El ovillo latinoamericano.

Hace poco escuché decir a alguien que provenía de la Latinoamérica profunda. Eso me produjo, inicialmente, una reacción de rechazo. Mi amiga hacía referencia a la provincia de Formosa, en el Noreste de Argentina, y más que nada hacía referencia, o aludía al contraste de esa zona con Buenos Aires, la capital. Inicialmente pensé que no podía haber zonas más latinoamericanas que otras. Claro, mi amiga explicaba con sobradas razones que las tomas de decisiones tienen lugar en Buenos Aires, y que los que vivimos en las provincias nos tenemos que bancar esas decisiones, que muchas veces disponen y organizan la vida de gente que no conocen, estipulan el uso y mal-uso de los recursos naturales, en fin, influyen en la vida concreta de gente a la que poco conocen. Mi amiga también hacía referencia a que sin embargo un montón de gente luchaba y proponía soluciones desde esta “Latinoamérica emergente”.

Hasta ahora estoy de acuerdo. Tal vez su declaración afectó a mi orgullo de marplatense, ciudad de la Provincia de Buenos Aires. Pero más fundamentalmente, creo que justamente esas ciudades desde donde se toman las decisiones, y a las que la historia eligió como puerta de entrada para los poderes e ideas extranjeras, son tan parte de Latinoamérica como cada una de las provincias. Me baso en que los males que sus políticas causan son sentidos también por su población. En Provincia de Buenos Aires también hay pobreza, y si cuantificamos la pobreza, hay más cantidad de pobres, aunque quizás menos proporción. Hay villas, asentamientos de emergencia, crimen, mafias que se llevan la juventud como una marea negra, hambre, desempleo, esperanza…en fin…todos los elementos del paisaje latinoamericanos, que los-nos hermana con el resto del continente. Los gobiernos serán elitistas, pero el resto de la gente sigue, en todo caso, en las profundidades. Desde las provincias existe la ilusión de que Buenos Aires es una burbuja de bienestar, sobretodo si sólo se visita el centro. Pero la negación de la complejidad del otro es mutua: desde Buenos Aires se cree que en Chaco y Formosa hay, a lo sumo, quebracho, tobas y tucanes. Hace poco me instalé en Resistencia e intento hacer literatura desde acá, y muchos de mis amigos no dejan de aconsejarme que me traslade a Buenos Aires porque según ellos “acá no pasa nada”. En todo caso, todos los rincones del país me parecen homogéneamente latinoamericanos.

Después de esta charla con mi amiga empecé a recordar conversaciones similares que he tenido sobre el tema con otra gente. Y me di cuenta cuánto varía la idea de “lo latinoamericano”. Recordé a un peruano que encontré una vez en un bar de Praga, quien se quejó de que los mochileros argentinos, cuando viajan a Perú, dicen que van a Latinoamérica, como si partieran desde un punto ubicado fuera de ella. En ese momento acuñé el término “conciencia insular”, para ese fenómeno, y luego vi que se repetía en otros escenarios. Los ingleses que cruzan el Canal de la Mancha dicen que van a Europa, y los sudafricanos que van a Kenya lo anuncian como un viaje a África. El caso más excéntrico es el inglés, pues ellos sí que no pueden ser parte más que de sí mismos, y a duras penas, porque Gran Bretaña es un muñeco que se descose. (Pienso en Escocia, Gales e Irlanda del Norte, cuyas costuras se aseguraron con cañones). El caso sudafricano y argentino se parecen: la inmigración, la fuerte presencia de descendientes de europeos en ciudades que coinciden con la aglomeración de poder han gestado este sentido de la identidad diferente, insular, con el resto del continente. A mí, particularmente, se me ocurre que esta influencia, este mestizaje, define lo latinoamericano. No desde lo étnico, sino desde el cruce de culturas y los sincretismos.

Estoy de acuerdo en que esta influencia europea, en su fase de conquista, fue aniquiladora para la población nativa preexistente. Pienso, además que lo sigue siendo. Pero de alguna manera sólo se puede hablar de Latinoamérica a partir de esta influencia. Lo de antes no era una América latina, sino una América nativa, Nativoamérica, sí misma, incontaminada, quizás más saludable, no lo sé, porque los aztecas distaban de ser nenes de mamá, extendían su imperio a puñetazos como todo el mundo y subyugaban. O sea que Latinoamérica nace con la herida que la origina: sólo se puede hablar de Latinoamérica después del encuentro del mundo europeo y del nativo. No olvidar que fueron las carabelas las que trajeron el idioma castellano y portugués, criterios que nos permiten adjetivar al continente como latino. A veces escucho el término Latinoamérica para referir sólo a las poblaciones autóctonas, a la etnia qom y wichi, a la cultura andina quechua-parlante. Me pregunto cuántos de ellos se sentirán parte de la cultura latinoamericana. Claro que estas discusiones son algo bizantinas y poco fructíferas en épocas en que los problemas del continente son la más básica de las supervivencias. Pero el tema cruzó mi mente. Para redondear, siento que calificar a algunas zonas de Latinoamérica como más profundas que otras puede estar bien si se alude al tema de las decisiones políticas, y a la sensación de periferia que se siente fuera de los centros de poder. Pero justamente esta desigualdad define lo latinoamericano, nuestros países macro-cefálicos que cultivan la explotación interna. Por eso me sigue gustando aplicar el término de manera pareja a todo nuestro continente y a todo el territorio de mi país. Me voy a comprar puré de tomate y vuelvo.


Para recibir en tu casa nuestro nuevo libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

Más Información

Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

6 Comentarios

Dejar un comenentario
  • si quieres ser poeta…solo te falta decirlo, porque poesia es lo que escrie tu pluma,
    muchas gracias por compartir esas vivencias con todos nosotros, te considero ya un amigo porque te leo desde que te robaron en europa.imaginate!!
    aqui te dejo el nuevo anuncio de guiness, no se si en argentina se pasa. soy española y vivo en inglaterra aqui se ve por tv, te alegrara saber que tambien los irlandeses piensas en esa latinoamerica profunda a la que te refieres en esta nota y que realmente existe y que es lo que hace que esa parte del mundo donde estas ahora tenga ese encanto especial.
    aqui te dejo el enlace y ya me diras si conoces el sitio…
    visite ese pueblo hace 2años y desde aquelle cuento los dias para hacer otro viaje asi, me enamore de argentina! y de los argentinos, jejeje.
    un abrazo muy fuerte.
    pura vida juan!!!!
    Iria
    http://uk.youtube.com/watch?v=HERW6QHQHdc

  • Justamente un filósofo argentino hablaba de una «América Profunda», no en relación a las diferencias sociales ni políticas, sino las diferencias en el modo de vida. Era Rodolfo Kusch, un porteño semi alemán que terminó instalándose en Maimará cuando los militares del 76 lo cesantaron. Estudió la cosmología qechua y aymara en Bolivia. Su idea era que la vida del nativo americano se caracterizaba por un «estar» arraigado a la tierra y la comunidad, mientras que el americano europeizado quería «ser» alguien y escapaba de la tierra en busca de seguridad.
    Bueno, espero q sirva mi comentario de ratón de biblioteca.
    Saludos y suerte en el viaje

    Maxi

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Powered by WordPress. Con ayuda de Ecovirtual