TIERRA DEL FUEGO OFF ROAD: EN 4X4 POR EL LAGO FAGNANO Y YEHUIN

Cuando uno se pregunta qué ver y qué hacer en Ushuaia, las respuestas posibles van mucho más allá de las navegaciones en el Canal del Beagle y las caminatas en el Parque Nacional Tierra del Fuego. La Isla tiene un corazón disperso entre sus lagos y valles forestados, que tuvimos la suerte de explorar. Las cosas no estaban tan mal, para alguien acostumbrado a viajar a dedo: esta vez, teníamos un Land Rover a disposición con guía incluido, tales las condiciones del BlogTrip organizado por la Provincia de Tierra del Fuego para difundir sus encantos. En Tierra del Fuego el terreno mismo llama a la tracción en las cuatro ruedas…
Salimos bien temprano de Ushuaia por la sinuosa Ruta Nacional 3 en dirección norte. Las montañas de los Andes, que en esta zona rondan los 1450 metros de altura, habían amanecido nevadas y una bruma algo misteriosa continuaba prendida en sus cumbres. La nubosidad le da un toque macabro que le sienta bien a Tierra del Fuego, hay que decirlo. Todavía rodábamos por pavimento, y Laura y los otros bloggers iban cómodos y sonrientes en el asiento trasero…

De Ushuaia a Tierra Mayor

Pasamos el Monte Olivia (1470 m) y a 21 kilómetros llegamos al Centro Invernal Tierra Mayor, ubicado en un amplio valle que pasa más tiempo del año bajo nieve que tapizado de un verde-ocre que me hizo recordar a las turberas de Irlanda. La cálida construcción de madera hace desear que el termómetro se desplome a bajo cero para entonces refugiarse a tomar un chocolate caliente en el interior, junto a la enorme salamandra.  Los muros están cubiertos de artículos periodísticos sobre el fundador del emprendimiento, Gustavo Giró, quien fuera nada menos que el responsable de la primera expedición terrestre argentina al Polo Sur, a donde llegó tras dos meses de marcha en diciembre de 1965. De regreso al continente, el Señor Giró extrañaba tanto las inclemencias y las motos de nieve que abrió “Tierra Mayor”, su pequeña Antártida. Este es algo así como la meca para quienes gustan del esquí de fondo y de las excursiones en trineos tirados por perros. Fuera de la cabaña, observamos atónitos a los corrales con perros huskies siberianos utilizados para la tarea.
El único perro que no era un husky, un can viejo, algo tosco, y que visiblemente se había retirado del servicio hacía años, descansaba pesadamente y nos miraba como un peluche mutante. Se trataba de “Oso”, el último ejemplar existente de una raza extinta: el Perro Polar Argentino, desarrollado por el Ejército Argentino para servir en las Bases Antárticas en la década del 50, a través de la cruza genética de Huskys, Malamutes de Alaska y perros groenladeses. El resultante fue la raza de perros de trineo más fuerte que se haya conocido. Se dice que el día en que se registró el record mundial de baja temperatura (- 89) en la base soviética Vostock, una dotación de perros se encontraba de visita y esperó sin mayores quejas en el exterior de la base… Los perros fueron retirados del continente blanco en 1994, cuando el tratado antártico indicó a los países firmantes de que los cuadrúpedos peludos no eran una especie nativa y por ende alteraban el equilibrio del ecosistema antártico. Interesante cómo el ser humano se desentiende de su propio status de especie invasora…
El Valle de Tierra Mayor se encuentra conectado con el de Cerro Castor a través de un insólito puente para esquiadores que cruza la RN 3. Esto permite que en total, los amantes del esquí cuenten en los alrededores de Ushuaia con 30 pistas y 40 km esquiables. Gracias a esto, Ushuaia piensa seriamente en postularse como sede de los Juegos Olímpicos de Invierno.

