En los Pamir, los nomadas kirgizes han domado la modernidad.

Por la maniana el Dr. Ali Mohammed me regalo cuatro manzanas, y estba otra vez en la ruta. Entonces era imposible adivinar que esas manzanas iban a facilitar mi ingreso a China. Tras una espera de 20 minutos, un camion Nissan se detiene. El camionero es un hombre de Peshawar de nariz ancha y razgos tipicos del sur. Su barba es especialmente tupida, y se podria decir que comparte esa caracteristica con su camion, mirando con un poco de sentido de la irrealidad al centenar de cadenas metalicas que cuelgan capilarmente del paragolpes delantero del Nissan. El hombre y su secuaz tenian la testosterona al palo: durante todo el viaje no dejaron de avistar campesinas de dudoso sex appeal con la alegria del marinero vigia de Colon. Aunque el Nissan va casi hasta la frontera China, prefiero bajarme en Passu, para tomar fotografias de los glaciares que, en este tramo, llegan practicamente hasta el borde de la ruta. Debi esperar una hora para subirme a un camion similar rumbo a Sost, el ultimo pueblo pakistani. Mientras el nuevo chofer tampoco hablaba ingles, uno de sus amigos era un hombre culto que hablaba ingles y arabe. Lamentablemente, malinterpreto mi curiosidad por la lengua arabe como curiosidad por el Islam, y procedio a empaquetar y venderme su verso, insistiendo en que solo el Islam nos preparara para la nueva vida que sobrevendra luego de la destruccion inevitable. Se sorprendio mucho cuando le dije que casi todas las religiones preveian la misma secuencia, y que eran muchos los tarjeteros invitando al mismo after hour. Tan focalizado estaba ese hombre con la vida despues de la muerte que era completamente sordo al sutil harpa del momento presente. Por otro lado caia en una contradiccion frecuente por estos pagos y, con la peculiar logica de la intolerancia, afirmaba que todos los musulmanes eran hermanos, yy que los ismaelies no eran musulmanes.
Sost es un mamarracho de frontera redimido por la presencia de camiones chinos cuyos ininteligibles caracteres anticipan como un ficha de domino el encanto del mundo del otro lado del Paso de Khunjerab.Antes de cruzar a China, sin embargo, tenia otro desafio personal: visitar al miembro de Hospitality Club mas remoto del que tuive noticia en mis cuatro anios como socio. El mail de Alam, confirmando que me esperaba en su aldea del valle de Chapurson, habia sido tanto una sorpresa cuanto un desafio. En primer lugar, porque la aldea de Zoad Khon no aparecia en ningun mapa. Y segundo, porque cuando finalmente encontre al valle y la aldea en un mapa de trekking, resulto ser que Alam vivia al final del valle que se extiende en direccion norte desde Sost por 70 km, rozando casi el Corredor de Wakhan en Afganistan, esa misteriosa zona en donde Afganistan, Pakistan, Tajikistan y China estan a 50 km el uno del otro. Mientras tomar un autobus o subterraneo es suficiente para llegar a la puerta de casa de los miembros europeos del HC, para probar la calidez de la casa de Alam debi caminar 20 km en la oscuridad, con el flash de mi camara como unica defensa contra el improbable pero posible leopardo de las nieves, antes de milagrosamente encontrar un jeep, en la cuarta hora de caminata. El valle de Chapurson fue abierto al turismo solo desde 1999. Aun asi, la lejania del valle actua como filtro, y solo unos 80 extranjeros al anio posan sus ojos sobre el invariablemente soleado -y por tramos desolado- valle. Solo 2000 personas , qque comparten la lengua Wakhi con sus vecinos del Noreste de Afganistan, cultivan pacificamente papa, tomates y trigo en el estrecho valle.
Alam es, me animoa decir, el unico hombre cosmopolita del valle. Con todo derecho al objetivo, no solo por hablar ingles, sino por tener e-mail y poseer la unica computadora del valle. Si tiene internet? Eso debera esperar en una zona donde no llega el correo, y dnde no llega el cableado telefonico ni la cobertura movil. Como buen wakhi, Alam me recibe con una taza de te salado, y me cuenta un poco su historia. Con solo ver a Alam, un hombre robusto de pelo largo atado y risa facil, queda claro que en el momento creativo el molde del wakhi tradicional sufrio una mutacion inesperada. Guia de montania, musico, poeta y, principalmente, jinete. Conoce cada montania de su pais, y ha incluso descubierto dos nuevos pasos hacia Afganistan. Aparte de dedicarse al turismo Alam intenta mejorar la educacin en la zona. Fue gracias a su contacto con un benefactor norteamericano que Zoad Khon se conviritio en la primera aldea del valle con agua corriente.
