23-31 Dic, 2005. Camino a Cairo…




Fotos: 1. El taxista que me termino llevando gratis. 2 y 3: Tarabin.
Para visitar las ruinas de Petra habia recurrido a mi artimania favorita, en parte genuina, la de disfrazarme de hombre serio ocupado en un proyecto de promocion intercultural. Carpeta en mano, los lentes que nunca uso, y un vocabulario mas comlicado de lo necesario me salvaron de los U$S30 de la entrada. De Petra hacia el sur, mis suelas apuntaron a Cairo. Ahora bien, no iba a ser tan facil pasar a la ligera por tierras donde Dios ponia a prueba a sus profetas con tentaciones y dilemmas. Asi, con la noche del primer dia cayendo fria sobre el desierto me vi obligado a elegir entre el camion de un chofer que se habia enamorado de mi y el desierto, con sus 7 especies de serpientes venenosas. Y aunque ninguna de estas – ni siquiera Dios- se dio una vuelta para charlar un rato y atemperar la longitud de la noche, la saque mas barata que Moises, que vago 40 anios por el mismo desierto.
En el Puerto joradano de Aqaba aborde un ferry hacia la peninsula de Sinai, en Egipto. El mar por el que navegamos se llama Mar Rojo. Todos accidents geograficos que son harto conocidos, auque rara vez tengamos oportunidad de vincularlos con algo mas que olvidadas clases de catecismo de la primaria.. El ferry me dejo en el Puerto de Nuweiba, uno de los tantos balnearios que puntean la costa del Sinai. En los 5 kms que camine hasta encontrar un balneario menos turistico pude apreciar, ademas de ninios montando camellos, el dramatico encuentro entre el montanioso desierto y las cristalinas aguas del Mar Rojo, con sus playas y palmeras. Nunca se me habia ocurrido que camellos y pececitos de colores pudieran poblar el mismo ecosistema.
El balneario tranquilo que me gusto se llamaba Tarabin. los unicos otros extranjeros son un japones que viene pedaleando desde el sol naciente, un iraqui nacionalizado ingles que va camino a pasar el anio Nuevo en Bagdad, y una de esas familias francesas o alemanas (jamas americanas) que intentan reproducir en sus vacaciones el ambiente de la Isla de Giligan, generacion hippie en edad de canas. Llego el 24, acaso la nochebuena mas extrania de mi vida, la que pase frente a una fogata hecha con una palmera seca junto al iraqui y un sudanes que suenia con vivir en Nueva York. Para el 25, en cambio, decidi que me merecia socializar un poco, y me traslade a un balneario llamado Dahab, popular entre los hippies de los 70s, hoy un lugar fashion gracias al boom del buceo. El espiritu Just do it desplazo al Let it be. En general, a los viajeros que conoci alli, la mayoria canadienses y australianos, nada les imulsaba a viajar mas que tener las posibiliades economicas de hacerlo. A la hora del brindis, rodeado de media Commonwealth, cada uno hablaba de su trabajo, y a la larga me llego el turno:.” Y vos, a que te dedicas?” En estas situaciones me tienta macabramente declararme gerente de una fabrica de escobas en Otamendi. La verdad seria: haragan cuentapropista, vagamundos professional con master en ocio, tengo una cuenta de banco en Irlanda, y su saldo es un euro. Mejor sguir con la mascara del estudiante, hasta que salga la primera cana. Y algunos se irritaron. Es que a la gente seria le irrita que uno acometa la divina nada con la persistencia de un conspirador. Como diria el escritor marplatense Victor Clementi, me senti heroe de la ballesta en la metropolis del laser.
El 26 segui la ruta hacia Cairo, acordando tramos gratuitos con condutores acostumbrados a cobrar. En Egipto hacer dedo es illegal, y checkpoints a intervalos minan la ruta. Sostengo cn una sonrisa que camino alrededor del mundo y les entrego mi pasaporte. Cuando leen Argentina el tema vira hacia la salud de Maradona. Me advierten que tenga cuidado, que en el desierto hay serpientes y algunos beduinos bandidos. En fin, a costa de reasignar uno de los gendarmes al portamaletas, con metralladora y todo, ellos mismos me levan 3 kms. La noche me sorprende en la ciudad de Tur con la varilla de la carpa quebrada en dos, imperfecto solucionado gracias a las herramientas cedidas por la peluqueria local.
El 27 el primer camion que frene iba derecho a Suez. (Eso porque le rezo siempre al arcangel Moyano) El Canal de Suez se sortea con un tunel. La luz del otro lado proviene de otro continente: Africa. Mi visita al continente sera breve y se limitara a Egipto. Llegue al atardecer a Cairo. Con 18 millones de almas y sus distribuidores aereos parece una version tercermundista de la ciudad de los Supersonicos. En el hostel donde paro me doy cuenta que los viajeros llevan varias semanas en Cairo. Algunos estudian percussion con profesores locales, otros cursos de arabe. Todas excusas para justificar el magnetismo inherente e inespecifico. Me casusa agrado encontrarme con un colega chileno (que no puede viajar a Siria porque olvido solicitar a las autoridades israelies que no le sellen el pasaporte). Todos atascados como ballenas en la bajamarea, victimas de un misterioso apego. Para ilustrar la magnitud de la atraccion que Cairo ejerce sobre el viajero basta con mirar a Denny, el canadiense que, alquedarse sin dinero para su estadia, empezo a exportar sandias egipcias a su pais. En situaciones identicas un argentino se pone de estatua viviente. Me averguenza un poco de mis colegas que, ocupados en visitar las Piramides, no reparen en los faraones actuales. El presidente Mubarak acaba de mandar a prision al lider de la oposicion. Cuando el explorador islamico Ibn Batuta llego a Cairo dijo: “Cairo, madre las ciudades y sede de Faraon el tirano”. Nada ha cambiado.

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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