20 IMPERDIBLES DE CARTAGENA DE INDIAS

que ver en cartagena

No tengo que decirles que soy un enamorado de Colombia, y que Cartagena de Indias es mi ciudad favorita en Sudamérica. Eso ya lo he contado en mis stories de Instagram y en cuanta entrevista me hacen. En esta post –mitad guía de viaje mitad compilación de anécdotas de mis cuatro viajes a la ciudad- te cuento 20 imperdibles de Cartagena de Indias. No es una lista definitiva ni exhaustiva, pero la idea es que tengan de un pantallazo una idea de lo que hay que ver en Cartagena para poder así organizar el viaje.

Las experiencias y anécdotas provienen de cuatro viajes, todos muy distintos. En el primer viaje llagamos a dedo junto a Lau, con un presupuesto de 7 dólares diarios, y nos alojamos a kilómetros del centro, e hicimos sólo lo que era gratuito o barato. En el tercero pasamos como una brisa porque nos tomamos un crucero desde Cartagena a Lisboa (14 días en altamar!) y nos quedamos sólo un día. En último, hace dos semanas, fueron vacaciones, un escape necesario tras todo el trabajo que fue la reedición de Vagabundeando en el Eje del Mal.

Cartagena de Indias es para muchos sinónimos de playas. Para otros, -me incluyo- resuena más la mística de la arquitectura colonial y su muralla, que le valieron la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. Pero hay mucho más: esquinas, detalles, platos y plazas donde la vida callejera dice más que un libro de historia, sólo es cuestión de saber mirar.

Los precios de esta guía están en pesos colombianos. Tipo de cambio: 1 USD = 3000 COP

Antes de seguir: ¿Ya sacaste tu seguro de viajes? Si aún no lo hiciste, recordá que puede ser muy útil y te puede salvar de gastar un dineral en caso de un imprevisto. Si querés cotizar el tuyo, podés hacerlo en la web de Asegura Tu Viaje.

Explorar la Ciudad Amurallada

vista aérea cartagena

Dijo García Márquez: “Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer.”

La entrada clásica es por la Puerta del Reloj. Antes, allí había un puente levadizo que separaba los distritos de San Diego y Centro de los arrabales pobres de Getsemaní. Se alzaba todos los días a las nueve de la noche, ya que los españoles temían ser degollados mientras dormían por sus subyugados vecinos. Al cruzar la arcada de la puerta vas a llegar a la Plaza de los Coches, donde originalmente se vendían y compraba esclavos, y dónde hoy se estacionan los típicos carruajes de paseo, y donde los puestos que venden cocadas (dulces típicos a base de coco a los que Lau es adicta) se alinean debajo de las arcadas.

De allí en adelante, caminar por Cartagena es una máquina del tiempo. Es imprescindible una visita a la Catedral de Santa Catalina de Alejandría, donde en 2011 Lau y yo terminamos de pura casualidad subidos a la torre haciendo sonar las campanas para el día del Bicentenario (larga historia). Lo interesante de la catedral es que el pirata inglés Francis Drake la atacó en 1586 para robarse las joyas, y recién pudo reconstruirse en 1612.

Por donde camines vas a encontrar pórticos, balcones con flores colgantes y adoquines que huelen a historia, pero deberías asegurarte de ver la Plaza de la Aduana, la más grande de Cartagena, que funcionó originalmente como Plaza de Armas y está rodeada de un complejo administrativo de la época de la colonia, que incluye la mansión donde vivía el fundador de Cartagena Pedro de Heredia. Dicho esto, también podés caminar sin rumbo y sin necesidad de saber la historia de cada casa.

Caminar por la muralla

Indudablemente, esto tiene que abrir la lista. La muralla de Cartagena, con 13 km de extensión y edificada hace 500 años, sigue envolviendo y protegiendo a la ciudad como si aún acecharan los piratas. Hacer todo el circuito lleva unos 90 minutos. Las murallas eran vitales en una ciudad desde donde zarpaban hacia España los navíos cargados del oro del Nuevo Mundo. Y si bien Cartagena no es la única ciudad amurallada del Caribe hispano –también están Panamá, La Havana, San Juan de Puerto Rico y Santo Domingo-, sí es la que más atmósfera tiene.  Desde su pasarela de piedra coralina se pueden observar plazas, mansiones coloniales y antiquísimas iglesias.

Además de ser un espectáculo estético, me conmueve la metáfora: la muralla que antes evitaba que los piratas extranjeros saquearan las riquezas de la ciudad, ahora logró que sean los extranjeros los que, en modo turista, traigan el dinero. Por otra parte, la muralla está integrada a la sociedad, no es una pieza de museo: una vez vi a un padre colgar un pizarrón de ella y ayudar a su hijo a entender fracciones.

