Autos clásicos americanos en Cuba: un contra-manifiesto

La mística de Cuba es ineludible. Una isla cuya peculiar historia la resguardó — efecto colateral, para bien o para mal —otras yerbas— del paso del tiempo. Parte de la magia consiste en que la gente sigue conduciendo los mismos vehículos que quedaron en la isla cuando estalló la revolución del 1959. Tras la toma del poder por Fidel Castro y el consecuente bloqueo norteamericano, el ingreso de nuevos modelos se detuvo. Antes de viajar a Cuba, no sabía qué tan así era esto. Temía encontrarme con una isla cambiada y unos pocos vehículos antiguos restaurados para alquiler de turistas. Pero tan pronto como salí del aeropuerto de La Habana me encontré atrapado en un museo rodante, donde más de la mitad de los autos eran modelos americanos de los años cincuenta, o cuarenta, o incluso más viejos…

Esta eternidad automotriz es una condición y no una elección, pero aún así muchos de estos autos han sido declarados patrimonio, y los cubanos los conducen con hidalguía y respeto. Más de uno, sin dudas, desearía cambiarlo. Yo, simplemente, admiro el contra-manifiesto que estos asmáticos lanchones le machacan a la frivolidad de la mentalidad cero kilómetro y el consumismo en general. Sentí que Cuba reflejaba con precisión algunos destellos de mi alma, que me recuerdan lo poco que necesito.

La necesidad de cambiar de auto todos los años es para algunos una presión social disfrazada de logro. De chico me impresionó esa obediencia perruna a los símbolos de status. Además, los nuevos modelos siempre me parecieron sucesivamente más enfermizos que sus precedentes, más computarizados y con una obsolescencia programada funcional al capitalismo extremo.  Claro, es políticamente incorrecto cuestionar porque las fábricas humeantes dan trabajo, y la necesidad de evitar la desocupación en un planeta superpoblado es más importante que la salud de ese planeta. Los derechos del hombre, siempre más importantes que los del yaguareté o los de la ballena. Lo social como último y prioritario nivel de análisis va, todavía, un paso más allá del racismo: la creencia dogmática en que en nombre del bienestar de nuestra especie se justifica talar, contaminar, sembrar, domesticar y aniquilar los hábitats de cualquier otra.

autos antiguos cuba

Los autos transforman cualquier perspectiva de Cuba en una postal automática.

buick century 54

Buick Century ’54 en las calles de Cienfuegos.

chevrolet 51

El Chevrolet 51 fue siempre mi favorito, y el primer clásico que me enseñó a identificar mi viejo.

No hay que ser muy astuto, sin embargo, para entender que tampoco se puede salir a festejar el caso cubano. Mientras no sea una decisión voluntaria, la gente saldrá corriendo a atragantarse con vehículos ni bien se abra el bloqueo y suban los sueldos. Comprarán autos también para cada integrante de la familia, para salir en familia a disfrutar de los futuros centros comerciales. Por eso, en este planeta, las únicas revoluciones que subsisten son las individuales, la rebeldía de los vegetarianos o la de quienes, pudiendo comprar tres autos, andan en bicicleta, ya que actúan desde una coherencia individual voluntaria.

Volviendo a los autos, más del 80% de los mismos han sido remotorizados con motores Perkins diesel, que gastan mucho menos que los V8 originales. La falta de conexión de Cuba con el mundo ha hecho imposible el ingreso de piezas de recambio, mucho menos para vehículos que se dejaron de fabricar en el mundo medio siglo atrás. A medida que los “almendrones”, como llaman a sus viejos autos, se han ido descascarando, y con la paciencia de los monjes budistas que hacen mandalas de arena, los cubanos se las han ingeniado para hacer caber piezas de autos chinos Cherry en los motores Pontiac, y trenes delanteros de Moskvitch en Chevrolets 51. Pronto me acostumbré a ver a los autos varados al costado de la ruta y a su propietario con la cabeza hundida dentro del motor martillando tuercas y maldiciendo.

lada

Habitante de La Habana renegando con una caja de cambios de Lada.

