VALLE EDÉN: LA CUNA HIPPIE DE GARDEL…


Carmen nos ha recomendado que visitemos a Mabel, una amiga suya que vive en Valle Edén, un pueblito agreste en medio a unas colinas forestadas surcadas por un río. Valle Edén no es un pueblito más. A los ojos del mundo, su motivo de fama es su reclamo histórico como lugar de nacimiento de Carlos Gardel, el cantante de tango más famoso. Para nosotros, el sitio resplandece sobre todo por haber albergado un Encuentro Arco Iris. 
Para llegar allí hicimos dedo a la salida de Tacuarembó, en una banquina adornada por una gallina decapitada, velas rojas a medio derretir, y otros restos de algún rito umbanda. Esperamos 45 minutos, ya habituados a la falta de tránsito de las rutas uruguayas, y en ese lapso pasaron apenas siete u ocho vehículos. Un intermediario rural nos terminó llevando en un Chevrolet Celta. El hombre le había dado al whiskey y al llegar se olvidó de su propio destino y paseó con nosotros por el pueblo, mostrándonos el sitio del Museo de Carlos Gardel. 

 

Ni bien llegamos nos agradó la energía del lugar. Chanchos, caballos y gallinas se alimentan juntos. Gauchos a caballo, pasan a buscar a sus hijas a la escuela y bajan a hacer sus compras en el almacén del poblado. Nosotros le pedimos al almacenero que nos haga un par de sándwiches, y el hombre corta fetas deslizando el bloque de queso por un disco afilado que hace girar con una manivela, con toda la tranquilidad con que el mundo gira en esta zona. El nombre Edén parece elegido tras observar detenidamente la atmósfera del pueblo. Desde una columna, Gardel –omnipresente como una especie de Cristo o Artigas- nos observa con su sonrisa picarona y algo engreída, sobre un póster del Tacuarembó Fútbol Club.





Prontos nos establecemos en la casa de Mabel, a la que uno llega trepando una colina y cruzando tres alambrados. La casa es humilde, con techos bajos y su propio pozo de agua. Cléver, un hombre de mesiánica barba blanca y pacíficos ojos celestes, nos saluda desde dentro de uno de los invernaderos son dejar de aplicar su otra mano a la tierra. Dentro Mabel nos recibe con mate de té, una infusión preparada con cedrón, cáscara de limón y manzana, romero y otras hierbas. Al lado del aljibe armamos nuestra carpa –por primera vez en Uruguay, sí- y salimos a recorrer un poco el poblado.


Valle Edén no tiene casco urbano alguno. Sus viviendas están esparcidas a lo largo del valle. Sobre una de las colinas está la escuela y el Museo Carlos Gardel, y no lejos de allí la estación de trenes, hoy en desuso, que dio origen al pueblo. Hay un almacén, un camping municipal y un par de posadas costosas para los turistas que llegan en temporada huyendo del ajetreo capitalino. El río, que forma algunas playas de piedra, es sorteado mediante un puente colgante. En la base del puente, vemos una pareja y a una nena dentro de una carpa cerca de dos caballos atados. Mabel nos dice que son una familia de artesanos que llegaron a caballo y se han establecido por unas semanas allí. Cuando ella les ofreció zapatos y juguetes para la nena, ellos agradecieron pero rechazaron los obsequios, explicando que ellos confeccionaban su propio calzado y que la nena no jugaba con juguetes.


Mabel es auxiliar de la escuela del pueblo: allí les prepara la comida a los chicos. Además, tiene una proveeduría en el camping municipal, y planea habilitar algunas cabañas para los turistas que llegan en verano. Nos damos una vuelta por la escuela, naturalmente llamada “Carlos Gardel”. Allí tenemos la oportunidad de ver de cerca las famosas computadoras portátiles del Plan Ceibal, que el gobierno ha entregado gratuitamente a cada alumno del país. Las maestras se quejan de que no estaría de más que ellas recibieran alguna capacitación para guiar a sus alumnos, que saben más que ellas, en las actividades.

