Caza de ballenas en las Islas Feroe: ¿salvajismo o práctica sostenible?

Viajar no siempre es fácil. Salir por el mundo con una mochila al hombro para entender lo distinto y aprender de esa diferencia te obliga constantemente a revisar tus propias convicciones y revisarlas como a un archivo polvoriento. “Hay que ser siempre como la vara de bambú, flexible, nunca como la de vidrio, que se quiebra a la menor tensión” – me había dicho Riki, uno de los tantos maestros que tuve en esta vida, mezcla de monje budista y Baudelaire, sin cuyos consejos durante mi etapa de adquisición de libertad hubiera estado bastante a la deriva. Me acordé de Riki cuando hace poco visité las Islas Feroe, uno de los únicos países del mundo donde la caza de ballena no sólo es legal, sino que conforma una tradición pasada de generación en generación en un ritual conocido como grindadrap.

De hecho, todo lo que conocía de las Islas Feroe antes de mi viaje era que descendían de vikingos y que cazaban ballenas. Recuerdo que las imágenes atroces de decenas de cetáceos varados en aguas teñidas de sangre, siempre televisadas, nunca analizadas, me produjeron de adolescente una indignación que me hizo odiar a los bárbaros responsables.

matanza ballenas islas feroe

Imágenes como ésta me daban repulsión hasta que descubrí que hacemos exactamente lo mismo o peor.

 

En este quinto post de mi viaje a las Islas Feroe quiero contarles cómo mi experiencia en primera persona con los feroeses y sus tradiciones desafió mi condena preconcebida. Por lo general la gente, ustedes, yo, tomamos posición frente a las cosas, estamos a favor o en contra.

Cuando compartí una semana con una comunidad Shuar del Amazonas ecuatoriano amenazada por la minería y las madereras, o cuando los nubios de Sudán me contaron cómo el gobierno intentaba sumergir su cultura con represas, era muy evidente de qué lado tenía que estar.

En Feroe fue distinto. Fui con certezas, pero una vez allí descubrí una complejidad ante la cual preferí ejercer cautela y lo que podría ser un post de denuncia es ahora eso, un llamado a la cautela sobre un tema sobre el que parece haber un unánime repudio sin reflexión de sus matices, y sin mirar hacia adentro.

Ya conté que durante el festival de Nolsoy, ese en el que terminamos emborrachándonos con los pescadores locales y cantando viajas sagas vikingas por la calle, fui convidado bocadillos de carne de ballena y acepté, para no ofender a mis anfitriones, pero también para entrar en confianza y lograr entrevistarlos sobre el tema.

En ese festival la gente estaba demasiado borracha para dar explicaciones elaboradas, pero en nuestra visita a Tjornuvik pudimos tener un panorama más amplio gracias, como siempre, a la intemperie.

autostop en feroe

Conductor 1: Odontóloga con pinta vikinga.

Piloto de avión que regresaba a su casa.

El viaje a dedo desde Sorvagur había sido demasiado fácil y después de dos tramos cortos (fotos) nos había frenado una mujer con su hija adolescente que, aunque iban a otra parte, se desviaron para llevarnos a destino. En el camino se había empezado a llover y madre e hija insistieron en que, si se largaba un vendaval, las llamáramos, y que nos llevarían a su casa. Nos anotó el número y nos dejó, buscando dónde acampar, encomendándonos vagamente a un local que sin sacarse las manos de los bolsillos dijo que podíamos poner la carpa tras un alambrado. No conformes con la sugerencia, seguimos buscando.

A ese punto nuestro argumento de socialización era que nuestra carpa era menos waterproof de lo que decía el fabricante, y que terminaríamos hechos sopa si se largaba lo que el cielo prometía. Sueltos, desabrigados de todo contacto, empezamos a recorrer el prolijo pueblo de veinte o treinta casitas de juguete, totalmente a merced de una naturaleza brutal, de la lluvia, las cascadas y la niebla.

Caminábamos en busca de gente que tuviera cara de abrir la puerta de su casa a extraños (juro que esa cara existe). Elizabeth, por ejemplo, tenía esa expresión de confianza. Cuando la atajamos en la puerta, de inmediato dijo que pasáramos a tomar algo caliente mientras que pensaba cómo podían barajarnos.

tjornuvik

Así se veía Tjornuvik desde el auto que nos llevó a ella.

tjoruvik

Y de cerca, el lugar era aún más increíble.

