. Es paradójico que el sustento materia de la riqueza de las naciones del norte provenga de los cerros de los pobres, quienes son cómplices del saqueo. César las llama “asociaciones ilícitas e inmorales para el saqueo y la destrucción”. Ana María Alvarado, de México, expuso el aso de su pueblo, San Luis Potosí. Desde su fundación, en 1594, el pueblo fue comparado con Potosí, por las riquezas del cerro aledaño. Durante 400 años el cerro fue explotado con minería de zocavón, a través de 300 km de túneles. Y al cabo de esos 400 años, el pueblo siguió siendo un sitio olvidado y pobre, sin que la actividad minera haya significado progreso alguno. Con la instalación de una mina a cielo abierto se extrajeron 2.6 toneladas de oro en dos años. Esta vez, la minería no sólo ha dejado, al usual souvenir de la pobreza, las secuelas tóxicas de la contaminación por cianuro. Según la compañera, el error del pueblo residió en confiar en la lucha legal, y no impulsar la movilización social.



Paralelamente, en otra sala se debatían los problemas derivados de la criminalización de las protestas. Allí se escuchó fuerte la voz de los compañeros de la Asamblea de los Pueblos, cuyo presidente denunció la intención del gobierno de abrir un corredor minero en seis provincias del sur del país, con 96 concesiones sólo en Morona Santiago. Para abastecer a tantas mineras, se requiere construir, al menos, 200 hidroeléctricas. Según el gobierno, estas hidroeléctricas serían culpa de que los ecuatorianos abusan de la afeitadora eléctrica… El hombre insiste: “..nos hablan de que la Patria ya es de todos, del Socialismo del Siglo XXI, porque una mentira dicha cien veces termina siendo creída..” El mismo Defensor del Pueblo de la ciudad de Cuenca es el que abre una panorama más estadístico en el debate y relata que, en Ecuador, ya son 650 los líderes campesinos enjuiciados por las transnacionales (mineras, madereras, petroleras, etc.) De ellos, 619 lograron una amnistía, mientras que 189 continúan siendo enjuiciados, ya no por las transnacionales, sino por el mismo estado. De las comunidades más pequeñas, como Cochapata, van apareciendo los delegados, que declaman este interminable, tristísimo poema épico: 7 líderes sociales criminalizados, amenazados con 8 años de cárcel.  La gente de la Comisión de Agua Potable de la Parroquia San Bartolomé llega con una historia que me recuerda al Corralito. Cuenta que la empresa minera Amenonix no cumplió con los contratos de arrendamiento anual de la tierra, sino que se retiraron en quiebra, sin cumplir las promesas de mejoras de escuelas y carreteras. Ahora regresaron con un nuevo nombre, Ecuador Gold”, reclamando el mismo territorio y la confianza de la gente. Sin embargo, para la gente de San Bartolomé ya es tarde, pues en el mercado de Cuenca, la gente ya no compra productos de esa parroquia por miedo a la contaminación. En la misma sala, los uruguayos del proyecto FM Mundo Real proyectaron mate en mano, las fotografías de la misión de verificación en que constataron la persecución judicial de campesinos en parroquias de Tarqui, Santa Isabel y Girón.



EL VIAJE COMO INSTRUMENTO DE COMUNICACIÓN Y CAMBIO SOCIAL

No se rían: nos sacaron la foto tomando mate antes de iniciar nuestra intervención…