Naturalmente, fue Alam quien me recomendo caminar 10 km hasta Babagundi, un caserio en la frontera con Afganistan utilizado como posta de comercio con los nomades kirgizes del Corredor de Wakhgan En este rincon del mundo, los montes Pamir mantienen la modernidad a raya y engolfan las ultimas brisas de la ruta de la seda. Son 6 horas de caminata, entre campos donde familias enteras cosechan manualmente el trigo con rusticas cuchillas curvas. La primera imagen de babagundi, poco revelatoria, fue la de una decena de casas de piedra y un corral habitado por veinte gordisimas vacas. Una vez junto a la casa de te (decir “en el centro” seria todo un arrebato) el encuentro no pudo ser mas directo: tres hombres con pantalones holgados forzados dentro de sus botas, gorros cosacos y cuchillos envainados agrupaban en el suelo barrido por el viento una diversidad de objetos, desde ollas hasta alfombras. Mas alla, otros dos hombres cocen sacos de harinas. Son nomadas kirgizes! Mi llegada ha coincidido con la de una caravana de 25 yaks (las vacas gordas). Bebo el te que me sirve el duenio de la casa de te y me pregunto: en que siglo estamos? Como Richard Bach, comienzo a creer que el tiempo sea acaso una ilusion creada por los diseniadores de automoviles y los vendedores de hipotecas. Al producir el Trabant sin cambios durante tres decadas consecutivas, Alemania Oriental alcanzo, antes que el comunismo, la eternidad. La imagen del hombre de ojos razgados, piel curtida y barba angular cargando bolsas de harina en su yak es igualmente atemporal. Han viajado 5 dias, trayendo consigo sus ovejas, cabras, y queso de yak, para tocar por toda clase de bienes, desde azucar hasta calzado. Cualquier objeto es precioso en las Pamir. Para visitar al medico mas proximo a su asentamiento, estos kirgizes deben cabalgar durante una semana. Tal seclusion es responsable de niveles record de automedicacion, mortalidad materna y adiccion al opio. La comunicacion es dificil, los kirgizes nunca han visto a un extranjero, y producen nerviosas sonrisas. Eel wakhi contiene un 20% de persa, idioma que solo comprendo, a su vez, en un 20%. Con los porcentajes jugandonos en contra, uno de ellos, llamado Talaualde, hace un esfuerzo extra y me invita a montar su yak. Los kirgizes amarran sus yaks a tierra con un sogas que en un exttremo enlazan los orificios nasales de la bestia y en el otro enormes piedras. A ver si se vuelan. Talaualde lleva un cinturon con una hoz y unn martillo en la evilla. Otro personaje, involuntariamente comico, lleva atada a su chaleco con hilo amarillo lo que parece ser una llave de contacto. Pase horas pensando cual de las posesiones de ese nomada podria requerir una llave.
Una cabra fue sacrificada para sellar el intercambio, y ambas partes comieron senttadas en la hierba. A pesar de haber presenciado la matanza, fracase en mi intento de volverme vegetariano. La cabra estaba sabrosisima! Uno de los pakistanies paso desparramando caramelos, que desaparecian especialmente rapido cuando caian cerca de los kirgizes. Luego del almuerzo estos ultimos siguieron cargando sus yaks con sacos de harina y alfombras enrrolladas, mientras a 30 metros los pakistanies cargaban sus jeeps. Temporariamente, modernidad y atemporalidad comparten la polvorienta calle de Babagundi, antes de regresar cada una adonde pertenece.
Mi rumbo era China, y dos dias mas tarde cruzaba la frontera en una camioneta de la Pakistan Tourism Development Corporation, imposibilitado legalmente de cruzar independientemente el Paso de Khunjerab. Del lado chino la ruta entra en un altiplano con cumbres circunscriptas al horizonte. La austeridad es tal que hace pensar en la nemesis de un Eden condenado. Camellos bactrianos -de dos jorobas- se cruzan delante de la ruta, y el guardia de aduanas chino en Taxqorgan alza escandalizado la bolsa con mis cuatro manzanas que me regalara el Dr. Ali Mohammed en Thole… Que es esto?! -pregunta exaltado como si hubiera visto unna granada de mano… (continuara)

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

4 Comentarios

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  • Juan es realmente increible lo que contas , a cada rato que termino de leer tengo que pelliscarme para despertar de ese mundo magico en el que estas y al cual me llevas con tus relatos.
    Que mil y un estrellas te sigan guiando y espero algun dia tener la posibilidad de entablar una charla con vos. soy santiago rosati de cordoba capital.

  • juan lo que hases es maravilloso quisiera tenderte una mano en este camino que elegiste que se llama vida…
    gracias por compartir con nosotros esos viajes increibles que emprendes.
    bueno dios te acompaña siempre y que ese fuego que hay en vos se siga alimentando y cresiendo suerte .
    y como dije en el comentario anterior simplemente capo…
    me llamo andres y soy de mar del plata de tu ciudad…..

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