24 Feb – 1 Mar 2006. Al ritmo de La Renga en el sur de Turquia.

Foto: Rengueando frente a la mezquita mas grande de Medio Oriente (Adana, Turquia) SI sigo asi al unico mundo al que le voy a dar la vuelta va a ser al de la maqueta detras mio…
Esta semana fue una prueba contundente de como un segundo de estupidez puede invalidar varias semanas de calculo. Habia llegado a Ankara con la unica intencion de tramitar las visas para İran, Afganistan y Pakistan. Habiendo esquivado el invierno del hemisferio norte en Egipto, en Ankara tuve que aceptar que el invierno habia ganado finalmente la persecucion. La capital de una pais normal y erroneamente asociado solamente a climas calidos, Ankara me esperaba desvistiendose de las ultimas nıeves. Todo indica que un tırco deberia moverse con destreza en la neblina.
Obtener 3 visas en una semana no es problema con un poco de estudio previo. Al tanto de las formalidades, en la primera maniana ya estaba en la Embajada Argentina pidiendo las cartas de recomendacion requeridas por los iranies y los afganos. Excelente es una palabra que no alcanza a describir la eficiencia de las embajadas argentinas. Bajo el clasico cuadro de San Martin, conocido tripulante de billetes inflacionarios y leit motiv del Anteojito, espere poco mas de una hora por las cartas.
Andar pidiendo visas de turista para los paises del Eje del mal es toda una experiencia en si misma. En la desolada embajada de Iran el barbudo funcionario examina mi pasaporte en busca de algun sello de entrada en Israel. Solo luego sus palabras perdieron gravedad, y me dieron la visa en el dia. En la embajada de Afganistan el pedido parece tomarlos por sorpresa. ‘Dos foto carnet, 30 dolares, y la carta de recomendacion! – el consul recita incredulo el procedimiento de memoria. Luego toma confianza y aniade: ‘La gente exajera. Hay veces que uno esta en Afganistan y no escucha disparos’. Y alza un brazo haciendo la mimica de quien dispara al aire conuna ametralladora. Luego me comenta orgulloso que en Heraat y Kabul hasta hay oficinas de turismo.
Mis amigos en Ankara: Ant y su novia Guzdan. En un pais que desde la caida del İmperio Otomano es una escısion del resto del mundo islamico, ellos acaso pertenecen al sector mas progresista y liberal. En una ciudad donde los rostros envelados por la calle son una anomalia, sus temores de que alguna rafaga de la historia situe al pais en rumbos fundamentalistas parecen sin justificacion. Guzdan, que es buceadora profesional, (de hecho, la primera mujer turca en bucear en cuevas submarinas) y adepta al esqui cross country , tiembla de solo entrever la posibilidad. La entiendo: en paises como Siria o İran sus hobbies serian anti-islamicos. Que lugar hay para una exploradora subacuatica en tierras donde la mujer puede salir fuera de su casa solo si conoce el camino con antelacion?
Interesante fue tambien el cruce de opiniones entre Guzdan, eternamente agradecida a Ataturk, padre del moderno estado laico turco, y Bianca, la prima alemana de Ant, enemiga a priori de todo lo ımpuesto a la fuerza. Pero si es la liberacion lo que llega por el camino de las armas tampoco es valido? –le pregunta a Bianca, y luego le pide que exponga especificamente que aspectos del experimento de Ataturk le parecen negativos. Bianca no puede salir de su propia definicion de principios: toda cohersion es mala.
Bianca merece un parrafo aparte. Es carpintera, y desde hace 4 anios y medio, sigue una tradicion medieval alemana conocida como wanderschaft. En ella, los aprendices de un oficio abandonan su hogar con su saber-hacer como unica posesion, y se largan a aprender por el mundo. Se los distingue por su sombrero negro de ala ancha. Viajan a dedo y sin celular, ejerciendo ocasionalmente su oficio para mantenerse. En Alemania,la tradicion teine un status de pintoresco, algo jamas logrados por los crottos de mis pagos.
Con las 3 visas en mi pasaporte, en el pasapuertas, en el abrelatas, sali hacia Adana, mi base en el sur de Turquia. La idea, dejar alli mi pasaporte italiano (y cualquier evidencia de mi segunda nacionalidad) antes de intentar entrar en İrak. Llegue a Adana en un camion exactamente a las 2:56 am, y decidi acampar hasta el amanecer. El playero de la estacion, que a esas horas hacia el arqueo de caja, me senialo un edificio en construccion y sali a explorarlo. No fue mala suerte sino estupidez. El tono mas sombreado del suelo debio haber sido sinonimo para mi de profundidad. En plena caida libre, medio segundo fue capaz de albergar dos sensaciones: primero al ansiedad de no saber hasta cuando caeria. Simultaneamente casi, el alivio al ver que las mochila, cual Sargento Cabral y rotada por la gravedad o algun angel, absorbia todo el impacto. Habia caido en el hueco del ascensor. Gracias a tener la mochila puesta, mi columna salio ilesa. Mi cabeza sufrio dos cortes (cerca de donde mi hermano me habia incrustado una manija al cerrarme la puerta en la cara jugando a la mancha a los 8 anios). Mi rodilla izquierda sufrio la peor parte y aun sigue en huelga. Quede temblando en la oscuridad. El terror de no saber si me iba a poder poner de pie nuevamente, compensado por la risa que me producia mi inusual coordenada. Despues de todo, estar pidiendo auxilio en el foso de una ascensor en el sur de Turquia tenia algo de poetico, mas aun si uno piensa en lo ironico que es ir camino a İrak y casi matarse de la manera mas tonta. Me puse de pie como pude y, regrese a la estacion de servicio arrastrando mi pierna izquierda y chorreando el liquido vital. Una mezcla entre zombi de pelicula de clase B y fanatico de La Renga.
Los medicos no se dignaban a atenderme por no tener seguro medico. Entonces mi amigo Mustafa mostro sus dotes dramaticos ante la policia, a quienes pidioö por Ataturk, Turquia, y la soberania de los islotes del Egeo que me ayudaran, que el era un desempleado y yo estaba solo (me senti Neusdatd). Finalmente un medico observo mis radiografias y dictamino reposo. Hasta cuando? Reposo. Ya me veo, entrando en Irak, rengueando y a dedo…


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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