Un mochilero en el Valle del Omo

Viajar al Valle del Omo, en el sur de Etiopía, había sido un objetivo innegociable desde que empezamos a planear nuestro periplo africano. Siempre me había llamado la atención la extraordinaria integridad cultural de los más de diez grupos étnicos y dos docenas de tribus que pueblan las tierras bajas a ambos lados del río Omo. Se trata de una zona tan remota y distante de Addis Abeba que, según se cuenta, hasta la Segunda Guerra Mundial sus habitantes desconocían por completo la existencia de una entidad llamada Etiopía. Lo que nadie puede discutir es que el descenso desde el altiplano de los amhara hacia el Valle del Omo es tanto un viaje en el espacio como en el tiempo.

Miles de años de rutas migratorias en un área geográfica concisa (que abarca también el Lago Turkana en el norte de Kenia y Sudán del Sur) han cristalizado en una diversidad caleidoscópica. Los más famosos de los habitantes del valle son los mursi, cuyas mujeres con platos de cerámica insertados en sus labios inferiores se han vuelto un ícono regional. Pero no están solos: los hamer, con su ceremonia del salto del toro y sus mujeres con rastas untadas con una mezcla de polvo mineral ocre y manteca, los Tsemai y los Aari, con sus cuerpos decorados por plumas, brazaletes y collares, las meticulosas y fotogénicas aldeas Konso, y la lista sigue.

La zona provee lo más cercano a un contacto con una África exenta de influencias externas y, justamente por eso, plantea una miríada de desafíos técnicos para visitar de forma independiente. Sin embargo, eso fue lo que hicimos Laura y yo, y aquí compartimos tanto las anécdotas personales como la información práctica, cómo realizar la visita sin tours organizados ni paquetes armados, cómo elegir un itinerario para coincidir con los días de mercado, precio de alojamientos, permisos, guías, etc.  

Los precios se encuentran mencionados en ETB (Birr Etíope), con una tasa de cambio de 20 ETB = 1 USD

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Viaje independiente al Valle del Omo vs. tour organizado

Para quienes dispongan del tiempo necesario y no tengan ningún tipo de expectativas de confort y se sientan cómodos reclutando y regateando con los guías locales, el viaje independiente es la respuesta.  Hay un tránsito respetable de minibuses desde Arba Minch hasta Konso y Jinka y, en los días de mercado, hacia Dimeka y Turmi en la zona de los hamer. Para visitar a los mursis en el Parque Nacional Mago no queda otra que alquilar un 4×4 en Jinka con guía y conductor. No son necesarios permisos especiales para viajar por la zona, aunque en la mayoría de los pueblos se requiere contratar un guía en la asociación local, sobre todo para visitar los mercados. Tratar de visitar los pueblos en su día de mercado es fundamental a la hora de planear un itinerario, ya que permite observar la dinámica de la vida cotidiana en todo su esplendor.

Contratar un paquete en Addis Abeba que puede variar desde seis a doce noches a tiene la ventaja indiscutida de ahorrarte toda esta logística, pero aumentará varias veces el costo de tu viaje. Un vehículo con conductor/guía, cocinero y combustible sale a razón de U$S 200-250 por día.  Para quienes se sientan más cómodos viajando de esta forma, les recomendaría consultar (en inglés o italiano) con Belayneh, de Cristylobe Tours. quien conoce la zona como la palma de su mano.

Cómo llegar

Konso es el punto de partida de quien se proponga viajar al Valle del Omo y primer punto de interés, ubicado 85 km al sur de Arba Minch, última ciudad grande. Para llegar a ésta es posible llegar tanto en minibús como en avión. Los buses de Addis a Arba Minch demoran 9 horas y cuestan 200 ETB con Selam. Nosotros preferimos hacer autostop desde Addis Abeba. En menos de 15 minutos frenamos una 4×4 que nos llevó hasta Hawasa, donde hicimos noche en el Hotel Times Café (260 ETB). Si la casualidad te lleva a la misma ciudad, o si extrañás la buena comida, andá a comer al Hotel Pinna y preguntá por Andrea, el chef y dueño, que vivió en Italia y ¡sabe preparar los mejores tagliatelle de Etiopía…! Al otro día hicimos fácilmente dedo hasta Konso.

