DEL OTRO LADO DE TU TAZA DE CAFÉ – ENSAYO FOTOGRÁFICO

 
 
Cierta vez escuché a un monje budista decir que el cosmos estaba contenido en la mesa sobre la que desayunábamos. Cosmos: combo de amplio espectro que incluye al sol y a la lluvia que regó el árbol que talado fue mesa. De igual manera, en cada alimento consumido están cifrados las manos del campesino, sus condiciones de trabajo y el clima. ¿Qué hay entonces detrás del café de cada mañana? La respuesta es sencilla: Colombia. El paisaje cafetero colombiano ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Lo que sigue es un breve paseo fotográfico por todas sus etapas, desde la germinación hasta el café socializado en los billares.
En un café de Salento, provincia de Quindío, Américo me dice: “Nosotros nos resistimos al cambio” – y no se refiere sólo a la vieja máquina cafetera que dispensa el insomnio azabache desde 1908 en el café-billar que abrió su bisabuelo, sino a la música. En el aire se escucha el mismo tango que sale de las rocolas colombianas desde los años 30’, habilitando la fatalidad aérea de Gardel en Medellín. La relación entre tango y café, me prometo explorarla. Américo se topó con el Obelisco y la calle Corrientes en la letra del alguna milonga. Sin embargo este gurú del café me interroga: ¿qué es el mate amargo? Lo escuchó en algún estribillo de Discépolo pero ignora su significado.
 
 
 
  
¿Y Cómo llegamos a la taza? Aquí empieza todo, en las fincas cafeteras apostadas en las colinas de los departamentos de Quindío, Risaralda, Caldas y Antioquia. Suelos entre 1200 y 1500 msnm, una combinación de calidez con tardes frescas y buenas precipitaciones.
 
Todo empieza en los germinadores. Los “fosforitos” crecen durante 6 meses antes de ser trasplantados a las fincas.
 
 
Cerca de Chinchiná nos frenaron en la ruta los dueños de una finca, y nos permitieron acompañar a los trabajadores en la cosecha. Se recogen los frutos maduros.
 
 

 

Alirio, trabajador rural en una finca de Chinchiná, conoce por la textura el punto de maduración justa de cada “cereza” de café y se queja de que el gobierno incentiva a las semillas modificadas para cubrir más superficie sembrada. La búsqueda del café perfecto por la ingeniería genética, perfecto pero autorreplicante y masivo, es pariente lejana de las tetas operadas y del final hegeliano de la historia. Pero esas fueron filosofadas aparte que me guardo para el libro… La alarma sonó en realidad cuando preguntamos si el café que nos servían era de la finca, y nos dijeron que no, que ellos no secaban café, que solo lo vendían para su procesamiento. Lo que ellos bebían y nos ofrecían era Nescafé. “No-café” -dijo Laura mirando atentamente al tazón- “porque si te tomás un torrontés sabés que estás en Salta”. Pero aligeremos el pánico, en Colombia se continúa sembrando café orgánico, aunque sea una minoría.

 

 
 
Antigua finca cafetera. Casona Buenos Aires. Vereda La Muleta, Municipalidad de Palestina, Departamento de Caldas.

 

 

Doña Cesarfina. 86 años. Recuerda las épocas en que las niñas amanecía mordidas por los duendes. Tiene su propia opinión sobre el café orgánico: “Ahora si a Ud. no le echa el químico la planta no funciona”. Y también sobre las brujas, a las que define como “viejas sin destino que se pusieron a estudiar cosas raras”.
Una composición muy colombiana: Chiva y café. En las fincas familiares el café es secado domésticamente. Pácora, Colombia. (Arriba de la chiva viajábamos nosotros. En el próximo post les contamos)

 

 
  

 

El café seco llega a las acopiadoras (normalmente en viejos jeeps). Allí se clasifica entre “exportación” y la resaca que los colombianos beben masivamente. 

Trabajador del café. Aguadas, Colombia. 

 

 

Antigua cafetera (1960s). Café Bola Roja, Salamina.
 
 
En las plazas de Colombia, mi oído aprendió a asociar el sonido de las bolas de billar hacen al romper con el pavor ferroviario que despiden de las viejas cafeteras, dragones ya cansados. 

 

Los hombres del “Bola Roja” visten a la moda…. Típico arriero antioqueño. Por eso amigos, la próxima vez que den un sorbo ciego a su taza de café, envisionen la mística lejana que embalsa, y que el código de su aroma refiere difuso a la espera de quien sepa cerrar los ojos de la manera correcta…

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

2 Comentarios

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  • Juan: Muy bueno lo que estan haciendo, no lo dije anteriormente pero me alegra muchisimo que hayan podido conseguir la Laptop.

    Hace unos dias te mande un mensaje por facebook, pero no se si te habra llegado, te decia lo siguiente:

    Querido Juan: Como andas tanto tiempo? Yo acá sobreviviendo al distanciamiento con mi novia y en relación a esto te escribo, ya que en el mes de Enero o Marzo me embarcare a un pequeño viaje a Cuba y hoy a la hora de empezarlo a proyectarlo me pone en duda o en realidad me genera una sensación extraña de hacer este viaje solo, debido a que al haberse sumado mi novia a mi vida, el proyecto de viajar lo habíamos tomado como nuestro.
    Y frente a este interrogante que es el viajar solo, recurro a vos que se que tenes mucha experiencia.

    Bueno todo lo que me puedas contar de esas experiencia, me vendrás fantástico.

    Y hoy a esto le agrego, que marcas de mochilas me podes aconsejar y como es el asunto de hospitality club

    Saludos, desde Buenos Aires

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