COMO LLEGAR A LOS ESTEROS DEL IBERÁ: ABUNDANCIA SECRETA

Este post es una guía práctica con consejos e información para visitar los Esteros del Iberá, en la provincia argentina de Corrientes, incluyendo cómo llegar, campings, excursiones, hoteles, y mapas. A la vez, es un relato de un viaje que me puso la piel de gallina y me permitió encariñarme con una provincia que poco había explorado.  La invitación para viajar a los Esteros del Iberá me llegó de imprevisto. Era una zona que me generaba curiosidad, pero que no estaba en mi lista inmediata.

¿Pero quiénes me invitaban? La gente de Experiencia Iberá, un emprendimiento joven que está luchando por dar a conocer al mundo, quizás, el secreto mejor guardado de Argentina a nivel turístico: un humedal donde podés avistar y estar a un metro de distancia de yacarés, carpinchos, ciervos, venados y aves de todo tipo, enmarcado en una ruralidad extrema donde la presencia humana se limita a unos pocos puesteros. “Te vas a cansar de ver bichos…” — me había dicho un amigo que ya conocía. Pensé que exageraba, pero no. Hace dos semanas estuve en el Amazonas, y ya les adelanto que los Esteros del Iberá, en cuanto a la facilidad para observar fauna, para decirlo en criollo, le pasa el trapo. Por eso, un título alternativo para esta guía-relato es “Abundancia Secreta”.

¿Qué son los Esteros del Iberá?

Su nombre significa, en guaraní, “aguas que brillan”. Se trata de una compleja red de lagunas, esteros, bañados y embalsados incrustados con manchas de monte y pastizales, de unos 13.000 km2, en el centro de la provincia de Corrientes. Es el área protegida más extensa de Argentina y el segundo humedal más grande del mundo. En 1983 fue declarada Reserva Provincial, para proteger sus 85 especies de mamíferos, 35 especies de reptiles e innumerables aves. Entre las más famosas se encuentran: carpinchos, yacarés overos, ciervos de los pantanos, venado de las Pampas, aguará guazú, lobitos de río y monos aulladores. Mientras que algunas especies como el tapir, el pecarí o el yaguareté se han ido extinguiendo debido a la caza furtiva de los “mariscadores” (como se conoce localmente a los pobladores que sobrevivían de la caza y venta de pieles), se encuentran en marcha proyectos de reintroducción de estas especies, con lo que el Iberá se promociona a sí mismo como una zona de producción de naturaleza. Gran parte de estos logros son posibles gracias a los recursos de la CLT (Conservation Land Trust), de la que hablaré más adelante.

Cómo llegar: portales de acceso

Los Esteros del Iberá están rodeados por un halo de misterio. Su inaccesibilidad es lo que ha preservado a este Edén y a sus habitantes, por lo que celebro su relativo aislamiento, que hace que sólo lleguen quienes realmente lo van a apreciar con el corazón.

La forma de acceso más tradicional es desde Colonia Carlos Pellegrini, que está a 857 km de Buenos Aires subiendo por la RN14 y la RP40. Los últimos 118 km son de tierra. Fue el primer portal en desarrollarse turísticamente, y hoy cuenta con todo tipo de hoteles, lodges, cabañas, etc. Laua estuvo allí hace poco, lee su post para saber cómo es visitar los Esteros desde Colonia Carrlos Pellegrini.

En este artículo me ocuparé, sin embargo, de nuevos portales como Carambola (accesible desde Concepción) o San Nicolás (accesible desde San Miguel) que se están lentamente habilitando, y que permiten un approach con más adrenalina y una inmersión en la naturaleza sin tantos turistas a la vista.

Para llegar por tierra a estos portales de los Esteros del Iberá hay que llegar primero a la ciudad de Corrientes. Son 909 km o 1:30 horas de vuelo desde Buenos Aires. Debajo iré contando cómo llegar a cada portal que fui visitando.

carpinchos ibera

No hay que ir muy lejos del camino para ver fauna en los Esteros…

Mejor época para visitar

Se puede avistar fauna todo el año. Lo que sí, en verano las temperaturas rondan los 40ºC. La temperatura es más moderada en invierno, pero los días son más cortos, por lo que el otoño es la época ideal.

