DECÁLOGO PARA UN VIAJE EXPERIMENTAL POR LA EUROPA RURAL

Cuando dije que veníamos a Europa comenzaron a llover las preguntas: “¡Qué bueno! ¿Van a ir a Barcelona? ¿A Londres? ¿A Roma?” En realidad, lo que busco en este viaje se esconde lejos de las grandes ciudades. En mi primer viaje de mochilero por Europa allá por 2001 cumplí con el necesario ritual de todo viaje iniciático: visitar las capitales y también los pueblos turísticos – como Brujas en Bélgica, Rothenburg ob der Taube en Alemania, o San Giminiano en Toscana- Regresé en 2003 y viví hasta 2005 en Belfast, Irlanda del Norte. Ahí en mayo de 2005 arranqué mi vuelta al mundo, pasando cinco meses más on the road en Europa antes de ir a Medio Oriente, tomando deliberados desvíos para abarcar Escandinavia, los países bálticos, Rumania, Ucrania, etc. Regresé en 2007 por tres meses después del viaje Irlanda-Tailandia (27 meses). Este es mi cuarto viaje al continente, y siento que habiendo ya visto “lo que hay que ver”, puedo empezar a ver lo que yo quiero. ¿Y qué es eso?

Para mí Europa es un mosaico de místicas que emanan de sus campiñas o zonas rurales. Lo que hay de único en cada país, nunca pude destilarlo de sus metrópolis chic: necesito  descubrir sus matices región por región, hilar más fino para arrinconar y aislar esencias. Cada país se desgrana entonces en un caleidoscopio de colores más precisos. Toscana no es lo mismo que Emilia Romagna ni Normandía, en Francia, tiene algo que ver con Alsacia. Cuando alguien dice Alemania, no puedo evitar preguntar a qué se refiere ¿a Renania (que recorrí hace poco en bicicleta), a Baviera, a Brandeburgo, a Sajonia?

Este léxico de regionalismos son los que van urdiendo el tapiz europeo, y a cada región le corresponden sus particularísimos quesos, sus nobles vinos o cervezas, una impronta arquitectura… Por todo eso, este viaje por Europa lo hago con pretensiones de alquimista, intentando que la esencia de cada región se vuelva anécdota de forma orgánica, de casualidad, en la ruta.

¿Cómo preparar un viaje por la Europa rural?

El Viejo Mundo está insertado en el imaginario viajero en función de Parises y Venecias. Pero si ya conociste esos lugares y estás buscando otra experiencia, hay que cambiar el approach al viaje.  Cuesta desmontar la lógica de Interrail que te hace pivotear de lugar turístico en lugar turístico. ¿Cómo empezar un viaje por Europa rural? ¿Qué pueblos visitar? ¿Qué parámetros usar? Olvídense de tomar trenes o buses. Ni siquiera hacer dedo de forma tradicional alcanza para este nuevo abrazo que le quiero dar a Europa. Porque sería como tratar de operar con un machete. Se necesitan técnicas y actitudes precisas para infiltrarse a nivel capilar en Europa…

A continuación van los criterios que uso yo. Son personales y subjetivos, en tanto están de acuerdo a mis preferencias, que no son las mismos que en mis primeros viajes por Europa -en los que sí estaba más interesado en visitar los destinos “clásicos” de cada país.

Para querés saber cuánto puede llegar a ser el gasto diario de un mochilero por Europa, hacé clic.

El decálogo del viajero experimental

1. Una guía de viajes (específica del país y no regional) y un buen mapa con todos los pueblitos del país en que estamos (ahora, en Italia, estamos usando uno con escala 1:300.000). El uso que hago de la guía de viajes no es el típico (el de obedecerla) sino que me sirve para aprender los contextos (punto 5 y 6) y para saber cuáles son los lugares demasiado turísticos a fin de evitarlos o visitarlos a sabiendas de lo que me espera.

autostop en italia

Haciendo autostop en Italia

 

2. Elegir una región, olvidar su capital y ubicar las rutas más pequeñas, que en Europa igualmente casi siempre están asfaltadas y hay tránsito -aún cuando para los parámetros de ellos te dirán que no pasa nadie- ¡Seguirlas! Hacer dedo en estas zonas rurales considerando los highlights o puntos de interés (por ejemplo, los mencionados en nuestra guía) pero uniéndolos por caminos alternativos y buscando paradas intermedias. Viajando a dedo en caminos rurales, es normal hacer tramos de 10 o 20 kms ¡Sin apuro! A disfrutar del paisaje y de las sorpresas, que la gente en esas zonas está menos estresada y es más hospitalaria. Todo lo que necesitás saber para hacer dedo, lo encontrás en este post.

