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DE ROSARIO A FORMOSA: EL PARANÁ COMO EJE CULTURAL Y VIA DE ESCAPE.

No me equivoco al decir que el Río Paraná fue nuestra pasarela hacia el exilio, una vía de fuga dotada de recias ciudades a sus orillas. Salimos de la muy pragmática San Nicolás, donde el vaho religioso-siderúrgico puede llegar a ahogar el alma. Virgencitas robóticas que lanzan láser por sus ojos te perseguirán si tu sueño no se puede comprar en cuotas en Garbarino. Igualmente, costó despedirse de la familia de Laura, que tan bien nos trató durante nuestra escala en la ciudad. Rosario nos recibió con su aura de urbe progresista apta para el jogging y para todo público. La ciudad no es sólo cuna de la bandera, sino también de artistas como Fontanarrosa, Antonio Berni o Fito. En la última década Rosario – de la mano de la administración socialista- ha venido encarnando el rol de una metrópolis lado B, abanderada del arte popular, poseedora de una singular escuela municipal de circo y a la vanguardia de la atención primaria de la salud. En la ciudad nos hospeda Diego, mochilero y jugador de póker profesional. Trasnochado, bohemio, es el único viajero que conozco que ha financiado sus viajes ganando manos de póker de casino en casino, sin que le falte para el hotel o la centolla en el restaurante. En su departamento nuestras mochilas descansan desconcertadas sobre apoltronados sillones estilo Luis XVI, heredados de su abuela.
Por la noche salimos los tres a recorrer la zona de La Fluvial. Destacan allí los murales de Raúl Domínguez, pintor que dedicaba su paleta a retratar la vida de las islas. Un mural incorpora un improbable Neptuno de rasgos aindiados, rodeado de surubíes, dorados, bogas y hasta elfos… Y claro, Rosario siempre quiso ser distinta, bien los saben las baldosas del barrio de Pichincha, sede de la única huelga de prostitutas registrada en la historia a principios del S.XX. Acaso el mismo espíritu le infunde hoy a la ciudad su condición de capital de la diversidad sexual, a pesar de que manos anónimas hayan borrado un mural en contra de la lesbofobia, obra de Analí Chanquía.(foto)

De Rosario avanzamos hacia Santa Fe. Tomamos un colectivo hasta las afueras en Plaza San Luis, tras compartir un vaso de cerveza con un hombre que almuerza un interminable pancho en un puestito. El cole nos deja en Timbúes, donde encontramos un Scania que viaja hacia Santa Fe. En esta ciudad nos hospeda Lucas, un agrimensor en abierta rebelión contra las mesuras que amenaza en cualquier momento irse a recorrer el mundo con su amiga Melisa. Tras dar una charla para los chicos de la Escuela 46 estuvimos listos para salir nuevamente a buscar el norte por la ruta 11.

La lluvia, que nos acompaña desde que llegamos a Santa Fe sigue agazapada entre las nubes. Nos apura con su garúa-advertencia mientras hacemos dedo y almorzamos unas manzanas. En el Fiat Strada de un colocador de ventanas de San Nicolás viajamos hasta Vera, en el norte de Santa Fe. Gradualmente un monte achaparrado reemplaza a la llanura sojera. En un camión que llevaba papel reciclado para hacer papel higiénico llegamos a Resistencia, lo que demuestra que existe la tan ansiada conexión entre el papel higiénico y la memoria.