En la cálida cocina estaba su familia, una abuela que puso de inmediato el agua para el café, un padre que dejó de pintar el sótano para disfrutar el espectáculo de los extranjeros mojados, y un novio que estudiaba en Edimburgo. Se llamaba Lars y fue quien sacó el tema.

– Los medios manipulan las imágenes sin explicar nada – me dice. No somos una isla de gente salvaje ávidos de sangre que salta a acuchillar las ballenas así porque sí.

Las imágenes del ritual pueden ser confusas sin un contexto. La caza de ballenas es una práctica comunal que los feroeses vienen desarrollando –y perfeccionando- al menos, desde 1298, cuando queda documentada en la Carta de las Ovejas, una ley redactada por Haakon Haakonson, rey de Noruega, que reglamentaba todas las actividades en las islas.

En un ambiente drástico en donde no es posible ningún tipo de agricultura, los feroeses lograron sobrevivir un milenio -muchas veces a duras penas- gracias a las proteínas provistas por la carne de ballena, a la pesca y a la cría de ovejas. Toda la gastronomía feroesa refleja esos siglos de lucha contra las inclemencias. La carne de ballena es secada al viento durante tres o cuatro semanas, de septiembre a octubre, cuando la humedad del aire es la justa, y luego servida en rodajas junto a la grasa en trozos o cubos.

El café y las galletas danesas de manteca ya estaban sobre la mesa. Al principio la familia estaba algo tensa de que el muchacho hubiera sacado el tema, pero al ver que yo demostraba más curiosidad que juicio se relajaron y comenzaron a sumar perspectivas.

caza de ballenas en islas feroe

Nuestros anfitriones y salvadores del diluvio universal. (Atentos al blog que se vienen más crónicas bajo la lluvia)

El padre de la chica, que estaba apoyado contra la pared y cruzado de brazos, tomó la posta. Dijo que las ballenas piloto eran una especie que no estaba en extinción y que su migración anual hacia el Ártico era interceptada por los feroeses para alimentarse. De los 778.000 individuos censados por la CMMA (Comisión de Mamíferos Marinos del Atlántico Norte) en esa sección del Atlántico, los feroeses cazan anualmente un 0.1%, es decir, unas 800 ballenas, un porcentaje que es considerado por demás sustentable.

La dinámica es más o menos la siguiente. Cuando un barco divisa un grupo de ballenas da la señal y solicita permiso a las autoridades marítimas para iniciar la redada. Los locales, literalmente, arrían a las ballenas desde lanchas hasta hacerlas encallar en la playa. Debe tratarse de una playa lisa y de arena, para que los animales no sufran una lenta agonía al herirse contra fondos rocosos. Allí es cuando sucede la matanza. Adultos y jóvenes armados con cuchillas especiales y ganchos dan muerte a los animales varados y las aguas pronto se tiñen de rojo. Luego cinchan entre todos tirando de sogas para retirarlas del mar y empezar a procesar su carne.

Gudrun, la hermana de Elizabeth, señaló que el ritual no tenía un fin comercial, sino que la carne recolectada era distribuida en partes iguales entre todas los que hubieran tomado parte del esfuerzo colectivo, además de los ancianos y personas discapacitadas. El asunto estaba mucho más “legislado” de lo que yo pensaba. Para intervenir había que registrarse en la comisaría, tener un certificado de manejo de la lanza espinal (una herramienta diseñada específicamente para que la ballena muera en el acto con el menor sufrimiento posible).

Que tomaran recaudos para minimizar el dolor de los animales que de todas maneras estaban masacrando me dejó perplejo, pero era una contradicción humana, no feroesa. Lo mismo sucede en los mataderos de cualquier clase de ganado. Los feroeses se lo toman tan en serio que gradualmente fueron sustituyendo unos métodos por otros, prohibiendo el arpón en 1986 y la lanza en 1995, por inhumanas).

Lars me dijo indignado que la interpretación que los medios hacen de esas imágenes es que a los feroeses les gusta la sangre.