¿Y qué mejor que las maestras para contarnos la historia de Gardel? A primera vista toda la atmósfera de Valle Edén –de exhuberancia casi tropical- resulta completamente ajena a un personaje como Gardel, envuelto en un aura de melancolía urbana tanguera. No menos extraño es que un pueblito agreste sin trazado urbano se trence en abierta pulseada con urbes como Buenos Aires o Toulouse, en torno al lugar de nacimiento del icono. La versión local cuenta que Gardel fue el fruto de la unión ilegítima de un terrateniente local con su cuñada, motivo por el cual envió al niño a Francia con una amiga actriz. Gardel hablaba poco del asunto, pero lo cierto es que su pasaporte emitido por el consulado argentino en Francia indica Tacuarembó como lugar de nacimiento.


 

La cena en casa de Mabel transcurre en el cálido ambiente de techo bajo, muy cerca del hogar encendido. Ha llegado el hijo de Mabel, quien se pasó toda la tarde buscando a una vaca perdida, también Clever y Fernando. Fernando es constructor y artesano. Lo vimos a la tarde entrenzar hojas de palma para formar un sombrero. Es él quien nos cuenta la historia de los charrúas, y su trágico fin cuando el General Rivera los embosca en el Arroyo Salsipuedes en 1831. Aparentemente Rivera citó a todos los caciques para proponerles se aliaran a él contra los portugueses, pero cuando todos habitaron un campamento compacto abrió fuego sobre ellos. Los sobrevivientes ocultaron su origen. Los vencedores incluso se llevaron a cuatro charruas enjaulados a Francia como atracción circense. Sólo hace una década surgieron grupos que reclaman sus derechos como herederos de los pobladores nativos de este suelo. Según Fernando, la hospitalidad del Uruguay contemporáneo, que nos ha deslumbrado, deriva del trato horizontal que practicaban los charruas. Cléver asiente con la paz de sus ojos celestes, y frotándose la barba albina, desde su silla en la esquina de la sala. Paula acepta el mate que viene girando y se sorprende cuando a su lado aparece, moviendo su hocico en busca de caricias, una ternera llamada Milagros.

Fernando, quien rompió su credencial para votar cuando se enteró que el mismo gobierno de izquierda votó una protección arancelaria para inversores norteamericanos, es sin dudas un lícito transmisor de estas palabras charruas:

“Hemos sobrevolado el territorio,
Hemos sobrevolado la muerte,
Hemos sobrevolado la traición,
Y aún estamos aquí.
¡Te amamos, gran pradera!


Datos prácticos:

Alojamiento en Valle Edén: aunque nosotros hicimos camping en casa de Mabel, quienes estén en aras de comodidad, la única posada es la Posada Valle Edén. También se puede visitar en el día desde la vecina Tacuarembó, aunque la paz del lugar invita  a quedarse.


Para recibir en tu casa nuestro nuevo libro “Caminos Invisibles – 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas” sólo nos tenés que mandar un mensaje desde nuestra Tienda Virtual. ¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo, y nos ayudan a seguir viajando. Agradecemos de corazón cada consulta

Más Información
Share on Pinterest
Share with your friends










Enviar

Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

Un comentarios

Dejar un comenentario
  • Hubo comentario referido a Tiatucurá y Salsipuedes, enviado -espero que, éxitosamente- vía mail. Y, agrego, hay mucho de subjetivo en lo escrito. Gardel…. ¿Hippie? ¡¡¡Una interpretación muy personal!!! Valoro expresiones valiosas: era hijo de la cuñada del Cnel Escayola, sí. y luego Berta Gardes debió “cargar” con él. Opiné acerca de la Ruta de los Charrúas y de la emboscada cuando fueron a por tierras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Powered by WordPress. Con ayuda de Ecovirtual