LA QUINTA HEEREN Y CANTAGALLO: GEMELOS DISPARES DE LA LIMA DESCONOCIDA

Todas las ciudades latinoamericanas engolfan secretos que escapan a quienes las visitan por tres o cuatro días. Por algo recién en mi cuarta visita a Lima conocí el decadente esplendor de la Quinta Heeren y el asentamiento shipibo de Cantagallo. A pesar de que ambos sitios nacieron con ambiciones y recursos disímiles –la primera es una urbanización europea de pompas neoclásicas y la segunda un enclave de migrantes internos de la Amazonía construido con madera, chapa y esperanza- en realidad ambas historias tienen ingredientes en común: las migraciones, la incertidumbre y cierta dosis de tragedia.

Yo recién había regresado a Lima tras el viaje con 3 Travel Bloggers a Puno y el Titicaca, y tenía los ojos repletos de horizontes de totora, y disfruté está inmersión urbana y el desafío de encontrar lugares nuevos, de esos que no aparecen en las guías de viaje ni ofrecen las agencias. Por cierto, aquí les comparto el video de Puno que realizamos junto al equipo.

La Quinta Heeren

Si te gustan los lugares abandonados, la arquitectura europea y los pisos que rechinan, la Quinta Heeren es para vos. Yo alcé las orejas como perro guardián cuando mi colega José Luis Pastor, blogger del equipo y limeño exportado por los vaivenes de su propio nomadismo a Medellín, me dijo que aun siendo local no conocía el lugar.

Me sonaba muy raro que en pleno centro de Lima, un palacete del siglo XIX hubiera permanecido ocupado hasta el año de 2006 por personas de escasos recursos, debido al valor del inmueble, su importancia histórica y las leyes de protección del patrimonio.

Fue David Pino, historiador especialista y responsable del portal Lima La Unica, nuestro guía de lujo para acompañarnos en el laberinto arquitectónico e histórico que entreteje la Quinta Heeren. Además de la historia de la propia casona, sus recovecos y esquinas echan luz sobre capítulos olvidados de la historia limeña y peruana.

plazuela con estatuas de las cuatro estaciones

La plazuela con sus estatuas de las cuatro estaciones.

Vista de la propiedad desde una de las torres.

quinta heeren

La vivienda principal, antiguamente la Embajada de Bélgica

Parados en la plazuela del condominio, adornada de estatuas, jarrones y rosales, entendí en un microsegundo eso de que la visión de la Quinta Heeren era “una alfombra mágica que transportaba a Praga, Cracovia o Bratislava”. El conjunto de emblemáticas construcciones interconectadas por calles estrechas ocupa 36.000 m2 y es una melange ecléctica pero armoniosa de influencias victorianas y neoclásicas. La mente que lo tramó provenía, obviamente, del otro lado del Atlántico.

Oscar Heeren fue un ingeniero alemán nacido en Hamburgo en 1840 y que se trasladó al Japón por negocios en 1868. Como su madre era española, hablaba perfectamente nuestra lengua. Sería con seguridad uno de los pocos intérpretes disponibles en la tierra del sol naciente cuando el barco peruano María Luz atracó en Yokohama con una carga que se le había complicado. Llevaba 225 culíes, como se denominaban a los trabajadores chinos que emigraban para realizar labores de jornaleros en las haciendas del Nuevo Mundo, procedentes del puerto de Macao. Pero los culíes se habían sublevado para protestar por las condiciones que sufrían durante el traslado y el embrollo derivó en una disputa diplomática entre el Perú y el Imperio Japonés.

Los chinos fueron una comunidad que dejó en Perú una impronta sensible. No hay peruano que no guste sentarse de vez en cuando en un chifá, o restaurante de comida china. (“Chifan” era la voz utilizada para llamar a comer en mandarín, por lo que los limeños terminaron bautizando de tal modo a las fondas mismas)

La cuestión es que ante semejante alboroto internacional, el oportuno alemán se convirtió en intérprete y mediador en el conflicto, que no sólo solucionó el problema puntual sino que derivó en la firma de un tratado de paz, comercio y navegación entre ambos países, el primero que Japón firmaba con un país latinoamericano. En agradecimiento, Oskar Heeren fue nombrado cónsul general peruano en Tokio y, un año más tarde, se trasladó al Perú porque se le habían otorgado concesiones para la construcción de ferrocarriles. Se casa con una noble limeña perteneciente a la familia Pardo.

Interior de la única vivienda que se salvó del vandalismo, habitada hasta 2006 por una descendiente.

Efigie de Cervantes en una de las señoriales puertas.

Algunas parecen haber sido abandonadas ayer….