– No estamos ávidos de sangre, debemos ser rápidos para que los animales no sufran. Si los animales no se desangran rápidamente, la carne queda inutilizada y el ritual no tendría sentido. No siento vergüenza, la caza de ballenas es nuestra fuente de alimentación y especialidad, and we are damned good at it.

Mientras Lars hablaba, Elizabeth me mostraba fotos en su celular de la última redada, donde se veía una niñecita rubia sonriendo con naturalidad delante de un mar completamente ensangrentado. Eran el tipo de imágenes que causaban indignación mundial y no había manera de que no me revolvieran el estómago. Pero nuestro asco, mi asco era el de un ser urbano alienado del ancestral proceso de matar para comer, criado con hamburguesas que salían de cajas con vaquitas sonrientes, sin charcos de sangre.

carne de ballena en islas feroe

Carne y grasa de ballena. Fuente: https://www.letsgetlost.no/

carne de ballena y grasa

Una típica mesa fría feroesa. Refleja la austeridad del medio ambiente que rodea a las islas. Fuente: https://www.letsgetlost.no/

Mi mente se llenaba de preguntas que sin estar dirigidas a justificar a los feroeses, cuyo ritual me seguía producía rechazo, cuestionaban el juicio fácil  a priori que tenía hacia ellos antes de visitar las islas.

¿Son las ballenas más sagradas que las vacas? Si esa especie no está amenazada y su caza es sustentable, ¿dónde radica la diferencia y por qué de la indignación de gente como nosotros que hace exactamente lo mismo con otros animales, pero sin la sinceridad de matarlos con nuestras propias manos?

En Argentina no vemos los mares de sangre necesarios para que el asado de cada domingo llegue a la parrilla. Porque nuestro poder adquisitivo nos ha permitido sustraernos del proceso y evitarnos la faena. En síntesis, pagamos para que otros hagan el trabajo sucio, para que empuñen el cuchillo y administren la muerte. La muerte es la misma, la sangre es la misma, sólo que no se ve. En el último siglo, nuestra existencia se ha vuelto más “boutique”, más perfumada, hemos creado un circuito paralelo invisible, como los caños de una casa, por donde ocultamos todo lo que nos perturba, lo que huele mal, la muerte necesaria para la vida.

El reencuentro súbito con gente que nunca dejó de asumir su lugar en los ciclos de la vida y la muerte nos produce rechazo, quizás porque nos recuerda aspectos de nuestra vida moderna de los que no queremos hacernos cargo. Mientras el dedo del juicio apunta hacia adelante, los otros tres apuntan a nosotros mismos. ¿No debería darnos más vergüenza delegar esa misma matanza?

Una vez, una amiga polaca, la famosa viajera Kinga Freespirit, quien era vegetariana militante, me preguntó si yo mataba a las vacas que comía con mis propias manos. Admití que no y entendí que por allí ella vislumbraba un corredor de coherencia (o, en mi caso, incoherencia). Lo que la crítica internacional llamaba salvajismo, para Kinga era coherencia. Pasaron muchos años desde nuestro diálogo en Gdansk, en 2005, hasta que vi por primera vez a alguien matar una vaca con sus manos.

Estábamos con Laura viajando a dedo por la Patagonia y una familia descendiente de mapuches nos había invitado a su chacra. Contaron que harían un asado y, tras varios días de ruta y sanguchitos, nos sentimos felices por el festín inesperado. Más sorpresa fue ver que la carne no salía de la heladera, sino que el padre de familia entró al corral, enlazó a la vaca, y la embistió temerariamente con el facón. Luego, con ayuda de las niñas de la familia, comenzaron a despostar al animal, separando las entrañas y achuras en baldes. Esa gente estaba a galaxias de distancia de quien saca una caja de hamburguesas del congelador y las tira en la parrilla.

vacas colgando en matadero

¿Será que nos creemos más ecológicos porque en nuestra sociedad la matanza está a cargo de otros y no se ve?