Mapa del Valle del Omo

Check-list para este viaje

Equipaje reducido para viajar cómodo en los saturados minibuses etíopes.

Mapa de rutas de Etiopía. Yo utilicé el Reisie Know How, con escala 1:800.000 y muy buen detalle.

Seguro de viaje, una muy buena idea si vas a viajar a esta remota zona de Etiopía.

Filtro de agua instantáneo tipo Lifestraw. Si en una aldea te ofrecen agua, de esta forma podés aceptarla sin preocuparte.

Mucho cambio en billetes de 5 Birr. Te conviene ir a un banco y cambiar, porque va a tener que pagar uno por cada foto.

Hojas de afeitar para obsequiar a los jefes de las aldeas. (Son preciadas para perpetrar las cicatrices decorativas)

Datos en el teléfono si vas a querer internet, ya que no hay wifi en ninguna parte.

Konso

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En el caso de los konso, son las mujeres quienes mantienen las vestimentas tradicionals.

Los konso habitan un paisaje modificado por siglos de ajuste a su cultura meticulosa. Extrañamente para esta parte de África, habitan aldeas centralizadas y densamente pobladas, rodeadas por muros de piedra de dos metros de espesor con sus cuatro puertas de acceso. De sus 41 aldeas centenarias, 11 han sido declaradas Patrimonio de la UNESCO. Este espíritu urbano y sedentario también los ha convertido en unos obsesivos del tiempo, legando una historia medible. Eso pensé cuando descubrí que en el centro de cada aldea se erigía un ensamble de troncos atados, en el que cada uno representaba el pasaje a la adultez de una generación, a los 18 años. Esos postes son recolectados del bosque sagrado del pokala (jefe del clan) y son un verdadero reloj que devela la edad de cualquier aldea. Para demostrar que ya es un hombre, cada joven konso debe, durante una ceremonia, levantar una enorme piedra y arrojarla por detrás de sí mismo.

Ese amor por la cronometría también se observa en las costumbres funerarias. Cuando el pokala muere, su cuerpo es embalsamado usando miel y sal y almacenado durante nueva años, nueve meses, nueve días y nueve horas antes de  enterrarlo y tallar en su honor una waka, una especie de tótem que señala la sepultura de un líder. Esta especie de algoritmo sagrado también guarda relación con la organización social, ya que nueve es también el número de clanes por aldea. Todo lo que puede ser normal para uno, se desvanece en el Valle del Omo: los konso venden los granos de café, y hacen una bebida instantánea a partir de sus hojas, a las que encuentran más sabrosas que los granos, mezcladas con albahaca.

Cómo llegar de Arba Minch a Konso

El minibús de Arba Minch a Konso vale unos 50 ETB.

Guías y qué aldeas visitar

En la oficina de Información Turística tenés que contratar un guía local, a razón de 300 ETB por medio día por grupo. Tenés que pagar también 120 ETB por cada aldea por persona que quieras visitar. Allí mismo hay un mapa con todas las aldeas konso. Si no tenés transporte propio, la única opción será visitar las más cercanas, como Burkuda, a la que se llega caminando por la ruta principal. Nosotros tuvimos suerte y cuando estábamos allí apareció una turista que había contratado su propia van y nos sumamos a su itinerario, visitando también Mecheke y una formación rocosa conocida como New York por sus pináculos verticales de roca, que me pareció una trampa para turistas. Nuestro guía Belachew hablaba buen inglés, su teléfono es 0949026988 y su mail belbey32@gmail.com

Es posible realizar trekkings de tres días por las aldeas konso por 40 USD por grupo/día, con las comidas incluidas. Esa debe ser la manera ideal de aprender más de la cultura konso.

Alojamiento en Konso

Nos quedamos en el Hotel Faro Family, que nos cobró 100 ETB la habitación para dos, con mosquitero, ducha fría adentro y baño afuera, y nos pareció lo más limpio de la zona. En frente hay un comedor local donde se puede comprar comida para llevar.