Check-list de la mochila para el Iberá

Par disfrutar al máximo el viaje, no olvides empacar:

Pantalón técnico de secado rápido, en lo posible desmontable, ya que está bueno tenerlas piernas cubiertas de vez en cuando para no exponerse al sol todo el tiempo, pero poder liberarse de las mangas para nadar.

Sandalias y botas de trekking: durante las excursiones de kayak podés estar descalzo, porque si te toca bajarte al estero a nadar o caminar, el fondo fluvial es de arena, sin piedras, pero está bueno llevar sandalias para estar fresco mientras estás en el camping/refugio, etc. Las botas son super recomendadas para caminatas nocturnas, etc donde no sabés donde vas a meter la pata.

Bloqueador solar, repelente (hay mosquitos al atardecer) y sombrero (aunque luzcan gringos, me lo van a agradecer, los guachos no son boludos).

Linterna para caminatas nocturnas.

¿En excursión o por cuenta propia?

A los pueblos que sirven de base para llegar a los esteros del Iberá se puede acceder por cuenta propia, y buscar allí mismo guías y excursiones. Pero para serles sincero —y lo dice un defensor acérrimo del viaje independiente— este es uno de los pocos casos donde creo que se justifica contratar una excursión de varios días con un operador como Experiencia Iberá. ¿Por qué?

Primero que nada, no está permitido explorar los esteros sin guía, por tu cuenta, en tu propia embarcación.

Segundo, creo que uno perdería mucho más tiempo y dinero rastreando guías a la hora de la siesta.

Tercero, si querés dormir en refugios en los esteros, o encadenar más de una actividad por día como kayak o en canoa remolcada a caballo por los gauchos locales, o incluso hacer snorkel, todo eso tiene una logística para la que necesitarías días de planeamiento.

Muchas veces, las mismas posadas organizan excursiones, aunque la calidad de los guías de las agencias especializadas suele ser mayor. Al margen del servicio que elijan, cuenten con por lo menos 3 días para conocer tranquilos el área. Con seguridad van a poder elegir las actividades  más o menos “extremas”, el nivel de confort, etc. En el caso de Experiencia Iberá, ellos incluyen el alojamiento (incluso en sitios donde no hay infraestructura) y todas las comidas.

kayak en el ibera

Sin el conocimiento enciclopédico de Jorge me hubiera perdido infinidad de detalles.

Corrientes: el encuentro con Jorge y Lisandro

¿ Juan? — me ataja Jorge, quien será mi guía, en la terminal de Corrientes cuando todavía tengo la mochila puesta. El desayuno, entre mate y mate, es el momento para entrar en tema y empezar a conversar sobre el sitio que iba a conocer. Jorge tiene algunos años menos que yo, y la mirada curiosa bajo una boina ladeada. Lleva el facón trabado en el cinto, aunque es un gaucho importado. Creció en el Delta del Tigre, y llegó a los Esteros, la primera vez, montando una bicicleta reclinada como parte de un viaje más largo. Pasó también acaloradas temporadas en la selva misionera rastreando huellas de grandes mamíferos, o acampando en las orillas del Bermejo en busca pruebas de desmontes ilegales. Una vez, cuenta orgulloso, le decomisó tres tapires a un magnate italiano que vivía en Salta.

Me doy cuenta que los gauchos importados, capaces de enamorarse del pago al que los lleve su caballo-vida, son tan valiosos como los locales. Jorge desmenuza la historia y el folclore de la zona mejor que la mayoría de los correntinos que conoceré en los días sucesivos.  Pronto llega el otro alma mater, Lisandro, quien sí es oriundo de Corrientes, y tras varios años de viaja por el mundo como mochilero, decidió dedicarse a dar a conocer a ese mundo su propia casa.

 Donde alojarse en Corrientes

Si van por su cuenta, les recomiendo quedarse en el hostel Los Lapachos (Av. España 531) que tiene dormis por 10 USD (para no tener que actualizar los precios cada seis meses, los precios de esta guía están dolarizados). Si van con Experiencia Iberá, no se preocupen porque ellos se encargan del alojamiento y la primera noche no es en Corrientes….