Si te interesa la historia de la muralla, podés visitar el Museo de las Fortificaciones que funciona en el Baluarte de Santa Catarina, en la misma muralla. Una manera ideal de terminar la caminata es con un cóctel en el Café del Mar (descripto más abajo).

 

Deambular sin rumbo por Getsemaní

caminar por Getsemaní

Del otro lado del Muelle de los Pegasos, aparece la que era la zona popular de la Cartagena colonial, Getsemaní. Lo que era el arrabal de los trabajadores portuarios, indios y esclavos libertos, que quedaban excluidos de la protección de la muralla, se convirtió en el barrio bohemio y cool, algo gentrificado por efecto del turismo. Es sin dudas un sitio que tenés que ver en Cartagena. Acá te cuento más sobre la historia y las raíces afro de Getsemaní

Cuando visitamos la ciudad por primera vez en 2011, notamos la zona algo deprimida, pero hoy tiene incluso más onda que la ciudad amurallada. Lo mágico de Getsemaní, es que retiene el aura y ritmo de ciudad vivida. A diferencia de los distritos de San Diego, aquí las casas no son todas instituciones, joyerías u hoteles de lujo (aunque los hoteles boutique comienzan a afincarse) sino viviendas familiares. Basta espiar cualquier pasillo para ver a las abuelas en sus mecedoras (parecen ser el mobiliario base de cualquier casa) y de cualquier calle puede surgir una estampida de niños que salen de la escuela.

Aunque es una zona de hostels y barcitos frecuentados sobre todo por turistas, la comunidad toma las calles cada noche en la Plaza de la Trinidad. Además de la Plaza, te recomiendo caminar por la Calle de San Juan, donde abundan los cafés y los murales. Si te gusta el ambiente de fiesta, tenés que visitar en Noviembre, cuando se celebra la Independencia de Cartagena y cada casa se vuelve una fiesta.

 

Tomarte una cerveza en la Plaza de la Trinidad

Sentado en la Plaza de la Trinidad de día

Este es mi favorito personal de toda la lista. La Plaza de la Trinidad es el alma de Getsemaní, a dónde todo el mundo, local o turista, sale a tomarse una cervecita. Carritos que venden arepa, parejas enamoradas que se besan contra los muros de la iglesia, mujeres con sus mecedoras, ajedrecistas e imitadores de Michel Jackson, todos confluyen en la plaza. Y lo interesante es que todo se da al mismo tiempo, es decir, que vi a una pareja recién casada bajar las escalinatas y esquivar literalmente a un Jackson ensimismado en su moon-walking para subir a su carruaje alquilado. Es un lugar sincero, donde queda demostrado que el experimento de instalar la santidad pudo menos que la necesidad cartagenera de seguir de rumba hasta la mismísima eternidad.

Podés sentarte en uno de los bares, como el Café de la Trinidad, y aprovechar los cócteles en 2×1 (20.000 COP) o –más mi estilo- comprarle una cerveza a los vendedores ambulantes (4.000 COP) y sentarte en los escalones de la iglesia a hacer nuevos amigos. De noche siempre está repleto de gente. Las tres estatuas de bronce conmemoran a Pedro Romero, un mulato cubano que encabezó a los lanceros de Getsemaní durante la lucha por la Independencia. O sea que la rebeldía, en esta plaza, tiene linaje.

Volver al tiempo de los corsarios en el Museo Naval del Caribe

Si te gusta la historia, este es uno de los imperdibles de Cartagena de Indias. Dentro de la ciudad amurallada y dentro de un antiguo colegio jesuita este museo narra la historia de la navegación y los ataques piratas en la ciudad. Hay modelos de galeones, colecciones de armas antiguas, mapas y diarios de expedicionarios.

Horarios: de lunes a domingo de 9 am a 5 pm. Entrada: 16.000 COP.

Probar comida fusión en Candé

caramañolas de jaiba y dedos de pescado en Cande

Candé se especializa en presentaciones contemporáneas de platos típicos cartageneros. Así, en la carta te podés encontrar con berenjenas asadas rellenas de jaiba o un sábalo guisado en leche de coco. Como soy fan de los ceviches pedí uno, y me dieron una carta con varias opciones (elegí un ceviche de tamarindo que estaba para aplaudir con los pies) donde se aclaraba que no eran algo típico de la zona.  Tiene un patio interno luminoso, una carta de vinos poco frecuente en el Caribe. Si estás en un presupuesto mochilero (yo me senté recién en el último de mis cuatro viajes a la ciudad), déjalo para otra ocasión: una cena para dos personas sin vino te puede salir unos 130.000 COP. ¡Pero cómo vale la pena!

