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POR QUÉ ME GUSTA RECIBIR POSTALES (UNA INVITACIÓN AL VANDALISMO)

ATENCIÓN! Este post fue escrito para mi último cumpleaños, pero el pedido de postales sigue abierto, y felizmente, de vez en cuando, el cartero nos sigue visitando ¡gracias a todos Ustedes!

El próximo 28 de marzo será mi cumpleaños número 34. Una vez al año uno tiene que cometer ese acto de resignación ante la inevitable matemática. Pibe tenés 34. Lo que quiere decir, en primera instancia, que ya no sos tan pibe y, lo principal, que te va a ser todavía más difícil explicarle a cualquiera tu estilo de vida. Que uno ande cargando la mochila y tirando los dados en la banquina a los 20, vaya y pase, pero cuando alcanzaste la tercera década y la respuesta a la pregunta de “¿qué planes tenés para el futuro?” es “Me parece que me quiero ir a Mongolia”, estamos ante un caso de “bip, respuesta errónea, niñez extendida.” Niñez y no adolescencia, porque mientras en la edad del pavo uno aprende a emborracharse, a escuchar música y a llenarse de pecas, los imposibles, las empresas osadas –como llegar a la luna o dar la vuelta al mundo- son herencia exclusiva de la niñez. ¿Y qué tiene que ver esto con el título? Más adelante, más adelante….

Ahora bien, espejito espejito, ya te escuché, esas arruguitas incipientes no son de niño. Las veo al costado del rabillo de mis ojos, sobre todo cuando entorno la vista, y a cada lado de mi sonrisa. Si miro las fotos de hace seis o siete años, cuando recién iniciaba este viaje, descubro con sorpresa que esas líneas no estaban allí. Entonces pienso y lo que descubro me sirve de consuelo. Será que no fue sólo la marcha imperceptible del tiempo, la balística de la vida, ni un apoltronamiento urbano de stress y comida chatarra. Será acaso que esta piel curtida y esas rayitas como de jeroglífico junto a los párpados son obra del fantástico cincel de la intemperie. No es un dato menor: en los últimos siete años he pasado cuatro viajando, parado al costado de la ruta, esperando ese auto que me lleve por las rutas de 57 países, bajo el frío de Noruega, que me obligaba a caminar con una bolsa de agua caliente pegada a la cara, o con el viento patagónico que bajaba de los glaciares a estrellarse contra mi cara y tumbaba mi mochila. Supongo que habrá sido eso, el viento, el frío o el calor aplicados a esa cara de nene que perdí en alguna parte de los casi 200.000 km recorridos, durmiendo en faros, conventos o paradas de camiones. Más que los sellos en el pasaporte, son mis gestos los que acusan recibo del camino recorrido y se dejan conjugar por el verbo andar. Y todo para complacer a ese niño que quería dar la vuelta al mundo. En la medida que voy uniendo los puntos hacia atrás y encuentro una coherencia, perdono a las arrugas y me amigo con el tiempo.

Haciendo una arqueología, descubro que las primeras fantasías de viajar por el mundo brotaron como consecuencia de encontrar la vieja correspondencia familiar archivada en los viejos muebles de la infancia, Algunas eran cartas enviadas desde Italia por lejanos parientes transatlánticos. Otras eran postales enviadas desde EE.UU por mis viejos en el año que vivieron en Boston, allá por 1960, cuando el viejo estaba en la marina y lo mandaron en una bizarra maniobra militar. En todos los casos las estampillas de esas cartas me hacían viajar y evocar tierras lejanas. Comencé a coleccionarlas, y tal fue mi primera forma de poseer el mundo.

Con 12 años, ya reconocía los nombres de los países en su lengua autóctona. Me sentía convocado por lejanos castillos franceses y embrujado por nombres extranjeros como Magyar Posta (Correos de Hungría) o Territories Artique et Antartique Francoise. Experimenté la angustia por primera vez al comprender que sin importar cuanto viajara, no podría pisar jamás aquellos países que ya no existían, como el Imperio Otomano o la Ciudad Libre de Danzig (actual Gdansk, en Polonia), pero cuyas estampillas atrapaba para siempre en mi álbum. Pasaron los años, y en los últimos años de secundaria un profesor hippie llamado Ricardo me pasó (por debajo de la mesa, era una escuela católica) las armas teóricas –Hermann Hesse, Emil Cioran y Jack Kerouac-para forjar mi propia revolución, y no esperé mucho para salir a cazar ese mundo que antes sólo contemplaba en esas inmóviles maravilla dentadas que son los sellos postales.

Sé que hoy día ya nadie envía cartas. Ya aceptamos la era del Twitter y del Facebook, máscaras de una carrera por la inmediatez que nos deslumbran y limitan al mismo tiempo. Lo importante no es el mensaje que se envía –tecleado a veces sin meditación previa- sino que 1500 personas lo lean al instante. Yo, en cambio, me atrinchero. Soy de los que aún piensan que la demora puede cobijar algo de bello. Prefiero los mapas de papel al GPS, y la imaginación a esa pornografía geográfica que es el Google Earth. El mundo debe conservar ciertos velos. Disfruto del proceso en igual medida que del resultado, y por eso viajo a dedo. Y Dios nos libre de que un día el arte de la seducción también se simplifique y las chicas señalen su disponibilidad con banderines de colores, como los barcos. Por eso, en este cumpleaños número 34, les agradeceré sus mensajes por correo electrónico, ¡pero subo la apuesta! En homenaje a esas estampillas, que fueron mi primera manera de viajar, los invito, los desafío, a saludarme enviándome una postal desde el punto del mapa donde se encuentren, da lo mismo que sea Buenos Aires, Purmamarca o Tailandia.