Portal Carambola

Este portal es el más indicado para los amantes de la aventura, pero también por el ingrediente cultural. Se llega desde Corrientes capital tomando la RN12 hasta el cruce con la RP118 y tomando ésta hasta Concepción (190km de asfalto). De ahí son 26 kilómetros hasta los esteros.  Si están en Concepción, no hay que perderse el Museo Interpretativo, sobre el Iberá, y el Museo de Concepción, alojado en una antigua iglesia a donde una vez rezó Belgrano

 Alojamiento en Concepción

Hay hospedajes familiares que cobran alrededor de 13 USD por persona, hay que pregunta al llegar. También está el Camping del Bicentenario, que es municipal y gratuito (hay que avisar en la municipalidad para que te abran los baños y duchas). A nosotros, nos esperan en un lugar especial…

Cabalgata y asado en Estancia Abuelita Justa

En el camino pasamos la estación abandonada de Saladas, por donde antiguamente pasaba un tren de trocha angosta que transportaba pasajeros y caña de azúcar y al que le decían burlonamente “El Expreso” por las 26 horas que se demoraba desde Mburucuyá a Corrientes. Cruzamos también un pueblito llamado Tabay, y a 1 km de allí llegamos a Abuelita Justa, una antigua estancia de 1918 rodeada de palmeras y lapachos, que lleva cinco generaciones en manos de la misma familia. Francisco Arbó, último descendiente, nos recibe con el asado en el fuego y la picada con el Fernet preparado. Es un hombre de unos 40 años, alto, con ropa de campo y la barba a medio crecer sobre su perfil agringado. Me cuenta que su familia está en la zona desde los tiempos de la Independencia, y que no hubo guerra en la zona donde los Arbo no hayan aportado lealtad y fusil. La estancia es rústica pero cómoda, con habitaciones comparables a las de cualquier hotel.

cabalgatas ibera

Mientras el asado se termina de hacer, Jorge sugiere una cabalgata como primer acercamiento a los esteros, aprovechando que la estancia está a orillas de una de las lagunas. El sol está puntual en la línea del horizonte y nosotros bordeamos la laguna a través de unos pastizales inundados. Los caballos parecen acostumbrados a chapotear sobre el pantano, pero a mí todavía me da impresión y sostengo las riendas con innecesaria fuerza. A lo lejos veo una familia de carpinchos y la onda de un yacaré que se aleja de nosotros. Me dicen que esto es apenas un aperitivo.

La tripa gorda, los caudillos y la virgen de Itatí

Mientras le entramos al asadito le digo a los chicos que la parte social me interesa tanto como “los bichos”.  Entonces sueltan una enciclopedia de mitos y efemérides. Jorge me ilustra sobre las peregrinaciones  ecuestres a Itatí, donde hasta veinte mil caballos y carros con sus gauchos cortan la ruta mientras dura su marcha hacia la venerada virgen. También comparte su teoría personal que vincula esta movilidad rural con la tradición artiguista, cuando los campesinos desposeídos, a caballo, siguieron a muerte a su caudillo.

Para Jorge, la declaración del guaraní como lengua oficial de la provincia no pasa de ser una ley pintoresca, porque nadie quiere arriesgarse a darle educación bilingüe y empoderar a una masa rural tan lista para movilizarse.

Hablamos también del Gauchito Gil, y Francisco se queja de que la mayoría de los santos populares eran en realidad matones o ladrones forajidos santificados por los autonomistas para el aplauso popular. Mientras atiza los carbones de la chimenea, Francisco entra en detalles sobre el Santo de la Timba (al que se honra timbeando tres días hábiles seguidos) y San Baltazar, el santo negro encumbrado por los descendientes de esclavos libertos que se asentaron enlas riberas del Paraná. Pero lo que siempre recordaremos será su remembranza del día en que descubrió a su peón muy orondo nadando en pelotas con una turista alemana.

Kayak en el arroyo carambola

Al otro día desayunamos chipas con mermeladas caseras. Mateamos un rato y salimos a la ruta. Por unos kilómetros, nos acompañan las plantaciones de pinos, una especie introducida por la industria forestal. Es un problema, me explican, porque el viento esparce las semillas hacia los esteros, y acidifican el suelo matando a los pastizales nativos donde anidan infinidad de aves. Cruzamos el arroyo El batel y llegamos al fin a Puerto Felipe.

