Algunas notas sobre la Maratón Cultural en Corrientes.

El punto de partida del artista es tener algo para decir o expresar. El siguiente paso se encontrar un espacio donde expresarse. Esto último, la tercera edición de la Maratón Cultural (Chaco-Corrientes) que tiene lugar en estos días, 16 y 17 de noviembre de 2007, lo logra con creces. Da gusto encontrarse con un espacio tan saturado de propuestas y voces. Llegamos con Cecilia y Andrea a eso de las ocho y veinte. Se suponía que a las 8 yo iba a presentar mi libro, pero debido a ese conocido efecto dominó de las demoras tuve hasta tiempo de sobras de repasar mi querido machete (¿o se pensaban que era espontáneo?) En lo personal me divertí muchísimo en la presentación, y me dí cuenta que a la gente le interesan más los chismes del viaje, cuántos camellos ofrecían por mí un granjero del Sahara para que me case con su hija…y no los pormenores conceptuales, que igualmente encontraron su lugarcito. Presenté a La Maga, mi mochila, como lo había hecho en Buenos Aires y decidí que desde ahora su presencia no faltará en ninguna de las pseudos-conferencias que este dandy con agujeros en los pantalones dé sobre sus andares. Tema aparte.

La maratón fue de lo más variada. Tuvimos la oportunidad de ver una película que giraba entorno a un grupo de amigos que se reunían a cocinar una cabeza de chancho, y de conversar con su director, quien insistía en que este es un momento oportuno para hacer cine porque las cámaras, en Argentina, se han dado un giro de 180 grados y apuntan hacia nuestra propia cultura, en lugar de ensayar un aguada parodia del cine en boga en Hollywood. Hubo poesía basada en los meteoritos encontrados en el Chaco, poesía que denunciaba su usufructo irresponsable por parte de científicos extranjeros, hubo hip-hop anarco-piquetero, hubo una mujer que se presentó como “La Ladrona”, y muy coherentemente procedió a dar ladridos (literal y caninamente) y luego a extraer pedacitos de papel de una lata en los que había escritos juegos de palabras que parecían provenir de un cadáver exquisito descuartizado. Sobre une decena de mesas se habían dispuestos, como manjares, infinidad de libros y publicaciones independientes Hubo un montón de cervezas, que coincidieron con la charla de un pobre hombre, casualmente, sobre el valor de la palabra en la cultura guaraní..
En esas horas de dispersión, el gran reivindicador de la poesía fue un hombre vestido con bolsas de consorcio, que como un bardo brincó de mesa en mesa susurrando poemas a cambio de monedas. En medio a esa cacofonía, un señor vestido de traje sepia, cuya contextura frágil lo hacía más octogenario de lo que era, se paseaba lentamente como si estuviera remando a través de la sala, fumando su cigarro insertado en un boquilla plástica. Todos lo respetaban como si bajo las prendas algo apagadas latiese un corazón de poeta enfurecido. Se le preguntó si iba a leer algo y negó amablemente, como diciendo: ya pasé por esto. Me quedé con la duda. Sobre el final un hombre se me acercó, me saludó en turco, y se fue….eso me dejó una duda peor. Quizás mi relato abrió una puerta temporal entre Estambul y Corrientes…

Nos fuimos a las 3 de la mañana, no sin antes ver la actuación de “Los Espineteados”, como bautizo de hecho en este humilde acto a la banda que tocó canciones propias y covers del falco Spinetta. Todas las letras giraban en torno a pájaros, estrellas, y eventos cósmicos. Dicen por ahí que la comparación no les gusta. Ese es el problema de las comparaciones, son inevitables… Hicieron todo su show, que estuvo muy bueno, con el accidental decorado que proporcionaba la bicicleta de Velazco, olvidada junto al escenario y jamás desplazada por músicos que acaso vieron en ella algún ídolo cuya furia es mejor evitar. A mi me hacía acordar al Cyclown Circus, mis amigos que tocan jazz por las calles del mundo a bordo de sus bicicletas mutantes, que siempre los acompañan en sus shows… Ahora están en Indonesia, según escribió en un mail Johnnie el contrabajista. Corrientes o Jakarta, el rito del arte es una hoguera que arde en todas partes. Seguro que la metáfora de Cortázar apuntaba a otra cosa, pero igual la uso: todos los fuegos el fuego. En todas partes nos decimos, en espacios improvisados que callan esa última y fatal intemperie interior.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

Un comentarios

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  • Plagio! «los espinetteados» fue mi bautizo! fue en el nombre de la señorita, no en el nombre del señor!
    (grrrrr)

    😉
    cambiando de tema, ahora que leo y revivo los acontecimientos de la maratón, me había olvidado de mencionarlo, por las cervezas, supongo: gracias por agrear a tu discurso de machete mis alusiones ala teoría del caos y los efectos mariposas 🙂 quedó muy lindo.
    besos

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