Además de ser morada de semejante nobleza, la Quinta fue sede de las embajadas de Alemania, Bélgica, Japón, Francia y Estados Unidos. Sus jardines, ornados con cuatro estatuas que representan en las cuatro estaciones, asociadas cada una a una deidad griega (Venus, Ceres, Baco y Eolo) inspiraron a poetas y pintores. Me llegaron a decir que estos fueron diseñados por el mismo paisajista creador del Central Park de Nueva York, pero no pude confirmar el dato. En sus terrenos existieron el primer zoológico y la primera cancha de tenis de Lima.

Un evento que sobresaltó la paz de esa arcadia fue el suicidio del empresario textil japonés Seiguma Kitsutani, en 1928. Kitsutani pertenecía a la elite de la cada vez más numerosa comunidad japonesa en el Perú. Asediado por la bancarrota, el nipón se quitó la vida en la quinta mediante el procedimiento ritual del harakiri. Esto arrojó sobre el lugar un aura de desgracia del que la propiedad nunca se recuperó. El resto de los empresarios japoneses abandonaron el lugar y la mayoría de las casas quedaron en manos de familias de clase media.

En los años 40 se inicia un proceso que los peruanos llaman graciosamente “tugurización”,  que afectó a todo el Centro de Lima y que no fue muy distinto a lo que sucedió cerca de Constitución y Abasto en Buenos Aires. Esto se acentuó durante la década del 80, cuando las familias de clase media ya no pudieron pagar sus alquileres. Fueron reemplazadas por otras que habían migrado de la sierra a la capital huyendo del terror sembrado por el grupo “Sendero Luminoso”. Estas familias permanecieron en la Quinta como okupas hasta que en 2006 los Pardo reclamaron la propiedad. Desde entonces, aunque continúa abandonada, se espera que de un momento a otro sea restaurada.

falsas chimenas

Falsas chimeneas con carietes, gobelinos y techos de pino de Oregón. Un lugar donde hubiera estado a gusto Luis XIV…

Estado general de las casonas en su interior.

Empapelados originales….

… y el colocado por quienes ocuparon la vivienda.

bañadera antigua de hierro

Entre otro tipo de sacrilegios…

Cómo visitar la Quinta Heeren

La gente de Lima La Unica organiza desde su Fan Page visitas a la Quinta los días sábados. Consultar con ellos por los precios y horarios.

Comunidad indígena urbana de Cantagallo

El segundo lugar de esta serie es, si se puede, más curioso aún. Como el primero, existe merced a las migraciones, pero no de ingenieros alemanes ni japoneses inflamables, sino de una comunidad shipibo de la Amazonía peruana.

Durante la década de 1990, numerosos jóvenes de esa etnicidad se trasladaron a Lima para poder cursar estudios superiores, no disponibles en el departamento de Uyucali, del que provenían. Sus familias muy pronto se trasladaron junto a ellos para apoyarlos económicamente con los magros ingresos que podían obtener a través de la venta de artesanías. Armados de esa solidaridad tribal trocaron la selva de clorofila por la de cemento.

Ver a un pueblo amazónico migrar a la ciudad me produce tristeza. No tanto por la suerte individual de los migrantes, sino porque indica que significa que su integridad cultural está amenazada allí en los orígenes. En 2012 Laura y yo compartimos más de una semana con los Shuar del sur de Ecuador, quienes nos enseñaron sus plantas y cascadas sagradas, así como las menos sanctas corporaciones mineras y madereras que, invitadas por el gobierno de Correa, tanteaban su capacidad de resistencia.

motivos shipibo

Los motivos shipibos, trascritos desde el Cosmos a lo cotidiano.

Pasillos de una comunidad que extraña su selva.

Prestado de otras selvas… (no hay tigres de bengala en el Amazonas)

Un año antes había conocido a los ayoreos, el último de los pueblos no contactados del Oriente boliviano en comenzar a acercarse cual polilla a la lámpara del progreso. Los ayoreos que vivían en las periferias de Santa Cruz de la Sierra se dedicaban a tejer fundas para celulares que vendía de forma ambulante en el centro de la ciudad.

Los shipibo que se asentaron en el año 2000 se asentaron en la llamada Isla Cantagallo, junto al río Rimac, tenían expectativas más altas. A pesar de haber edificado sus casuchas de madera sobre lo que antes era un vertedero, a pesar del color gris circunvalación que se imponía sobre sus vidas, muchos planeaban en insertar el asentamiento en el mapa turístico. La selva en la ciudad. No sólo tiendas de artesanías, sino centros ceremoniales, atelieres de pintura y talleres textiles.