Nuestra intervención tuvo lugar en la Mesa de Comunicación del evento, que tuvo lugar en el auditorio de la Universidad Técnica Salesiana el mismo día de la Instalación del Tribunal Ëtico Internacional. La premisa básica de nuestra mesa fue que es necesario concebir la comunicación como parte de la estrategia de lucha. Es en esa dimensión que el sistema y el contrasistema emplazan su esgrima. En la pantalla de televisión y en las rotativas de los periódicos es donde se engendran los estereotipos y donde se etiquetan a los sectores comunitarios como opuestos al desarrollo. La compañera que nos presenta desde el micrófono anticipa que viajamos como chasquis. Es una metáfora que nos gusta. De hecho, siempre consideré que el rol social de los escritor de viajes es contrabandear las palabras de lucha en lucha. Y si los chasquis lo hacían sobre caminos empedrados nosotros tomamos la posta y nos subimos a los camiones. Nuestra disertación se titula: “El viaje como instrumento de comunicación y cambio social” Encendimos el proyector, y las imágenes fueron contando la historia de nuestro viaje, y cómo este es constante cantera de material documental de las problemáticas. Expusimos la situación de los huarpes en Mendoza y de los descendientes de ranqueles en el extremo oeste pampeano, en relación al acceso a las tierras y el agua. Mostramos fotos de la resistencia a la minería en Jáchal, los cortes de ruta en La Rioja y las fotos de los zorros sin piel y de los derrames en el mineraloducto de Andalgalá, Catamarca. Comparamos los procesos de formación de estereotipos mediáticos, que en Medio Oriente han criminalizado toda la cultura islámica, y en América Latina apunta a hacer germinar el monstruoso concepto de los ecologistas como fundamentalistas y terroristas. Hablamos de distintos escenarios de lucha, como las escuelas agroecológicas y cooperativas de productores de sésamo construidas desde por las organizaciones campesinas Tesai Reka y ACADEI en Paraguay, y contamos cómo nuestra caminata de cinco días por un sendero incaico en Bolivia nos llevó a descubrir una comunidad (Maragua) donde el mismo gobierno de Evo Morales pretende abrir una planta productora de cemento que traerá nocivas secuelas ambientales.


Más allá de los casos concretos y de las imágenes coloridas de sitios como India, Paraguay o la Antártida, compartimos nuestra concepción de la comunicación, que se abraza a lo ancestral y lo moderno al mismo tiempo. Caminamos por el mundo, porque en esta era del periodismo de escritorio donde se redactan notas copiando del Google, no queda más remedio que recuperar las tres dimensiones y poner el cuerpo, “patear” la amplia calle del mundo. Por otro lado, actuamos viralmente en Internet y en las redes sociales porque creemos que es la forma más democrática de formar opiniones. Hicimos una breve reseña del crecimiento de nuestros blogs, que con más de 150 visitas diarias y casi 1000 suscriptos en Facebook aporta puntos de vistas locales y contenidos frescos a quienes nos siguen. Muchas veces, estos contenidos tienen consecuencias insospechadas. Nos pasó en Paraguay, que una nota sobre nuestro viaje fue publicada en la revista de mayor tirada justo cuando las organizaciones campesinas eran objeto de un ataque mediático. Fue sólo cuestión de subir un post reivindicando y visibilizando las obras de estas organizaciones para que miles de paraguayos las vieran, utilizando de esta manera, como en el judo, la fuerza del enemigo a favor propio. A nivel micro, constantemente nos escriben docentes de toda América que utilizan fragmentos de los textos para debatir todo tipo de temáticas en las escuelas. Y ya que hablamos de escuelas, expusimos fotografías de nuestro proyecto educativo nómade, de cada evento educativo realizado hasta la fecha, en escuelas, hogares y comunidades que nos abren sus puertas. A medida que viajamos, como miembros del Equipo de Comunicación del Movimiento Mundial para la Salud de los Pueblos, vamos relevando las problemáticas de cada comunidad y socializando, en estos eventos, la situación de las que ya hemos recorrido. De esta manera Laura y yo, y las comunidades visitadas, nos volvemos todos eslabones de una cadena, de un flujo de información. Recuperando el proceso físico de la comunicación con los activistas y organizaciones sociales a la vez que afianzamos plataformas efectivas de comunicación virtual, es que Laura y yo queremos en el futuro trasladar nuestros pasos más allá del continente americano, para hermanar de esta manera los pueblos del mundo en sus luchas y problemáticas. La última fotografía de nuestra muestra es la de una bicicleta apoyada contra un muro en la ciudad de Jáchal, San Juan. Arriba de ella se ve un grafiti: “Algún día este mundo será perfecto”. Sobre la foto nosotros comentamos. “Y eso sucederá cuando recuperemos el valor de lo esencial, de lo sencillo, como la bicicleta”


Para recibir en tu casa nuestro nuevo libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

Un comentarios

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  • Es maravilloso lo que haces, y todo un honor escuchar a Alberto Acosta.

    Eres todo un alquimista, me sorprendiste con tus letras, y fue un regalo haber compartido una charla tan amena, con esta pareja tan enamorada del viento y la carretera.

    Son toda una inspiración y los veo en la carretera ♥

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