Dónde comer

SI te cansaste de comer tibs envueltos en injera, por la misma ruta que va a Jinka está el Kanta Lodge, que si bien es caro para alojarse, tiene un menú de comida internacional a precios accesibles, y los desayunos son geniales. Además, en la misma vereda

Otros atractivos

Es absolutamente necesario visitar el Museo de Konso, donde se puede observar una colección de wakas de siglos de antigüedad. Por la misma carretera, la Jinka Road, se llega tras 7 km al Kalla Gezahegn Compound, nada menos que la sede de gobierno konso, rodeado de bosques sagrados, donde el “kalla” (jefe) ocupa un puesto que se hereda desde hace 500 años en el mismo sitio. El hombre suele andar por allí y –dicen- es muy buen anfitrión. La entrada a cada sitio vale 100 TB y se abona en Información Turística.

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Lau dice que yo tengo un fetiche con las aldeas. Ala izquierda, las piedras usadas para rito de pasaje. No quise intentarlo por miedo a fracasar y que se me reinstaure la niñez.

De Konso a Jinka

La ruta de Konso a Jinka ha sido asfaltada y sus 150 km pueden ser cubiertos en dos horas en vehículo privado y tres en minibús (70 ETB). Las tres aldeas que puntuan este tramo son Weita (sábado, etnia tsemai), Key Afer (jueves, etnias Aari, Bana, Hamer ) y Kako (lunes), los cuales son de poco interés para el viajero salvo en sus respectivos días de mercado indicados entre paréntesis. Algunas guías de viaje dicen que los camiones locales tienen prohibido llevar pasajeros. Aunque desconozco si existe tal regla, la verdad es que esperamos sólo 20 minutos hasta que un camión Isuzu que se detuvo accedió a llevarnos por 50 cada uno (aunque empezó pidiendo 500). Hacer autostop en Etiopía implica siempre regatear, hasta un precio que siempre debe ser inferior al del bus.

El mercado de Key Afer

Nada de lo que hayas vivido, no importa cuánto hayas viajado, te prepara para visitar el mercado de Key Afer. Para mí el shock sucedió antes, cuando al minibús en que viajábamos subieron tres hombres con una vincha hecha de mostacillas de todos colores y una pluma soberanamente plantada sobre un montículo de barro y pelo en la cúspide del cráneo, que les daba aspecto cónico a su cabeza.

Este mercado multicultural que tiene lugar cada  jueves es punto de encuentro de las etnias Aari, Bana y Hamer, e incluso algunos Tsemai.  Los banna acuden a vender ganado  y sorgo. Los tsemai ofrecen ese fuertísimo tabaco en polvo que todos aspiran de un golpe seco de nariz. Las mujeres hamer son las que más me llaman la atención: con su cabellera pareja como un casco de rastas untadas en un ungüento de manteca y polvo rojizo, ataviadas con faldas de cuero de vaca y brazaletes de balas fundidas, atienden sus mínimos puestos sentadas sobre la tierra. Identificar de qué tribu es cada persona se vuelve pronto una tarea inútil, porque todos en igual medida me parecen emergidos de otro tiempo, todos me parecen nativos de una realidad de la que me separan varias atmósferas simbólicas.

Memorizo rápido algunas palabras, y aprendo a saludar diciendo nagaia  o wakoda según la persona que tengo en frente sea  hamer o tsemai, pero aunque me escuchan y acusan recibo, yo sé muy bien que los sonidos de mi habla no pueden perforar la distancia. Pocas veces estuve tan firmemente inmerso en una realidad y, al mismo tiempo, tan ajeno a ella. Pues muy pocos de los códigos que pautan las interacciones que suceden en mis narices me son conocidos. El falo de ébano que un joven banna deja asomar con orgullo por sobre su falda comunica a todo el mercado que estaba listo para casarse. El más mínimo detalle o accesorio, como el tono de la tintura del cabello, un peinado o la presencia de conchillas de mar entre los ornamentos,  encripta un caudal de información social que, a través del diafragma del mercado, se irradia hacia toda la comarca.

