Caminiaga: Chicos, si les gusta… ¡cómprense una parcela!

La verdad, pensábamos llegar a Cerro Colorado en el día, porque no estábamos a más de 100 km, pero el viaje tenia otros planes más interesantes. Desarmamos nuestra carpa en Cruz del Eje y caminamos unos dos kilómetros por una circunvalación vapuleada a través de un paisaje rural deprimente de tierras áridas parasitadas por algarrobos, tunas y chañares. Aquí y allá hay chozas precarias y hornos de ladrillo y mucha gente yendo y viniendo en carretas con ruedas de madera. Los arbustos espinosos que abundan parecen competir por atrapar el mayor número posible de bolsas de nylon, las que el viento arrastra desde la vecina ciudad.

Al final llegamos a la ruta que va a Dean Funes, pero justo después llegan un policía y una maestra y se ponen a hacer dedo. A la maestra se la llevan enseguida pero después tenemos que esperar como cuarenta minutos hasta que un camión de YPF se lleva al rati que ni siquiera saluda al pasar.

Nos saca un Mercedes 1620 tras dos horas de espera. El camionero anda para atrás con su padre, quien se lo quiere llevar a trabajara un campo en San Luís, donde él predice que moriría de angustia. En el cruce de Dean Funes, donde nos deja, vemos algunas siluetas haciendo dedo sobre la ruta que va a San José de la Dormida, un atajo para llegar a la Ruta 9 sin pasar por Córdoba Capital. Son Guada y su novio, mochileros marplatenses que también van para el Encuentro de Mochileros. ¡Qué lindo que es encontrarse en la ruta? Charlamos un rato y con Steven decidimos caminar un kilómetro para no estar los cuatro juntos haciendo dedo.

Después de una hora, una Peugeot Boxer nos ofrece un tramo bastante raro. Es un hombre que con sus dos hijos van a una quinta en San Pedro Norte, un pueblito enredado en caminos de ripio a unos 50 km de allí. Desde San pedro Norte tendríamos unos 25 km hasta Cerro Colorado, que seguramente tendremos que caminar en parte. No necesito mirarlo a Steven por más de un segundo para saber que le encanta la idea. Nos acomodamos atrás y media hora más tarde estamos en San Pedro Norte. Tenemos 9 km por delante hasta Caminiaga, el próximo pueblo. La ruta es de tierra, y el horizonte está lleno de palmeras. Steven activa su GPS para ir consultando la distancia caminada. Un cartel avisa que se trata del “Camino Real”. El Conductor de la Boxer nos había explicado que éste era el antiguo camino al Alto Perú, la vía troncal del virreinato, predecesora olvidada de la Ruta 9.

Los 9 km pasan volando, entre montes de palmeras que van quedando en la oscuridad a medida que el sol se pone, con vacas pastando o bebiendo agua en los ocasionales esteros. Todo el paisaje tiene algo de irreal, quizás hayan sido las palmeras, que al menos yo ni sospechaba que crecían en el norte de Córdoba.

Al llegar a Caminiaga nos dirigimos sin dudarlo al almacén. En los pueblos, a la hora de la cena, los almacenes son buenos lugares donde hacer contactos. En este almacén coexisten monturas de caballo con tarjetas de Movistar. En una mesa hay algunos locales tomando una cerveza pañuelo al cuello. Son gauchos modernos, no relegaron el caballo, pero del cinto se prende el estuche del celular en vez del facón. Preguntamos dónde podemos acampar, y aunque el dueño del almacén dice que podemos hacerlo junto al río, una mujer entrada en años nos invita a acampar en el parque de su casa. “En el río se van a morir de frío” y, como queriendo explicar su conducta al resto de los parroquianos que están un poco sorprendidos por la espontaneidad de la invitación, agrega: “Para eso somos humanos. A Jesús no lo alojaba nadie”.

La señora que se llama Stella. Ella y su hermana nos acompañan por las calles sin iluminar hasta su casa. En el camino nos comenta: “Llevás una vida humilde, no querés cosas materiales, tenés una vida muy en el camino de Jesús”. Yo no soy cristiano, pero no es el momento para esa discusión. Stella tiene un hijo de 18 años que está postrado en una cama, y nos cuenta que para ella esa es una prueba del Dios.

Nos recomiendan cenar en lo de García, que es un comedor con seis o siete mesas redondas grandes llenas de locales jugando al truco y un pool. La presencia de Steven despierta curiosidad. Cuando cuenta que es holandés sucede algo inesperado. Uno de los locales que está jugando se levanta y se acerca. Tiene ojos celestes y aspecto gringo. Cuando empieza a hablar las cejas de Steven se arquean hacia arriba. ¡El hombre habla en holandés! Nos cuenta que su abuelo era holandés y que se estableció en el pueblo hace décadas, y por eso hoy hay dos o tres familias que descienden de esos pioneros de mediados del siglo pasado. El hombre incluso había vivido y trabajado en Holanda durante algunos años. Es lindo escuchar hablar holandés, que es como el alemán pero hablado por un gangoso… con sonidos como la jota donde uno menos los espera.


Pensamos que eso es todo por hoy, pero la verdadera sorpresa nos espera al salir del comedor de García. En la esquina de la plaza sentimos que un grupo de hombres nos chiflan. Avanzamos hacia las siluetas sentadas en la penumbra, sólo al acortarse la distancia vemos que se trata de un grupo de hombres que toman cerveza junto a un “kiosko bar”. ¿De dónde son? – nos pregunta un hombre de ancho sombrero que se identifica como “El chaqueño”. Pero antes que podamos responder ya llega un ¡Siéntense!… Junto al chaqueño hay dos hombres un poco menos borrachos que el chaqueño, y que por consiguiente hablan menos, pero no dejan de sonreír a todos y a todo. El Chaqueño suelta un discurso que me sorprende, porque a pesar de estar borracho va hilando con la gramática que el alcohol le permite ideas de inesperada (in)coherencia.

