VISITANTE SIN ESCOLTA: ROBANDO GOLOSINAS EN UNA BASE DE LA OTAN


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Como si la vida no fuera lo suficientemente dura en Chagcharan, la precaria capital de la Provincia de Ghor, en el centro de Afganistán, una tormenta de arena barre el pueblo cada atardecer con la constancia de un cometa. A esa hora sus calles de tierra son todo éxodo: Land Cruisers, hombres enturbantados y pichichos flacos en busca de su garage, casa o cucha, entre el clamor metálico de puertas de chapa que se cierran…

 

También a esa hora, Quentin, Michael y Robert, los voluntarios norteamericanos en cuya casa pasé cuatro noches, bendicen la mesa… En Irlanda del Norte ya había notado que los protestantes le hablan a Dios como si este fuera Axel Rose: ¨…y gracias loco por estos alimentos tan copados de cada día, que nos das a pesar de los mocos que nos mandamos…¨ Y así. Al mismo Dios que había creado el molases (horrenda jalea untable típica del Sur de los Estados Unidos, derivada de la caña y del masoquismo) se le había ocurrido ponerlos en Afganistán en semejante hora de la historia.

 

¨ ¿Sabes que los talibanes están librando combate en Ghazni?- le pregunto a Quentin, intentando adivinar de qué está hecha su fortaleza. No sabía nada. “Desde que llegue aquí deje de escuchar las noticias. No se puede vivir en pánico” – se excusa.

 

Ante los ojos de las mismas tropas yanquis desplegadas en Afganistán, mis tres amigos eran también objeto de sospecha y sorpresa. Mientras a los soldados les pagan tres mil dólares mensuales por arriesgar el pescuezo, y viven dentro de una base, Michael y sus secuaces están aquí porque quieren, no reciben sueldo, y pasean sus rasgos caucásicos por el bazar sin chaleco antibalas. Como en mi caso, su única protección es la fe que los trajo hasta aquí. Todo el conflicto bélico y político es claramente para ellos una cuestión de fondo, segunda a la conservación del sentido.

 

A veces me pregunto si estamos realmente haciendo alguna diferencia – me confiesa Michael mientras buscamos un puesto del bazar que no vendiera tomates podridos. Y acaso la situación era una metáfora.



Es extremadamente difícil ayudar a un pueblo como el afgano. Tras 30 años de guerra civil este pueblo ha desarrollado una ética estilo “cada cual para su rancho”. Los afganos, contra todas mis expectativas, no parecen en nada agradecidos por la cruzada de asistencia internacional organizada en su favor. No es que entre en juego algún resentimiento por la intervención militar foránea en su país. (Los talibanes eran, de hecho, en gran parte del territorio afgano, tan extranjeros como los made in USA).

Tampoco se trata de un orgullo-reflejo del nativo frente a las rubias hordas civilizadoras. Es algo mucho más básico. En líneas generales los afganos están grupalmente volcados a manipular a la comunidad internacional, sacarle el mayor provecho económico posible antes deque se vayan o algún nuevo fundamentalismo islámico empiece a afilar sus cuchillos. La diferencia de salarios entre los funcionarios de la ONU y los obreros afganos, por ejemplo, llevan algunos a pensar, en el mejor de los casos, que los extranjeros deberían sacar dinero de su bolsillo para resolver los problemas locales. En el peor de los casos se llega a pensar que los problemas afganos derivan de tal diferencia de sueldos…

En una aldea vecina un técnico alemán diseño un esquema según el cual cada familia pagaría un dólar mensual para amortizar un grupo electrógeno que de luz a toda la aldea. Pero los locales respondieron: “¿Tu tienes dinero, por que debemos pagar nosotros?”. Además, tanto el jefe de la aldea como el warlord (el que tiene más armas en la zona) pedían coimas a cambio del derecho a desarrollar sus propias áreas de influencia. Esa es la otra batalla que libran los no-soldados en el Afganistán contemporáneo. Quienes señalan que Afganistán carece de un sentimiento de unidad nacional están en lo cierto. Subamos la apuesta, digamos que Afganistán es una ilusión de los mapas. Aquí la gente se siente tayik o pashtún, de Herat o de Kabul, fiel al mujahidin (líder guerrillero) Massoud o Dustam, de este valle o del de al lado. ¿Ser Afgano? Todavía me pregunto qué significa eso.




El viernes se celebraba en Chagcharan el aniversario de la victoria de los mujahidines sobre el invasor soviético en 1989. De cada valle de la provincia había llegado una mása de gente ansiosa por presenciar el centro de la celebración, el torneo de bushkashi, deporte nacional en el que cuarenta jinetes se pelean por una cabra decapitada. Dicen los que lo han visto (desde Marco Polo en adelante) que el juego es un retrato del alma y sensibilidad afganas. El llano junto al río se había transformado en una especie de circo. La gente, amontonada como un polimero, reclamaba el fin de las aburridas y poco coordinadas demostraciones de destreza previas. La tribuna femenina, producto de la adición de burkas, era una mancha celeste en el paisaje. Los jinetes, que en el interludium esperaban ser llamados a su juego, se paseaban al trote por la calle central.
 


