Un mundo de hielo en el norte de Pakistan.

“Viajar entre montanias es como desvestir una doncella”. La exaltacion poetica que el explorador aleman Wilhelm von Goldberg anoto en su libreta mientras cruzaba los montes Atlas es facilmente transportable al norte de Pakistan, donde mas alla de la aparente unificante del Islam, cada valle se asincera gradualmente revelando lenguas, razas y culturas unicas. Las altas cumbres parecen puestas alli como un instrumento del pudor de una parcela de este mundo que solo confusamente se ha visto envuelta en el fenomeno llamado globalizacion.
Estando en Chitral mi plan era cruzar el Paso de Shandur hacia Gilgit y desde alli subir lentamente hacia China por la Karakorum Highway. El terreno entre Chitral y Gilgit consiste en montanias escasamente pobladas, por lo tanto con pocos vehiculos particulares. Sin embargo, estaba en el cargadaor de la suerte que conoceria a un comerciante que viajaba al bazaar de Gilgit, la principal puerte de entrada para bienes baratos provenientes de China, y Mecca de pequenios y grandes emprendedores que se benefician del nexo vial con el gigante asiatico. El profeta, quien insto a sus discipulos a viajar a China, si fuese necesario, para procurarse conocimineto, jamas hubiera imaginado que estos irian, a la larga, a buscar electrodomesticos. El bazaar no agota las dimensiones de Gilgit, un pueblo que durante un siglo estuvo en la mira del Foreign Office como limite de la esfera de influencia britanica en la pulseada con Rusia por el control de Asia. Eran tiempos de bayonetas y espias disfrazados de peregrinos. Mucho antes que eso, Gilgit ya era famosa como posible cuna del polo, deporte que tuvo su origen como forma de entrenamiento de la caballeria de los reyes de entonces. Cada anio, los archirrivales equipos de Chitral y Gilgit juegan por el honor eb el campo de polo mas alto del mundo, sobre el Paso de Shandur, a 3800 m de altura.
Pero mi estadia en Gilgit no tenia nada que ver con encomiendas de Su Majestad o jinetes enfurecidos. Queria, por primera vez en mi vida, caminar sobre un glaciar. Desde el comienzo de este viaje, ruta se ha traducido de muchas maneras, desde una Via romana en Siria hasta las impecables autopistas alemanas, desde la llana vacuidad del Sahara hasta las aguas del Bosforo. Pero nunca ha sido hielo. Encontrar un glaciar en el norte de Pakistan le queda chico a la palabra desafio, pues hablamos de una de las zonas mas intensamente glaciadas del planeta. EL desafio consistia, mas bien, en arrastrarme a mi mismo sobre uno de ellos, considerando que el plano inclinado me parece la figura mas diabolica del panteon geometrico. Era mi esperanza parasitar la experiencia ajena y sumarme a algun grupo con las mismas intenciones. El Hostal Madina en Gilgit era sin dudas el sitio idoneo para conocer a gente del ese palo. A diferencia de los hostales de India , donde los extranjeros alli reunidos conversan cigarro en mano sobre el yoga, el calendario maya y las reencarnaciones, el patio del Hostal Madina era un reboleo de bicicletas y mapas, y la charla entre los viajeros giraba alrededor del costo del permiso para escalar el K2 y la localizacion del los checkpoints en la ruta hacia Tibet. Alli conoci a Martin y Agneska, de Polonia, Y Sdanek, de la Republica Checa, quienes pensaban al dia siguiente ascender hasta el campamento base del Cerro Rakapochi (7780) y desde alli, condiciones meteorologicas de por medio, cruzar el glaciar Minapin. Los dos dias de caminata hasta los 3500 del campamento y el cruce del glaciar eran, para estos muchachos poco mas que un paseo. Competian entorno a quien se habia fumado un cigarro a mayor cuota, y planeaban hacer cumbre en el Spantik (7020). Martin fue rapido en decir que era bienvenido en hacer la excursion con ellos, y lento en darse cuenta de que ellos eran montanistas, y yo un autostopista. Al menos, siendo ellos Europeos del Este y yo Sudamericano, habia cosas que no era necesario discutir: no contratariamos guias o sherpas, nni utilizariamos los campings establecidos.