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Algunas tradiciones son demasiado explícitas…

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Una de las muchas ascepciones de la palabra mercado que uno encuentra entre Cairo y Ciudad del Cabo…

Datos útiles

Para visitar el mercado de Key Afer es necesario contratar un guía por 200 ETB por grupo en la Anomba Tour Gide Association, al lado de la Pensión Sami (250 ETB la habitación, el mejor alojamiento en Key Afer) Nuestro guía se llamaba Aman, y su número es 0935945454

Visita a las aldeas mursi desde Jinka

JInka, la capital administrativa de South Omo, no reviste interés salvo como base para organizar una excursión al Mago National Park y las aldeas mursis asociadas. Jinka tiene su mercado los jueves y sábado, pero los mursi no confluyen a él debido a conflictos con los Aari, la etnia hegemónica en el pueblo. Además, como pueblo mediano, tiene otras amenidades útiles para el viajero como cajeros automáticos, un par de hoteles y restaurantes. Un buen sitio para conocer otros viajeros con quien compartir los gastos de alquiler de 4×4, y sin dudas el alojamiento en Jinka con mejor relación calidad/precio es el Orit Hotel, que tiene habitaciones con ducha y agua caliente, todo una rareza en esta zona del mundo, por 350 ETB. Tiene un restaurante anexo con buena variedad de platos y jugos.

Gastos de alquiler de 4×4 en Jinka

Para visitar las aldeas mursi del Mago National Park, la única opción es alquilar un vehículo en Jinka, ya que no existe transporte público. Junto con una pareja canadiense armamos equipo y cerramos trato con Pioneers Guide Association, por un valor de 185 USD que incluían conductor, guía, combustible, entrada al Parque Nacional, y escolta policial que nunca apareció. Ese valor ya lo había pactado una pareja canadiense que conocimos en el hotel, y al sumarnos nosotros el operador no aumentó el precio, que es por vehículo, pero nos sugirió dejar una propina extra al guía. Por ende, gastamos 92 dólares por pareja. No hay transporte público hacia las aldeas ni está permitido ingresar sin un guía. El nombre de nuestro guía era Mamu y su teléfono 0911976389 y además de los aspectos étnicos conocía toda la botánica y el uso medicinal e las plantas de la zona.

Nuestra experiencia con los mursi

La excursión empezó a las 6 AM y regresamos a Jinka a la tarde. A diferencia de otros operadores, el abordaje de Pioneers no fue el de aterrizar con sus turistas a tomar fotografías. Por el contrario, nos instaron a dejar las cámaras en el auto o esconderlas, socializar con ellos un par de horas, y tomar nuestras fotografías en los últimos veinte minutos, lo que hizo que nuestra experiencia no fuera la de un zoológico humano, que es la impresión que muchos se llevan tras realizar la visita con agencias o guías poco sensibles.

Los mursi se han vuelto un ícono del Valle del Omo gracias a los platos de cerámica que sus mujeres se insertan en su labio inferior, y han corporizado la idea de lo exótico en Occidente, del Africa más intransigente. Y sin embargo, nuestro encuentro con ellos estuvo signado por una curiosidad mutua.

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Muchas maneras de ser mujer, muchas maneras de ser humano.

¿Cómo es tu tierra? – me preguntó el jefe de la aldea. Mamu, el guía, hacía de intérprete entre ambos mientras conversábamos, sentados sobre un cuero de vaca que cumpliría, imagino, el rol de una sala de audiencia. El hombre que hacía la pregunta estaba completamente desnudo salvo por un manta enrollada en su cintura y un par de brazaletes. Nos rodeaban las chozas y las vacas, rebañadas por niños con sus mejillas, mentón y nariz frotados con excremento de su ganado, credencial de que había suficiente comida en la aldea. No muy lejos tres de sus hombres de confianza descansaban en fila india, con su desnudez apenas obstruida por taparrabos. El cuerpo va al descubierto, porque allí se imprimen las señales de status, en este caso cicatrices en forma de anillos concéntricos que ellos mismos se perpetran cuando han salido victoriosos en la lucha con un animal salvaje. También lucían con orgullo sus dongas, bastones letales con que se baten a duelo como rito de pasaje a la adultez, para decidir cuáles hombres de la nueva generación podrán elegir dónde vivir y gozar del privilegio de casarse con más de una mujer, aunque para ello deberán ser rico y ser capaces de pagar 38 vacas y dos fusiles como dote a la familia de su prometida.