Castillo de San Felipe: un imperdible de Cartagena

san felipe de barajas

El Castillo de San Felipe de Barajas  es el castillo más grande jamás construido por los españoles en sus colonias. Su fin era defender a la rica Cartagena de los corsarios. La obra comenzó en 1639 y duro 150 años. (yo que llevo un año con albañiles en casa ya estoy harto).  El castillo, que ocupa toda una colina, nunca fue tomado, en parte gracias a un complejo sistema de túneles (que pueden visitarse) de escape y aprovisionamiento.

Horario: todos los días de 8 am a 6 pm. Entrada: 25.000 COP. Podés contratar un guía por 15.000 COP.

Reflexionar sobre la esclavitud en la Plaza de San Pedro Claver

Palenqueras en Plaza San Pedro Claver

Ponele que te aburriste de caminar sin rumbo y disfrutar de la vista sin indagar mucho. Entonces la Plaza de San Pedro Claver es un buen lugar para sentarte en un banco y entender dónde estás. La plaza honra con su nombre la labor del jesuita catalán Pedro Claver, primer santo del Nuevo Mundo, que se dedicaba a evangelizar a los esclavos. Se llamaba a sí mismo esclavo de los esclavos, en una época en que los teólogos debatían si los negros tenían o no alma. Si la reflexión te da hambre podés comprar una arepa de queso al vendedor que tiene un carrito allí hace años o, mejor aún, una ensalada de frutas a las palenqueras de vestidos coloridos que pasean sobre su cabeza todo el universo frugívoro. Estas mujeres vienen de San Basilio del Palenque, el primer “palenque” o pueblo fundado por esclavos escapados.

Museo del Oro Zenú

Con más de 600 piezas de oro y plata en exposición, el Museo del Oro Zenú es un testigo de la refinada orfebrería de esta cultura precolombina que habitaba la zona, cuyo oro fue fagocitado por los colonizadores. Las piezas que se salvaron de ser fundidas y transportadas a España se encuentran en el museo. Si ya fueron al Museo del Oro de Bogotá, visitarlo puede ser redundante. Sino, debería ser otro de los imperdibles de Cartagena de Indias una visita obligada. Estar frente a frente con una máscara de oro zenú utilizada por chamanes te puede decir mucho más sobre el pensamiento y fantasía de las culturas precolombinas que cualquier libro de historia.

Horarios: martes a domingo de 9 a 17 hs. Entrada: gratuita.

Probar arroz con coco

Plato de arroz con coco en Sierva María

No importa cuántas veces lo pida, no me aburro. No es necesario sentarse en un restaurante gourmet. Vayan a cualquier comedor local y pidan cualquier plato que implique arroz con coco. Cerca de la Plaza de la Trinidad lo consiguen por unos 8.000 COP o, si andan por la ciudad amurallada, se pueden dar una vuelta por Sierva María, un restaurante pequeño pero con mucha onda, y pedir un ceviche de mango con arroz con coco y patacones por 18.500 COP del que no se van a olvidar fácil.

Posdata: nos hicimos tan adictos al arroz con coco que preguntamos y descubrimos que en el supermercado Olímpica lo venden en paquete ya saborizado (y nos trajimos cuatro paquetes).

Palacio de la Inquisición

Seguimos intercalando historia con morfi. Supongo que personalmente cumplí mi cuota de museos de la tortura y la mare en coche, sobre todo después de varios viajes por Europa, que era donde este arte era perfeccionado. La “Santísima” Inquisición, desde ya, tenía sucursal en Cartagena, donde se perseguía activamente a la herejía y brujería. Los instrumentos con que se torturaba a los sospechosos de pensar distinto en cualquier aspecto se encuentran expuestos en el amplio edificio colonial.

Horario: lunes a sábado de 9 a 18 hs y domingos de 10 a 16 hs. Entrada: 20.000 COP

Mirar el atardecer en el Café del Mar (o al lado)

en el Cafe del mar

El Café del Mar es toda una institución en Cartagena, y es el lugar perfecto donde tomarse unos cócteles mirando el atardecer. Ahora, les cuento un secreto: ustedes tienen la opción de sentarse en la terraza y pagar 27.000 COP por un cóctel o de caminar 20 metros y disfrutar de la misma idéntica vista sentados en la mismísima muralla al lado de un cañón español y comprarle una lata de cerveza a las vendedoras ambulantes por 5.000 COP. Ya se imaginarán qué eligió mi alma mochilera, pero ambas son excelentes planes para la tardecita.

Excursión a Playa Blanca

Sobre una hamaca en Playa Blanca

Si viajás con presupuesto mochilero y querés pasar unos días en playas de agua cristalina como esas que en tu mente son sinónimo de Caribe, tu mejor opción es Playa Blanca. Desde que se habilitó el puente este “paraíso popular mochilero” queda mucho más a mano. Podés alojarte en cabañas por 50.000 COP y dormir con el arrullo del Caribe a 10 pasos. Visité el lugar por primera vez en 2011 y, si bien se ha superpoblado un poco y los paradores y hostales llegan hasta el horizonte, todas siguen siendo edificaciones rústicas y se ensamblan bien con el entorno. En el link te dejo mi guía especializada sobre cómo llegar y dónde dormir en Playa Blanca.