route departamental france
Las rutas departamentales en Francia están marcadas con la letra “D”. No es raro que pasen junto a castillos y palacios que no están marketineados como el de Versailles o los del Valle de Loira

  

turismo rural en italia

En Italia se las llama strade regionali (SR) o strade statali (SS) Todo aquello que se luce en las mesas italianas -pasta, aceite de olivo, tomates, vino- crece a  la vera de estos caminos, que en el sur todavía están delimitados por muretti a secco (pircas) (En la foto se ve también, a izquierda, un trulo, o vivienda medieval de piedra, abandonada.

3. Un paso más allá: apostar a sitios de interés de segundo orden. En Europa, muchas de las ciudades antiguas que aparecen en una Lonely Planet y todas las que son patrimonio de la UNESCO te van a recibir con quinientos alemanes y estadounidenses comprando souvenirs en su calle principal. Cuesta entrar en diálogo con gente del lugar a menos que sea para comprar algo. En cambio, y no lejos de estos, suele haber pueblitos un poco menos espectaculares pero sin turismo, donde la gente del lugar va a ser mucho más receptiva y desinteresada.

Como ejemplo práctico: en el mapa se ve bien claro San Marino, hermosa republiqueta amurallada, orgullosamente soberana desde el S.XIII y con tres castillos. Fuimos, pero apenas pudimos sacar fotos porque delante de la cámara siempre había 50 personas y todas las casas habían sido reformadas con joyerías, relojerías, boutiques, etc. Nos sacamos un par de fotos porque si estás ahí tenés que sacarte la foto y nos fuimos. En cambio, mirando bien en el mapa, decidimos visitar Verucchio, que estaba a 20 km y donde no había un solo turista en sus calles.

Verucchio

Hay pueblos lindos y anónimos para hacer dulce: Verucchio.

Se ve que Verucchio está sobre una ruta regional, en color amarillo, y eso ya nos dice algo. A su vez, vimos que cerca se desprendía una ruta aún más pequeña —en el mapa en color blanco— que iba a pueblitos aún más pequeños: así terminamos en Montebello, donde sólo vivían 22 personas.

Eso incluye aprender a leer un mapa, a deducir cómo puede ser un pueblo a partir de la referencia usada para indicarlo en el mapa y a partir del tipo de carretera que llega a él es un camino de ida que te da libertad y consciencia del movimiento.
4. Hacer dedo desde un punto de interés sin rumbo fijo, a dónde vaya el primer vehículo.

5. Investigar previamente el contexto demográfico de cada región/provincia del país, si se habla un dialecto o no, si es zona de montaña, valles y llanura, sus características diferenciales respecto al estándar del país (Los sanguíneos calabreses no tienen nada que ver con los Piamonteses ni los irlandeses de Donegal con los cosmopolitas de Dublín) Así vamos a saber qué experiencias podemos cosechar en esa zona. En general, saber en líneas generales la historia para poder entender por qué Irlanda está repleta de cabañas de piedra abandonadas (durante la Hambruna de 1845) y castillos en ruinas, o por qué en la Puglia, sur de Italia, hay trulis, pagliari, masserie y otras variantes de la arquitectura rural de la época feudal.

6. Saber qué productos agrícolas prevalecen para entender el paisaje rural. También, para estar alertas a su aparición. Con Lau llevamos un morral en donde vamos guardando la comida, el pan, algunos enlatados, las provisiones que van apareciendo. Y nada nos hace más felices que cuando cae un producto típico, ofrecido por conductores, o porque pasamos al lado de una finca y nos regalan limones, aceitunas o almendras. Para ver ejemplos concretos, lee nuestra experiencia en Toscana o el viaje de Lau por Islandia.

¡Importantísimo! 
Las fiestas tradicionales son una buena oportunidad de encontrarse más de cerca con su folclore. Hay fiestas como Oktoberfest que tienen fama mundial, pero las fiestas de la cerveza en los pueblitos de Baviera suelen ser mucho más auténticas. Lo mismo ocure durante San Patrick en Irlanda, o durante las sagre en el sur de Italia (En la Notte della Taranta en Melpignano se juntan 100.000 personas, pero en los pueblitos es donde se tiene la verdadera oportunidad de bailar pizzica en medio de la plaza sobre baldosas de 500 años y no en un predio o estadio.