Antes, me explica Jorge, este era un puerto donde los mariscadores llegaban a intercambiar pieles por productos “de la civilización”. Yo también me pregunté quienes eran los mariscadores, y parece que así llamaban a los pobladores locales que vivían de la venta de cueros de jaguareté, carpincho y yacaré. Hoy ya no hay mariscadores, porque desde que se declaró a la zona área protegida, los pocos pobladores que quedan en los esteros  viven del turismo o son peones de haciendas ganaderas.

kayak en ibera

Al fin llega la parte que tanto esperaba: es hora de subirnos a los kayaks. Jorge y yo vamos en uno. En el otro va Lisandro y un guía local. Por otro camino, una canoa transportará mi mochila grande y los víveres al refugio donde haremos noche. A los cincuenta metros de haber empezado a remar, ya estamos rodeados de pequeños (un metro) yacarés que toman sol en las orillas y, si nos acercamos mucho, abren su bocota dejando ver sus dientes. Pero nunca atacan, sino que si para sacar una buena foto me acerco mucho pasan del quietismo a la fuga, y se zambullen en su elemento. Desde ahí nos espían, con sus ojotes de almendra emergiendo como submarinos entre los camalotes.

Remamos durante tres horas, fascinados cada veinte o treinta metros por los yacarés, deslizándonos suavemente por la superficie de los esteros. Vemos también dos ciervos de los pantanos, y en el intento de acercarnos remamos duro a través de pastizales, levantando con cada remada algas que a veces terminaban como sombrero. Disparan antes de que lleguemos, pero como recompensa descubrimos un yacaré coroi, es decir, una hembra con sus crías en estado irritable.

— Mejor nos vamos — dijo Jorge, y no vi motivos para dudar.

yacares-en-ibera

Lo loco es cuando ves que no te quita el ojo giratorio ese de encima..

yacarés en el iberá

Discreto el tipo… Perfil bajo…

carpincho

¡Carpincho a la vista!

Más adelante escucho el chillido melancólico de un ave color pardo que sale volando a nuestro paso. Jorge se reporta automáticamente.

— Es un caraú y por la forma en que canta está en época de apareamiento.

Luego me cuenta una leyenda correntina según la cual el caraú es la encarnación penitente de un joven apuesto y mujeriego que dejó de cuidar a su madre moribunda por irse de jerga. Se volvería normal que al preguntarle a Jorge sobre un ave, comenzara por su nombre científico y su patrón migratorio, para terminar examinacndo sus huellas en el folclore y, tras tragar saliva, recitando las estrofas precisas de algún chamamé pertinente.

guias-en-el-ibera

En más de una ocasión nos bajamos del kayak y caminamos con el agua por las rodillas hasta él nido de algún ave, para observar su estructura o sus huevos. Algunos carpinchos también merodean las orillas con su andar pachorriento. Los carpinchos, también conocidos como capibaras en Brasil, son los roedores más grandes del mundo. En algún momento la caza indiscriminada diezmo su población, pero ahora, gracias a la reglamentación vigente, son casi una plaga. En los días siguientes vería infinidad de carpinchos, y eso me llevaría a entender la ausencia del eslabón predador en la cadena, que regule su población. Y ese eslabón es el yaguareté…

El regreso del Yaguareté

descarga (1)El slogan oficial es “Corrientes vuelve a ser Corrientes”. Y eso va a suceder cuando el yaguareté vuelva a dejar huella en los esteros de la provincia, como lo hacía con sigilo hasta alrededor de 1960, cuando se avistaron los últimos ejemplares. Con amplio apoyo institucional y popular, ya se inició un proyecto de reintroducción y reasilvestramiento del felino. En Argentina quedan apenas 150 ejemplares de yaguareté, distribuidas entre la selva misionera y las yungas, con algunos esquivos ejemplares en el Impenetrable chaqueño. Todos enfrentan una desaparición casi segura en las próximas décadas si se mantiene el ritmo de desmonte. CLT afirma que el Iberá podría sustentar una población viable a largo plazo de hasta 150 yaguaretés más, mantenidos por la abundancia de carpinchos y otros mamíferos. En abril de 2015 llegó la primera hembra, llamada Tobuna, procedente del Zoológico de Batán, y junio, por primera vez, se la observó cazar sola, en el Centro Experimental de Cría de Yaguaretés (CECY) en la Isla San Alonso. Cuando se logre aparearla con un macho, las crías aprenderán primero a cazar dentro de un perímetro mallado de 20 kilómetros, antes de acceder a la libertad total.

