Norte de Pakistan: recorriendo el cubo magico II.

El dia de mi partida Azam me entrgo un sobre. Dentro, una carta de presentacion para un pariente suyo que vivia en Naghar, camino a Chitral, a quien Azam se referia como “el Principe”. Pense que era solo un apodo, pero no, el cuniado de Azam es miembro de la ex familia real, y seria hoy rey de Chitral si los titulos de nobleza no hubieran sido abolidos en 1969. Seria facil encontrar la residencia del principe, me anticipo. Imposible pasar por alto un fuerte construido sobre una isla en el rio Chitral y unido a tierra por un puente colgante. Me mostro una foto y sali hacia alla. Salir a buscar el fuerte de un principe con una carta de recomendacion en mano era la aventura en si. No importaba realmente llegar alli, es lo que llamaria una aventura nominal. Velozmente pasaron los pueblos de Chakdara y Dir, donde los pashtunes comienzan a dar paso a los chitralis, y comienzan a observarse con cada vez mas frecuencia razgos caucasicos entre la poblacion. Quienes no asocian la tez blanca y los ojos verdes con Pakistan deberian darse un paseo por la zona norte. El norte de Pakistan presenta la diversidad de un cubo magico a medio armar. Casi en cada valle parece hablarse una lengua diversa: pashtu, khowar, kalashmun, shina, farsi, wakhi, etc. Algunos de estos pueblos llegaron aqui desde paises vecinos hace siglos, de la mano del comercio, por ejemplo. Del origen de otros nada se sabe.

Saliendo de Dir no pude resistir la tentacion de subirme a un tipico camion Bedford que me venia invitando a bocinazos. Los camiones pakistanies son inmensos sonajeros: de todo el perimetro del camion cuelgan cadenas con placas metalicas cuyo mutuo choque anuncia al camion a medio kilometros. Las puertas de madera labrada parecen haber sido mentadas para un templo, y en cierto sentido el camion en si es una catedral rodante, una carroza rococo. Subirme a tan lento monstruo fue un error tactico. Pero no pude evitarlo, al ver un Bedford viene a mi el aroma a girasol que se respira en la rotonda de Quequen. Por suerte el Bedford iba cerquita y pronto estaba sentado en la minivan de dos ingenieros cruzando el Paso de Lowari. Luego de los altos pasos de Ladakh perdi la capacidad de generar adrenalina al pasar los 3000m, y presumo que no hay marcha atras salvo que haga un retiro espiritual de un anio en Holanda…. Dos horas despues del paso aparecio como presagiado por Azam el fuerte del principe. Cuando llegue conversaba en el jardin con sus sirvientes iletrados. El aburrimiento ha diluido las castas. Como ya no hay asuntos “reales” de que ocuparse, el amable principe, cuyo nombres es Salahudin, administra un pequenio hostal en el mismo fuerte. Alli conoci a Richard, un ingles que habia conducido su moto BMW desde su pais, y que se gano mi respeto al contarme que alguna vez “trabajo” significo para el viajar a Sudan a concretar la exportacion de ovejas a Yemen.

Chitral parece una concatenacion de granjas con el dramatico fondo del Tirich Mir (7708m) entre otros gigantes del Hindu Kush. Mientras todos en el bazar sugerian que fuese a un hotel, un abogado de pantalon y camisa blanca y gorro de la marina con una fragata bordada, me ofrecio su estudio para dormir. Pronuncio un discurso sobre la igualdad entre los hombres y me entrego la llave del cuarto. SU nombre era M.I>Khan uno de esos hombres con conciencia universal que uno encuentra hasta en la mas aislada de las provincias de este mundo. Sali en fin a recorrer el bazar de Chitral, y descubri que gran parte de los comerciantes hablan farsi, ya que provienen originariamente de las areas tajik del vecino Afganistan. La cercania a tal pais me obligaba legalmente a registrarme con la policia local, donde el tecleo de las Olivetti aun calla al zumbido de las CPU. “Es por supropia seguridad” –me explicaba el burocrata de turno, a lo que respondi que habia pasado un mes dentro de Afganistan, pero que en fin, me tomaran los datos si era necesario. En las calles de Chitral tambien reencontre a Richard, quein intentaba que los mecanicos locales repararan el encendido electronico de la BMW. Richard se agarraba la pelada mientras un mecanico destornillaba todo lo que encontraba en su camino, mucho mas cerca a buscar la solucion en el Sagrado Coran que a leer el manual de usuario…