El Lago Fagnano y las castoreras

Hacemos una obligada escala en el Paso Garibaldi, que con apenas 450 msnm es uno de los pasos de montañas más bajos que haya cruzado, lo que no le quita el lujo de  ser el paso andino más austral del continente. Desde el mirador se pueden observar el Lago Escondido y, al fondo, el Fagnano.
Poco después nuestro conductor da un brusco giro y comenzamos a los saltos en una ruta de tierra sin mantenimiento: la RP 149, que a pesar de tanto número es apenas la senda de un viejo aserradero.  Al fin, un terreno que justifica el hecho de que estemos a bordo de un 4×4. Penetramos en el corazón de un bosque de lengas. Algunos ejemplares firmes y añejos sobresalen sospechosamente sobre el conjunto, indicando que fueron “perdonados” por las motosierras para que sus semillas hicieran perdurar el bosque.
En algunos parajes, los árboles se encuentran secos y desparramados por el suelo, como soldaditos abandonados por un niño que se aburrió de jugar. Cuando ya casi nos invadía la tristeza de adjudicar el hecho a la tala indiscriminada, el guía nos atajó: la caída de los árboles es natural y común en Tierra del Fuego. De hecho, los acampantes en este rincón del mundo no deben temer a serpientes invisibles, ni a las garras de los osos. Tampoco hay insectos que transmitan enfermedades mortales como el dengue o la malaria. A cambio, la provincia te puede saludar con un garrotazo en la cabeza en cualquier momento.  Esto sucede porque la capa de tierra fértil es de apenas 15 cm, con lo que el fuerte viento colecciona sus leñosos cadáveres.
Aún así, el viento no es ni cerca el mayor enemigo de los bosques que, pese a todo, gozan de muy buena salud en la provincia, con políticas forestales sumamente estrictas y controladas. El enemigo público es un canadiense dientudo que afila sus paletas contra los troncos de los árboles. Y no me refiero a algún viajero que perdió la razón de forma odontológicamente incorrecta, sino a los castores. No hay uno, ni diez, ni mil, deben ser millones los castores que alegremente mordisquean el patrimonio natural fueguino. Los primeras 50 de estas simpáticas alimañas fueron introducidas en 1947 por el Ejército Argentino, que con el signo pesos en el blanco del ojo avizoró una rentable industria peletera. No contaron con que en Tierra del Fuego hacía menos frío que en Canadá, y por ende los castores desarrollaron un pelaje de menor calidad que era inaceptable para el mercado internacional. Al no poder transformarlos en pesos, en un acto de irresponsable piedad, los soltaron. Desde entonces los castores iniciaron una colonización implacable. Al no encontrar a sus predadores naturales, se multiplicaron por millares, carcomiendo todo lo que hallaron a su paso.
Con la madera de los árboles, estos animalejos de alma holandesa construyen diques que les permite inundar las zonas aledañas a su madriguera, en defensa a predadores que al menos en Tierra del Fuego, no tienen. Alrededor de las  “castoreras” el panorama es desolador, los árboles que no han sido talados mueren, ahogados, de pie ahogados. Los árboles, en todas sus formas son los protagonistas: vivos, muertos, de pie, acostados, cubiertos de líquenes o a medio roer, árboles con huellas de castor o de Laura… Pero más allá de esas metamorfosis esperables de los entes arbóreos, hay otras sorprendentes. Algunos árboles tienen inmensos nudos en sus ramas, tumores vegetales que integraban el menú de los indígenas locales, y conocidos como pan de indio o llao-llao (Dios bendiga a la harina). De otros árboles penden líquenes con forma de bola llamados “faroles chinos” e incluso los con forma de barba. A los árboles fueguinos les gustan los accesorios.
Siguiendo por una vieja picada llegamos a las costas del Lago Fagnano, recientemente rebautizado “Khami” en honor al nombre vernáculo que le dieron los onas. El lago se extiende por más de 100 km de oeste a este, y llega a tener 200 metros de profundidad. Para nosotros fue un sitio ideal para hacer un asadito acompañado de picadita y vino. Todo era apacible, ya nos habíamos acostumbrado a los pájaros carpintero y demás aves coloridas. Lo que menos esperábamos era que el aroma irresistible de la carne a la parrilla iba a atraer el olfato de un zorro colorado. Allí estaba, a menos de 10 metros, midiendo el riesgo de ir tras una costillita en un rincón del bosque invadido por humanos. Luchando con la modorra logramos reincorporarnos a nuestra misión y abordar el Land Rover. con el que avanzamos por la orilla misma del Lago Fagnano, aprovechando al máximo el vehículo del que disponíamos. ¡Eso sí que es tomar un atajo!

