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La inteligenccia artificial y el futuro de los viajes

planear viaje con inteligencia artificial

Hoy tengo para vos una reflexión y una declaración de guerra.

Hace un par de semanas, recordarás, estuve en Washington para una conferencia de emprendedores organizada por el Mercatus Center. La exposición que le dio a mi mirada de los viajes aquella nota en el New York Times no deja de sorprenderme.

Y de esta reunión tengo muy buenas noticias que tienen que ver con la escuela online de viajes alternativos que se viene, pero de eso te cuento en detalle luego.

La cuestión es que en Washington conocí algunas mentes brillantes. Muchas de ellas, avocadas al desarrollo de nuevos usos para la inteligencia artificial (IA).

Desde hace algunos meses que mi Instagram no deja de mostrarme reels de influencers que le cantan odas al ChatGPT y similares.

Pero lo que vi en el evento es que los usos que se están perfilando van muchísimo más allá, desde detectar tumores hasta reemplazar a los políticos por algoritmos que toman decisiones de gobierno de forma estrictamente técnica.

Pero no te vengo a hablar de que vamos a terminar todos desempleados. Ese es otro debate.

Además, hay cosas que me parecen geniales. El mes pasado, Tyler Cowen, un economista norteamericano, entrevistó en su podcast a Jonathan Swift, el mordaz autor de Los Viajes de Gulliver, muerto hace casi 300 años a través de ChatGPT.

Usar la IA para reemplazar el juego de la copa es lo más parecido a la máquina del tiempo, pero lo que me dejó flipando esta semana fue una aplicación que te crea itinerarios para que puedas planear un viaje con Inteligencia Artificial.  

Le ponés a dónde querés ir, cuántos, días, si tenés mucho o poco presupuesto, y te dibuja un itinerario. Así. Uno de estos sistemas es TravelMoji. Voy por partes.

Desde un punto de vista de utilidad, no me impresiona: la IA nutre sus decisiones del cúmulo de contenidos ya existentes en la red, por lo que no deja de replicar los patrones de conducta y tendencias de la industria turística.

Disfrazado de novedad, más de lo mismo.

Esto deja hasta abierto el debate de los derechos intelectuales, porque si IA utiliza la información de miles de blogs, incluido el mío, está disponiendo de mi material para fines comerciales propios y monetizando mi trabajo.

Pero más allá de eso, la IA está a una galaxia de distancia de la manera en que la mayoría de nosotros queremos viajar.

Más lejos aún si considero la tribu-nicho de mis alumnos de la Masterclass de Diseño de Itinerarios Alternativos.

En Washington, un crack de Bangalore me expicó que la IA funciona descomponiendo el lenguaje en tokens y luego generando respuestas en base a la repetición previa observada en esos tokens en su base de datos.

Hasta sus maneras de adaptarse a la novedad son repeticiones: por ende, la Inteligencia Artificical está perdida a la hora de viajar como propongo.

Las decenas de estrategias de pensamiento lateral que vemos en la Masterclass (que está online y podés acceder aquí) son, al contrario, anti-intuitivas. Se basan en hacer lo que nadie hizo antes.

Requieren de un humano mirando un mapa de papel, no por romanticismo vintage, sino porque los mapas digitales, por defectos de formato, no tiene la interfaz de información simultánea necesaria en los itinerarios creativos.

Pero lo que más pena me dio es que estos influencers, desde sus púlpitos verticales efímeros y deslizables, lo vitoreaban casi afónicos de entusiasmo y yo, te juro, sólo veía en su euforia una obediencia pasiva.

La rendición y delegación de la parte más hermosa de un viaje.

Desde ya, puedo entender que la IA ayude a una familia que tiene una semana de vacaciones y necesita optimizar tiempo. Porque ellos no están buscando innovar respecto a los itinerarios main stream. Cada cual viaja como quiere, no soy talibán.

Pero claramente, la tendencia a calzón quitado es delegarle a IA cuanta decisión podría realizar nuestro cerebro para reposar en una felicidad vegetal.

Un poco es algo que ya sucede con los algoritmos, que recirculan los favoritos y generan surcos en el planisferio por donde transita el 80% del flujo turístico.

Pero esto es un paso más allá: elimina directamente el proceso de decisión.

Empecé a viajar en 1998. Me tocó, por condición, no por elección tener que aprender a viajar de forma analógica, tal como los navegantes del siglo XVIII tenían que leer los vientos y las estrellas a falta de GPS.

Tras 20 años de viajes descubro, para mi sorpresa, que el aumento de recursos tecnológicos, en vez de generar viajes cada vez más libres y salvajes, genera aventuras cada vez más replicables y mansas.

La proporción de gente que me cuenta un viaje osado, algo que esuchás y te hace palpitar el pecho, comparado ahora con 2000-2005, es, yo diría, la mitad siendo optimista. (Por suerte, cada vez que algo me sorprende, es casi siempre alguien de esta tribu.)

Pero es una pena que, en promedio, hayamos aprendido a esperar tan poco del arte de viajar.

Muchas veces, las personas que lo hacen no son conscientes de la sub-exploración de sus potencialidades, al tener su parámetro de aventura calibrado con las expectativas del paradigma.

La pregunta que más fricción me genera es ¿hasta cuando una generación que deconstruye absolutamente todo, desde el lenguaje hasta el género, va a seguir aceptando este encebollamiento del espíritu humano tras capas de decisiones cibernéticas?

Un día será socialmente peligroso decir que uno toma decisiones sin el visto bueno de un algoritmo.

Quizás sea tiempo de dejarla plantada a la modernidad, faltar a la cita.

De mi lado, lo que le propongo a mi tribu es una Revolución Nómada, son viajes cada vez más decididos por humanos para interactuar con otros humanos.

Y cada vez falta menos para su lanzamiento.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

2 Comentarios

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  • Definitivamente hay que resistir a esos algoritmos que disfrazan de comodidad a las decisiones sociales, y las construcciones de comunidad, como sucede con viajar y descubrir un nuevo lugar, una nueva sociedad, con todo lo que eso implica. A resistir a eso… los youtubers tomaron el control de la “idea” del viaje sin conflicto, no existe. El algoritmo no sabe, por ahora, de eso, y creo que es irremplazable la incertidumbre pre y post viaje.

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