Mientras pensaba en lo maleable de la sociedad humana y sus miles de versiones posibles, el jefe seguía esperando una respuesta. ¿Cómo era mi tierra? ¿Con edificios, autopistas, wi-fi, empleo, desempleo, bolsa de valores y agencias de viaje especializadas en organizar vacaciones para osos de peluche? Decidí aprovechar el común denominador que aporta la argentinidad y hablarle de vacas, cosa que siempre me funcionó en culturas pastoralistas. Le conté que teníamos vacas, miles de ellas, en una llanura fértil llamada Pampa, y el hombre esbozó una suave sonrisa de respeto.  Cuando le pregunté en qué temporada marcaban el ganado pareció aún más sorprendido de que un blanco supiera algo del asunto, como si hubiera franqueado los portales prohibidos de un saber hermético.  La conversación cambió de rumbo, sin embargo, cuando descubrió mis botas de trekking, las admiró, y sugirió que se las regalaba. Respondí que sólo tenía esas y que las necesitaba un viaje largo. Fue el momento en que le entregué mi obsequio sorpresa, un paquete de hojas de afeitar, un adminículo cotidiano pero  muy cotizado entre los mursi por su utilidad en las cicatrices rituales.

Mientras tanto las mujeres de la aldea le tocaban a Lau una teta sin pudor para descubrir su edad y concluir, decepcionadas, que: “Ah, todavía no tiene hijos…” Nosotros, por supuesto, no podíamos quitar nuestros ojos de encima de sus platos labiales. Una mujer mursi, para no perder prestigio social, debe llevar su plato siempre, lo que lo hace atractiva según la escala mursi de belleza. Desde una óptica occidental feminista podría decirse que lo que allí tiene lugar es una desfiguración horrenda, pero no había ido allí a juzgarlos. Nos explicaron que las mujeres podían quitárselos para comer, para cocinar, y para dar a luz, pero siempre debían lucirlos en las danzas ceremoniales. Hoy día el gobierno desalienta activamente la costumbre, y muchas chicas jóvenes que han visitado Jinka regresan, al parecer, reticentes a usarlo. Aún está por verse quién gana la pulseada.

Para información detallada desde un punto de vista académico sobre la cultura mursi, les recomiendo leer la web Mursi Online  www.mursi.org , publicada por la Universidad de Oxford,

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El excremento de vaca en la cara es un símbolo de estatus y abundancia.

Sin comentarios.

Sin comentarios.

 

 Fotografía, turismo y globalización en el Valle del Omo

Uno de los principales motivos por los que algunos viajeros dudan en visitar el Valle del Omo es por el miedo a participar de un safari humano.  Sería más exacto decir que las relaciones con los locales se encuentran dominadas por una obsesión por la fotografía que, a diferencia de un safari, es recíproca. Tanto los mursi, konso, hamer y demás etnias, cobran un valor estandarizado de 5 ETB (0,25 USD) por cada fotografía que les tomás. Y cuentan ansiosos los sonidos del disparador, para aumentar la tarifa de forma acorde. Si una madre sostiene a su niño en brazos, eso cuenta como dos sujetos que deben ser igualmente retribuidos, y así con los grupos de personas. Esto ha llevado a algunos viajeros a acusar de materialistas a estas tribus que viven en los márgenes más alejados de nuestra civilización hiper-tecnológica. Hay que ser empáticos: creo que si viviera en una choza hecha de palos y ramas  y cada mañana llegara un 4×4 del que salen una estampida de extranjeros disparando insensiblemente con sus lentes, lo mínimo que haría sería exigir una retribución. Por otro lado, es irónico que sea un occidental con cámaras, lentes, i-pods, portátiles y smartphones el que acusa de materialista a un hombre mursi en taparrabos.