Las especies extinguidas y las que volvieron

El yaguareté no es el único, sino el más icónico de otras especies extintas que fueron o serán reintroducidas. El oso hormiguero se había extinguido en los años 50. En 2007, llegó la primera pareja, y hoy son más de 50 ejemplares que habitan en la zona de Socorro. El pecarí, una especie de jabalí o cerdo salvaje, también regresó a su hábitat, con unos 8 ejemplares liberados y felices. Los Venados de las Pampas, que cuando llegaron los españoles al Río de la Plata vagaban por miles dando brinco entre los pastizales todavía vírgenes, hoy apenas presentan cuatro poblaciones aisladas en todo el país totalizando 1000 ejemplares. En los esteros, se reintrodujeron seis ejemplares, que hoy ya son 50.

Noche en el refugio Timbó

La excursión en kayak dura unas tres horas, contra corriente, por lo que llego con el límite de mis fuerzas. Jorge y Lisandro me explican que según el perfil de los viajeros pueden acortar o elegir zonas de menor dificultad. Nosotros nos bajamos del kayak y caminamos unos 500 metros hasta un refugio de paja y tacuara, donde pasaremos la noche. Mientras el guiso se cocina nosotros nos relajamos en cómodos catres y vemos al sol teñir el cielo de naranja al hundirse en el horizonte. Pájaros que nunca vi en mi vida terminan de colorearse con su reflejo y cantan melodías que Jorge contesta desde su catre. Por un milisegundo no me parece irreal que de tanta pasión pudiera conversar con ellas. Me olvido de internet, del Facebook, de un artículo sobre Manaos que tengo que terminar. Los esteros son el lugar ideal para desconectarse.

refugio timbo

Dormir en medio del Iberá, dejar que te arrulle el silencio, fue de lo mejor del viaje.

Lechuzas nombradas en guaraní bajo el efecto de un flash japonés.

Lechuzas nombradas en guaraní bajo el efecto de un flash japonés.

El refugió se llama timbó, porque fue construido junto a un añejo ejemplar de una especie de árbol que lleva el mismo nombre. “También le dicen oreja de indio” – comenta Jorge, y entonces noto que de sus ramas maternales cuelgan unas vainas con semillas con forma de oreja.  La leyenda dice que el árbol es la transformación de un cacique guaraní que apoyaba su oreja al suelo todo el tiempo en un desesperado intento de rastrear los caballos de una tribu enemiga que había raptado a su hija. Y el que me cuenta la leyenda es obviamente Jorge, quien además me alerta de que los indios usaban la madera del árbol para hacer canoas y sus semillas para adormecer los peces en el agua.

Después del guiso salimos en una caminata nocturna con avistamiento de aves. Nos internamos en un mogote de monte, y al rato vemos un par de lechuzas. Para mí, son simplemente lechuzas. Pero Jorge espera que saque mi foto y luego explica que una es una alilicucú, y la otra, una cabureí. Eso le hace acordar a un chamamé que se pone a tararear y luego vuelve en sí, se disculpa, y cuenta que la pluma de cabureí es el máximo talismán facilitador de conquistas femeninas conocido en la zona. “En  las celebraciones de Itatí conocí un viejito que llevaba dos lechuzas muertas en el bolso e iba vendiendo las plumas.” —me comenta apenado, pero a la vez se ríe porque “los dos, las lechuzas y el viejito con su oficio me parecían en vías de extención”.

Almuerzo en casa de pobladores locales

Al otro día almorzamos en la casa de Daniel, un poblador local de los pocos que le ponen el pecho a la austeridad de la vida en los esteros. Para llegar a su rancho, desde el refugio, tenemos que caminar medio kilómetro en patas, con el agua por los tobillos. No más de cuatro cinco personas habitan en toda el área del Carambola. Antes había familias con chicos, pero se fueron yendo para que los chicos puedan estudiar.

Se van manejando la tacuara y hablando en guaraní y vuelven con una gorrita y escuchando cumbia en el celular.

¡Camino al almuerzo!

¡Camino al almuerzo!

pobladores del-ibera

estribos

Eso es ser guapo.

¿Cómo no tomar unos mates con alguien que vive a días del próximo pueblo?

¿Cómo no tomar unos mates con alguien que vive a días del próximo pueblo?

Afilando el cuchillo....

Afilando el cuchillo….

