UN VIAJE A LADAKH: ENTRE DERRUMBES Y MONJES MOTORIZADOS.

‘Himalayan Queen’ era sin dudas una hidalguia no merecida por el conventillo sobre rieles que me tramsporto desde la insoportable nueva Delhi hasta Shimla, en las primeras estribaciones del Himalaya. No puedo decir que el viaje haya sido comodo, y con familias enteras congestionando los pasillos, y madres de proporciones quanticas intentando hacer dormir a sus ninios sobre mis rodillas, no tarde en reezaminar mis opiniones sobre el control de la natalidad. La escena me recordaba a una pocilga en el bazaar de Delhi, llamada ‘The Prince Palace’, donde lo mas cercano a una ducha eran los cubos de agua caliente provistos por un mugriento sirviente. Lo importante, me repetia, era que dejaba Delhi, y eso que en los ultimos dias Delhi se habia vuelto soportable, gracias a la vida social carroniada a mis amigos en la Embajada Espaniola, y a las interesantes charlas con Susumoy, mi anfitrion de Hospitality Club.

Shimla es una coleccion de casonas inglesas heredadas de la era colonial. En cada una de ellas se podria ambientar una pelicula de terror, tales son las dimensiones, y tal su estado de conservacion. Mientras hoy la peatonal es una estampida de familias del Sur de India endomingadas, ninios con helado y mujeres sari al viento y tercer ojo includios, cuesta imaginarse que durante el dominio ingles los indios –salvo os que cargaban las maletas de sus amos- tenian vedado el ingreso a lo que entonces era n santuario de estilo y desigualdad. Hoy Shimla es la capital del estado de Himachal Pradesh (Tierra de las Nieves Eternas), y p[unto de partida para travesias hacia valles mas altos y desolados.

El plan era recorrer los valles de Kinnaur y Spiti, en la frontera entre Himachal Pradesh y Tibet, y luego tomar la segunda carretera mas alta del mundo, que une Manali con Leh, en la region de Ladakh, otro exclave de la cultura tibetana dentro de India. Con mi visa venciendose lentamente como ese infaltable limon de refrigerador, la travesia solo seria posible recurriendo a la indeseable tactica de ‘llegar y partir’.

Asi, el valle de Kinnaur paso como una rapida serie de diapositivas. Aunque se tata de uno de los valles mas bellos en todo lo anch de los Himalayas, la fertilidad permitida por el monzon anual le resta dramatismo y lo deja dentro de la categoria de las postales idilicas. Con todo, esto no es objetivo, pues yo soy de la endiablada clase que puee disfrutar de la ruta provincial 43 en Catamarca. Con todo, resplandece ante la seleccion del recuerdo la vista del Monte Kinnaur Kailash desde la aldea de Kalpa. Los habitantes originarios de estos valles se denominan kinnauris, a quienes los primeros registros historicos describen como musicos celestiales, son facilmente identificables por sus gorros, que se asemejan a los birretes de un imposible ejercito reggae, con bordados verdes y rojos. Son principalmente hindues, con una especial devocion por la diosa Kali, a la que honran en templos de madera y piera en forma de torre. Es interesante notar que aunque Kali es la esposa de Shiva, es tambein su atributo del susodicho, con lo que, como en el aso de Adam y Eva, es otra version del mismo argumento machista donde la mujer nace de un cacho de hombre.

El valle de Spiti queda del otro lado de los Himalayas, lo que no quita que montanias sea lo unico que hay a cientos de kilometros a la redonda. Sucede que los Himalayas son solo los mas famosos de una pluralidad de cadenas monaniosas que forman el arco de altas cumbres que separan al Subcontinente Indio del macizo de Asia Central. Comprimido asi entre los Himalayas y la concentrica cadena de Zanskar, el valle de Spiti queda al resguardo de las precipitaciones anuales, lo que explia su aspecto lunar. Las aguas del rio Spiti parecen tener sobre las tierras que banian el mismo nulo efecto que el mundo exterior tiene sobrelos monjes que habitan los numerosos gompas (monasterios tibetanos) de la zona. Tras la sistematica destruccion de la cultura tibetana en el mismo Tibet por el Ejercito Rojo –proceso que el gobierno de Pekin llama orgullosamente Revolucion Cultural- son los gompas tibetanos en paises vecinos como India o Nepal los que constituyen un repositorio para la posteridad. La proximidad a China (Tibet ocupado) es algo mas que un dato poetico. Ambos paises protagonizaron una breve guerra en 1962 tras una fallida invasion china, y aun hoy la zona se considera algo volatil. Mientras los tibetanos estan acostumbrados a estar en la linea de fuego, hay que ver como resuelven la interaccion con el nuevo invasor pacifico: el turista. Observen sino a los novicios del monasterio de Tabo – donde el Dalai Lama piensa retirarse- jugar fascinados con las motocicletas Enfield aparcadas fuera por un grupo de turistas. Parecen disfrutar demasiado el mundo ‘material’ como para desear genuinamente abandonarlo.