¡Estas son algunas de las que ya llegaron!

 

Para los que se animen a situarse del mismo lado de la trinchera que yo y se atrevan a llevar a cabo un pequeño acto de vandalismo contra la sociedad digital, me alegrará llegar en algunos meses a mi casa y encontrarme con su postal, con alguna colorida estampilla. Mi dirección (la nueva) es:

Juan Villarino
Urquiza 80 1ºC
(2900) San Nicolás
Pcia de Bs As
Argentina
Además, no he abandonado mi vieja y querida colección. Así que, si limpiando el sótano se encuentran con cartas viejas, o alguna vieja colección huérfana descontinuada, ¡acá tienen alguien que se va a alegrar mucho de conservarla! Como decía Laura en su reciente post sobre las postales y la poesía prometo seguir resistiendo en la trinchera de la belleza, donde maduran las cosas que llevan su tiempo, como la buena música, los viajes interminables, las postales ¡e incluso las arrugas! Buenos Caminos…

Para recibir en tu casa nuestro libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

19 Comentarios

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  • Yo también apuesto por la lentitud de las cartas por correo! Así que ambos (por separado) recibirán postales de mi parte…
    Yo también colecciono (o coleccionaba) estampillas. Intentaré conseguirte una de Marruecos para acompañar la carta.
    Besos a los dos y gracias por la mención 🙂
    Está bueno que cada vez seamos más (aunque pocos, pero más) los que preferimos el romanticismo de “lo antiguo”.
    Les deseo lo mejor chicos, nos vemos algún día!

  • Benjamìn dijo en Facebook:

    Feliz cumple loco!! tu postal va en camino desde francia!
    es raro te hablo como amigo y te siento como tal, es raro por que no te conozco. Pero a la vez ando de viaje desde hace 3 anos, tu libro me inspiro cuando necesite un empujon, asi que siento a las personas como tu mas cercanas que muchas personas con la que estudie en la universidad por ejemplo y que alguna vez les dije amigos.

  • Nicolás Alfonso Pecchio dijo en Facebook:

    …y no esperé mucho para salir a cazar ese mundo que antes sólo contemplaba en esas inmóviles maravillas dentadas que son los sellos postales.”
    Estamos cada vez mas finos con la prosa, muchacho… parabens!!

  • Berenice Burbano dijo en Facebook:

    …”Son mis gestos los que acusan recibo del camino recorrido y se dejan conjugar por el verbo andar”..Està en segundo lugar el primero es la cita de NICOLAS ALFONSO.Cuenta con una postal Colombiana, tengo problemas para escoger un sitio especial.

  • Gastón Matorra dijo en Facebook:

    Muy bueno loco. El camino entre trincheras suele tener piedras por doquier, pero la belleza de lo inmortal siempre superará lo inmediato de la “modernidad”, aunque pocos puedan sentirlo. Siga inspirando locos corazones..

  • Gaston Ismael Gonzalez dijo en facebook:

    Allí estará mi postal entonces. Me pareció genial la idea! Un saludo y un abrazo! Impecable tu manera de escribir y de relatar lo que pensas.

  • Ana Maria Iogna dijo en facebook:

    sin ninguna duda ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ el cartero necesitará carretilla ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ buenos caminos ……….

  • Andrés tarruella dijon en facebook:

    Estoy seguro, sin dudas, que lo que se dibuja en tus arrugas son las rutas de tu viaje eterno. El mapamundi de esta vida está en el rostro.

  • Luli Lluy dijo en facebook:

    Tus lindas arrugas Juan se forman al sumar y sumar sonrisas, emociones, vivencias, sensibilidad, propias y de todos los seres que tienen la gran felicidad de cruzarte en su camino. Como dice Ana María el cartero va a sacar músculos!!! Ahi estare 🙂 Besos de luz para Lau y vos..

  • Juan: te conocí porque una gran amiga me regaló tu libro antes de empezar mi viaje. Ahora estoy, junto con mi novia, en Nicaragua. Leí tu libro (que me gustó mucho) y ahora lo está haciendo ella. No tengo facebook, ni twitter, si un blog: vivecomoviajas.blogspot.com que te lo mando para compartirlo. Me gus la idea de la postal e intentaré hacerte llegar una. Conservo algunas diferencias de criterio sobre las nuevas tecnologías, pero no tiene sentido evocarlas aquí. Te mando un cálido abrazo, Nacho.-

  • Que lindo es y la felicidad que se siente cuando se recibe una postal desde algún punto de este planeta.

    Por eso la postal va rumbo para allá desde Guatemala

    Muchos Saludos!!!

  • Juan, me parece que no debes preocuparte por explicar nada a nadie, sabés que muchos (me incluyo)admiramos a personas como vos o Laura, y no solo eso, sino que envidiamos ese estilo de vida que no nos animamos a poner en práctica por, justamente, el que dirán o la falta de coraje, o por temor a perder ese futuro que ni tenemos y que muchas veces nos hace perder tantas cosas en el presente.
    Personas como vos pueden hacer replantear muchas cosas en otros, si alguien no entiende tu estilo de vida es porque seguro en la suya no anda todo muy bien. Sabés que sos el que menos tiene que preocuparse… estás en el camino correcto.

  • Juan y Lau, aprovecho este espacio para escribirles a los dos, hace mucho quería hacerlo. Simplemente para felicitarlos por el proyecto nomade educativo, es conmovedor, esperanzador y ejemplar lo que están haciendo y transmitiendo.¡Viajeros comprometidos con la realidad humana! Los leo siempre que puedo y así seguiré! Un abrazo fuerte! Clara Oyuela.

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