Todo esto me lo explica Daniel Martínez. A Dani lo conocimos a bordo del Dos Irmaos, el barco en que navegamos desde Manaos hasta Porto Velho en el viaje narrado en el libro Caminos Invisibles. Venía de militar con los Sin Tierra de Brasil, y se dirigía a Perú para continuar su camino de artivista social y documentalista, gestor cultural y facilitador. Seis años después nos reencontramos en Lima y entre cervezas me contó la historia de Cantagallo.

Video del incendio en Cantagallo

El 4 de noviembre de 2016 a la madrugada, una vela derramada por un niño en su vivienda invitó al infierno a la comunidad. Unas 436 viviendas de madera ardieron fácilmente y rápidamente, alimentado por las bombonas de gas que explotaban aquí y allá propagando el pandemónium. Dani vio el siniestro por televisión y corrió a ayudar, sin olvidar de llevar su dron para documentar lo que encontrara. Tenía amigos en la comunidad, algunos de ellos músicos de cumbia, a quienes ayudó a salvar lo que pudieran. Mientras la reconstrucción tuvo lugar, Dani alojó a alguno de sus hijos.

La bronca tiene raíz en que esa gente no debía estar allí, de haberse cumplido los planes de gestión de viviendas del gobierno anterior. Los iban a trasladar a unas casas especialmente construidas para ellos, pero alguien decidió usar ese dinero para construir un viaducto.

Como era de esperar circularon todo tipo de rumores, sobre si el incendio había sido en verdad causado por el niño o si había sido una estratagema para expulsar a los shipibos, ya que el alcalde no veía con buenos ojos los planes shipibos de visibilizar su cultura tan cerca del centro.  Lo cierto es que tras el aquelarre, la comunidad regresó a sus tierras, y no dejó de exigir la mejora de sus condiciones.

Pero mientras los políticos sacaban cuentas y especulaban, los shipibo no ahorraron esfuerzos en embellecer su reino de cenizas, volviendo a alzar sus viviendas y decorándolos con delicados patrones geométricos conocidos. Entre los pasillos de chapa y ropas colgadas asomaban tigres de esterilla ante la mirada de una Barbie desmembrada.

Así se ve hoy Cantagallo

Un chico que nos vio demasiado extranjeros nos invitó a pasar a su casa, en la que tenía instalado un verdadero atelier, aunque, para ser justos la sala de estar, la cocina y el atelier ocupaban el mismo espacio. Según la leyenda, la anaconda misma les enseñó a pintar a los shipibo, quienes representaron su cosmogonía en las telas bordadas y en los lienzos.

Los diseños tuvieron alguna vez un código, que los chamanes leían, y las mujeres bordaban cual escritura esotérica. Los motivos, así transcritos desde lo cósmico a lo cotidiano, no eran sólo decoraciones, sino que tenían una función protectora de la comunidad. La pérdida de este entendimiento, por ende, hace más endeble el mundo shipibo. Quizás por eso se aferran a sus diseños, como si fueran una balsa en su nueva existencia urbana. Fue un soplo de esperanza encontrarme ese arte entre los escombros.

arte shipibo

Serpientes cósmicas y caminos dibujados por estrellas.

inin metsa

Van Gogh, paladín del arte popular, hubiera estado orgulloso de Inin Metsa, quien nos abrió las puertas de su atelier-casa. En las condiciones más difíciles, alguien escucha a las musas…

motivos shipibo

Una cosmogonía parcialmente olvidada que sobrevive en el pincel de algunos virtuosos.

Habiendo visitado el sitio durante apenas una hora, no estoy moralmente autorizado a extraer análisis más pretensiosos, como tal vez acostumbras leer en este blog. Pero quería dejarte la curiosidad para que explores el sitio por tu cuenta.

Actualmente, los shipibo han desalojado de forma provisoria su comunidad para permitir el inicio de las obras de las viviendas que tanto les han prometido. Queda por ver si logra transformarse en ese vibrante polo artístico amazónico en la capital que algunos avizoran.

Si bien la Quinta Heeren y la Comunidad Shipibo de Cantagallo parecen tener poco que ver el uno con el otro, ambos cuentan historias de movimiento y desarraigo. Puede que el glamour finisecular europeo hechice más fácilmente a la mayoría, pero no debe perderse de vista el encanto del inverosímil experimento antropológico que representa Cantagallo. Si conocés alguno de los dos sitios, y tenés datos para aportar, te animo a dejar un comentario. Hay muy poca información en internet, por lo que la comunidad mochilera te lo agraecerá.


Para recibir en tu casa nuestro nuevo libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

Más Información
Share on Pinterest
Share with your friends










Enviar

Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Powered by WordPress. Con ayuda de Ecovirtual