7. Estar tan atento a los pueblos como a lo que está entre ellos. Aprender a decir: me bajo acá cuando una zona o un pueblito te inspira. A la inversa, hay que saber subirse a la autopista para cambiar y recorrer otra región del mismo país. Podés hacer 500-800 km por día en las autopistas europeas según tu suerte y empezando bien temprano. (Pronto subiré una guía con consejos específicos para hacer dedo en autopistas).

8. Olvidarse de la lógica de hostel /Couchsurfing. Hay que reconciliarse con el alojamiento espontáneo. La carpa es imprescindible, para poder preguntar donde acampar aún cuando el objetivo real es romper el hielo, presentar la necesidad y causar la hospitalidad espontánea. Cada noche es llegar e improvisar para encontrar dónde dormir. Hay que aprender a mirar con cariño establos, granjas y campos. Si la incertidumbre te pone ansioso o te estresa, entonces este tipo de viaje puede no ser para vos.

camping en toscana

Nuestra carpa en Mazzola, un pueblito de 42 habitantes en Toscana

9. De vez en cuando, no está mal conseguir una bicicleta, equiparla con alforjas o pedirlas prestadas y recorrer varios días una zona, como hace poco lo hice de Bonn a Mainz, en Alemania.

Arenfels

Arenfels, Alemania

10. Aprender frases en el idioma local. (Hacelo rápido usando el Método Acróbata)

Nuestro viaje sigue ahora por Italia hacia la Costiera Amalfitana y la Puglia. No estamos subiendo todo al blog por falta de tiempo y, principalmente, conexión.  Estamos acampando mucho, viajando casi sin hacer uso de Couchsurfing, que en Italia al menos para parejas no funciona. Estamos, como decimos con Lau, guerreando tanto o más que en Sudamérica, porque la Europa es civilizada, pero sin euros te volvés un ave marginal que desayuna las migas de esa abundancia. Todos los días, al llegar la noche, es la misma historia: empezamos a preguntar dónde acampar hasta que alguien nos invita a su jardín o a su casa. Tanto es ritual, que se nos ocurrió un nuevo índice para medir la hospitalidad: contamos cuantas veces tuvimos que preguntar hasta que alguien nos tiró una línea. Y luego anotamos: 1/1 (ideal, el primero nos llevó a su casa) o 1/7 (recién el séptimo al que le preguntamos se hizo cargo) A veces, la gente es muy literal y no caza la indirecta, te dice que en ese pueblo no hay un camping y se vuelve a poner los auriculares.

Viajar por Europa siendo Argentino

 

viajar a laponia

Mi mochila en Laponia, Finlandia…

Lo mágico, lo extraño, lo políticamente incorrecto pero al fin real es que esta variedad  ya estaba alojada, intuida en mi imaginería de argentino nieto de un barco. Siento que apenas voy a corroborarla. Quizás porque en casa siempre se habló de la Italia de los abuelos como si quedara a la vuelta de la esquina, y mi madre recordaba frases en dialecto y anécdotas que incluían erupciones del Etna y protestas por el racionamiento durante la guerra. Cuando era chico, imaginaba en blanco y negro. El asombro ante ese origen cultural difuso me puebla como a Drexler sus canciones llenas de ghettos y pasaportes. Quizás no diga nada nuevo, porque para todos los argentinos, el aroma a casa es siempre un puente. Un amigo, lo juro, dijo que él renunciaba a vivir en Asia: extrañaba la milanesa a la napolitana, gentilicio gastronómico contradictorio si lo hay. Mi amigo sentía la rotunda ausencia de los platos de la nonna. Y también hinchaba por Boca Juniors, cuyos colores soltaron amarras en Estocolmo.

A la inversa, cuando recorrí Sudamérica, la diferencia entre Medellín y Cartagena me era totalmente ajena antes de visitar Colombia. Nada sabía de la diferencia de idiosincrasia entre los peruanos de la costa y los andinos.  La comida típica de Ecuador –el cocolón, la menestra, la chicha de la Amazonía- las conocí sobre la marcha. Volviendo a la mesa, todos los derivados del trigo que en Europa y Argentina son la dieta fundamental –pan, pasta, pizza- desaparecieron al cruzar a Paraguay, para ser reemplazados por derivados de la mandioca –mbeyú, chipá, etc- y a lo largo de todo el viejo Camino Inca por los hijos del maíz. Todo, menos el idioma y el subdesarrollo, era nuevo para mí. Sudamérica fue descubrimiento en el propio barrio. Europa es reencontrarse en el otro, de visitante.

