15 IMPERDIBLES QUE VER EN LAS ISLAS FEROE: PAISAJES EXTREMOS EN EUROPA

En este post te cuento esos sitios imperdibles que hay que ver en las Islas Feroe y que deberías incluir en tu itinerario. Este archipiélago de 18 islas en el Atlántico Norte es un territorio autónomo dentro del reino de Dinamarca y se está posicionado rápidamente como una nueva frontera para los viajeros gracias a paisajes que desafían la lógica de la geografía (lagos al borde de un acantilado) y poblados tradicionales de casas con techos de hierba.

Lee mi guía de Consejos para viajar a las Islas Feroe para todos los detalles sobre cómo llegar, costos de viaje, visas, moneda, e ideas para ahorrar en alojamiento.

Tip para ahorrar: si aún no contrataste seguro de viaje para tu viaje a las Islas Feroe, te recomiendo echar un ojo a estos, que están realmente a precios mochileros.

Mis 15 sitios favoritos que ver en las Islas Feroe

Desde cascadas que caen al mar hasta pueblos rodeados de fiordos, desde extrañas formaciones rocosas a islas en las que sólo vive una familia, estos son mis 15 destinos favoritos que ver en las Islas Feroe.

Torshavn – la capital más pequeña del mundo

Puerto de Torshavn con casas de colores y barcos

La capital de las Islas Feroe tiene 13.000 habitantes y sólo tres semáforos, y se jacta de ser una de las capitales más pequeñas del mundo. Aunque algunas islas de Oceanía le disputan el mínimo honor, sí se puede decir con seguridad que es una de las más pintorescas, y la única cuyo parlamento tiene techo de hierba. El Tinganes –así se llama- ocupa el mismo sitio original que las asambleas vikingas utilizaron hace un milenio.

A pocos metros el Undir Ryggi sería algo así como el casco antiguo, con sus casas de madera y techo de césped vivo, intactas desde hace al menos cuatro siglos y es ideal para tomar fotografías. Otro sitio fotogénico es el puerto y el Sølutorgið, el mercado de pescado.

Torshavn es el sitio de las islas con más oferta de alojamiento. En este enlace podés ver distintas opciones. Mucha gente aprovecha que ningún sitio de las islas está a más de 100 km de distancia de otro para hacer base en la capital y alojarse allí toda la estadía.

Para más info de la capital lee mi guía sobre qué ver y hacer en Tórshavn

Kirkjubøur: la casa de madera más antigua de Europa

Roykstovan Farmhouse en Kirkjubour

A Kirkjubøur (todos deseamos nunca tener que pronunciarlo) se puede llegar a pie en media hora desde Torshavn y regresar en los autobuses urbanos gratuitos. El pueblo era el mayor asentamiento en las Islas Feroe durante la Edad Media, por la abundancia de troncos que llegaban a la deriva desde Noruega (vital material de construcción en una isla donde no hay árboles).

Vestigios de era son la Catedral de Magnus, del año 1300 y la Roykstovan Farmhouse, que sería, según aseguran, la casa de madera aún habitada más antigua de Europa, y data del año 1100. Lo interesante de la catedral, una estructura gótica de 27 metros de largo, es que su techo no se cayó, sino que nunca estuvo, lo que demuestra el escaso interés de los feroeses medievales, recién convertidos al cristianismo, en pagar altos impuestos para construir monumentos a un dios forastero.

Gasadalur: el fin del camino

Cascada que cae al mar en Gasadalur

A mi juicio, uno de los sitios obligados que ver en las Islas Feroe, Gasadalur es un pueblo semiabandonado en el extremo oeste de la isla de Vágar. Su situación remota lo ilustra el hecho de que haya sido el último pueblo de las islas alcanzado por la red de carreteras en 2004, cuando se perforó un túnel de 1.7 km a través de la montaña, ¡y todo por 14 habitantes permanentes! El sitio es tan pequeño que la misa se dicta en la escuela, a falta de iglesia.

La fama de Gasadalur proviene de todos modos de su inusual cascada que desagua en el mar, un fin abrupto para el río Dala.

Desde aquí una caminata de dos días lleva a aldeas ahora deshabitadas como Vikar (abandonada den 1914 luego de que todos los hombres de la aldea murieran al hundirse su barco pesquero).

caminata de bour a gasadalur en islas feroe
Vista de los peñascos de Tindhólmur y Gáshólmur desde el viejo Camino de los Carteros entre Bour y Gasadalur

Consejo acróbata: la manera más escénica de llegar a Gasadalur es a pie desde Bøur, por la antigua ruta de los carteros, hasta 2003 el único nexo de Gasadalur con el mundo. La caminata tiene dificultad media, transcurre junto al precipicio y requiere unas dos horas.

En este post te cuento cómo llegué a pie a Gasadalur y acampé en un sembradío de papas.