Civilización occidental y cristiana – por León Ferrari
Obra de Milo Lockett
Es que llegamos a Resistencia exactamente el  24 de marzo, Día de la Memoria de lo ocurrido durante la Dictadura. Allí asistimos a una diversidad de espectáculos en la flamante Casa de las Culturas, donde trabajaban nuestros anfitriones Andrés y Gustavo. Bajo el aroma de los lapachos y jazmines, los sones de los acordeones chamameceros del litoral acariciaban las irreverentes obras abstractas de León Ferrari, con sus biberones de derechos humanos y un Jesucristo crucificado sobre un avión de la USAF. Chaco es un insospechado enclave cultural en el Noreste de nuestro país, acaso la única ciudad en receptar ese pulso que emite Rosario desde el sur y posibilitar así una línea o intención entre ambos puntos. No se sabe bien cómo una provincia que alguna vez fue meramente un fundo colonial para la extracción del algodón y el quebracho se transformó en sede de una prestigiosa bienal internacional de escultura. Tras cada competencia, veinte obras seleccionadas se emplazan en distintos puntos de la ciudad, incluso allende el perímetro céntrico. Lejos de alardear de un talento provinciano, cinceles chaqueños templados por los trópicos se han aventurado por el mundo y ganado los campeonatos mundiales de escultura en hielo de Quebec y Tokyo. Y no es un detalle que el gigante Mempo Giardinelli dé cátedra de literatura en España y EE.UU o que el autodidacta Milo Lockett sea quizás el artista plástico más cotizado en las galerias porteñas…
A través de la charla con Mica y Sara, dos biólogas que hacen trabajo de campo en el impenetrable, nos llega la voz de otro Chaco, donde las comunidades qom y wichis aún danzan en el viento de la historia, comunicándose con el espíritu del jaguareté, a pesar de que ya llegaron la motos chinas y la Direct TV. Esas estoicas culturas soportaron la metralla de la aviación nacional durante la matanza de Napalpí (1924), cuando las langostas gigantes desparramaron caramelos como carnada antes de corregir la primera huelga indígena argentina. ¿Sobrevivirán al desmonte y a la soja?
A pesar de la cortina de lluvia salimos a la ruta, y bajo el amparo de una gasolinera encontramos a un veterinario formoseño que regresaba a su casa tras operar un caballo en Corrientes. Llegamos a Formosa en el día de mi cumpleaños número 33. A pesar de semejante acto de paracaidismo, Liliana logra reunir los ingredientes básicos de un festejo, a saber: cerveza y torta helada. Liliana es amiga de la familia. Egresó del secundario junto a mi primo Carlitos cuando su familia se trasladó a la entonces lejana provincia. Él nunca ahorro suscripciones de cariño por el suelo formoseño, que quedó en su corazón. Una coincidencia que no pretendo entender quiso que yo pasara por su terruño en sincronía con su casamiento en Mar del Plata. Acaso un involuntario homenaje de nuestro viaje. Liliana es endocrinóloga, y aunque vivió 20 años en Buenos Aires, se considera una militante de la formoseñidad. Su casa es una cómoda base para visitar la ciudad tapizada de árboles. No hay ardid en el slogan de Formosa: el Imperio del Verde. La curva que el río Paraguay imaginó en ese tramo fue adjetivada como fermosa por los navegantes de la época. La zona perteneció originalmente a Paraguay, y la influencia de la lengua guaraní es notable. También son notables los omnipresentes posters de Gildo, un gobernador que lleva 25 años en el cargo y que hace gala de su deseo de sacar campeón al equipo local de voley. Es verdad que también construyó un hospital de alta complejidad que realmente funciona, pero su falta de proporción con la calidad sanitaria en el resto de la provincia huele a propagandismo. Los diputados provinciales tienen los sueldos más altos del escalafón nacional, en una de las provincias más pobres. Los vengadores mosquitos del dengue pican a todos sin discriminación, revelándose paradójicos portadores del parásito y de la igualdad al mismo tiempo. Lili y su amigo Iván nos pasearon por toda la ciudad y por las hermosas lagunas de la biósfera lindantes con la ciudad. Al borde de la Argentina, Laura y yo nos preparamos para el ingreso al Paraguay, hacia el corazón de la mítica tierra guaraní.

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

3 Comentarios

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  • Cuanta emoción Juan leer todo lo que escribiste de nuestro Chaco.. Gracias por contar y mostrar a todos tus lectores lo que tenemos por aquí. Saludos desde Charata, Luciana.

  • impresionante tus dias, tus viajes.
    solo decirte que el mural de dominguez de la fluvial de rosario no tiene neptunos y elfos sino que es una representacion del parana y la mitologia guarani.
    abrazo

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