DE PARIS A BAGDAD EN 20 MINUTOS

El cartel señalizador que descuenta la distancia a Baris, el último de los Oasis, parece uno más de los espejismos con los que el desierto alienta a quien lo patea. Acto fallido o no, la particular interpretación del alfabeto latino de las autoridades de transito ha rebautizado al pueblo como… Paris! Buena manera de reafirmar el acercamiento de Egipto hacia Occidente…

Paris esta hecha de adobe, y carros tirados por burros comparten la calle central con pick ups de las que hasta una decena de hombres se apean, contra todo consejo del fabricante… En este Paris, la belle epoche se termino hace solo una década. Hasta entonces los parisienne emprendían regularmente caravanas de 40 días en lomo de camello hasta Chad, para importar un precioso ingrediente utilizado en la confección de jabón. Problemas limítrofes con Sudan y Chad finiquitaron el asunto y con el la prosperidad local. En todo caso, es agradable constatar que, tal como su prima sobre el Sena, esta manifestación africana de Paris también tiene su karma ligada a los cosméticos.

A los pocos viajeros que transportan su sombra hasta estas coordenadas les aguarda una policía siempre dispuesta a jugar a Tom y Jerry. Con el ruso lo intentamos todo, caminar más lento, o más despacio, siempre la camioneta de la policía seguía detrás nuestro a paso de hombre. Era como querer huir de la luna. Si se acercaban demasiado el ruso normalmente protestaba en nombre de los derechos humanos. Por mi parte últimamente me sale cantar Naranjo en Flor ante la primera pregunta que considero desubicada. En general, Egipto parece el peor lugar para intentar usar la lógica. Cantar, o cualquier otra opción emparentada con el absurdo suele ser más fructífera que la exposición silogística del Habeas Data. En Egipto simplemente no hay espacio simbólico para la noción de intimidad. No solamente porque se trata de una dictadura policial, sino porque el hacinamiento que los condiciona desde el nacimiento veda cualquier perspectiva hacia tal concepto. Con el 99% de la población asentada en las orillas del Nilo, podría ser de otra manera? Ni siquiera el sueño provee un escape de la saturación urbana: como si los bocinazos durante el día no bastaran, a las 5:30 AM el llamado a la plegaria interrumpe el descanso de trabajadores que sudan 12 horas por US$ 90 mensuales. “Allah es grande” –profesa en árabe los divinos decibeles, y nadie se queja, pues tal opresión se ha vuelto esperable y necesaria. Esta combinación de pobreza y apetito de dinero creado por la exposición al turismo hacen que cada mañana las calles y los mercados se doten de tripulantes que libran nerviosas existencias. Consecuentemente, carecen de la calma que da gracia a sirios e iraníes.


Volviendo al ruso y a mí, cuando finalmente nos libramos de la acústica robótica de los walkie tokies de policía, nos dispusimos a buscar la ruta que conecta los Oasis del desierto con el Nilo. Y aunque el horóscopo no decía que iba a ser una semana de homónimos, resulto que tal ruta partía de un pueblo llamado Bagdad. Solo en Egipto pueden Paris y Bagdad estar separadas por 12 kms de arena. Ya en Bagdad, encontramos rápidamente un camión con rumbo a Luxor, donde pasamos la noche en casa de la familia campesina de la foto. Nos pareció una experiencia mucho más rica que ir a visitar templos..

Entonces nos acordamos que había un futuro: una vez en Cairo, como sigue la historia? Aleksy sabe muy bien que mi ruta es Irak, Irán y Afganistán, pero disfruta intentar convencerme de alcanzar Irán bordeando el Cuerno de África y el sur de la Península Arábiga, es decir, vía Sudan, Etiopia, Djibuti, Yemen y Omán. Me cuenta de varios viajeros rusos que cubrieron la ruta sin mayores complicaciones que un par de coimas policiales en Sudan y poco transito de Yemen a Omán. Aunque es una variante tentadora, sigo firme con mi plan, primero porque carezco del presupuesto temporal para añadir 5 países, segundo porque es una oportunidad histórica única para visitar el Kurdistán Iraquí, convertido hace poco en región autónoma.

En la Embajada Iraquí de Cairo me solicitaron un acuerdo de mi gobierno consintiendo mi viaje a Irak. Así, interrumpí todo tipo de sopas de letras en la Embajada Argentina para pedir la maternal constancia. Me recibe primero el agregado militar, un rosarino de corta estatura envuelto en impecable uniforme pardo. Con inesperado humor me dice: “Vos si que tomaste toda la sopa!” y me lleva con el cónsul. Luego de media hora de espera bajo un cuadro de San Martín septuagenario una mujer inmensa sale de la oficina del cónsul con la carta. Al leerla me doy cuenta de que esta en francés, y dice que el Monsieur Villarino quiere ir a Irak, y que ojala pueda, y que ustedes lo dejen y que Dios lo ayude. La mujer inmensa explica que esta redactada según la Convención de Ginebra. Muñido de la carta fui a la Embajada Iraquí. Allí me dijeron que espere una semana, y luego que espere otra. Alentado por Aleksy que me nombra casos anteriores conocidos, he decidido intentar ingresar a Irak desde Turquía sin visa y con mucha simpatía… Los guardias de la frontera son kurdos y dicen que te sellan el pasaporte y adentro.

Concluyendo la semana, me encontré en plena calle con mi amigo Raúl, de Cluj Napoca, Rumania. Otro de los eventos que nos aguardan, cargados en el tambor del destino. Mañana emprendo camino a Ankara, Turquía, a pelear la visa iraní y afgana.


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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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