Lago Yehuin

En el caso de Tierra del Fuego, los lagos son la excusa para aventurarse en el paisaje. Mientras los caminos al Lago Fagnano-Khami desde el sur atraviesan extensos bosques de lengas, castoreras, aserraderos, etc, para posar las pupilas sobre el Lago Yehuin el viajero debe transitar por entre hacendosas y casi centenarias estancias.  El sendero aparece en los mapas como “Ruta complementaria H”, y para empalmarlo hay que viajar 125 km desde Ushuaia en dirección norte.
Cruzamos varios guardaganados y tranqueras, y nos dejamos acariciar el alma por las incomparables pasturas de verano, adornadas con constelaciones de flores silvestres. Temí que apareciera Heidi, pues corría alto riesgo de ser atropellada por nuestro Land Rover. Pasamos al fin los cascos de la Estancia La Indiana, y la Estancia Rivadavia (ésta última fundada en 1925 por pioneros croatas y hoy día funcionante como hostería). Y entonces, en medio de las pasturas y alambrados, emerge el Lago Yehuin: un espejo cristalino al pie del Cerro Shenolsh, hábitat del cóndor que, cuando él dspone, se deja ver.  Si ya sus coordenadas deberían permitirme el regocijo de lo remoto, la sensación se acentúa por los restos de una anacrónica hostería gubernamental abandonada. El olvido, entrenzado con el agua y la montaña, parecen ser un ingrediente fundamental del encanto de uno de los sitios menos conocidos de Tierra del Fuego. Hay innumerables rutas complementarias de ripio, y más lagos y estancias que esperan a quienes realmente disfrutan de los caminos con poca huella.

Datos prácticos para un viaje al Lago Fagnano

Algunas distancias útiles

Distancia Ushuaia – Centro Invernal Tierra Mayor:  21 km
Distancia Ushuaia – Paso Garibaldi:  53 km
Dstancia Ushuaia – Estancia Rivadavia:  150 km

Camping en el Lago Yehuin

Libre. Queda por la ruta complementaria F.

Camping en el Lago Fagnano

Camping Hain.  (02964) 15603606. A unos 6 km de la hostería Kaikén por la RN3 , en dirección a Ushuaia, está el Camping Laguna del Indio.

Precio de una excursión en 4×4 al Lago Fagnano:

A fecha febrero 2013) $600

Alojamiento en el Lago Fagnano

Recomendada la Hostería Kaiken. (Ruta 3 Km 2958) La ubicación, frente al lago, es excelente. Las habitaciones salen $770 hasta octubre y $900 desde noviembre. (act. 2015) En la zona no hay muchas opciones más, salvo algunas cabañas en alquiler (por un mínimo de 2-3 días). Para el presupuesto mochilero, lo mejor es alojarse en un hostel en Ushuaia y visitar desde ahí, si preferís estar bajo techo. Si andás con carpa tenés las opciones de camping ya mencionadas.

Alojamiento en estancias turísticas

Si vas con presupuesto mochilero olvidate. Pero como mi blog lo lee mucha gente, les cuento. Es posible alojarse en la Estancia Vieja Carmen (pasando el Yehuin) y también Tepi y otras sobre la Ruta Complementaria A, que va a Cabo San Pablo.

¿Cómo es hace dedo en la zona?

Autostop en Ruta Nacional 3: muy fácil
Autostop en ruta complementaria H: Posible. Se observa tránsito ocasional.

Para recibir en tu casa nuestro nuevo libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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