Nos pregunta a qué nos dedicamos, y explicamos que Steven es ingeniero y viaja en su tiempo libre mientras que yo soy viajero de tiempo completo. El Chaqueño, como si le estuviera explicando nuestra respuesta a un panel de invitados, empieza: “Claro, por supuesto, que viajando a pie se conforman historias más reales y más completas…” Luego se autointerrumpe y dice: “Acá tendría que haber más de nosotros para aprender de su experiencia” A lo que el otro gaucho no dejaba de asentir con la cabeza y acotar un ¡Qué hermoso! A nosotros nos sorprende la valoración de nuestro estilo de vida que hace el chaqueño, y creo que pasamos todo el tiempo intentado elucidar qué tanto influía la borrachera en sus palabras.

Pero el Chaqueño no se detiene. “Tendría que haber más mochileros” E incluso inventa un verbo. “Por eso, mochiliemos, salgamos…” Luego parece recapitular nuestra respuesta y se da cuenta que Steven es ingeniero y es holandés, y va al tema:

“Acá cuando llegó el gringo Wilt, el holandés, estábamos bien. El gringo murió cuando se le dio vuelta el tractor y la palanca de cambios le pasó de lado a lado, pero ese gringo sabía hacer de todo. El hizo la plaza. Si no se hubiera muerto este pueblo estaría parado…Ese gringo era fuerte y hacía flexiones con otra persona…”

Después aparece un grupo de adolescentes, entre ellos, de casualidad, dos de las nietas del gringo Wilt, dos rubiecitas que si llamarían la atención en la ciudad más lo hacen en un pueblo como Caminiaga. El Chaqueño, Quilmes en mano, no tiene mejor idea que convocarlas a la reunión, y nos dice:

“Chicos, hagan contacto entre ustedes, y nos señala a todos, intercambien teléfonos, dirección de internet… Chicas, copien los datos…puede ser útil un ingeniero. Al gallego hay que saberlo llevar, y al gringo hay que darle de trabajar, hay mucho por hacer. A mi criterio estas cosas hay que aprovecharlas, lo digo yo, criollo, inclusive…”

Las chicas se ríen pero no huyen, parece que ya saben qué esperar de El Chaqueño. Steven habla en español con las chicas y en un momento les pregnta su apellido. “Van der Laan” – responden. Steven, quizás alardeando que él es holandés Made in Holland tiene la mala idea de traducir su significado.

– ¿Sabés lo que significa?
– No, ni idea –responden las chicas
– De la calle.

Lo miro a Steven, quien automáticamente se da cuenta del error e intenta desembarrarla. “Pero no de cualquier calle, laan significa una calle grande, iluminada….” Demasiado tarde. Al menos todo daba lo mismo para el gaucho de pocas palabras sentado junto a su botella de ginebra al lado del Chaqueño, y quien no dudo en exclamar, como lo había hecho durante toda la noche: “¡Qué hermoso!”.

El Chaqueño seguía sacando sus propias conclusiones de nuestro periplo, y como dando una cátedra, y apenas conquistando el equilibrio en medio a la ronda, exigía:

“Lo social es lo social, y lo caminado es lo caminado. Ojalá las chicas Van der Laan les den bola, la comunicación es útil, más cuando es experimental, a mí me parece. Chicos, si les gusta, radíquense acá, compren una parcela”

Nosotros que sólo aspirábamos encontrar alguien que nos aloje, ahora nos invitan a radicarnos. Terminamos dando vueltas a la plaza en el caballo del Chaqueño. Cuando Steven cabalgaba, el Chaqueño lo seguía al costado, asustado, suspirando: “Que no se me caiga el ingeniero…” A mí en cambio me alentaba desde la silla mientras hundía su nariz en el vaso de cerveza…

Y nos fuimos a dormir…


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

2 Comentarios

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  • HOLA JUAN, ACROBATA DEL CAMINO, AUTENTICO NOMADE MODERNO, HOY DESCUBRI TU PAGINA, TE FELICITO POR TU FORMA DE VIDA, Y ESTA SITUACION QUE HAS RELATADO ES MUY GRACIOSA, HASTA ME PARECE OIRLO AL CHAQUEÑO. GRACIAS POR COMPARTIR Y DESDE HOY TE SIGO, UN ABRAZO, MARTIN DESDE RIO CUARTO, CORDOBA.

  • Qué relato tan completo de mi pueblo. La gente de Caminiaga es así, sencilla, humilde y cálida. Soy nacido en este hermoso pueblo del norte cordobés pero hace 13 años que vivo en Córdoba Capital. Me tuve que ir porque allí no había lugar donde estudiar la secundaria pero siempre regreso y me llaman la atención las mismas cosas que te llaman sorprendieron a vos, la gente más que el paisaje, el contenido más que las formas, etc… Tengo en facebook un perfil de Caminiaga que te invito a visitar donde hay fotografías, poemas y escritos como uno en el que relaciono a Sartre con Caminiaga. Es medio loco pero está interesante. Un saludo, Ezequiel.
    Te paso el link.

    http://www.facebook.com/note.php?created&&suggest&note_id=196971102279#/topic.php?uid=61239601984&topic=9343

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