Más allá de las consecuencias previsible de todas estas modificaciones caseras jamás recomendadas en ningún manual del usuario, y sobre todo desde afuera, los autos se encuentran en aceptable estado de salud. Es más, yo diría que la Revolución Cubana logró, paradójicamente, inmortalizar un elogio a la industria americana de la Guerra Fría, quedando demostrada la extrema calidad de los Chevrolet 51, los Cadillac y los Ford Thunderbird, a los que convirtió en íconos for export de una isla socialista. ¿O habrá que leerlo a la inversa e interpretar que los ajustició condenándolos a una longevidad soviética?

¡Los souvenires de Cuba incluye al sueño americano!

¡Los souvenires de Cuba incluyen al sueño americano!

Las calles cubanas reflejan con fidelidad la historia. Como dije, dos tercios de los autos son viejos autos americanos, pero el otro tercio lo componen vehículos rusos: sobre todo Lada,  Moskovich y Volga, que recuerdan las décadas de amistad con Moscú y subsidios rusos que siguieron a la revolución del 59. A diferencia de los “almendrones” pre-revolucionarios, cuyos propietarios conservaban el derecho de venta y traspaso, los Lada rusos que comenzaron a entrar en los 60s no se compraban, sino que el estado los asignaba a los trabajadores y profesionales por su buen desempeño, como premio. Así, las calles de La Habana logran la improbable conciliación de permitir rodar, en armonía,  a los autos de los dos bloques enemigos: autobuses escolares diseñados para llevar a la escuela niños norteamericanos comparten calzada con camiones rusos ZIL, diseñados para llevar tropas a la estepa siberiana.

lada en cuba

Solo en Cuba podés ver Ladas y clásicos americanos compartir ruta.

moskvitch 2140

Moskvitch 2140, de fabricación rusa.

Un Lada y un Moskvitch rusos junto a un Pontiac, combinación 100% cubana.

Un Lada y un Moskvitch rusos junto a un Pontiac, combinación 100% cubana.

No imagino dos autos que tengan menos que ver que un Impala de líneas interminables, con aletas y ópticas inspiradas en la space-age, que un Lada cuadrado como una caja de zapatos, de simpleza menonita, una oda a la anti-estética comunista. De hecho, parecen estar diseñados de forma tal que nadie los desee. Los rusos también mandaban cohetes al espacio, y de hecho mucha de la arquitectura llamada “brutalismo soviético” se inspira en la era de la conquista espacial. Pero era necesario que los autos fueran feos: consagrarlos como objetos de deseo era peligroso en un sistema donde casi nadie podía acceder a ellos. O quizás simplemente reconocieron a tiempo el error que hubiera sido darle la impronta de un cohete espacial a un cachirulo cuya caja de cambio siempre se trababa al meter tercera.

Por último, hay una incipiente cantidad de vehículos nuevos, más que nada japoneses, y algún que otro Mercedes. “Los que tienen estos autos son los hijos de papi y mami —me aseguró un cubano que andaba en bicicleta— los que trabajan en el estado, y si chocan, al otro día tienen uno nuevo”.

También se les permite a los artistas que trabajan en el exterior ingresar un vehículo, o también a los médicos que pasan años en misión médica en Angola. También, todos los vehículos usados por los operadores turísticos, los coches de alquiler, y los buses de las empresas oficiales, son impecablemente modernos.

Con la reciente apertura, algunas cosas se están flexibilizando: a medida que la ganancia personal deja de ser pecado, los propietarios de los “almendrones” que sí se encuentran cuidadosamente restaurados, los alquilan a los turistas para paseos de una hora —a razón de 25 a 30 dólares— por las calles de La Habana vieja.