En el centro, en una postal que tres siglos atrás no hubiera desencajado, Gintaras Azubalis, comandante de las tropas lituanas que lideran la base de la PRT(Provincial Reconstruction Team) de Chagcharan, sentado de piernas cruzadas, observa el espectáculo junto al Shah Abdul Afzali, el gobernador de la provincia de Ghor. Los dos hombres parecen tener poco de que hablar, y el lituano parece particularmente aburrido. Me pregunto como se sentirá rodeado de cinco mil afganos y, peor aun, cuarenta jugadores de bushkashi…



A 100 metros emergen, sentados en el techo de sus 4×4, dos soldados lituanos armados hasta los dientes. Brindan apoyo logístico mientras mascan chicle y se quejan del calor. En 1988 Litiuania y Afganistán compartían su estatus de territorios ocupados por la Union Soviética. La evolución de la historia fue caprichosa: las tropas lituanas patrullan ahora el centro de Afganistán. Adquiriendo cierta perspectiva, se puede decir que, al ayudar a mantener la paz interna de Afganistán, Lituania paga su deuda histórica con tal país. ¿Cuál deuda? Pocos reconocen la enorme contribución de la fallida aventura militar rusa en Afganistán a la caída del régimen sovietico. Se hubiera precisado algo más que una “Singing Revolution” de no haber sido por tanta sangre afgana derramada.




Cuando el comandante lituano se retiró a la base conversamos brevemente. Tenía ahora autorización para visitar. Me acerco a la base a pie, llegando en el mismo momento en que decolaba un enorme avión de carga C-140. A pesar de que esta en su mayor parte formada por tiendas de campaña, juzgando por el confort, se diria que Chagcharan es el campamento transitorio satélite de la base, y no viceversa. Al entrar, un poste con una flecha de madera señala, más para la nostalgia que para el eventual conductor extraviado: “Vilnius 3800 Km.”.




Soy conducido a una tienda donde varios hombres escriben en sus portátiles. Uno es el representante del gobierno de EE.UU., un hombre de barba apostólica que más bien parece un escrito retirado. Le sigue un jefe de la policía lituana que tiene los músculos tan hinchados como si acabara de levantar un automóvil. Hay también representantes de las tropas danesas e islandesas. Dos hombres se ponen de pie y me hacen señas de los siga a una segunda tienda. Allí el comandante nos espera con su café recién preparado y humeante.
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El comandante es un hombre de Alitus, una ciudad que recuerdo vagamente haber visto en el mapa mientras bajaba por la E-67 hacia Polonia. No me habia tocado en suerte entrar a la ciudad entonces. Ahora, en los desiertos montañosos de Afganistán, conocía finalmente a alguien de Alitus. Los otros dos hombres son Danius y Aleks, y van a hablar más que el comandante, quien prácticamente sólo se limitara a observar que la sigla PRT es más bien confusa. “Equipo de reconstrucción provincial –dice despectivamente- estamos aquí para reconstruir las instituciones, no para reparar puentes”. A Aleks, sin embargo, que encabeza el departamento de ayuda humanitaria, casi se le caen las lágrimas mientras relata con voz suave la donación a un orfanato de juguetes provenientes de Lituania.


Como si no se pusieran de acuerdo en el mensaje que quieren dar, su colega Danius, jefe de asuntos políticos, lo interrumpe, produce una mueca y, sin corregirla, dice en un tono simultáneamente serio y burlesco: “Eso es solo un show lateral para ganar algunos corazones, estamos aquí para garantizar seguridad”.

El comandante le da el sorbo de gracia a su café y me señala el parche en su hombro izquierdo, que dice: “Welcome to the moon”. Lo entiendo, Lituania no me impresionó particularmente por los infranqueables desiertos entre Vilnius y Kaunas…Pero… ¿la luna? ¡Eso es demasiado! Seguramente no le ha mostrado el parche al gobernador de la provincia con la misma sonrisa. Mejor dicho, al gobernador de la luna…



Camino a la puerta, mi escolta me acompaña a la cantina de la base. Allí había una mesa saturada de barras de cereales, snickers, y Gatorade, helado, y suficientes frivolidades alimenticias para malcriar al mismísimo Buda. “Todo esta pago, aprovecha la oportunidad, me había dicho”. Así la mañana siguiente salí a la ruta muñido de tantas golosinas como había podido cargar, buen complemento para la dieta galletitera de la ruta.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

3 Comentarios

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  • El cartero llama 2 veces.. de él sólo hecho de pensar cuán distinta existencia tiene tu apostolado postal a los néctares amorosos desarrollados en dicha película me veo en la certeza de darte mis borceguíes(para un camino mas liviano)!!
    Ni Bukowski ha pasado por semejantes experiencias en sus 12 años de cartero , .. y pensar que el muy cabrón se quejaba de mojarse sus zapatos con suela de carton de caja de t.v!!!
    Afgano , hay algún afgano realmente ? no me salgo de tu conclusión ni me aíslo de tamaña controversia.
    Será un pueblo que adoptó el capitalismo en su mas cruda versión? acaso los “afganos”(o la sumatoria de todas las etnias) se habrá vuelto mas papista que el papa(ee.uu)?
    Palabras , solo palabras ,los hechos los has dejado al desnudo desde la visión de alguien como todos los que te leemos, y eso , es lo mas valedero. Sólo es tu percepción sin ningñun tipo de interés creado que el de ver el mundo con ojos propios.
    2 abrazos amigo
    Román(muy pronto)

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