A mí, la niña vikinga de la foto de la playa ensangrentada me hacía acordar a esa otra niña patagónica. A la niña nórdica la sangre de ballena le bañaba los tobillos, la argentina la recolectaba en baldes para hacer morcilla. Pero hay una diferencia entre la cría de ganado y la caza de animales libres como sucede en Feroe o como McCandless pregona en Hacia rutas salvajes. Las 1500 millones de vacas que hay en el mundo son responsables del 18% del efecto invernadero, según un informe de la FAO titulado “La larga sombra del ganado”.

Como agravante, nuestro amor por la carne requiere de la desaparición de selvas y el avasallamiento de otros hábitats naturales para la pastura de los animales. Fue un guía de los Esteros del Iberá el que me hizo notar que la Provincia de Buenos Aires no fue siempre una llanura verde como un campo de golf. En su estado natural, había pastizales de hasta dos metros de alto por los que saltaban venados, que a su vez eran perseguidos por pumas.

Ese dinamismo fue reemplazado para hacer espacio para las vacas y para una agricultura mecanizada y transgénica, principalmente de soja que es exportada a China para alimentar chanchos. En otras palabras, comerse un asado y llevar a tus hijos a un McDonalds es ser cómplice de una devastación ecológica infinitamente mayor a la generada por la caza artesanal de los feroeses. Sin embargo, nadie antepone sus propios pecados.

En oposición, la caza de ballenas en Islas Feroe, al menos, recae sobre animales salvajes disponibles localmente, que nacen y viven en el medio ambiente que les corresponde y evita la importación de 70 toneladas de carne procesada, reduciendo así la huella de carbono.

¿Y si se hicieran vegetarianos? – fue otra de las preguntas que se hizo me cerebro mientras buscaba la salida más elegante del dilema.

Convertirlos al vegetarianismo más radical no reduciría ese impacto ambiental de esa población humana, ya que ningún vegetal crece

en esas latitudes extremas y dependerían de importar vegetales por barco, con el despilfarro energético que eso implica. Haciendo justicia a la etimología de la palabra, y aunque suene raro, sería menos eco-lógico que seguir cazando ballenas libres que ya están allí y no requieren ser transportadas en un carguero que consume petróleo.

Claro que estos argumentos no atenúan en nada las políticas balleneras de países como Noruega o Japón, los únicos otros países que continuaron cazando cetáceos a pesar de que la Comisión Ballenera Internacional prohibió la actividad en 1986. Japón lo hace bajo el disfraz de caza científica, aunque luego la carne es efectivamente vendida en mercados. El sushi de ballena, de hecho, es una de las opciones gastronómicas más cools que de la elite nipona.

En Feroe, aunque una limitadísima cuota de carne de ballena se ofrece en un par de restaurantes y en los hoteles más caros, la carne no circula en el circuito comercial y su compra o venta están severamente multados. Durante mi estadía un hombre fue descubierto infraganti y el tema fue escándalo nacional, como se ve en el titular de abajo.

Una de las objeciones más frecuentes que encuentro en internet sobre la caza de ballenas en las Islas Feroe es su carácter innecesario, que la gente lo hace más por tradición e identidad que por otra cosa. Siendo uno de los países con mayor ingresos per cápita de Europa (18 euros por hora de salario mínimo), podrían darse el lujo de comer exclusivamente comida de supermercado. Sin embargo, yo encuentro algo de sinceridad y de valor en que a pesar de esa riqueza material sigan tan conscientes de los ciclos de la vida y la muerte como un pueblo originario.  ¿Los cuestionaríamos de la misma manera si usaran taparrabos o vivieran en una región ignota de Borneo en vez de ser rubios, tener seguridad social y pagar Netflix?

Esta intimidad con la naturaleza se observa también en la relación de los feroeses con las ovejas. En las islas hay más ovejas que humanos y muchas casas tienen un cuarto especial para la matanza de los animales (lo que yo pensé que era un sótano, lo que el padre de Elizabeth estaba pintando). Cada aldea tiene pastores comunitarios designados que rotan y pasan días en los cerros cuidando los rebaños en condiciones climáticas que para nosotros serían límites.

