Llegada a Afganistan, en la “ruta del opio”….

Aunque no se de cuenta, todo viajero hace una breve plegaria cada vez que se cuelga la mochila al hombro, y le pide a la rosa de los vientos que la simetría nunca se esconda tras la línea del horizonte. Cuando las asimetría esta asegurada, uno espera inversamente un poco de normalidad. Tal fue el caso cuando empecé a hacer dedo rumbo a Afganistán. Afganistán integraba tradicionalmente el hippie trail, la ruta por tierra de Europa a India que miles de jóvenes seguían en los 60s y 70s. De regreso en casa, los viajeros hablaban con entusiasmo de ese país de gente hospitalaria y paisajes extremos. Dervla Murphy, una irlandesa que en 1963 pedaleo desde Irlanda hasta India, dedico su libro “Full Tilt” a los pueblos de Afganistán y Pakistán, y describió al primero de estos como un pueblo de hombres inteligentes, de contextura noble y particularmente sensibles a la belleza natural. Mucha agua paso bajo el puente desde entonces.

Treinta anos de conflictos, la ocupación soviética y el consecuente suministro encubierto de armas de Occidente a las milicias islámicas encargadas de resistirla han potenciado sobrenaturalmente las rivalidades tribales preexistentes. Actualmente, el gobierno del presidente Karzai y las fuerzas internacionales intentan mantener un mínimo de seguridad, pero es muy poco lo que la autoridad central puede hacer fuera de las grandes ciudades, donde verdaderos feudos acopian poder en base a la producción ilegal de opio y heroína, y su tráfico a Europa. Los “barones de la droga” manejan suntuosos 4×4 de las que los obsoletos jeeps rusos de la policía antinarcóticos solo pueden morder el polvo. Dentro de dos siglos todos estos eventos aparecerán como pintorescos y románticos y las agencias turísticas venderán excursiones a la ruta del opio como hoy las venden a la ruta de la seda, pero ahora el riesgo de ser degollado al alejarse de la ruta principal es real. Aunque los recientes relatos del mochilero ruso Anton Krotov aseguran que la mala fama del país es en gran medida un fantasma, deje Mashhad con miedo.
 
 
Los primeros dos vehículos fueron dos motocicletas. El conductor de la segunda transportaba dos sandias enormes, una en cada alforja, y tuve que pelear para rechazar el pesado y molesto obsequio. Solo puedo interpretar la inusual contigüidad de dos tramos en dos ruedas como un tributo del camino a Rocinante,la bicicleta de Dervla Murphy. Finalmente encontré a Abdul, quien en un viejo Paykan conducía hacia Herat a visitar a su madre. Herat, la primera ciudad del lado afgano. El viaje hubiera sido placentero de no haber sido porque Abdul encontraba entretenido invadir la calzada opuesta sólo para alinearse con la suya cuando podíamos sentir el calor del motor de algún camión que se nos venia encima. En la frontera, Abdul tuvo algunos problemas con los papeles del coche, y ya seguí solo.
 
Antes intentaba pasar las fronteras lo más pronto posible. Ahora he aprendido a estimarlas en propio derecho. Las fronteras, esas compuertas entre piezas de domino. Pistas para el amor y el contrabando, el ostracismo y el regreso, viajeros, profetas, oportunistas, taxistas, arbolitos con billetes falsos, madres emocionadas y oficiales corruptos. Todo rodeado del charm que otorgan los trailers de camión confiscados oxidándose lentamente a un costado del camino.
 
El puesto de frontera afgano, y el pueblo que se emplaza a 5 kms, se llaman Islam Qaleh. Viniendo desde Irán, el súbito encuentro con multitudes de hombres con turbante blancos enrollado en sus cabezas como cintas de Moebius y barbas al estilo “Osama”, largas como estalactitas, es un shock. Adiós a Medio Oriente, bienvenido a Asia Central. Mi presencia en la desprolija oficina de migraciones despierta más sorpresa que preguntas. En la ventanilla, un póster del Ministerio de Defensa de EE.UU. aun ofrece una recompensa por la captura de Bin Laden. Con el parecido del hombre de la foto a la mitad de los que están afuera, es comprensible que aun lo estén buscando. Salgo de allí en minutos con un nuevo sello, rojo y triangular, en mi pasaporte. Un hombre que alisa su barba de 20 cm con un peine intenta venderme afganis, la moneda local, pero ofrece un precio bajo por mis rials iraníes y sigo caminando, entre hombres que transportan desde bolsas de te hasta carburadores en carretilla, con la mirada tenaz de quien introduce un culto prohibido.
 
