29 Dic 2005 – 9 Ene 2006. Cairo: Anio nuevo en un taxi. Lituania: que parte del universo es eso?



Fotos: 1. Piramides 2. El Oasis de Ain Hudra aparece de golpe ante nuestros ojos. 3. Anio nuevo inesperado con nuestro taxista.
El numero 400 parecia demasiado superlativo para designar al trasto, oxidado y constante como chatarra espacial, que me llevaba al Aeropuerto Internacional de Cairo, donde a las 2:10 AM aterrizaria el avion de Sigita proveniente de Vilnius. Al ver un extranjero en el autobus, el hombre corto el boleto de 25 piastras con una mezcla de orgullo e incredulidad. Interrogado sobre si ese autobus llevaba en efecto al aeropuerto, el sujeto alzo brazos y rostro al cielo y exclamo: “Imshalla!” (Dios mediante) Hoy, en Medio Oriente, la nocion de Dios esta en relacion directa con randomicos lapsos de eficiencia…
La manera en que Sigita y yo nos habiamos conocido, no menos que el autobus 400, desembocaba en busquedas de titiriteros entre las sombras, e invitaba a la pregunta de si las cosas suceden por algun motivo o simplemente suceden. Era una tarde del ultimo Agosto, yo habia cruzado la frontera lituana a dedo desde Latvia esa misma maniana y en el momento en que cruzaba el Puente Verde el cartel que rezaba “Aplink Pasauli” (Alrededor del mundo) aun colgaba de mi mochila. Contemplando el fabuloso contraste entre la ornamentacion sovietica del Puente y el Europa Center detras casi me habia olvidado que buscaba un supermercado. Sigita cruzaba el Puente a pie debido a un desperfecto de su coche, con el ritmo haragan que toda cita con el dentista justifica. Where is the supermarket? Y nuestro ojos se cruzaron por primera vez… Ahora un taxi Fiat 1500 que reproducia con fidelidad el sonido de una licuadora nos conducia a la incelebre pension de U$S 2. En la planta baja del edificio fin de secle nos esperaba un ascensor de madera que alguna vez habra acomodado una aristocracia afrancesada y ahora sube y baja mochileros japoneses. .
Nuestro cuarto parecia salido de una novela de Dostoievsky. Y lo digo con todo el carinio que me inspira la sabana donde las quemaduras de pucho formaban constelaciones. Sigi reposo su mochila y comenzo a desempacar. Me parecio logico que lo primero en salir del equipaje de una ninia de los Balticos fuera pescado. Lo Segundo fue un mapa polaco de Egipto, y lo tercero un set completo de maquillaje. Cuando no dedica su tiempo a su exitosa carrera de diseniadora grafica Sgi posa para las camaras. Casi no le creo cuando me dice que actualmente hay posters con sus fotos empapelando Vilnius. Que en los proximos dias la ninia de los posters iba a terminar haciendo dedo en banquinas mas acostumbradas a burros o camellos, era algo que los peatones de Vilnius seguramente no imaginaban. Nada nuevo para Sigi, quien hasta los 12 anios acompanio a su padre periodista en sus viajes por la ex URSS, durmiendo aveces bajo techo, aveces no.
En todo caso, hubo que hacer algunos ajustes. Que ibamos a transitar por el Pueblo Viejo, la zona mas conservadora de Cairo, parecia no detener los poderes cosmeticos de la cartera de Sigi. Mientras ella se ponia cada vez mas linda a mi me daba no se que interrumpir tan prometedor proceso con la mundana proposicion de ‘Che, este es un pais islamico”. El resultado fue, en las congestionadas callejuelas del bazaar Khan Al Hariri, un masivo alejamiento del Coran por parte de vendedores que perdian el control de su mandibula inferior para exclamar: “Welcome to Egypt!” La proxima vez, Sigi enrrollo un paniuelo en su cuello.
Y que hay de las Piramides? Fue un historiador arabe el que dijo: “Todas las cosas temen al tiempo, pero el tiempo teme a las Piramides” Todos tenemos una imagen atemporal de las Piramides en la mente, en solemne reposo en el desierto. Por ello es una agradable sorpresa comprobar que la Esfinge le da la cara a la megalopolis de 15 millones de almas. Cuantos millones habran nacido, sudado y pasado al olvido frente a sus ojos? Todos deberiamos tener una Esfinge en el jardin para recordarnos de lo importante del momento, del huidizo segundo.
La cena del 31 fue en un restaurant chino. De regreso, nuestro taxista, que a juzgar por el numero de trapos alrededor de su cabeza acababa de salir de la ducha, se tomo una hora para encontrar nuestro hotel. Asi, a las 12, brindamos en el asiento trasero del taxi con cerveza local, mientras el taxista gritaba desesperado el nombre de nuestro hotel con la esperanza de que algun transeunte lo identificara.
Al dia siguiente salimos rumbo a las playas del Sinai. Alli comenzamos a hacer dedo, pasando a pie los checkpoints del Ejercito Egipcio. Mientras hacer dedo en Egipto es illegal, nadie puede decirnos nada al declarar que viajamos a pie. Cuando los oficiales leen “Lietuvos Pasas” en el pasaporte de Sigi, le preguntan que parte del universo es eso. Alguien con ametralladora acota que es una parte de Rusia. Para Sigi, cuyos padres vivieron de cerca los eventos del 13 de Enero, eso es un insulto. “Menos mal que no sos de Kaliningrado!” –le digo. Llega mi turno y al leer Argentina los gendarmes recitan una lista de futbolistas encabezada por Maradona. El Diego se ha vuelto una especie de password. De todos modos nos dejan pasar. Cada vez. Visitamos los paraisos costeros de Dahab y Tarabin, donde Sigi dira que los peces, por mas que sean de colores, son para comer y no para mirar tras una mascara de buceo. Eso es caracter baltico. De regreso a Cairo cruzamos el desierto de Sinai por dentro, muchas veces compartiendo la cabina de camiones con trabajadores egipcios. Hacemos noche en los oasis de Ain Hudra y Feran, donde falsos beduinos dedicados al turismo se acercan a vender paseos en camello y sus hijas espian Occidente via la revista Cosmopolitan de Sigi.
El 9 de enero un avion devolvio a mi amiga a los Balticos. Hora para mi de empezar las averiguaciones para obtener la visa iraqui.

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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