Si tu idea es menos silvestre, te recomiendo reservar alojamiento de antemano aquí. (hay uno sólo en el poblado y se completa rápido)

Saksun: el pueblo de los enanos

casas con techo de hierba en Saksun Islas Feroe

En el extremo noroeste de la isla de Streymoy se encuentra Saksun, un poblado de 30 habitantes rodeado de un anfiteatro de cerros, y bañado por una lengua de mar que crece y decrece según la marea. El entorno es remoto y las casas, con sus obligatorios techos de hierbas, parecen el hogar de alguna raza de enanos forjadores de anillos mágicos. Es posible visitar el Dúvugarðar Museum, dedicado a la vida rural en las Islas Feroe desde la Edad Media hasta el siglo XX, que se ubica en una granja original de 300 años de antigüedad.

Sandoy: la gentil isla del sur

Cabaña junto al mar en la isla de Sandoy

Sandur es la isla más meridional de las Islas Feroe, y también una de las más sojuzgadas. Se dice que es la más gentil de las islas, al no estar rodeada por acantilados como todas las demás sino por playas de arena negra. Se puede ir y volver en ferry desde Torshavn en el día, aunque la isla da para más. Sandur, la aldea principal, dedicada a la pesca, tiene una iglesia de madera de 1839, como aperitivo de una ruta hacia los pintorescos poblados de Dalur y Húsavik, donde hay una mansión medieval en ruinas. Debido a que el terreno es nivelado, hay muchísimas opciones para senderismo. Si decides dedicarle unos días a este paraíso pastoral, Skálavik es la aldea con más opciones de alojamiento, que puedes ver aquí.

Tjornuvik: rodeado de cascadas tronantes

tjornuvik rodeado de cerros y cascadas
Así se veía Tjornuvik con el Hægstafjall de fondo

Una aldea gloriosamente pastoral al final del camino en la isla de Streymoy, Tjornuvik merece la pena. La vista del pueblo rodeado por el fiordo desde la ruta no tiene desperdicio. De hecho, el cerro de Hægstafjall (470m) cae casi hasta la playa, dejando poco espacio para el pueblo, que cuenta sólo 70 habitantes. Aquí no hay museos ni ruinas famosas: el espectáculo es observar el rugir del mar en combinación con las cascadas tronantes que descienden desde el cerro como si se lo fueran a llevar puesto.

Fue en Tjornuvik cuando, alojado por una familia, comprendí mejor el punto de vista local sobre la caza de ballenas.

Vestamanna Sea Cliffs

excursion a los acantilados de vestmanna en barco

El pueblo de Vestmanna es una aldea consagrada a la pesca sin grandes atractivos pero es el punto de partida para la excursión a los acantilados de Vestmanna, que llegan a tener 600 metros de altura. En un barco pequeño es posible explorar las cuevas y pasar por debajo de arcadas de piedra para avistar miles de aves marinas que nidifican en el verano. La excursión puede realizarse de mayo a septiembre, y se reserva en el mismo Vestamanna Tourist Center.

Mykines – la isla de los frailecillos

frailecillos en Mykines durante caminata al faro

Seguro que escuchaste hablar de los puffins, o frailecillos. Son de las pocas aves que todos nos morimos por ver aunque no seamos observadores de aves, y Mykines, es uno de los lugares en el mundo con mayor concentración de ellos, junto con Islandia. Las aves migran desde Marruecos todos los años y utilizan los acantilados de Mykines como lanzadera para alimentarse en las aguas vecinas. La caminata hasta el faro en el islote de Mykinesholmur te permite tomar panorámicas increíbles de la isla. Es posible llegar tanto en ferry como en helicóptero.

Hay que resaltar que Mykines es uno de los lugares cuyo folclore está más anclado en el corazón de los propios feroeses, lo que lo transforma en uno de esos sitios que sí o sí hay que ver en las Islas Feroe.

Aquí puedes leer mi post con mi relato de viaje + datos prácticos sobre Mykines.

Sørvágsvatn – El lago al borde de un acantilado

lago Sørvágsvatn al borde de acantilado en islas feroe

Muy probablemente, Sørvágsvatn, en la isla de Vagar, es un de las imágenes de Islas Feroe que más circulan por internet, y uno de sus paisajes más increíbles.          Se accede a través de un sendero desde Miðvágur de 3 horas de duración para el circuito completo. El lago parece asomar por el acantilado que lo separa de las aguas del Atlántico Norte. En el camino se pasa por Trælanípa, un acantilado desde el que, rumor urbano feroés, los vikingos arrojaban al mar a sus esclavos rebeldes, y también hay vistas panorámicas de la formación rocosa conocida como Trøllkonufingur, o dedo de la mujer troll.

Cascadas de Fossa

cascada de Fossa islas feroe

Viniendo del país de las cataratas del Iguazú tuve que esforzarme un poco para dejarme impresionar por las cascadas de Fossa, pero su majestuosidad es innegable, con sus 140 metros de caída. Se encuentran en la misma isla que la capital, sobre la ruta 594, pocos kilómetros antes que Haldarsvik.