En las Feroe no hay una distinción rígida entre campesinos y clases urbanas: prácticamente todas las personas de la isla, sean de la profesión que sean, crían ovejas en sus tierras, cazan aves silvestres y participan activamente en los grind que tienen lugar cada verano. La alimentación es una tarea comunitaria.

pescado seco en las islas feroe

Algo normal en las Islas Feroe: pescado seco fuera de una vivienda listo para ser llevado a la mesa.

skerpikjøt

En otro pueblo, una mujer nos invitó orgullosa carne de cordero fermentada (skerpikjøt ) que ella misma había preparado.

Eso es lo que hace que la comparación con las corridas de toros en España sea bastante obtusa. Aunque la tradición juega un papel, la caza de ballenas en las Islas Feroe no se trata de un espectáculo lúdico liderado por un héroe que es aplaudido por sus piruetas deportivas- Por el contrario, me animo a decir que, solapado a la función alimenticia se da un rito de pasaje similar a los que observé en África.  Y es que en el grind los jóvenes tienen una oportunidad para demostrar su capacidad de colaborar al resto de la comunidad. Cuando esto falta, y lo mejor que puede ofrecerte tu sociedad es un trabajo en una oficina, es cuando empezás a pensar en viajar, ¿no?

Las organizaciones ambientalistas están divididas en este tema. Mientras que Greenpeace respeta la caza de subsistencia para las comunidades indígenas de Dinamarca, Alaska y Rusia, otras organizaciones como Sea Shepherd, más partidarias de la acción directa, se oponen terminantemente llegando a intervenir con sus propios barcos para intentar detener las matanzas, alegando que la caza de ballenas está prohibida en la Unión Europea. (El único detalle es que las Islas Feroe pertenecen a Dinamarca, pero están voluntariamente fuera de la UE).

Esa noche la familia de Elizabeth nos abrió el garaje de su casa y nos permitió dormir allí. Matías y yo nos tiramos sobre unas reposeras, envueltos en nuestras bolsas de dormir como orugas, y tomando unos tragos de whiskey antes de intentar dormir. Me quedé pensando toda la noche, incapaz de tomar una posición frente al tema, de negociar entre el repudio instintivo y los razonamientos ya expuestos, que me llevan incluso a verlo como una práctica más coherente, sustentable y orgánica.

Atardecer en Tjornuvik…

escritor bebiendo whiskey

Con la cabeza a mil, poniendo orden a mis ideas en el garaje que nos prestó la familia de Elizabeth, ayudado por la botella de whiskey que nos acompañó durante todo el viaje.

Supongo que la caza de ballenas en las Islas Feroe ilustra de forma sumamente gráfica las consecuencias de la vida humana sobre el planeta. Se trata de personas armadas saltando sobre ballenas y no de un grupo de amigos comiendo un asado en un quincho. La ballena se volvió un ícono de la ecología, lo que es muy cómodo para todos. Es fácil ser coherente con la máxima de no matar un animal que no existe en el entorno de la cultura urbana que decretó esos íconos. Y más difícil detectar la contradicción de conducir hasta Puerto Madryn en un automóvil que quema petróleo para enseñárselas a tus hijos, o percatarse de las catástrofes ecológicas que generamos con miles de actos cotidianos (ejemplo: lavar los platos con detergente, comprar una remera teñida sintéticamente, etc).

Por esa responsabilidad limitada al ícono (ballenas, pandas, elefantes) es tan fácil sumarse al pogo ideológico de condenar a los feroeses sin tomarse la molestia de analizar todos los ángulos.

La masacre que en las Islas Feroe sucede de forma personal, inmediata y próxima, nosotros la generamos de forma anónima, mercenaria y delegada. En Argentina, en promedio, se faena una vaca por segundo, en sitios que nadie visita y sin cámaras, con el agravante de que el ganado desplaza a los ecosistemas locales y genera efecto invernadero.

Recientemente, las autoridades sanitarias han advertido que la carne de ballena presenta niveles de mercurio no aptos para el consumo humano. Esto podría llevar a que los mismos feroeses archiven sus tradiciones. Sin embargo, habrá sido la consecuencia de la contaminación del mundo industrial cuyos habitantes los acusan, a ellos, de bárbaros.