Al segundo dia parti rumbo a los valles de los Kalasha. Quienes son los Kalasha? En realidad nadie lo sabe con exactitud. En un pais de 120 millones de musulmanes, los Kalasha, que una vez poblaron todo el Chitral, son los ultimos 4000 sobrevivientes del Kafiristan, o “tierra de infieles”. Tecnicamente, son el unico pueblo indo-ario de Asia Central que no se ha convertido (aun) al Islam, y junto a los zorastrianos de Yazd, en Iran, son la unica interrupcion a la hegemonia islamica entre Cachemira y el Mediterraneo. Su religion esta de hecho emparentada con el panteismo de las religiones vedicas, con deidades protectoras que curan de los rebanios, de la fecundidad, etc. Hasta el siglo XIX los Kalasha vivian relativamente aislados, a ambos lados del Hindu Kush, protegidos por los laberinticos valles. Poco se sabia sobre ellos, a tal punto que la Royal Geographial Society inglesa los etiqueto por aquellos anios como el utimo misterio sin resolver en Asia. La suerte de los kalasha cambio cuando los ingleses decidieron, para contrarrestar la influencia rusa en Asia Central, crear un Afganistan solido y con fronteras definidas. En 1893 trazaron la linea Durand, y armaron al Emir de Kabul quien entonces se decidio a islamizar a los Kalasha por la fuerza. Del lado pakistani aun retienen tres valles, aunque en su propio habitat son sobrepasados en numero por los kalasha convertidos al Islam. Esos tres valles son: Birir, Rumbur y Bumboret.

Parecia que la suspension del jeep iba a colpasar antes de que llegaramos a Rumbur, un vale comprensiblemente estrecho si va a ser el santuario de una cultura amenazada. Imposible no recordar las ruinas de Quilmes en Tucuman. En todo el valle no hay nada lo suficientemente grande para ser llamado pueblo. Solo aldeas, donde casas de madera de dos plantas (con el primer nivel para los animales) se apilan normalmente sobre las colinas, para aprovechar al maximo la superficie plana para los cultivos de maiz o tomates. En Grom, uno de los asentamientos, conoci a Ingeniero Khan. “Sos ingeniero?” No, mi padre me llamo Ingeniero porque queria que fuese su primer hijo en ir a la escuela. LO que fue un experimento familiar tuvo un desenlace inesperado, cuando el joven Ingeniero manifesto su deseo de ir a la Universidad. Ambos padres se miraron desconcertados y decidieron consultar a sus ancestros por boca de un chaman. Con el consentimiento del pasado (y previo juramento a su abuela de que no se convertiria al Islam) Ingeniero dejo por primera vez su valle para estudiar en Chitral, y regreso con una licenciatura en Ciencias Politicas, conviertiendose en el primer graduado entre los kalasha.

Habiendo estudiado la politica, Ingeniero sabia mejor que nadie que politica no era lo que los Kalasha necesitaban, y en cambio fundo la primera escuela en Kalashmun, la lengua nativa. Es un placer aprender diez o veinte palabras e una lengua hablada solo por 4000 personas. Hay que recordar que una lengua es mas que un canal de comunicacion, es una manera unica de comprender el universo. Pero la entereza de esta cultura sigue estando amenazada: un grupo de intelectuales griegos han introducido en los valles la creencia de que los kalasha descienden de legiones extraviadas de Alejandro Magno, quien llego hasta el valle del Swat. Una explicacion romantica que a todos nos gustaria creer, pero sin fundamento empirico, salvo que uno tome a los ojos verdes de los locales como argumento. Algunos incluso acusan a estos griegos de propagar el avangelio entre los kalasha. “Cuando tengan el numero suficiente de cristianos construiran una iglesia” – me dijo un local asustado. Dedique un par de dias a caminar entre las plantaciones. Las mujeres kalasha, lejos de cubrirse con un velo, visten trajes multicolores que aumentan, y no ocultan, su belleza. De todas partes se escucha: “Ishpata, baia!” (Como estas hermano?) Es que al margen del parentezco los kalasha se llaman los unos a los otros hermano o hermana (baia o baba). Como siempre, las culturas que se basan en la hermandad y la armonia parecen tener malas cartas frente a un destino que prefiere los reyes y los aces. Voy camino a Gilgit: China cada vez mas cerca.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

2 Comentarios

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  • Potpurrí de canciones para el camino (van los cachos de las letras)

    – voy a cuidar de mi amorcito que está borracha por demás otra vez…
    – yo tube la mejor flor, la mejor de la planta más dulce…
    – si cada hora viene con su muerte, el tiempo era una cueva de ladrones, los aires ya no son tan buenos aires…
    – será porque nos queremos sentir bien, que ahora estamos bailando entre la gente…
    – que nadie se atreva, a tocar a mi vieja, porque mi vieja, es lo más grande que hay…
    – sentado solo, en un banco en la ciudad, con tu mirada, recordando el litoral, tu suerte quiso estar partida, mitad verdad mitad mentira como esperanza de los pobres prometida…
    – y a rodar, a rodar, a rodar mi vida, a rodar, a rodar mi amor.
    YO NO SÉ DONDE VA MI VIDA
    YO NO SÉ DONDE VA
    PERO TAMPOCO CREO QUE SEPAS VOS.

    Digo, a veces me sorprendo lo lejos/cerca que está todo. Me imagino vos, tan en otro mundo.
    Un abrazo.

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