Tomar el ferry a Nolsoy

Nolsoy pueblo de pescadores

Nolsoy es una aldea pesquera en la isla del mismo nombre, justo en frente de la capital pero a un mundo de distancia, y se puede llegar fácilmente en 20 minutos en ferry. No hay mucho que hacer en Nolsoy más que caminar entre casas de colores vibrantes y seguir el sendero hasta el faro Borðan (14 km, 5 horas). La mejor época para visitar Nolsoy es en agosto durante el festival Ovastevnan, cuando la gente se reúne a comer y beber en sus casas a puertas abiertas. Y así fue como terminé emborrachándome y cantando sagas vikingas.

Stóra Dímun – el fin del mundo

stora dimun una isla que ver en las islas feroe

No hay sitio más remoto en las Islas Feroe que Stóra Dímun, la segunda isla más pequeña de las 18 que conforman el archipiélago (apenas 2.5 km2).  De manera fascinante, esta isla rodeada por acantilados que en su costa oeste no bajan de los 300 metros, se encuentra habitada por una familia, que pasta sus ovejas en la cima aplanada. Ha sido la isla más difícil de abastecer, ya que hasta el helicóptero comenzó a hacer tres vuelos semanales en los años 80 dependían de la destreza de los capitanes para amarrar su bote al pie de los acantilados.

Este es el único de los sitios que he descripto hasta ahora en que no estuve. Va como tarea para el no-hogar para los intrépidos. No hay hoteles y es imposible ir y volver en el día en el mismo helicóptero. Dicen que sólo se puede visitar con la autorización del único granjero de la isla. Si alguien lo logra, ¡nos avisa en los comentarios!

Gjogv – un pueblo desgarrado por la geografía

Gjogv uno de los pueblos que ver en las Islas Feroe

Mirando con atención a Gjogv, al norte de la isla de Esturoy, pareciera que una mini placa tectónica se hubiera abierto en medio de su caserío. Y es que Gjogv se asienta a ambos lados de una garganta de 200 metros de longitud. Sus 50 habitantes habitan casas tradicionales de madera y techos de turba y hierba, por lo que –según los mismos feroeses- es una de las aldeas con más atmósfera de las islas.

Para ver precios y disponibilidad de alojamiento en Gjov, mira aquí.

Trøllkonufingur: el dedo de la mujer troll

dedo de la mujer troll al amanecer

A las Islas Feroe no le faltan paisajes dramáticos para ambientar series épicas. Uno de los tantos es Trøllkonufingur, que se traduce como “el dedo de la mujer troll”. Este pilar de roca de 313 metros de altura se eleva en la costa sureste de la isla de Vágar. La leyenda cuenta que la bruja quería arrastrar a las Islas Feroe hasta Islandia y quedó petrificada al amanecer (ya que los trolls son criaturas nocturnas). Hay un mirador camino a Sandavágur, señalizado desde la ruta principal.

Los peñones de Risin y Kellingin

Islotes de Risin y Kellingin

Yo no sé por qué cada vez que los feroeses ven piedras verticales piensan en gigantes que quieren robarse sus islas, pero éste es otro caso. Risin y Kellingin están cerca del pueblo de Eiði, aunque también hay buenas vistas desde Tjornuvik.

Más cosas que ver en las Islas Feroe:

Además de los ya mencionados imperdibles, hay muchas experiencias que merecen la pena ser vividas en las Islas Feroe, y que no son un paisaje o un pueblo puntuales. Con esto me refiero a:

  • Probar el cordero fermentado, o skerpikjøt, porque nada refleja mejor que la gastronomía rústica tradicional el alma feroesa y su dependencia de unos pocos ingredientes para vivir.
  • Sentarse a comer en Barbara’s Fish House y pedir algunas de sus especialidades de salmón o bacalao. Si sos un foodie experto, entonces deberías visitar, además, el único restaurante con estrella Michelin que hay en las Islas Feroe, Koks, que funciona en una cabina agreste. Aunque prepárate a pagarlo, el menú de degustación vale unos USD 220. ¿Con maridajes de vinos? ¡Entonces agregar USD 170!
  • Navegar en un barco antiguo hasta una cueva bajo los acantilados y escuchar allí un “Grotto Concerto”. Hice esto y fue una experiencia inolvidable, con la amplificación natural de la caverna. Se puede reservar aquí.
  • Hacer amigos, las islas son famosas por sus paisajes, pero cualquiera de los festivales locales es una oportunidad para unirse a la charla y a la cerveza. El más famosos es el Ólavsøka, o día de Saint Olaf (rey noruego que se convirtió al cristianismo) que se celebra el 29 de julio. En esa fecha hay todo tipo de actividades en las calles y los feroeses salen con sus trajes típicos.

Mapa de los imperdibles que ver en las Islas Feroe

Espero que esta guía sobre los atractivos que hay que ver en las Islas Feroe te haya sido útil para organizar tu viaje. ¡Deja tus consultas y experiencias en los comentarios, toda la comunidad viajera te lo agradecerá!


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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