Lo más condenable, en última instancia de esta cadena lógica sería el continuo crecimiento desbocado de la población humana, y su exasperante necesidad de más alimentos, sea carne, ballena o quinoa orgánica. Pero eso sería cuestionar no sólo nuestros hábitos alimenticios, sino nuestro derecho a la existencia, nuestro punto ciego. Entonces, automáticamente la vida (la humana) y la de nuestros hijos se vuelve sagrada, intocable, y justificante de cualquier explotación de la naturaleza. Fui a las Islas Feroe juicioso de sus costumbres y terminé revisando las mías. A veces la sabiduría es una puerta que abre hacia adentro.

Más información sobre la caza de ballenas en las Islas Feroe

Página de Wikipedia sobre el tema

Página oficial de las Islas Feroe sobre la caza de ballenas.

Además, les dejo un documental realizado por la revista VICE, mostrando todas las posiciones del debate, imperdible.

Espero que este artículo sume a un debate constructivo sobre un tema tan oscuro y estigmatizado como la caza de ballenas en las Islas Feroe. Era más fácil subir un post con imágenes de diez pueblos fotogénicos y no exponerme a ningún debate, pero hubiera sido muy poco honesto.  ¡Cualquier comentario constructivo y respetuoso sobre el tema es más que bienvenido!


Para recibir en tu casa nuestro nuevo libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

Más Información
Share on Pinterest
Share with your friends










Enviar

Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

36 Comentarios

Dejar un comenentario
  • Qué EXCELENTE post!
    Muy bien presentado el tema!
    Yo soy vegetariana pero no ando criticando a los que comen carne ni tratando de cambiar a nadie
    Gracias por escribirlo y por presentar el debate

  • Totalmente cierto, nuestras vidas urbanas perfumadas, ignorando la realidad del consumo de carne, la biología nos obliga a comerla, por mi parte apoyo la reducción de la reproducción humana, la disminución en el consumo de carnes y evitar el consumismo.

    • Brindo por eso! De nada sirve derramar lágrimas por Pandas si luego todos querremos el último teléfono móvil confeccionado con coltano extraído del Congo donde antes vivían gorilas. Yo tengo un lindo teléfono, por eso no puedo juzgar a los feroeses más de lo que ellos me podrían juzgar a mí. Abraz!

  • Muy bueno Juan!!!
    Que buen artículo… muy interesante!!!
    Comparto totalmente la actitud de viajero abierto y curioso que tenés… cuando uno piensa en viajar y conocer realmente el lugar y la gente, eso es algo indispensable. Sana envidia por vos!
    La rompiste con el concepto de “pogo ideológico” jajaja! Que capo…!

    Un abrazo!

  • Me encanta la forma en la que escribís y tus conclusiones/reflexiones. Tuve que frenar y releer unas cuantas veces porque todo daba para pensar mucho! Me quedo con lo del dedo acusador y los tres que al mismo tiempo señalan a uno mismo, nunca lo había escuchado.

    Tema aparte, Islandia, Islas Feroe y las islas Lofoten en Noruega son un viaje que sueño con hacer algún dia.

    Abrazo!

  • Que buen artículo! Soy vegetariana pero nunca quise evangelizar a nadie respecto a la crueldad de comerse un animal. Está en cada uno tomar la decisión. Pero ver esa hipocresía en gente que se indigna por ciertos animales (y no todos) me hace sentir un rechazo cada vez mayor.
    Saludos de una argentina en Mexico! (Gracias a ustedes, tras leer Caminos Invisibles)

  • Soy de la idea de que tenemos que aceptar nuestras propias contradicciones antes de saltar a conclusiones. Requiere tiempo y dedicación para nosotros “bichos de ciudad” aprender a ser consumidores responsables, y no hablo sólo de comida. Si me rasgo las vestiduras por ser vegana (por dar un ejemplo) pero mi ropa es hecha mediante trabajo esclavo en alguna fábrica de Bangladesh…y bueno, estamos en problemas. Podemos abrir el juego cuando empezamos a entender y aceptar, “masticar” la información e investigar más a fondo. Ahora, tampoco voy a juzgar a una persona que compra el paty en el supermercado. Si vivís con lo justo, corto de tiempo, laburando a mil en una metrópolis (con todo el peso de la palabra) tal vez no te puedas dar el lujo de vivir por y para el consumo sustentable y coherente. Cada uno tiene lo suyo en juego. Justo hablaba con una amiga científica sobre los animales “bio” y estos temas. Me contaba que para el animal en muchos casos es peor porque no les pueden dar antibióticos, por ende cuando se enferman sufren muchísimo. Nos hace cuestionarnos aún más a fondo el mismo hecho de si cuando creemos que somos sustentables, SOMOS realmente sustentables. Largo camino por recorrer

