LAS CIUDADES MUERTAS DE SIRIA Y EL PARACAIDISTA



Con 9 kms de tradicional bazar donde uno puede comprar desde pollos engripados hasta cajas Fuertes, y una ciudadela fortificada del siglo 10 en eternal espera de invasores, desde su colina, Aleppo (Siria) puede mantener ocupado por semanas a cualquier viajero esponja. Sin embargo, no fue la arquitectura la perla de mi estadia en la vieja Aleppo, donde Abraham ordenio su famosa vaca, sino el encuentro con la moral islamica sin su ascepcion secular que habia conocido en Turquia.
Uno escuha a menudo sobre los a nuestro juicio limitados derechos de la mujer en los paises islamicos. Lo que parece escapar a los titulares es que los hombres no la pasan major. Para entender esto tendrian que ver la cara de mi amigo Saad de regreso de su teorico de gramatica inglesa. Andaba cabizbajo y le pregunte: » Te sentis bien? Que te pasa? Llegaste antes.» Me mira y me dice: «una chica…» «Una chica que?» Parpadea y agrega: «Se sento al lado mio y vestia una remera solamente. Es injusto, es cuestion de hormonas, no puedo casarme con ella, entonces me levante y me fui». Tanto Saad como mi otro amigo Okbaa creen que la mujer debe ocultar sus encantos para preservar la comunidad». Y sino? el debacle, la hecatombe. No hablamos siquiera de aquello de «no desearas la mujer de tu projimo», aca parece que algun dios se nojo incluso si uno desea la propia. En estos casos aprecio la hipocresia de la moral Cristiana que frente a una letra de ley similar hace la vista grossa… Aqui en cambio, hasta estan orgullosos de su sacrificio. Saad, por ejemplo, tiene 25 anios y la misma experiencia con mujeres que mi sobrino Nicolas. El tierno se autodefine en la cima del deseo (la adolescencia aca llega hasta los 25 con suerte) y en los dos ultimos anios su novia y el han consentido caminar juntos de la mano. Las relaciones prematrimoniales estan prohibidas y (adivinaron) el sexo incluye al beso.
Por estas tierras es mas facil conseguir uranio que una misera amigovia. «Pero en la facultad ninguna…» –le pregunto. Parece que no. Arrojar la chancleta no es deporte apreciado por las muchachas en esta tierra donde Fausto moriria de tristeza. «Si una mina entrega, luego quien se casara con ella?» –me explican. El marido puede devolverla al descubrir que no es virgen y el padre de la novia pierde la dote. Aqui los hombres parecen ser el centro geometrico de la presion, al ser victimas pero tambien victimarios: sufren porque las mujeres son inaccesibles pero solo se casarian con una virgen. Pero ni un piquito a escondidas? Y aqui la respuesta de Bayan induce risa: con la consternacion de quien habla del precio del barril de crudo me dice: «there is much kissing in Syria» (En Siria hay mucho beso) Eso! El problema de Siria no es Israel ni Bush, sino los rebeldes estudiantes besuqueiros! Asi las cosas, para tener una mina hay que casarse, y para casarse hay que tener guitar, y para eso el camino es ser medico o abogado. Vaya atajo… (y pensar que en barrio jugabamos a la botellita)
Todas estas charlas transcurrian en habitaciones alfombradas donde almohadones contra la pared reemplazan a las sillas, y donde el te reemplaza a la cerveza. En medio a esta otredad cultural irrumpe inesperado el mate. Me cai de espaldas cuando vi en la alacena de la casa de Bayan un paquete de Cruz Malta. Mi amigo penso que no sabia lo que era y comenzo a explicarme. Lo deje hablar hasta que me dijo que era un te importado de Malta. Malta las Pelotas. Le saque el paquete de las manos y busque como loco el «industria argentina» senialandolo como si de su hallazgo dependiera mi entrada al cielo. «Cruz Malta es la marca, esto es producto argentino» – le digo. En general los sirios saben que es una tradicion nuestra, y que fue introducida por inmigrantes sirios que regresaron de las Pampas (desilusionados o para avisar que el sillon de Rivadavia estaba vacante). El modus operandi sirio es preparer un pequenio mate por persona, en recipiente de ceramica, el que sorben con una diminuta bombilla metalica. Fumar un cigarrilo Alhamrra antes de un mate es de buen gusto para ser mas especificos.
De Aleppo sali hacia el sur rumbo a las ruinas de Ebla, una de las ciudades que gatillaron la civilizacion occidental hace unos 6000 anios. En el camino soy detenido en cada aldea por los curiosisimos sirios que casi nunca ven extranjeros, y menos a pata. Cada uno me obsequia lo que tiene a mano. El duenio de una fruteria me invita a tomar lo que me plzca de los cajones. Casi todos me invitan a tomar a sentarme a tomar un te con ellos y todos sin excepcion me dan la bienvenida con un «welcome to my country» (Su ingles rara vez va mas alla de eso, y mi arabe ni eso alcanza). En la ruta los pocos vehiculos particulares se detienen con prontitud. Por las noches me abren la puerta de sus casas, donde la cena llega por regla en gigantesca bandeja plateada. Se come sin cubiertos, usando un trozo de pan sin levadura como pinza, y sin platos individuales. Un hombre en la aldea de Daretazzah habia visto la TV y estaba totalmente en contra de la idea de Bush de crear un gran bazaar desde Canada hasta Ushuaia…o al menos esa era su manera de referirse al Acuerdo de Libre Comercio.
En Ebla visite una escuela local, gracias al almacenero, que tambien era maestro y hablaba ingles y un poco de italiano porque colabora en los veranos con la misión arqueologica italiana que explora el sitio. Pronto los ninios del colegio difunden la noticia: un paracaidista ha aterrizado en el patio de la escuela. Los chicos del grado estan chochos de que el paracaidistas (yo) ha elegido su aula y se acercan temerosos al paracaidas (la mochila). Las ninias, con sus cabellos cubiertos, ocupan la mitad derecha del aula, los ninios del otro lado son minoria. Asumen que el paracaidistas esta cansado y se acercan tímidamente, dejando galletitas sobre mi escritorio. En Irak, el pais de al lado, los ninios deben lucir exactamente igual. Que fácil es declarar una Guerra contra gente cuya cara no vemos. Como siempre, el virus esta de ambos lados, en la hora de historia los ninios aprenden de memoria una cancion que recuerda a los soldados que murieron en la Guerra contra Israel en el ’73. El libro de texto no se ahorra detalle al ilustrar a los jets de combate disparando sus misiles. Como siempre, el dibujo omite el blanco, los rostros de los ninios del otro lado. Siempre hay que ocultar el otro lado, sobretodo para convencer a alguien de que oprima el boton de los misiles. Los ninios de este lado no merecen misiles. Lastima que tengan petroleo debajo de sus pies…

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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