Europa, el continente bostezo. Consuelo: el bueno tinto y el buen queso.

Despues de haber caminado por dos anios entre Europa y Asia, ahora un pajaro metalico me repatriaba a Europa en 12 horas. Mi mochila estaba tan desconcertada como yo, tan poco acostumbrada a esos inmensos depositos alados, muy poco habra podido compartir con todas las maletas de los mas pasajeros. Esas maletas no le iban a creer que se paso dios anios de camion en camion, que cruzo todo el Medio Oriente y Afganistan, el Tibet, que se monto en veleros, tractores, Porsches y carros tirados por burros por igual, que se la recibio y acomodo en casas de granjeros pero tambien en templos y palacios. La vi reaparecer acongojada en la cinta del aeropuerto Fiumicino, en Roma.

El mismo dia a la noche habia llegado a Milano, en el norte de Italia. Un reconciliamiento con las rutas europeas despues de dos anios. En Milano me esperaba mi hermana Vero y Horacio mi cuniado junto a un nuevo integrante de la familia, Jeremias, mi nuevo sobrino, de dos anios de edad. Su nombre es Jeremias, per si debiera elegir un alias para el sin dudas seria “decibel”, ajuzgar por su capacidad de perforar los timpanos de quien este a una hectarea a la redonda. Al pendejo le gusta llorar y gritar, y eso fue lo que hizo la primera vez que me vio… Con los pelos largos y el sombrero afgano, quizas le di algun motivo. Con los dias se fue tranquilizando. Ibamos todos los dias al parque donde jugaba con ninios de otros inmigrantes, moldavos, estonios, rusos, todos los herederos del Pacto de Varsovia gateaban y se tiraban de subibajas. Milan fue mi base para visitar amigos en Alemania, Suiza, Austria y Francia, antes de transladarme a España.

Al poco tiempo de mi llegada a Italia comenzo a afectarme algo asi como un shock cultural. Proveniendo de Asia, no solo la diferencia de precios llama la atencion. Me acostumbre al trato informal, a sacarme las sandalias antes de entrar a una casa, a comer en la calle, a hablarle a cualquier ser humano sin preambulos ni formalismos. En Italia en cambio, tirarse un pedo es una actividad sujeta a tasas. Es el unico pais que conozco donde hay una policia fiscal, la “Guardia di Finnanza” que incluso tienen sus propios patrulleros. En la Plaza San Marcos, en Venezia, esta ahora prohibido comerse un sandwich. En cambio hay que sentarse y pagar 12 euros por un café con una media luna….En Milan, la capital de la moda, puedo ver como los conductores dentro de los autos que pasan zumbando en la autopista sin detenerse visten trajes oscuros como si fueran a un funeral. Note que muchos hablaban solos, hasta que recorde que muchos tienen auriculares conectados a un telefono. No estaban locos! Simplemente hablaban por telefono.

Sería estúpido decir que Europa está habitada exclusiamente por seres formales. También hay una Euopa alternativa, la Europa de los squats, las comunidades alternativas, y en menor medida los grandes festivales (el rock pasó de proponer un compartamiento social alternativo a simplemente celebrarse a sí mismo). Pero en su conjunto Europa es un continente de bostezos. Hay fiestas rave, pero son quistes. Hay Encuentros rainbow, pero son (hermoso) picnics de marginados. No se trata de la ausencia de fiestas y excesos, que por eso Europa es bien conocida. En su conjunto es un continente trillado, huxleriano, continente bostezo, continente que contiene gente de altos ingresos que se altera si le pedís fuego por la calle, si le ofreces un abrazo gratis que no precisa Master Card. Ni se intente interpretar esto como el preludio de un elogio a Latinoamerica. Cada jardín con sus yuyos. No sé que es preferible. En Europa la indiferencia humana está instalada por el mercado. En Latinoamerica un par de superhombres de cotillón, caudillos “K”, militares petroleros, cafeteros disco de platino devenidos gobernador de Tucumán, etc instalan hambre y, últimamente, esperanza. Pero ahora estoy Europa, y entonces me vuelvo sensible al estoicismo de la abundancia….

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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