Quien habla se llama Daniel, quien nos recibe en el rancho de tacuara en el que vive con su mujer, un par de caballos, y un ejército de pollitos que nos picotean los dedos de los pies. Mientras Daniel se va a buscar la comida Jorge me cuenta que Diego, como muchos otros en los esteros, raptó a su mujer.

-No la raptó contra su voluntad, pero ella era menor y él se la llevó al estero.

Me entero que eso es común en los esteros, porque la policía ni entra, y si entra los ven a la legua porque los chajás cantan como alarmas y entonces  se suben a la canoa y se van a otra parte.

Los esteros fueron el trampolín a la fama y devoción para todo tipo de forajidos, incluso algunos venerados, como Antonio María, un curandero que mató a una mujer a la que había dejado embarazada bajo pretexto de que iba a engendrar un hijo del diablo.

Como sea, degustamos el sabroso mbaipy (guiso de pollo con harina de maíz) que había preparado la mujer de Daniel, mientras Jorge canturrea sólo, autocomplacido por la poesía del chamamé que que fluía por las venas:

“Arisco alguien te vio cruzar el Carambola, con unas ganas de seguir viviendo, pero allá metido en el Iberá.”

Ahora, los metidos en el Iberá somos nosotros. Empiezo a apreciar el chamamé, género que antes no había escuchado con detenimiento, ahora me parece una esencia de Corrientes que fluye a través del tiempo como hilo conductor, resguardando sus aves, arroyos, árboles y leyendas hacia un terreno intangible donde no hay extinción posible. En eso, el Iberá y el chamamé se parecen. Ambas son un reservorio de la correntinidad.

zorzal colorado

El pecho de este zorzal colorado aloja por un segundo el reflejo del atardecer.

“Pero prevenga cha’qué (cuidado) la ofensa, porque el insulto no se aguantar /

Y porque el filo de mi cuchillo tiene veneno de yarará.”

Tras un amable duelo de chamamés en que Jorge y Daniel se evaluaron mutuamente y quedaron conformes, seguimos nuestra marcha.

Excursión en canoa a botador o canoa cinchada

 

Después de la noche en el refugio y el almuerzo con pobladores locales es hora de regresar a Puerto Felipe. En vez de kayak, la gente de Experiencia Iberá preparó dos canoas a botador, es decir, que la canoa es remolcada por un vaqueano a caballo. Debe ser el medio de transporte más extraño de toda la vuelta al mundo, probablemente después del Ford-A modelo 1927 que me levantó una vez en Cuba. El caballo da pasos pesados en el agua, pero su jinete apenas se mueve. Lleva un facón firme en la cintura y uno de esos sombreros negros anchos típicos del litoral, que los hace parecer sacerdotes antiguos. El único sonido es el rítmico chapoteo del caballo en el estero. Cuando la profundidad es demasiada, los jinetes dejan los equinos y se sube a la canoa, propulsándola con una tacuara —caña— como si fuera un gondolero.

canoa-botador

Organizando la maniobra, estos gondoleros se hablan en guaraní y  uno le asalta esa bendita sensación de estar en el extranjero, aún en su propio país. Antes, pensaba que el uso del guaraní en Corrientes era algo folclórico, o reservado a algunos abuelitos perdidos en el monte, pero desde que dejamos las ciudades, todos en el campo la hablan como primera lengua.

Portal San Nicolás: el planeta de los carpinchos.

Las canoas nos dejan en Concepción, y de allí vamos en vehículo a San Miguel, 86 km al norte. San Miguel es la población de acceso al Portal San Nicolás, del que dista 27 km por una ruta de arena. A su vez, la localidad está a 150 km de Corrientes Capital.

Durante todo el camino de acceso al portal, nuestra camioneta tiene que frenar cada 50 metros porque las familias enteras de carpinchos están tiradas panza a arriba con cara de “no me importa nada” en medio de la ruta. Sólo cuando les ponemos el paragolpe en la oreja te miran de coté con sus ojos achinados como diciendo “¿posta me tengo que levantar?”. En una hora, habré visto al menos cien de estos animales, que son amos y señores de los esteros.