Retome la ruta principal en Manali, y automaticamente me traslade a la pacifica aldea de Vashisht. Digo ‘pacifica’ a pesar de centenar de mochileros israelies como el que se encuentra en cualquier aldea turistica del norte de India. Hasta donde he logrado comprender, luego de dos anios de servicio militar, el joven israeli promedio compensa con anio y pico en el camino. Aquellos con los que converse estaban doblemente felices de estar lejos de casa: si estuvieran en Israel no tardarian en ser llamados al frente, y tomar te en los Himalayas es mas placentero que perseguir a guerrilleros del Hezbollah por las callejuelas de una aldea del sur del Libano. Llegada la noche en Vashisht resisti la tentacion de las hoterias baratas y deambule algo perdido por las calles, sabiendo que poco podia esperar de la gente local en terminos de hospitalidad. Fui, de hecho, rescatado por otro extranjero, un aleman llamado Rogelio, quien reside desde hace meses en la aldea. Acababa de ver ‘El Senior de los Anillos’ en un café, y la aparicion de Rogelio, con su anchisima bara jenjibre y su aspecto de guerrero sajon, me hizo pensar que las legiones de Frodo habian escapado de las 24 pulgadas. En todo caso, realidad y Rogelio no eran muy buenos amigos, y aunque me brindo como prometido espacio en su cuarto, paso toda la noche habalndo incoherencias consigo mismo. Y fingia dormir, pero lo escuchaba atonito: “tengo una motocicleta Enfield, con ella puedo conducir hasta Alemania, y alli dar vueltas al Reichstag, o dentro de los estadios, pero despacito…” A media noche se levantaria sobresaltado para comentar que ‘el parlamento aleman de Schroeder es un club de debate donde la gente recibe altos sueldos por conversar con estilo”.

Parado en la salida del pueblo extendi mi pulgar apuntando hacia Leh, 475 km mas al norte. No esperaba un viaje facil, sabiendo que aun en autobus es un trayecto de dos dias. Sin dificultades llegue a Keylong, con dos tramos en jeep, de los que uno transportaba tuberias y el otro tomates. Keylong esta situada a 3350 m, y es el ultimo pueblo de cualquier tamanio en 280 kms, hasta llegar a Rumtse, ya en Ladakh. En el medio, la carretera corre casi siempre por sobre los 4000m, con dos pasos sobre los 5000m, y no hay mas asentamientos que campamentos militares y tiendas transitorias que ofrecen comida y alojamiento a los viajeros. Y los viajeros no son pocos, desde que la carretera se abrio a los extranejerosen 1989, miles de nuestra especie cubren cada temoprada el arduo trayecto, ya sea en autobus, jeeps, o rusticas Enfield locales. Personalmente no podia evitar evocar el similar trayecto de norte a sur que son nuestro valles Calchaquies, desde Cafayate hasta San Antonio de los Cobres, con el detalle que ahora carecia de la perspectiva que solo brinda la recurrencia. Detras ha quedado ya el rio Beas, aquel que detuviera a Alejandro Magno, ese viajero disfrazado de conquistador, que penso que por aqui se loalizaba el fin del mundo. Hice noche en Keylong, donde Ailine y Stephanie, dos viajeras suizas que hablaban espaniol, me contrabandearon en su habitacion.

En un jeep de vialidad y un tractor llegue el dia siguiente a Parsu, 52 kms al norte de Keylong. Entonces vi en el horizonte una caravana de camiones Tata, uno de los cuales, un inmenso camion tanque blanco con patente 2569, se detuvo. Despues de tantos cortos tramos en jeep, tractor y motocicleta, mayor no pudo ser mi sonrisa cuando estos dijeron que iban hasta Leh. Claro, las cosas no iban a ser asi de faciles… El primer dia fue todo bien. Kuldip, el conductor, y Guddu, su ayudante, eran amables en cada detalle y en ningun momento hablaron de dinero. Asi, lento pero seguro, el ‘2569’ se abrio camino por la sinuosa calzada de cornisa que caracteriza el norte de Himachal Pradesh, donde las altas cumbres sostienen las nieves eternas de manera tan precaria que parece que en cualquier momento sobrevendra una avalnacha. Mas que a la geografia yo temia al factor humano: Kuldip eligio el paso de Baralacha (4830m), el primero de los altos pasos que cruzariamos, para entrenar a su ayudante en tales escenarios. El pobre Guddu daba bestiales volantazos que apenas tenia tiempo de enderezar antes del puntual precipicio, mientras yo elegia aquelos recuerdos e imagenes que deseaba evocar postumos.