Lo cierto es que, si decidís darle luz verde a tu viaje el Valle del Omo, tendrás que adecuarte a estas reglas y respetarlas.  En los mercados, es imprescindible preguntar antes de toma una foto y negociar en lo sucesivo el precio. En algunas aldeas las mujeres se colocan sus adornos más visuales con tal de ser fotografiadas, y es posible notar una suave competencia entre ellas por la lente (y el dinero) del visitante. Con esto quiero decir que no vas a tener escasez de oportunidades para tomar fotografías, en tanto y cuanto sigas el protocolo. Desde ya que las tribus perciben el interés en su “exoticidad”, lo que ha llevado a algunas de ellas, como los Surma, a recurrir a ornamentos que no son del todo habituales en su cultura, o que lo son sólo en momentos  ceremoniales, como denuncia éste artículo en The Guardian. En todo caso, el no tomar fotografías no suele mejorar las relaciones con los locales: hay una verdadera expectativa de que cada visitante deje un par de dólares en la comunidad a cambio de ellas.

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La competencia por llamar la atención del turista está produciendo verdaderas innovaciones en la cultura del Valle del Omo.

Si bien es verdad que esta comercialización de las relaciones puede generar molestias en ambos lados, es igual de cierto que el turismo se asoma como la única via de escape de los pueblos del Valle del Omo a la globalización sin anestesia que les propone el gobierno etíope. El mismo está a punto de concluir una mega represa que permitirá cultivos extensivos de caña de azúcar en donde se espera que los mursi sean la mano de obra. También se propone relocalizarlos en aldeas modelos para que accedan a una vida moderna. Como me dijo un ingeniero que me levantó en la ruta: “Etiopía no progresa por culpa de esos salvajes que no se visten y se unen al sistema”. En este contexto, el turismo está aportando una via monetización basada en la revalorizando de la cultura de cada tribu y no en lo contrario. Aún así, algunos dueños de la verdad no pueden  perdonarle a estos ascetas que pongan un valor de mercado a su cultura, aunque ellos mismos provengan de un mundo en donde a todo se le asigna un precio.

De Key Afer a Turmi: las aldeas hamer

Turmi, con apenas 1000 habitantes, es la base ideal para visitar aldeas hamer y organizar transporte para presenciar una ceremonia de salto del toro. El viaje desde Key Afer en minibús vale 80 ETB y dura 3 hs. En el camino se pasa por Dimeka (mercado: sábado), un centro de servicios regional con un carácter menos tradicional. En este tramo el transporte público es limitado a los días de mercado, y suelen cobrar dos o tres veces más a los faranji (extranjeros) a veces prefiriendo no vender los asientos a venderlos a precio normal. Salir de Turmi es aún más difícil, porque ni bien aparece un minibús, te rodean una docena de intermediarios que te ofrecen su “ayuda” para asegurarte tu asiento, que pasa a valer diez veces más. Se necesita paciencia, habilidades de regateo y saber ser mirar feo y echar a patadas a los intrusos cuando la situación lo amerita.

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Soy hamer, motherfucker.

Turmi

Turmi es un cruce de caminos, con acceso por rutas poco usadas a Omorate y Arbore. En los días de mercado (lunes el principal y jueves el subsidiario) es un buen lugar donde entrar en contacto con la población rural hamer. Nuestro guía recomendado para Turmi es Tolcha (0916825037). Para visitar el mercado y/o las aldeas hamer es necesario contratar un guía local en la Turmi Evangadi Guide Association, por 200 ETB por grupo. En cuanto a alojamiento en Turmi, las guías recomiendan el Tourist Hotel que nos pareció un calabozo deprimente, y nos quedamos en la Pension Nardos (limpia, con baño incluido, 300 ETB, aunque la pareja que es dueña intentará cobrarte medio día más si te pasás una hora en el check-out)

Ceremonia del salto del toro

En la misma asociación se puede acordar para visitar una ceremonia del salto del toro, que son la figurita difícil de una visita a la región. En dichos eventos, toda la aldea celebra el rito de pasaje de un joven que, tras ser capaz de cruzar a los saltos sobre los lomos de una hilera de toros, demuestra públicamente que está listo para la adultez. Las temporadas de iniciación suceden tras las cosechas, es decir, de febrero a abril y de julio a septiembre. El precio es de 500 ETB por persona. Lo complicado no es tanto el precio sino la logística, ya que la mayoría de las ceremonias suceden en aldeas rurales que pueden estar a 10 o 20 o incluso más kilómetros de Turmi, y el transporte es un gasto aparte, alrededor de 25 USD por persona/moto.  Sin embargo, esa dificultad garantiza la autenticidad de la celebración. Es algo a tener en cuenta, ya que algunos viajeros que han visitado fuera de la temporada ya mencionada han sido llevados a ceremonias preparadas para turistas, a 1 km de Turmi. Es mejor no pagar hasta ser llevado al sitio y evaluar con los propios ojos. En una ceremonia real los locales son cientos, porque participa la aldea entera.  Si hay más turistas que locales, salí corriendo.