 Alojamiento en San Miguel

A 12 km del acceso está la Posada Mboycuá, que acaba de abrir, y tiene cabañas cómodas y un comedor. Una vez en el portal está el Camping Estancia San Nicolás, operado por la Cooperativa, que tiene un módico costo para acampar. Para las comidas, salvo que tengan el almuerzo cubierto con la excursión, tiene que llevar comida desde San Miguel porque en el camping no hay proveeduría.  En San Miguel hay cajero automático y estación de servicio.  Desde San Miguel también se puede acceder por vía lacustre a la Isla San Alonso, que es un centro de reintroducción de especies, y donde también hay un casco de estancia que brinda alojamiento de alta gama.

fauna-del-ibera

Sendero de cañada

Durante una hora caminamos por senderos minúsculos dentro de los esteros. Tenemos la suerte de avistar una pareja de yetapá de collar, ave endémica y amenazada. La caminata sigue reconociendo cañas de bambú gigantes, de varios metros de altura, bromelias, pastizales y ciervos que brincan entre ellos. Completamos la actividad con otra navegación en canoa a botador. Esta vez, nos tiramos al agua y nadamos en medio de los esteros, donde no suele haber más de 3 metros de profundidad. El suelo es de arena y, antes que lo preguntes: no hay serpientes marinas que te ataquen, ni pirañas, ni los yacarés están interesados en la carne humana porque les sobra su alimento. De regreso al camping, nos reciben con una sabrosa comida tradicional llamada chastaca.

venado de las pampas

¡Aunque te quedés quieto ya te ví!

yetapa-de-collar

Parejita de yetapá de collar acusando recibo de la primavera.

pecho amarillo

Pecho amarillo.

No mamá, no había pirañas.

No mamá, no había pirañas.

esteros-del-ibera

Espero que esta guía te haya servido para tener una idea de las excursiones que se pueden hacer, la fauna, y las opciones de cómo llegar a los Esteros del Iberá. También puede ser útil leer la página oficial del Proyecto Iberá, del CLT. Cualquier dato o consejo que piensen que suma, es muy bienvenido en la sección de comentarios (debajo). ¡Buenos caminos!


Para recibir en tu casa nuestro nuevo libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

Más Información
Share on Pinterest
Share with your friends










Enviar

Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

14 Comentarios

Dejar un comenentario
  • Tengo el honor de ser el primer comentario parece…

    Hermoso los esteros, y por suerte no está ultra explotado turisticamente y se pueden ver escenas del día a día de sus habitantes.
    Como siempre tu escritura es de lo mejor, y hasta en las guías prácticas le sacas brillo a tu chapa de escritor.
    Un abrazo desde Rosario, la próxima que andes por acá chiflá que quiero tener el placer de conocerte.

    • Hola Matias! Que bueno que alguien aprecie el humilde intento que hace uno de cuidar las formas de la escritura, en una época donde la escritura en internet tiende a ser cada vez más simplista! Un gran abrazo, el mes que viene seguro organizamos un picnic viajero en Rosario! Atento! 🙂

  • Había leído que Laura ya paso por los Esteros; por otro lado visitando el Hostel Los Lapachos y “navegando en la web profunda” veo que Experiencia Iberá contó con tu grata presencia.
    Las señales son “debo visitar el lugar”.
    Excelente post.
    Abrazos desde Formosa.

  • Hola solo queria agradecer tu trabajo, por todo lo que contaste me dio más ganas de ir y poder recorrer esos paisajes únicos. Que sigas con tus viajes y tus entregas en la web. Suerte en el camino.

  • Hola Juan Pablo como estas?, antetodo felicitarte por el post, muy bueno.
    Queria saber como es posible contactarse con esta gente de experiencia ibera porque en un futuro no muy lejano me gustaria ir a conocer los esteros. Desde ya muchas gracias. Saludos.

  • Qué buen post Juan. Las fotos un lujo y encima con una mano y montando o remando. Estaba buscando info para ir a Iberá pero para entrar por otro lado que no sea Carlos Pellegrini (o por qué no ir por dos lados diferentes. Y me acordé de tu viaje pero no había leído el post. Muy bueno, lástima que ahora sea un punto “tan alto” para alcanzar en otro post para mi blog ja ja ja ja ja. Saludos che, buen año, saludos a Lau

  • juan pablo, me gusto tu publicacion sobre los esteros del ibera, naci es sus orillas, en ituzaingo corrrientes mi padre fue cazador en esas inmensidades y hay un libro escrito por Miguel Lopez Brear , diario de un mariscador,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Powered by WordPress. Con ayuda de Ecovirtual