La labor del ayudante de un camino indio excede las funciones de un mero copiloto, porque ademas de los quehaceres relacionados con el camino, como quitar grandes rocas de la calzada o monitorear el progreso del camion en curvas cerradas y peligrosas, Guddu hace las veces de monagillo, al encender cada maniana dos sahumerios, con los que urificara cada incon de la cabina, incluido el velocimetro anclado y la infaltable estampa de Shiva, antes de coloar sus manos en posicion de rezo y aplaudir dos veces. La oscuridad nos sorprendio poco desues del paso, e hicimos noche en el campamento de Zingzingbar, en una yurta en la que tambien pernocataban tres motociclistas israelies en viaje a Leh. Esta gente no deja de sorprenderme: todos ellos son amables y pacificos, pero en esa doble vida que es el servicio de reserva de su pais son pilotos de tanques Merkava o helicopteros de asalto a tierra. Esa noche llovio como nunca. Mis amigos israelies, pense, tendran alguna habilidad genetica para construir arcas… Dadas las circunstancias, no podia esclarecer si el terrible dolor de cabeza provenia de apunamiento, de un dolor de muelas, o eran acaso los primeros sintomas de la rabia que, hoy se, no me fue contagiada por un sarnoso perro en Paharganj, Delhi. De todas maneras a las 5:30 estabamos todos arriba, listos para un largo dia de viaje al cabo del cual debiamos llegar a Leh.

No habiamos hecho mas de 20 km cuando nos encontramos con todo el transito detenido. Las lluvias de la noche anterior habian producido un derrumbe que habia bloqueado la ruta. Un grupo de quince obreros del Bihar (la provincia mas pobre de india) daban paladas sin cesar. Una motoniveladora venia en camino desde Zingzingbar, pero demoraria al menos tres horas en arribar, y otras tantas en enmendar el derrumbe. Con semejante panorama, Kuldip miro al camionero que seguia en la fila e invito (impuso): “chai?” (Te?). El chai, esa manera tan asiatica de puntuar el hastio. Cada segundo, en todo Asia, desde los beduinos de Siria hasta los mullahs de Iran, se interrogan y producen la exacta inflexion de la garganta para invitar (imponer): “chai?”. La primera guerra pan-Asiatica se desencadenara en el momento en que alguien niegue por primera vez un te…

Como el te no iba a bsatar para saciar el hambre que tenia, decidi caminar por sobre el derrumbe hasta Sarchu, el proximo campamento, distante 4 km. Con el estomago lleno, busque una yurta, alquile un colchon por el dia, y cai en un profundo suenio. Por entre los intersticios de la inconciencia crei escuhar el motor de los camiones. Calculo que luego de tantos anios viajando a dedo debo haber desarrollado alguna especie de enzima, acaso la Scaniatrofina, que dispara una senial de alerta cuando un semi se acerca a varios kilometros de distancia. Pero entonces me preguntaba….seria posible que ya hubieran reparado el camino? Decidi con mas instinto que racionalidad que reponer energias era la prioridad y que por la maniana encontraria algun otro camion que fuera a Leh. De todos modos, es el unico sitio adonde la ruta conduce. Desperte a las 8 de la noche, afuera seguia lloviendo y no habia otros extranjeros apra conversar en mi tienda, con lo que émigré a la tienda ocupada por tres indios de Bangalore que trabajaban en informatica y, comun denominador, un grupo de israelies. Mientras cruzaba la ruta habia podido notar que de hecho habia varios camiones estacionados en la fangosa banquina, como dragones huerfanos, pero al tener el campamento varios kilometros de longitud me abstuve de busar a ‘2569’. Llevaba un par de horas conversndo con mis nuevos amigos (uno de los indios de Bangalore se habia ofrecido a cubrir los gastos de mi futuro sitio web por un anio) cuando vi aparecer a Guddu, ladeando su cabeza hacia ambos lados como si se le estuviera a punto de caer, ese polivalente recurso indio que puede ser un saludo, asentimiento, o rechazo, segun el contexto. Habian llegado mientras dormia y estaban busandome. “Tomorrow 6 am, up, evening Leh” – dijo Guddu en su tosco ingles. Nunca palabras tan simples habian sonado tan nobles como un fragmento de “Otello”. “Nos vemos en el proximo derrumbe!” – salude a mis amigos, y regrese a mi yurta por mas suenio.