Como ven, las calles cubanas me hicieron pensar en muchas cosas. Más allá del espiral filosófico sobre el consumismo y la ecología, fue como cumplir el sueño de viajar al pasado. Recordé esos paseos dominicales en familia cuando fue mi viejo el que me enseñó a identificar a los Chevrolets 51, a los Impala, o cualquier otro automóvil clásico. Por supuesto, la fiesta no podía estar completa sin salir a hacer dedo con ese panorama rutero, para poder viajar en esas elegantes piezas de museo. ¡Esa historia se las cuento, en el próximo post!

Antes de compartir con ustedes más fotos, los invito a ver el episodio de Cuba que rodamos junto al equipo de 3 Travel Bloggers para Avianca. Donde dicho sea de paso, recorrimos La Habana en el Impala rosado versión Barbie…. que aparece como foto destacada de este post.

 

Ahora si, bonus track de fotos de autos antiguos cubanos.

taxis antiguos cuba

Este auto de fines de los años 20 o principios de los 30 fue transformado en transporte público y sigue laburando…

chevrolet 46

Chevrolet 46 rolling across the Cuban fields….

Mercury Monterrey 56 en una parada de taxis.

Mercury Monterrey 56 en una parada de taxis.

pontiac 50

En este Pontiac 50 cruzamos buena parte de La Habana…

super de luxe 8

Aguante el metal.

cadillac eldorado 53

No me jodas que usan un Cadillac Eldorado 53 como taxi…

bel air en cuba

Los Bel Air que están bien restaurados se alquilan a turistas por 30 dólares la hora.

Inspirados en la era del espacio....

Inspirados en la era del espacio….

y más aletas....

y más aletas….

Aberración: a este Renaul Gordini le metieron ópticas modernas para hacerlo más cool...

Aberración: a este Renaul Gordini le metieron ópticas modernas para hacerlo más cool…

Ojalá les haya gustado este post sobre autos antiguos cubanos. Cualquier comentario o anécdota que combine viajes y autos antiguos es muy bienvenido!


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

6 Comentarios

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  • El del espacio me mata, parece totalmente sacado de una película de ficción hortera 😛
    Me asombra leer tus reflexiones, creo que nunca había pensado acerca de todo lo que pueden llegar a representar esos coches que a mí simplemente me parecen hermosos y me traen una sensación de nostalgia hacia tiempos que no conozco.

    Anda que vaya tres dandys estáis hechos en el video =)

    Un abrazo,
    Andrea

    • Si, todo un mundo detrás de los automóviles, y viajando a dedo comencé a apreciarlo. EN cuanto a lo de dandy… es totalmente cierto. Lo dandy no quita lo mochilero eh!! 🙂 Es solo cuestión de saber reconocer el momento para cada frecuencia, para la lata de atún y para el champagne jeje

  • Jajajaja. Por supuesto que una cosa no quita la otra! Además lo que haya que hacer hacerlo bien 😉
    La verdad que viajando a dedo se tiene acceso y se aprecian mundos -como puede ser el del automovil- a los que quizás no te acercarías por ti mismo. Y yo sigo aprendiendo un montón de cosas interesantes con tus post.
    Abrazo y feliz Navidad desde este invierno tibio que estamos teniendo por el norte español.

  • Excelente nota, como tenes siempre acostumbrados a tus lectores. Algo que me llama la atención, o no, es la la inclusión de esos “contramanifiestos” o críticas, con las que estoy de muy acuerdo y me identifico (y que intento realizar cuando escribo), que hacen que la lectura deje esa suerte de moraleja muy interesante, que puede permitir una reflexión mas profunda o global de las situaciones. Por ejemplo, hipótesis como de este tipo que introducís en el texto, me parecen geniales y muy necesaria para ello: “Lo social como último y prioritario nivel de análisis va, todavía, un paso más allá del racismo: la creencia dogmática en que en nombre del bienestar de nuestra especie se justifica talar, contaminar, sembrar, domesticar y aniquilar los hábitats de cualquier otra.”
    Saludos!

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