¿Dónde se hace sentir más el factor “visitante”? Creo que en el agradecimiento ante la vida de mis paisanos latinos. Los europeos no dejan de hablar de la crisis, con sus amigos y por I-phone, con una sensibilidad histérica ante una racha pasajera de desempleo.  La abundancia ha creado una sociedad regordeta, exigente y, por momentos, llorona. Me lamento de que los pintores se hayan vuelto abstractos en lugar de retratar las piernas cruzadas con zapatos como espejos en los cafés, el glamour de tacos y bolsas de shopping en pleno verano. Y por qué no volverse abstractos e introspectivos si el otro queda lejísimos, porque no hay que abultarse en un colectivo, si no hay más de una persona por auto en la autopista. (recuerdo al taxista afgano que me quiso vender un espacio libre en el baúl) Yo a Europa la aprecio mucho, me hallo, pero le deseo siempre la dosis necesaria de crisis, de destete. Por eso, al viajar por sus intersticios más rurales busco relacionarme con esa parte de la población que todavía no olvidó el esfuerzo del trabajo de la tierra, que está más lejos de la fuerza centrífuga ombliguista que acecha en sus ciudades. (más allá de que hay micromundos por todas partes que son la excepción al arregla) Caminando distinto, por suerte, aparece -casi siempre- esa otra Europa, todavía confiada en abrir sus puertas y preparar sus jardines para las carpas de los caminantes compartiendo un buen vino. Yo sigo cruzando los dedos en cada banquina, hablando con extraños, buscando desbordar hacia el encuentro en un tablero diseñado para que las fichas nunca se crucen. Ojalá sean cada vez más las mochilas que se animen a cruzar el océano. ¡Buenos caminos!


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

15 Comentarios

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  • Desde ya un saludo Juan. Soy un joven de 18 años el cual quiere salir a conocer Europa y otros paises como mochilero y leyendo varios de tus post me informo sobre como manejarme en cada lugar, aunque el resto depende de uno mismo. Admiro tu travesia a lo largo del globo y el que compartas tus conocimientos con la gente. Saludos y suerte!!

  • Te felicito por tus aventuras y este blog! Estoy planeando un viaje al norte y otro a Europa a fin de año, y tus post me sirvieron muchísimo! Muchos éxitos

  • Estoy inmóvil hace 12 años muy lejos de mi país, Uruguay. Por cucos me seguí quedando en norteamérica. Me animo ahora a hacer lo que desde hace tanto tiempo quiero hacer: viajar liviano y sin rumbo fijo, hacia el sur. Me largo en un par de semanas, y me vengo aprontando hace meses y tu blog y viajesdenena aportó muchísimo y dio el aliento que uno no encuentra en su entorno inmediato, gracias por eso.
    Me gustó mucho esta frase “fuerza centrífuga ombliguista.” Saludos!

  • Fantástico; es como un cuento. Pero más como un retrato del yo fuera del yo, así como los anillos de saturno, observando a su cuerpo en movimiento, y el todo en movimiento.

  • Hace un mes decidi dejar todo, me quedan 3 meses pra cruzar el oceano. Desde que tome la decisión no paro de leer blogs, solo buscaba encontrar lo que acabo de leer. Simplemente gracias.

  • Hola Juan, soy Argentina de 19 años.. planeo mi viaje por Europa sola el año q viene. Vengo leyendo todos tus posts, realmente ayudan mucho. Anoto las cosas que me parecen interesantes (la mayoria, jaja)… Agradezco q compartas todo esto.
    Te cuento, por otro lado, q es la primera vez q viajo, y obviamente muero por conocer Paris, Londres, Roma (las tipicas)… pero tengo muchas ganas de adentrarme y perderme en los pueblitos mas rurales. Creo q es algo super aventurero e interesante y q encontras mas. La gente debe ser muy especial… Me llaman mucho los pueblitos de Inglaterra mas que nada…
    Queria pedirte, si no es molestia, tu consejo en cuanto a esto ultimo? En base a tu experiencia, me recomendas recorrer las zonas rurales en mi primer viaje?
    Saludos!!!

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