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Dos hombres se maquillan mutuamente antes de la ceremonia del salto del toro.

Y la cultura se reproduce a sí misma...

Y la cultura se reproduce a sí misma…

Ni los visitantes quedan exentos del ritual.

Ni los visitantes quedan exentos del ritual.

Nuestra experiencia y consejos extra

Ya nos habíamos resignado a no ir a una ceremonia del salto del toro debido a los gastos que implicaba, cuando haciendo dedo para salir de Turmi nos frenó una turista israelí que había alquilado un minibús con chofer y guía para ella sola. Hasta ahí todos amigos. El guía dijo que sólo debíamos pagarle sus honorarios de guía y los 500 ETB por persona por la ceremonia. Acordamos un precio simbólico extra para el conductor, cuyo servicio ya había sido pagado de todas maneras por la israelí, al margen de la cantidad de ocupantes del vehículo.

Los problemas empezaron al llegar al sitio de la ceremonia.  Una vez allí, el guía se dedicó a levantarse a la chica y no cumplió en absoluto su función de guía. Incluso intentó resumir la visita a media hora, con la excusa de que el conductor lo había llamado para decirle que ya eran las 6 pm y que su seguro no le cubre después de esa hora. De ello se desprenden dos falacias: a) ningún seguro deja de funcionar cuando se pone el sol. b) en todas las ceremonias el salto de los toros es después del atardecer por lo que estaba implícito en el trato que el hombre debería esperar y regresar conduciendo de noche.

Obviamente hicimos caso omiso y permanecimos a presenciar la ceremonia del salto del toro (link al relato en el blog de Lau). Cuando regresamos al vehículo, el conductor demandó un pago extra, ya que según él sólo había acordado a llevarnos a la ceremonia, pero no a regresarnos al pueblo, y nos extorsionó con la complicidad del guía. Para no quedar varados de noche y a 17 km de la ruta principal, debimos pagarle unos 10 USD extra. ¿La moraleja? En el sur de Etiopía es recomendable preguntar hasta lo que parece obvio y, si hay mucho dinero en juego, poner todo por escrito. Al margen de esta falta de ética de los “intermediarios”, compartimos con la comunidad hamer un momento inolvidable. Ellos nos integraron en los cantos y bailes de la ceremonia, le maquillaron la cara a Lau con diseños tradicionales y, por primera vez en el Valle del Omo, ni siquiera nos pidieron dinero a cambio de fotografiarlos.

Una mujer armada de un rifle recibe azotes ceremoniales de un hombre armado con tan solo una varilla.

Una mujer armada de un rifle recibe azotes ceremoniales de un hombre armado con tan solo una varilla.

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Y finalmente, el niño salta sobre los toros y se convierte, ante su comunidad, en un adulto.

Viajar al Valle del Omo es aceptar una invitación a recalcular los parámetros de normalidad del mundo. Aquellos que ven el mundo a través de la lente de sus ideales son los más propensos a sufrir algún que otro infarto, puesto que las anacrónicas culturas de la zona se asientan sobre pilares que podrían escandalizar a activistas de los derechos humanos, feministas, misioneros cristianos, políticos de Addis Abeba, etc. Pensaba en todo esto mientras observaba a una mujer hamer sonreír anchamente mientras un hombre inexpresivo le daba azotes en los pies con una vara.  Estaba a dos metros mío, y al descubrir que la miraba sonrío aún con más fuerza e incongruencia. Daba saltitos en el lugar y sostenía con su mano alzada un fusil AK-47, que no usaba para defenderse, sino que dejaba que los latigazos imprimieran nuevas cicatrices junto a otras más viejas y asentadas.  Vi que había otras mujeres haciendo fila para ser azotadas, felices también de cumplir su función en una lógica que al mismo tiempo maravilla y desconcierta. Me di cuenta que ese era mi humilde lugar en el Valle del Omo, el de un testigo al que la compresión y el juicio le eran vedados. Viajar al Valle del Omo no da lugar a muchas más reacciones alternativas.los


