BASTA DE PARIS – ESTRASBURGO ESPERA

No se puede viajar a Francia y no conocer París, estamos de acuerdo. Sin embargo, muchas veces pasa lo inverso: los viajeros aterrizan en Europa y marchan como burros ciegos por itinerarios diagramados mentalmente: Roma-Lonres-Barcelona. Y cuando llegan a Francia y visitan París, se rascan la cabeza… ¿Y ahora qué hago? ¿Hay algo más allá de la Torre Eiffel? Bueno amigos, Francia continúa, y para salir de lo clásico, yo recomiendo con la conciencia tranquila Estrasburgo.
Estrasburgo se encuentra en la región de Alsacia (Alsacia en español, Elssas, en alemán) zona por la que franceses y germanos pelearon desde los siglos de los siglos. Tanta pelea logró amalgamar ambas vetas en la mentalidad de la gente. Cuando le pregunté a un peatón cómo llegar a la Catedral, el tipo me respondió:

– Tout droit, tout droit… Links!

Es decir, mitad en un idioma, mitad en otro. Vamos bien. Pero los perdono, porque de la misma manera, esta región de Francia superpone, no solo el idioma, sino las delikatessen. Así que tenemos buen vino y además, como en la vecina Alemania, buena cerveza.

¿Que decir de la arquitectura? Nada, silencio, los dejo con las fotos…. Pero les cuento que en algunas de esas casas funcionan tabernas en cuyos mesones los estrasburguenses se vienen emborrachando desde el medioevo, y sirven unas tortas flambeadas –especialidad local- que vale la pena probar….

Si algo me gusta de la arquitectura son sus contrastes. En Estrasburgo, el fachwerk alemán (las casas con tirantes de madera) se mezclan con las iglesias góticas netamente francesas.
Ya saben que viajo a dedo. Pero para los adictos a los trenes, nada mejor que llegar desde París en el TGV leyendo el libro “El gran bazar del ferrocarril” de Paul Theroux. Si les gustó la idea, les dejó los horarios del TGV. Parece que el tren cubre el trayecto en apenas dos horas, viajando a más de 200 km7h. Una vez, viajando a dedo, me levantó un ingeniero que trabajaba en la SNCF (los trenes estatales franceses) y me juró que en tramos experimentales, el tren había alcanzado los 520 km/h. En Argentina, mientras tanto, redujeron la velocidad del tramo Buenos Aires-Mar del Plata de 100 km/h a 80 km/h por falta de mantenimiento de las vías…

Una manifestación estudiantil contra Sarkozy durante mi visita. Fue la caminata nocturna con mejor onda que podía haber elegido. Además de las consignas políticas, no faltó un picnic frente a la iglesia. 

¿Qué sería de Francia sin el hierro forjado de sus puentes y torres? El metal logra imitar la fluidez del río que le pasa por debajo. Dos opuestos igualados por la pose.

La Maga, mi mochila, con el fondo de una antigua furgoneta Citroen. Cuando era niño, tenía una igual en miniatura. Por eso elegí ese lugar para hacer dedo. Haría un viaje en vehículo sol si se trata de uno clásico. Ir por la campiña francesa de pueblo en pueblo parando en alguna que otra taberna para probar una cerveza regional es algo que tienen que poner en esas listas de “100 cosas par hacer antes de morir”


Y con este ferry me despedía de Francia y cruzaba el río Rin hacia Alemania…  Europa es un ovillo sin fin, podría viajar un año completo por sus zonas rurales:

Consejos para viajar por la campiña a dedo :

* Conseguir un mapa de rutas.
* Prestar atención a las rutas “departamentales”. Son las más pequeñas, aunque siempre están asfaltadas, y se indican con la letra D antes de su número. Ej: D109
* Aprender lo básico de francés para explicarle a los conductores a dónde van.
* Leer los fuertes de cada región. Viajar a dedo por Francia es como una búsqueda del tesoro. Muchas veces los conductores los pueden invitar a probar quesos regionales, cervezas, chocolates, etc. 
* Llevar carpa. Es posible acampar en los pueblos siempre preguntando a los lugareños por un sitio donde no molestemos (y más de una vez, nos invitarán a sus casas)

Alojamiento en Francia:
* Como siempre, recomiendo usar Couchsurfing.
* Para quienes quieran un poco más de privacidad, aquí hay una lista de hoteles baratos en Francia

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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