No debi haberme despedido de esa manera. Por la maniana siguiente, habiamos cubierto menos de 10 kms, que volvimos a encontrar la hilera de camiones detenidos. “Chai!” – grito enseguido Kuldip, como si dos derrumbes en 10 kms fueran lo mas normal del mundo. El segundo derrumbe fue, sin embargo, particular. Esta vez los extranjeros que viajaban en los autobuses y 4×4 detenidos a ambos lados del accidente tomaron picos y palas y, uniendo fuerzas con la escuadra de trabajadores del Bihar, comenzaron a nivelar el terreno. Los obreros del Bihar, de piel oscura brillosa, siempre realizan las tareas mas indeseables, por lo que dan la impresion de ser una subraza al estilo Huxley. Tambien tienen una manera muy santiaguenia de trabajar: uno de ellos de la puntada con la pala, y otro tira a continuacion de una soga atada a al base de la pala, que entonces libera con mas celeridad su carag de barro y tierra. Nos tomo mas de 5 horas lograr que el terreno permitiera el paso de un camion. A eso del mediodia reemprendimos marcha. A esa altura los deslizamientos habian ya impuesto su ritmo, y viajabamos en uninvoluntario convoy de tres camiones. Uno de estos cargaba cabras, que asomaban babendo con muecas diabolicas por entre las rendijas de madera, y el otro, medio millar de gallinas dopadas por la altitud. A cada deslizamiento o demora, los tres camioneros se alinearian con la necesidad propia un atomo inestable para tomar el te. Superado el segundo derrumbe, el tata galopo como un pura sangre reprimido. La ruta, inesperadamente, se nivelo, y aparecimos en un altiplano habitado por nomadas Khampa, en cuyos rostros se leia que aun estaban apelando a los dioses el sorteo de destinos. El altiplano se prolongo unos 20 km y luego comenzamos a rtepar por el lado de un canion. Curiosamente, los carteles senialadores, mas que senializar las variantes del camino, estan dedicados alabar a la empresa constructora, la Border Road Organization, o a dar consejos poco oportunos. Otra cosa no se puede decir de un cartel que al borde de un precipicio insta a informarse sonre el SIDA… La desembocadora de nuestro ascenso fue el Taglang La, el segundo paso mas alto del mundo, a 5360m. Con modales de cirujano, Kuldip extiende el brazo con su palma abierta, y Guddu alza una botella de whiskey barato. Es el festejo por el cruce exitoso.

Del otro lado, y luego de tres dias de viaje, encontramos un pueblo hecho y derecho: Rumtse, que es asu vez el punto de inflexion cultural, porque aunque desde Sarchu habiamos dejado Himachal Pradesh para entrar en Ladakh, la ausencia de poblaciones habia postergado la evidencia: ladakh es un “pequnio Tibet” en India. Y en Rumntse eso cae como un veredicto, solo basta con observar la arquitetura o los rostros de los locales. La arquitectura tibetana de alguna manera transmite el estoicismo y la solidez de su gente. Hasta la mas humilde de las viviendas parece un fuerte construido para durar mil anios. El angulo levemente grave con que sus muros de blanco helenico se despegan del suelo acentua esta ilusion. Cerca de Miru, otro tipica aldea tibetana con stupas (altares simbolicos budistas) erosionados al costado del camino, nos sorprednio el tercer derrumbe, el que solo saldraimos la maniana siguiente.

El tramo final hasta Leh no fue falto de variantes. En la aldea de Karu un joven local vestido a la occidental con jogging Adidas nos hizo dedo y, una vez dentro, con elocuencia premeditada de conductor de TV, saco una docena de tuvos plasticos de pelicula fotografica rellenados con hashis e inicio una verdadera sunasta, a la que asistieon los conductores de los camiones de cabras y gallinas. El preparado vendedor tenia incluso una balanza de mano para mesurar las dosis. Todo el amneje transcurria con el ‘2569’ estacionado enfrente a una base militar…

En Karume despedi de mis choferes, y aborde un jeep militar de un comandante que habia vivido en Angola y hablaba portugues. Pronto alcanzamos el ancho valle del Indus, con sus enormes gompas que, lejos de haber sido concebidos y construidos en una solo instancia, son babelicos muniecos de trapo, resultado de adiciones y terremotos que modelaron el conjunto a lo largo d los siglos. Finalmente la ruta parecia estrellarse contra un arco de cerros. Un par de curvas como contrasenia y estos se abrieron como un telon. Y lo que aparecio en escena fue Leh, 101 hs y 10 vehiculos despues, habia llegado.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

Un comentarios

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  • Uff tremendo relato, increible ese tramo, por dios ke aguante.

    Una sola cosa, los israelies no corren a terroristas del Hezbola, corren a guerrilleros de Hezobola y Hamas.

    Terroristas son Al queda, Bush, Blair, Aznar, etc etc.

    Un abrazo y buen viaje!!!

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