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

22 Comentarios

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  • Siempre que leo sus artículos me hago la misma pregunta: ¿Cómo logran investigar tanto el lugar donde van, para no meter la pata terriblemente? Me asombra y me fascina que puedan ponerse al tanto de la realidad de la zona, de la cultura, porque eso de alguna manera les permite disfrutarlo más…
    Y a la vez, me agarra una fuerte emoción por comenzar el mes que viene mi gran viaje.. así que sus relatos son una bálsamo de inspiración..
    Abrazo grande, los sigo desde hace años, cuando estaban solos y ahora a los dos juntos!
    Horacio

    • jaja Sos un lector premium entonces, testigo y a la vez compañero desconocido de todos estos caminos recorridos! Gracias por eso. Sobre el tema que señalás, como notarás en el blog, publico con menos frecuencia que lo que sería aconsejable desde el punto de vista del marketing ajja porque justamente intento cuidar cada letra y que aporte algo. Te mando un abrazo!!

  • Juan, como siempre un excelente post y eso que hace mucho no te leía porque tenía pendientes algunas responsabilidades (pero ahora que estoy libre me pondré muy al tanto con tu viaje y el de Laura). Y te pregunto también sobre tu libro Vagabundeando en el eje del mal que lo he querido desde hace mucho y veo que está agotado. Por favor, Juan ¡¡Necesitamos más copias!!

    • Hola Daniela, bienvenida otra vez por el blog! Vagabundeando esta agotado es verdad, le calculo que en unos diez meses ya tendremos nueva edición, es que estamos sacando un Manual para viajar a dedo por el Mundo, para las fiestas y eso chupó toda la energía + recursos 🙂 Pero ya habrá novedades!

  • Excelente post, con el cual inicio mi viaje de lectura personal con los acróbatas del camino. Que
    disfrute haberles encontrado. Saludos desde ciudad de Panamá!!!

  • Las fotos y el relato que haces del viaje son muy bonitos, me ha encantado leerte y sin lugar a dudas seguiré tus relatos a partir de ahora. A mi también me gusta escribir sobre mis viajes y me alegro de encontrar gente que relate sus experiencias con la calidad que lo haces. Sin más, decirte que gracias por brindarme esta bonita lectura. Un saludo y nos vemos por el mundo.

  • Juan Pablo, me encanta el post, es increíble los detalles que das sobre la forma de vida en el valle del omo y las fotos son impresionantes. 🙂 Yo soy una gran enamorada de viajar, de conocer otras culturas y por supuesto de la naturaleza y el medio ambiente y este artículo al que he llegado de forma casual, me ha impresionado. Seguiré tus publicaciones.

    Un saludo. Luis.

  • increíble el relato, hasta ahora me sorprende como te vas adaptando a esta África tan diferente a todo, espero el próximo post creo que los he leído todos ya! jajaj
    pd: mi historia favorita es cuando conocen a magda en rumania ufff

  • Súper interesantes tus historias. Retratás un mundo desconocido con profundidad. Me encantó esta del Valle del Omo y estoy pensando en utilizarla para mis alumnos de 5° Sociales. Soy docente en Buenos Aires de la materia Comunicación, Cultura y Sociedad. Varios temas vienen al pelo, como el rito del “cruce los toros” o la sobreactuación de adornos y vestimenta de los nativos ante la visita de los extranjeros.

    Gran abrazo

    • Hola David! Todo un hnor que utilices los textos del blog en el aula. De hecho, durante un largo tiempo también visitamos escuelas con un proyector portátil para compartir la diversidad de este mundo…. Después me contás cómo te fue. Sobre el viaje de Sudamérica hay un libro, titulado “Caminos Invisibles”, y desde ya habrá uno de Africa pero en un año al menos! Un abrazo desde Tanzania!

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