    • Totalmente de acuerdo. No se puede juzgar al que compra en el supermercado. Yo lo hago, aunque no hamburguesas de esa marca jajaj Pero claro, en definitiva es un círculo de consumo que nos lleva a no tener tiempo para ser sustentables porque a su vez usamos todo ese tiempo en trabajar para poder mantener el nível de consumo. Una vez un tipo me dijo “Es mentira que la gente es más pobre, hasta los pobres son más ricos que hace cien años, lo que pasa es que ahora queremos más cosas, la cuota del cable, televisores, teléfonos, abonos para los teléfonos, entonces el dinero vuelve a no ser suficiente”. Para pensarla, abrazo!!

  • Picantísimo, muy buen artículo. Que temita agarraste Juan! Yo creo que podemos discutir toda la vida si una práctica es más ecológica que la otra o cuando una práctica quedaría moralmente justificada o no, pero pienso que el transfondo del asunto pasa sobre todo por la cantidad que somos los humanos. Podemos mañana ser todos vegetarianos, perfecto!! porque es lo que el mundo está necesitando exactamente ahora mismo. Pero llegaríamos nuevamente en otros quizás cientos de años a nuevo tope. Entonces faltaría un cambio cultural que acompañe y ecónomico sin duda. En limits to grow los muchachos del MIT dicen que ya nos estamos cargando un planeta y medio y sus predicciones no son de las más alegres. Concluyendo, por supuesto antes de juzgar no hay nada como ponerse en la propia piel del juzgado y por el lado ecológico de la nota, está mal que algunos miles de hab. de una isla remota coman ballenas? o que un par de cientos de millones quieran comer ballenas? Lo que separa el bien y el mal es el método o la cantidad?

  • Saludos, juan llevo mucho tiempo siguiendo tus publicaciones ya que tienes una facilidad para escribir que es digna de elogio y tus temas siempre van más allá de un simple enunciado, invitan a la reflexión y pues a animarse a recorrer el mundo. Respecto al tema comparto contigo el hecho de que las personas siempre juzgan desde su perspectiva y se colocan en un bando o el otro radicalmente, es una época en la que es difícil ser objetivo o tener un punto neutral respecto a temas delicados. he aprendido a medida que leo tus artículos y publicaciones de otras personas a quienes le guardo respeto y admiración que no debemos emitir juicios sobre actividades que para nosotros son costumbres ajenas o no conocemos las motivaciones de quien publica un titular amarillista. en mi caso de pequeño viví en un pueblo y me toco ayudar a mi padre a matar cabras en épocas en la que no tenía un trabajo con el cual comprar en un supermercado y para mí fue una actividad completamente normal, un poco triste en un principio por tratarse de un ser vivo, pero es un proceso natural. Ahora que trabajo en un grupo de empresas que tiene mataderos entre sus principales actividades puedo confirmar que lo que dices es cierto, los mataderos industriales no son distintos y la sangre corre a montones, realmente le pagamos a alguien para que haga el trabajo sucio y eso no nos hace mejores. Como anécdota te cuento que, el personal encargado de darle muerte cerebral a las vacas con una pistola de aire es cambiado de manera recurrente ya que al parecer realizar esta actividad con frecuencia afecta a los individuos y me pareció muy curioso.

    Espero que sigas compartiendo en un futuro tus experiencias en estos temas y desmintiendo prejuicios, en otro orden de ideas ya 2018 será el año en que espero tomar la mochila y atreverme a conocer Sudamérica con la esperanza de llegar a Ushuaia.

    Una abrazo y saludos a Laura donde se encuentren!