Tras las huellas del arroz de cangrejo

Como el mar de hambre, acá va un desafío gastronómico. Un plato típico (tan típico que sólo se cocina en las casas) es el arroz de cangrejo. En Getsemaní viven dos cocineras que se llaman Inés, y que custodian la sazón del tradicional arroz de cangrejo. Su ingrediente principal, el cangrejo azul (Callinectes sapidus) aparecen en la estación de lluvias, por lo que no es un plato que se consigue todo el año. Nosotros preguntamos por ellas en Calle de Lomba, donde viven, y nos recibieron, pero no era época y nos quedamos con las ganas. Si tenés mejor suerte, ¡contanos!

Hacer un tour de los aldabones con José

Aldabones con forma de león

Si querés recorrer la ciudad amurallada con alguien que sabe leer la historia de cada detalle, tenés que hacer el tour con José. Lo conocimos de casualidad en un restaurante allá por 2011, y aunque no somos de contratar guías, enseguida nos dimos cuenta que José sabía de lo que hablaba. No sé si el nombre oficial es el “tour de los aldabones”, pero fue lo que más me quedó en la memoria, ya que a partir del llamador (que yo ni siquiera sabía que se llamaban aldabones) de cada puerta colonial José hacía una radiografía histórica, de qué status social tenía esa familia, si eran navegantes, comerciantes o políticos. José no es académico ni guía turístico oficial, sino un autodidacta apasionado y, por eso mismo, me pareció mucho más meritorio todo el conocimiento que comparte. La única forma de contactarlo es por Watsapp: +57322717906

Avena que estás en los cielos

Chica tomando avena en Cartagena

Me encanta cuando los productos locales usan la carcasa de la globalización para copar mercado. La avena es mi refresco colombiano favorito y se vende en cualquier tienda de barrio, refrigerada en botellas que pueden ser de Coca Cola o cerveza Corona. Fría, texturada, con un dejo de vainilla en el paladar, cuesta sólo 1000 COP, es decir, 0.30 USD y es una buena manera de potenciar la economía comunitaria.

Comprar un libro (siempre)

Bajo la Torre del reloj hay un puesto callejero de libros, con énfasis en historia y arquitectura de Cartagena y Gabriel García Márquez. Es, desde ya, un puesto orientado a turistas, y los libros usados a veces tienen precios de nuevo. Pero vale la pena revolver. Pero como bilbiófilo que soy seguí mi olfato y descubrí otros dos sitios. El primero es Abaco (Calle 36 #3-83) que tiene un café con mesitas e incluso una barra, y un tremendo surtido de escritores colombianos, la mitad de los cuales se apellida Ospina, y la otra mitad Caicedo. Bueno, amo Colombia y por eso también me río un poco de ella. La otra es la Librería Nacional (Carrera 7 #36) que tiene muy buena atención y un stock de títulos de todo el mundo.

Mercado de Bazurto

Si te gustan los mercados locales, el Mercado de Bazurto es un bullicio de vida y Caribe. Lejos de todo lo turístico, este es un mercado mayorista donde se ofrece todo desde jugos de fruta hasta sopa de tortuga. Es un sitio muy barato para almorzar pero sólo se lo recomiendo a quien pueda disfrutar de la realidad no maquillada de la Cartagena de medio millón de habitantes. El Caribe, fuera de sus playas o ciudades antiguas, a veces huele a agua estancada y hay que encontrarle la poesía al ajetreo por la supervivencia. Si podés, entonces el Mercado de Bazurto es una de las cosas que tenés que ver en Cartagena.

 

Ver Cartagena desde el mar

Sibarita del mar

Si querés sentirte un dandy por un rato y además querés ver la ciudad desde el mar, podés navegar en el Sibarita del Mar, que parte todos los días después de las 17 hs desde el Muelle de los Pegasos. El precio del ticket incluye la barra abierta, nada como mirar a Cartagena con un Cuba Libre en la mano.

Celebrar el fin del viaje con un cóctel en Alquímico

Bueno, en realidad, no obedezcan esta lista como si fueran mandamientos. Son sólo ideas, pero Alquímico tiene la carta de tragos más cuidada de la ciudad, y anuncia sus mezclas como “experimentos sensoriales”. Los precios no son baratos pero lo que te sirven lo vale.

Espero que esta guía con imperdibles de Cartagena de Indias te ayude a organizar tu viaje a la perla del Caribe. Si tenés recomendaciones o querés actualizar datos que aparecen en esta guía, o volviste de viaje y tenés tus propias sugerencias de qué ver en Cartagena, ¡dejanos un comentario!. ¡Muchas gracias!


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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