TINOGASTA AMASA SU PROPIA JUSTICIA

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A la mañana siguiente monté guardia bien temprano. Tras desarmar la carpa y tomar a las apuradas una taza de té de yuyos que me preparó el padre de Manuel, salí a la ruta. Ruta fiera, digna, me exigió 50 minutos má además de las 3 horas de ayer para encontrar pasaje. Finalmente frenó el Fiat Uno de un viajante de una editorial. Bienvenidos a Catamarca, tierra de aceitunas, membrillo y adobe. Ah, y uranio y oro. De eso vamos a hablar, ¿saben?

Puede parecer un tema recurrente en el blog, pero no puedo cruzar estas provincias sin detenerme a documentar esta actividad que está condicionando al oeste de nuestro país a un modelo de desarrollo anacrónico, casi feudal, que el resto del mundo abandonó hace siglos.

Llegué a Tinogasta como llego a casi todos las ciudades, con un número telefónico mágico, contactos hechos previamente por Internet, en el mejor de los casos, cuando no apenas sugerencias de amigos de amigos a los que, sin compromiso, he de preguntar si pueden alojarme. Pero en el caso e Tinogasta, Roberto y Susana esperaban mi visita. El bioquímico, ella docente, son referentes de la lucha contra la instalación de Rio Colorado, una mina de uranio concesionada a la australiana Jackson, que ocupa 752 km2, incluyendo porciones de la provincia de La Rioja. Y no tienen problema en contarles toda la historia a los “peregrinos ambientalistas” que de vez en cuando, como yo, recalan en la ciudad para informarse. Y sea en la sobremesa, con uvas y aceitunas, o por la tarde, con mate y tostadas con queso de cabra, conversamos…

¿Por qué es peligroso tener una mina de uranio en las cercanías? Primero que nada, sin que haya mina, ya hay contaminación. El uranio, que es visible incluso en superficie (en vetas color ocre) genera lo que se conoce como drenaje ácido. En 1995 análisis llevados a cabo por Gendarmería Nacional, revelaron altos contenidos naturales de arsénico y uranio. Desde el área de salud de la provincia se lo relacionó de inmediato con la alta incidencia de casos de cáncer y leucemia en los departamentos de Andalgalá y Tinogasta. Ya con la radiación de base, llama la atención la cantidad de gente con labios leporinos. Si eso sucede con la radiación de base, me explica Roberto, que es bioquímico y sabe de lo que está hablando, con la explotación y exposición al aire de las reservas subterráneas, los casos de cáncer aumentarían exponencialmente. Además, las primeras voladuras liberarían gas radón (una de las metamorfosis del uranio en su búsqueda de estabilidad) Con el viento, éste se dispersaría liberando radiaciones gama, responsables, por ejemplo de las malformaciones genéticas. La lluvia sería, por definición, ácida, y castigaría a la región como un látigo por cientos de años.

Por supuesto, esto le interesa bien poco a las instituciones. En una ocasión dos profesores de la UBA fueron enviados para intentar convencer a la población de que el proyecto tendría consecuencias positivas. En los argumentos de estos profesionales podemos ver cómo los egresados de las facultades de ingeniería minera sólo manipulan su conocimiento para engañar al pueblo. Con total descaro, le explicaron a la gente que era verdad, que el uranio contaminaba. Por eso la mina le haría un favor al pueblo, al retirarlo gratuitamente. Además, certificaron, la extracción dejaría el terreno lo suficientemente revuelto para que alí floreciera la agricultura.

La Iglesia catamarqueña, a contramano de las encíclicas de Benedicto XVI, que condena a la minería a cielo abierto, congrega a sus tímidos fieles en los bancos para lavarles el cerebro. Luis Urbanc, el obispo de Catamarca, defiende desde el púlpito la minería como modelo de progreso. Según él, la gente ignorante está matando a la gallina de los huevos de oro. En un artículo del diario Catamarca Actual, el obispo no dejó duda sobre su posición: “… hay que valerse de ciertos elementos que la tierra tiene, de los cuales no somos dueños, sino que todo el mundo es dueño de lo que tiene la tierra…” ¡Interesante –y oportuno- brote de comunismo! Para Urbanc, el saqueo del Imperio Inca por parte de Pizarro no fue más que un cruzada por la redistribución de la riqueza. Por otro lado, exhortó a cultivar la vida espiritual, ya que la vivienda y el trabajo son “añadiduras. En Santa María, para estar a tono, se llegaron a bendecir camiones mineros…

