UN VIAJE MAYOR: LA NUEVA PROPUESTA DEL PROYECTO EDUCATIVO NOMADA




A veces las ideas necesitan de un empujón para terminar de saltar de la mente al papel, y como bien dice el refrán, dos cabezas piensan más que una (y en este caso, tres más que dos). Sucedió en Mochima, en medio de una charla en la que planificábamos nuestros próximos pasos. Tal como habíamos experimentado en Sucre, cuando incluimos a una compañera de viaje en una de nuestras charlas, buscábamos la manera de que Ana participara de nuestras presentaciones, y enriqueciera la experiencia. Pensábamos en escuelas, en centros culturales, pero había una idea que me venía rondando en la cabeza desde hacía un tiempo. Ya teníamos experiencias con nenes de todas las edades, con universitarios, con comunidades indígenas y hasta con niños con síndrome de down, pero nunca habíamos trabajado con adultos mayores. ¿Por qué no incluirlos también en nuestro proyecto? La idea de visitar un hogar de ancianos en Cumaná, nuestro próximo destino, empezó a tener forma. Yo quería ir, pero no me imaginaba cómo orientar la charla. A Ana la idea le pareció interesante, y propuso que tratásemos de rescatar esa memoria olvidada, de revalorizar el rol de los ancianos como portadores de una historia viva, de un conocimiento atesorado. Y Juan le dio el toque final: ¿por qué no convertirnos nosotros en oyentes?  ¿Por qué no rescatar sus historias de viajes, complementar nuestra proyección con relatos de otra época, compartir sus recuerdos?

Mientras más hablábamos, más nos entusiasmábamos, y ni bien llegamos a Cumaná nos dimos cita en el hogar de ancianos. Como era de esperarse, el sitio destilaba una tristeza profunda, y me paralicé. Fuimos recibidos por una monja sin entusiasmo, que sin mirar siquiera nuestra carpeta, intentó derrumbar nuestras expectativas aludiendo al estado de salud de los ancianos. Cuando le explicamos que lo nuestro no tiene costo y que sólo necesitábamos de un televisor y un DVD, nos cedió la mañana del jueves, con la condición de que nosotros consiguiéramos el reproductor.

Dos días después nos hicimos presentes con todo. Fuimos recibidos por Manuel, un anciano que mientras ataba unas bolsitas de tela nos contaba de sus épocas de soldador y nos confesaba que la misa le aburre muchísimo, pero que si no va las monjas lo regañan por ateo…


Pronto nos ubicamos en una especie de sala de conferencia, a dónde trajeron a buena parte de los abuelos. En ese momento, me asaltaron las dudas y sentí que no iba a poder encontrar las palabras… Sucede que de tanto ir a las escuelas, uno ya se siente cómodo y las charlas se van dando con fluidez. Esta vez se me ponía en frente un desafío. Sin embargo, y tal como me había pasado cuando nos tocó trabajar con niños especiales, los miedos desaparecieron rápido, y pronto nos encontramos conversando con un grupo de abuelos muy atentos.



Oswaldo no perdía oportunidad de demostrar sus conocimientos de geografía, mientras que Dionisia, al ver las fotos de los shuar, nos contó que en el oriente también se servía la comida en hojas de plátano.

Cuando fue el momento de hablar de sus viajes, vinieron grandes sorpresas. Al principio, nadie se animaba, y fue Dionisia quien quiso compartir su primer viaje a Caracas, en el año 1945. Cuando le pregunté en qué había viajado, me respondió con una gran sonrisa: “en avión!”. Así supimos de la época en que los vuelos desde aquí pasaban por Margarita, y cómo nuestra amiga iba y venía pagada por una familia de dinero, para la que trabajaba. Por aquél entonces los aviones eran a hélice, y conforme pasó el tiempo Dionisia sintió miedo y ya no quiso volar. Entonces Manuel quiso aportar, contando que la primera vez que él había ido a Caracas, la capital era tierra de “monte y culebra”, y que él iba en un bus que arrancaba a manija… Y Juan, un señor cuyos ojos revelaban una picardía infantil, nos sacó una sonrisa cuando nos dijo que él había viajado a la luna, porque su imaginación lo lleva a todas partes. “A Argentina no he ido aún, pero me estoy por ir en estos días, a ver si nos encontramos por ahí!”, y largó la carcajada.

Pasamos una mañana increíble. Antes de irnos tuve que cantar un tango (qué pena). Y toda mi audiencia aplaudió ante mi desafinado “Por una cabeza”. Nos fuimos los tres con una satisfacción que hacía rato no sentía, y prometimos volver para dejarles algunos libros y despedirnos antes de seguir viaje.

Sin embargo, ya casi volviendo tuvimos una idea. Algunos de los abuelos nos habían confesado su amor por la poesía, y muchos recordaban ciertos datos que habían leído en algún libro de historia. Pero el hogar no contaba con una biblioteca. ¿Por qué entonces no armar una pequeña biblioteca para ellos? Nuevamente, las monjas se mostraron reticentes, argumentando que no había espacio para libros, y que además eran sólo un par de abuelos los que estaban en condiciones de leer. Es cierto que ahora son unos pocos, pero los libros no pasan de moda, y quizá mañana lleguen más abuelos que quieran matar el tiempo. 



Así que nos volvimos a empecinar e hicimos una pequeña compra. El hecho de que en las Librerías del Sur se consigan libros subvencionados por el estado a muy bajo costo (pero muy) hace que sea un pecado no tener una biblioteca, aunque sea mínima, en cada hogar de este hermoso país.


Para saber cómo sumarse al Proyecto Educativo Nómada, hacé clic aquí

Para recibir en tu casa nuestro nuevo libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

Más Información

Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

4 Comentarios

Dejar un comenentario
  • Hola chicos!!
    Qué lindo!! La experiencia con los adultos mayores es maravillosa!! Tienen tanto para decir y para compartir que lo que necesitan es quien los escuche y los mime!
    Nuestra experiencia con ellos fue espectacular y uno de los días más emotivos del viaje!
    Que sigan muy bien! nos vemos pronto!!
    mucha magia para lo que queda del camino!
    un beso grande
    Aldana y Dino
    (www.magiaenelcamino.com.ar)

  • Juan y Laura

    Los cuentos de ustedes, como siempre, son lindos, emocionantes y muy vivos. Que bueno que hay personas en el mundo que hacen cosas x los demás. Felicitaciones y que sigan yendo cada vez más lejos!!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Powered by WordPress. Con ayuda de Ecovirtual