CASAS RODANTES, CABALLOS NEGROS CELOSOS Y EL GOL INOPORTUNO DE PALERMO

La casa rodante en que viví siete días, en el terreno de la casa de Pedro, en Jáchal. Todo un lujo usar como base sedentaria un ícono del movimiento…


Parece que mes estoy especializando en realizar versiones proletarias de deportes extremos fashion. Con Pedro y Fabián, descendimos 10 kms por el curso del Rio Jáchal a borde de estas cámaras de camión tensadas por sogas, utilizando escobas viejas como remos. Deslizarse por la corriente, esquivando rocas y ramas, fue una mezcla de relax y adrenalina. No lo entendía de forma tan simple el caballo negro que, marcando territorio, cruzó el río a paso furioso casi llevándome por delante. De todas formas, me quedé pensando en lo bello que hubiera sido suma a la lista de accidentes el haber chocado contra una caballo negro mientras navegaba el rio Jachal en una cámara de camión… algo a tono con haber caído en el foso de un ascensor en Adana, Turquía (Feb 2006)

Control médico para La Maga…En una balanza de principios de siglo, La Maga me asusta al revelar que pesa 18,8 Kg. Es posiblemente la mochila más pesada que he cargado. Se supone que con los años uno aprende a viajar con poco equipaje. Y es verdad, podría viajar con lo puesto si me sobrara el dinero, pero en los 5 Kg que pienso que sobran van libros artesanales para la venta, material para ensamblarlos, abrochadora grande, trincheta, regla metálica, archivo de recortes de diario, mapas, un libro de lectura para cuando espero en la ruta “El Encubrimiento de América” (regalado por Sergio Pino, de Lavalle, Mendoza), computadora, proyector para los eventos educativos, cámara de fotos, cargadores varios, y una caja llena de postales artesanales para su venta…
Salida de Jachal. Esperando en la bella campiña de Pampa Vieja, llena de casonas de adobe y sulkys. Una mujer me regaló una lata de picadillo porque no había despensas abiertas. Luego se detuvo una Rasrojera que me llevó en la caja junto con una vieja heladera Siam…
Al fin llegó Jorge y su Taunus, que a pesar de ir desarmándose en el camino iba en dirección a Nonogasta, muy cerca de Chilecito, pues Jorge trabajaba allí en la curtiembre. Perdimos el caño de escape en la escarpada cuesta de ripio, y el auto comenzó en un momento a gotear aceite. ¡Pero llegamos!
Tras una breve escala en Chilecito, donde me alojó Dady, de Couchsurfing, quien además me relató la historia de la lucha contra la explotación minera en el Famatina, seguí viaje rumbo a Catamarca por la muy poco viajada ruta 78… Este era el paisaje, frente a la ruta, justo a la altura de un pueblito llamado Potrerillos, donde no pasó un solo vehículo en tres horas.

El niño de la foto, Manuel, se acercó a conversar conmigo. Andaba en una bicicleta que sólo tenía llantas y frenaba con un trapo atado a las mismas… Manuel andaba por toda la calzada como si fuera el patio de su casa. “Mete ruido pero anda” – gritaba entusiasmado por el inesperado público… El contraste me hace reflexionar: es aquí debajo de los pies de Manuel y de su bicicleta sin neumáticos donde se originan los lingotes de oro que sustentan el poder de las naciones como Suiza. Recuerdo la riqueza que observé en las calles de Zurich, y la gente sin alma ni esperanza en las plazas bebiendo cerveza pagada por el seguro de desempleo.

Llegó el hermano mayor de Manuel, quien me preguntó. “¿Usted toma mate?” Es el puntapié de la tradicional hospitalidad de la Argentina rural. El mate es la excusa para la invitación al hogar, y allí vamos. En teoría, el tío de Manuel irá a Tinogasta más tarde en camioneta, a donde lleva las nueces que se producen en el pueblo. Por eso nos sentamos a tomar mate fuera, con la intención de hacerle señas cuando pase la camioneta. El destino tenía otros planes. Dentro de la casa se escuchaban los rumores del partido entre Boca Juniors y Vélez. En la pequeña pantalla del televisor blanco y negro, poco diferían los jugadores de los de un metegol. Y entonces Martín Palermo: él tiene la culpa de mi permanencia en Potrerillos. Martín Palermo anota su gol número 218, convirtiéndose en el mayor goleador en la historia de Boca, y entonces toda la familia entró a la casa para ver la repetición del gol. Entre los festejos de Palermo discierno, a lo lejos, el inconfundible avance de una camioneta por una ruta de ripio. Mi camioneta, la que se iba para Tinogasta. Estaba varado en Potrerillos. Mejor dicho, fue la excusa para quedarme a jugar y perder un partido de Chin Chon con Manuel, y para probar los lomos de carne de cabra que cocinó su padre.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

Un comentarios

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  • 18 kg de mochila!! Vas a dejarte la espalda maestro, hay que restar kilos como sea. Recuerdo que doña Aurora tuvo terribles dolores de espalda cuando llegamos a Corea tras un tiempo dando tumbos, al final decidimos empezar a sacar cosas, pero bueno, mientras el cuerpo lo aguante…

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