En el caserío que precede a Islam Qaleh dos niños que transportan una batería usada en una carretilla me acompañan por un kilómetro. Luego un vehiculo de la policía se acerca para avisarme que al viajar a pie me expongo altamente al peligro. Hago caso omiso. Al menos en las rutas principales, he decidido darle una oportunidad a Afganistán, y no prejuzgarlo. Los locales, por el momento, mas que hostiles parecen sorprendidísimos. Cuando entro en un pequeño comercio de adobe a comprar un refresco encuentro, al dar media vuelta para salir, que toda la superficie de la puerta ha sido llenada por caras. Es la imagen de un juego de ta-te-ti finalizado en empate. Es un taxista (si, un Corolla) que regresa a su casa luego de un largo día de trabajo el que me invita a pasar la noche en su casa. Islam Qaleh es una gran superposición de casas de adobe de techo abovedado, cada una a su vez rodeada por un muro del mismo material, con ventanas mínimas para compensar los extremos de temperatura. Parecen pequeñas fortalezas.

En la casa de Karim, el adobe es sólo interrumpido por una alfombra punzo. Sobre ella jugamos cartas con sus tres hermanos. Enseguida llaman al maestro de la aldea, quien elegantemente se define como maestro de farsi (la lengua del Este de Afganistán), matemáticas, y de abecedario en ingles. Y lo recita como sus alumnos para mostrarme que lo sabe: “a,b,c,d,e…”. El juego de cartas se llama 21, y va lento porque cada vez que le toca a Karim, el esta ocupado mostrándole al maestro todos los ruidos que puede omitir su Nokia. Tomen nota, historiadores de la contemporaneidad, en todo el mundo islámico, los hombres se reúnen para conversar sobre las funciones de sus teléfonos, que rara vez usan por nunca tiene dinero para el crédito.

Para Karim mi idea de llegar a Kabul por la ruta central de montaña, en vez de pegar un giro por Kandahar en el sur, es descabellada. Anticipa que la gente allí es mala. Aunque los talibanes son más poderosos en el sur, la presencia allí de fuerzas de seguridad internacionales hace el escenario mas seguro. En el centro no hay talibanes, pero los bandidos sin etiqueta ni escalafón son igualmente abundantes. O eso piensa Karim. En todos los países consideran a sus vecinos como unos salvajes desalmados. Pero Afganistán parece identificarse a si mismo como un país de bandidos.


Cuando despierto por la mañana Karim ya se ha ido a trabajar. Su padre, un hombre de larguísima barba blanca que juega con sus dos nietas como si fueran palomas que se acercan a comer semillas de sus manos, me sirve el te. Me recomiendan hacer dedo en el puesto de policía a 2 kms del pueblo. En el trayecto sobre la banquina izquierda, encuentro un niño montado sobre los restos de un vehiculo pesado ruso. Las tropas rusas se retiraron en 1989, dejando por ahí miles de juguetes con los que los niños europeos solo pueden soñar. Y millones de minas antipersonales. El puesto de policía resulto ser una casucha de adobe con una bandera afgana en estado ruinoso. Explico que intentare frenar un camión que vaya a Herat. Uno de los policías agacha en la banquina junto a mí, apoyado en su fusil AK-47. Yo, sonrío y hago dedo detrás. Como casi no pasan camiones, el pobre policía se entretiene matando hormigas con el calibre de su arma. Intento explicarle que puedo frenar un camión solo, pero el insiste en “ayudarme”. Un Land Cruiser de dos ricos de Herat cumple con los requisitos (frenar y aceptarme a bordo), y dos horas más tarde entro en la ciudad más exótica en la que he estado hasta hoy.
Cuatro enormes minaretes que los siglos y los terremotos han dejado en ángulos impares dan la bienvenida a la ciudad. En el cruce principal, un policía intenta poner orden al transito. Aunque caótico, el transito es navegable, ya que consiste en su mayor parte de motocicletas, bicicletas, carros tirados a caballo y automóviles en menor medida. En Herat, la vida es un bazar: vendedores de barbas ascéticas, niños sopranos de precios, mujeres con burkas celestes que las cubren por completo (con excepción de una fina red a través de la que ven), todo gira según esa astronomía de bazar, tan elegante como austera. Hasta ver que pasa en este país, decido pagarme un techo por un par de noches, y salgo a buscarlo.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