    PD: Lamento mucho que ustedes como viajeros al referirse a mi país sea con malas experiencias (Venezuela), pero entiendo que es un estigma que como sociedad nos hemos ganado y del cual nos costara salir. En mi caso trato de aprender de nuestros errores y tomar lo bueno de las personas de mundo como ustedes para crecer como persona y demostrar que tu nacionalidad no determina tus principios, ética y valores ya que aún existimos personas que valoramos más esto, que cualquier suma de dinero o condición política.

    Excelente post!

    • Gracias por el comentario Gabriel!! Si, deberemos regresar a Venezuela para cosechar nuevas vivencias, igualmente más allá del shock de aquel robo también tuvimos lindas experiencias en tu país que están reflejadas en el blog en la categoría venezuela del menú de países (La Península de Paria fue sublime, por ejemplo). Seguimos en contacto!! (muy buena la anécdota del encargado de matar las vacas, no conocía ese detalle).

      • Juan aclaro, lo de la visita me refiero a que es una lástima que tuvieron que pasar malas experiencias que luego servirían de alertas a tener en cuenta. He visto todos los artículos que tú y Laura han escrito sobre mi país y me encantan pero les comento que aún les quedaron muchos pueblos y lugares que vale la pena visitar y que pueden tener en cuenta en el futuro:

        Los Médanos de Coro (Nuestro propio desierto)
        Adicora (Pueblo en la Península de Paraguaná)
        El Teleférico de Mérida (la última estación está a más de 4500 msnm)
        Margarita y playa el Yaque
        La colonia Tovar (Comunidad de descendientes alemanes)
        Isla la tortuga
        La hacienda Santa Teresa (Ruta del Ron)

        Un placer escribirles, Buenos caminos

  • Wuauuu Juan Pablo me encanto tu trabajo, muy disparador para reflexionar no solo sobre nuestro pasaje por la vida y la forma de consumo de alimentos, energía e información, sino también, de la forma en que juzgamos sin conocimiento. Por lo general escuchamos una sola campana, o emitimos una sentencia según nuestras vivencias y creencias, las cuales nos han sido impuestas, y la mayoría de las veces las tomamos sin hacernos ninguna pregunta.
    Tiene tanta información que todavía estoy procesando jaja.
    Te agradezco enormemente que compartas tus experiencias, saludos!

  • ¡Grande, Juan! “You’re damn good at it”
    Estuve en el proceso de escritura del post y el resultado muestra la seriedad con la que tomaste el tema. Creo que las cervezas de martes por la tarde ayudaron a terminar de darle esta forma, así que cuando necesites inspiración para el próximo libro pasate por Palermo que volvemos a brindar.

    Seguí siendo coherente con vos mismo que es un gusto leerte.

    ¡Abrazo!

    • Sin dudas el templo Sikh de Palermo será oasis frecuente de esta caravana jajja Sí, después de tanta duda, del temor a que me comieran crudo, creo que logré reflejar lo que pensaba y ordenar un poco las ideas, las sensaciones y todo lo que andaba por allí arremolinado, después de todo es un viaje reciente. Un abrazo y muchas gracias por el apoyo logístico!!

  • Un tema que se habló en el viaje Juan, pero me sumo a comentar. A mi me pasó antes de viajar que me resultaba exageradísimo quienes al anunciar el viaje argumentaban “boicot a Feroe”. Lejos de esas posiciones, y después del viaje y de lo visto, creo que el eje del debate en todo caso es el modo de relacionarnos con el planeta de un modo sostenible y en todo caso analizar que tan sostenible es el modo en que se relacionan con su entorno en Feroe, y sobre todo en nuestros países y en nuestra propia casa. Desde ese punto de vista, no subirme a ningún pedestal moral es algo que también aplico en mis viajes. Voy a tener el enlace del post a mano para pasarles a quienes hablen desde una opinión formada en base a documentales sensacionalistas. Este tipo de posts como el que terminás de publicar, elaborados y fundamentados (y con fuentes variadas) no es lo que abunda lamentablemente. Abrazo!

  • Muy bueno todo lo que escribis. Pienso que si los animales domésticos tienen una misión al encontrarse y quedarse con los humanos , también las vacas y las ballenas la tienen. Es momento despertar. Gracias Juan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Powered by WordPress. Con ayuda de Ecovirtual