La unica cosa mas aburrida que describir montanias es describir un viaje entre montanias. Al lector le basta con saber que el autor debio, en mas de una occasion, ser remolcado como un ninio de jardin a la hora de cruzar una avenida. En otro incidente, mi mochila debio ser elevada con una soga para hacerme lo suficientemente liviano como para trepar una pared vertical de roca con relativa seguridad. Parados sobre la morena sur del glaciar, no solo ganamos perspectiva sobre el inmenso rio de hielo y nieve bajo nuestros pies, sino que comprendimos que se trataba de una criatura viva, en movimiento, el choque de las placas de hielo bajo la superficie perfectamente audible.El Rakapochi tampoco era un ente estatico: una vez por hora el sol escultoir derretia el excedente de nieve en alguno de los ventisqueros para liberar una avalancha que hubiera permitido a cualquier montanista conocer lo que se siente ser pulga cuando el perro se rasca. El cruce del glaciar en si, para mi sorpresa, fue la etapa mas facil, sin desmerecer las grietas y rios internos que tuvimos que sortear. En un momento pareciamos criaturas interplanetarias rebotando en un mundo blanco: nada mas era visible excepto el hielo y los bordes rocosos de las morenas. El camino de regreso no fue menos epico, ya que nuestra politica de no pagar por acampar en lo que consideramos propiedad de todo ser humano resulto en ser escoltados por un local rifle en mano.
Superado mi pequenio desafio artico segui andando por la Karakarum Highway, la autopista que desde 1982 une Pakisan con China. Veinte anios tardaron los ingenieros de ambos paises en la faraonica tarea de tender una ruta de doble mano sobre dos de las cordilleras mas altas del planeta: Pamir y Karakorum. EN su tiempo y aun hoy, la autopista en sun simbolo de la alianza de ambos paises frente al enemigo comun: India. En gran medida, el asfalto se superpone con la clasica Ruta de la Seda, esa arteria ideologico-comercial que vio pasar generaciones de mercaderes y profetas transportando cosas tan disimiles como nueces o religiones. Fue por estas sendas que el Islam se abrio paso hacia China en el S.XII, a contramano de la seda y la ceramica que viajaban rumbo al Mediterraneo. Luego de tal preterito protagonismo, la region cayo en un aislamiento casi medieval que duro casi hasta nuestros dias. Dervla Murphy, la ciclista irlandesa que recorrio la zona en 1963, relata que cuando el prmier jeep llego a Chilas, los aldeanos le pusieron delante pasto fresco en abundancia. Estaban convencidos que el jeep era la cria de esos extranias aves metalicas que veian aveces sobre el valle, y que bien alimentado, pronto seria capaz de volar.
Desde Gilgit hacia el norte la ruta atraviesa los antiguos reinos de Hunza y Nagyr, cuyos mir (soberanos) tenian especial predileccion por el fratricidio y el asalto a caravanas. El rio Hunza es tambien el limte geologico donde hace millones de anios el subcontinente Indio colisiono con Asia, dando origen a los Himalaya. Luego de dos tramos decepcionantemente cortos en dos modernos vehiculos de dos empleados bancarios, un taxista filantropico y un motociclista mudo llegue al pueblo de Nilt, al que siempre recordare por el cartel junto a la ruta que dice: “Agencia Pepsi: venza la sed por medio de la bebida fria”. En la visita que sin dudas tal anuncio habilitaba descubri que los mocosos no tenian ni heladera. Es curioso ver la estetica del American Way of Life convivir con el odio nominal por Norteamerica. A menudo se observan ninios beber sus Coca Cola delante a grafittis del tipo “Down with the USA”. Con mi jugo de manzana tibio, volvi a la ruta. Nilt, Thole, y casi todos las poblaciones del valle de Hunza pertenecen al Ismailismo, una secta del Islam particularmente secular. Como consecuencia, por primera vez en mucho tiempo, veo mujeres caminar por las calles. Las mezquitas, de manera inversa, han abandonado el paisaje: los Ismaelies oran en sus jamaat khana, o casas del pueblo, a la quie tanto hombres como mujeres tienen acceso. Habiendo salido tarde de Gilgit, la noche me alcanzo en Thole. Alli le pregunte al farmaceutico del pueblo por un sitio donde acampar pero, ccontra mi pronostico, el hombre respondio a mi pregunta en vez de invitarme a su casa. Entonces me sente fuera de un rudimentario polirrubro a esperar algo. La luz a garrafa que proviene del comercio me hace bien visible a potenciales almas caritativas, pero al cabo de medio hora solo he reunido a una decena de ninios para quienes soy una enretenida mezcla entre payaso y paracaidista, aa juzgar por la ropa colorida y la mochila. Finalmente un local, sin emitir palabra, me hizo senias ed que lo acompaniara. Ees el sereno de la sala medica, donde dormiria esa noche.

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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