15 Comentarios

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  • Amigo:

    No se cómo llegué a su blog, pero lo leo todas las semanas y, lo tengo que decir, mi idolatría por usted supera a cualquier otra.

    Sugerencia: buenísimo sería si pudieras conseguir un mapa, e ir marcando en rojo todo el camino que recorrés, semana a semana.

    Mas mensajes por venir…no bajes los brazos!

    Saludos

    Caco

  • Si, Juan , ya me di cuenta que se adjudican una esclusividad que nunca le diste a este diario, pero como sos una persona muy importante, ellos se jactan de que sos propiedad de ellos.
    Me voy a encargar de guardar los articulos. No me comprometo a escanearlos porque no tengo dicho aparato en casa,(no te olvides que soy media arcaica en esto del INTERNET y sus misterios) pero si los tendras via correo cuando me los solicites.
    Un gran abrazo y te sigo acompañando
    Teresa

  • llegue a tu blog cuando buscaba informacion acerca del autostop y demas y mira, ahora estoy “enganchada” y no dejo de leerte cada semana, increible chaval!!!! tu experiencia es digna de cualquier mencion, sigue asi!!! me estoy planteando encontrarme contigo en cualquier parte del mundo, quien sabe! aceptas acompaniantes?

  • Hola !

    Me pareció interesante la idea del mapa, estaría bueno “poder visualizar y seguir tu camino”. Sigo esperando cada semana tu relato para irme de viaje imaginario con vos y alguna otra gente que conozco y te lee.

    A seguir, que parece que cada vez tenes mas compañía energética !

    Madys

  • hola!! ja, como muchos aquí llegué a tu blog… no te digo q lo he leído completo pero sí puedo decirte q me parece q estás construyendo una experiencia inigualable… estas cumpliendo el sueño de muchos q decían(mos) q viajarían(mos) por el mundo… aún no descarto la idea de hacerlo alguna vez pero dudo mucho q pudiera hacerlo de la forma en q lo estás haciendo vos… q me parece la mas rica. Te estaré leyendo! besos y fuerza!

  • Querido Juan, tengo el art. del 23/04/06 “LLegada a Afg…”
    voy a tratar de ir a un ciber para escaneartelo. Algun dia te voy a contar el porque de lo complicado del tramite.
    Continuo siendo tu ferviente admiradora. Es el viaje mas interesante,economico,instructivo,y todos los adjetivos que se le quiera agregar.Tenes detras tuyo una caravana de viajeros.
    te quiere Teresa

  • juaaaaannnn!!!!! dònde estàs’ còmo estàs? hace mucho que no hay noticias tuyas. da alguna señal.
    suerteeeeee!!!!!
    (sal en el bolsillo)
    silvia, desde Lujàn

  • jajaja, a mi y a mi teléfono nos pasa lo mismo en este lado del mundo…

    saludos al desierto desde la exhuberancia correntina… qué lindo sería acercar por un rato aquello a esto y sentir como los polos se van fusionando uno en otro, progesivamente, porque después de todo, a pesar de las diferencias, la esencia es la misma…no?

    cosas que imagino al leerte, los contrastes… qué fascinante…

  • soy una mas que sigue inquieta y que reza para que todo siga en orden por tu camino…y que tu retraso de noticias se deba a que no consigues sitio para conectarte.
    me quedo impaciente a la espera…

  • Apreciado Juan, he utilizado la fotografía del cartel en la frontera de Afganistán para ilustrar un artículo sobre “Fronteras” en mi blog Las Notas de Bigas (http://jmbigas.blogspot.com)que he publicado hoy.

    En línea con la política de licencias Creative Commons, te cito a ti y enlazo a tu blog.

    Recibe un muy cordial saludo.

    José María (Madrid)

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