Como en Jáchal, el problema es de fondo. Si la minería aparece como la única salida laboral de una juventud atolondrada, es porque previamente se han boicoteada el resto de las opciones. Porque a ningún gobierno le interesó generar producción, sino seguir trocando colchones por votos. Así la gente se acostumbró a recibir asignaciones familiares, premios por hijos y por dormir la siesta. El hábito de cultivar la tierra, esa sana y digna autosuficiencia, se fue perdiendo. Hoy por toda Catamarca se ven chacras y huertas abandonadas, y caseríos de adobe entero se deshacen bajo la lluvia mientras sus habitantes pasean su pobreza y mendigan algún sueldito en la ciudad de Catamarca.
Hubo varios episodios en que la población de Tinogasta manifestó su oposición al proyecto Río Colorado y a la mega-minería en general. El más significativo tuvo lugar en 2008, cuando 4 camiones con desmesurados tanques azules destinados a La Alumbrera entraron en la ciudad. “Esa noche sentimos como si entraban los tanques de guerra en Tinogasta” – recuerda Roberto. La crisis crea a los héroes. Al verlos, una maestra cruzó su VW Gol recién sacado de la concesionaria en medio de la ruta, cortándoles el paso. Los mensajes de texto cruzaba toda la ciudad, imperceptibles, congregando a la gente. Los camioneros chilenos protestan y hacen un contracorte, cruzando sus inmensos camiones transversalmente en la calzada. Si ellos no pasaban, no pasaría nadie. Pero no se imaginaban que Gendarmería Nacional respaldaría a los locales… porque estos sí dejaban pasar al resto de la población y efectuaban el corte sólo a los camiones mineros. Ya no eran cuatro camiones, claro. De ambos, lados del corte, eran ya 21 los camiones de La Almubrera que estaban retenidos. Aprovechando la distracción, seis camiones se escapan por un camino de tierra. Entonces nace otra leyenda popular. Un hombre mayor, próspero comerciante, sale en su 4×4 a darles caza, por el camino de tierra por el que llegué yo de La Rioja… Por momentos los adelanta y se detiene dejarles piedras en el camino. No es fácil: los camiones chilenos son modernos Kenworth que viajan a 130 km/h sin problemas. Por la destreza y arrojo, al hombre lo apodaron “El Zorro”. Cuando llegan a Campana, en La Rioja, el Zorro no le puede creer a sus ojos: los vecinos locales, alertados por mensaje de texto, han organizado otro corte. Los camiones de la mina deben aceptar su derrota y regresan, esta vez sin apuro, hacia Tinogasta. Delante de ellos, como perro arriando un rebaño de ovejas, va la 4×4 del zorro que, victoriosa, los escolta hasta el arco de entrada a Tinogasta.

Para liberar el corte, la mina debió intervenir y mover los hilos de las marionetas durante dos días. Con la excusa de un auto-atentado en que la misma empresa quemó las cubiertas traseras de uno de sus camiones los jueces, que nunca aparecen cuando se los necesita, llegaron a las 11 de la noche a la ruta, ordenando allanamientos. La casa de Roberto y Susana fue requisada por policías desorientados, que no entendían realmente que hacían allanando la vivienda de una familia de profesionales de clase media. El discurso oficial es que los ambientalistas son terroristas, pero ante la ausencia de armas de fuego o dinamita, y para justificar su presencia, terminaron “secuestrando” –consta en actas- una caja con 85 fósforos.Los camiones, entretanto, habían regresado a Chile. Todos menos uno, cuyo conductor permaneció preso varios días por insultar a los ambientalistas. Desde Chile, reingresaron al país por el Paso de Jama. Cuando ya estaban llegando a Tucumán, con la intención de entrar desde Santa María, los camioneros ya cantaban victoria. Pero no. Como resurgidos de su propia leyenda, vengando quién sabe cuántos atropellos en el mismo acto, allí estaban los indios Quilmes, orgullosos, deteniendo con la Wipalla (ancestral bandera del Tahuantisuyo) a los camiones que transportaban una nueva amenaza a su tierra.


En otra ocasión 6000 personas se habían dado cita en plaza para repudiar la explotación del uranio, y reclamaron que se hiciera un plebiscito local vinculante. El gobierno provincial intervino para frustrar la iniciativa. Eso a pesar de que la Constitución de la Provincia de Catamarca implora, en su Art.1: “El pueblo tiene el poder decisorio pleno sobre el aprovechamiento de los recursos naturales” Al otro día, 7100 personas se autoconvocaron para firmar su repudio a la mina. “Y fe un día nublado y sin choripanes” – aclara Roberto.Observando con un lente optimista, hay que decir que este enemigo en común no está haciendo más que unir a nuestros pueblos. Los vecinos de Tinogasta apenas si se conocían antes el conflicto minero. “Nos cruzábamos por la calle sin saludarnos” – explica Roberto. Después del conflicto, ha aumentado no sólo el mutuo conocimiento sino la confianza de este pueblo. Son locutores, farmacéuticos, maestros, comerciantes, pero llevan una doble vida, y de improviso se desdoblan en héroes episódicos que luchan contra el atropello y se fortalecen con su propia ira. Solo dentro de 30 o 50 años podremos dimensionar la importancia de la resistencia y las asambleas populares. Porque mientras sean una amenaza a los movimientos populares se los censuras, y se los reivindica doscientos años más tarde cuando son una nota pintoresca en los textos escolares. Ahora sí, todos tenemos permitido llorar por el Día de la Raza y proponer que se retire el rostro de Roca de los billetes de 100 pesos.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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