20 al 26 de Octubre de 2005. El mundo islamico: entre la CNN y la realidad.



Mi base para explorar Estambul fue el depto de Selcen, una profesora de ingles recien recibida que comete la paradoja de corregir los examenes de sus alumnos mientras escucha Pink Floyd The Wall, eso cuando no deja que yo o cualquier otro de los extranjeros de paso que pernoctan en sus sofases los corrıjan. Su actitud relajada ante la vida coexiste con una ansiedad indecible por salir al mundo. Con un viejo que cada tanto la llama para saludarla desde Katmandu o İndıa, es entendible que Selcen pase sus dias entre cursos de escalada y documentales.
Una de las visitas obligadas en Estambul fue la inmensa igiesia bizantina Aya Sofia, construida en 527 AD, ya habia oficiado como iglesia por un milenio cuando los otomanos la convirtieron en mezquita al tomar Constantinopla. Dentro, mosaicos bizantinos conviven con versos coranicos, haciendo patente la doble herencia musulmano-cristiana del templo. Su sola presencia es prueba que Estambul siempre fue un puente, un compromiso, entre Oriente y Occidente. Primero fue Constantinopla, heredera de la Roma devastada por el jaque mate de Teodorico (tanto como por su propia soberbia), capital de un imperio que solo conoceria agonias. Luego fue Estambul, compuerta siempre abierta del dique otomano cuya marea alta llegaria hasta las puertas de Viena. Hoy, un ojo mirando a la Union Europea, el sitio mas europeo de Asia, o el mas asiatico de Europa. En todo caso epicentro del kaleidoscopio ente Asia, Europa y Medio Oriente que es Turquia.
Con esos antecedentes no es sorpresa que en 1923, sobre las cenizas del Imperio Otomano, y algunos dicen a pedido de potencias extranjeras, Turquia se haya transformado en una republica democratica y laica, donde las leyes del Coran no son las del Estado (aunque la poblacion mayoritariamente musulmanana las mantenga vivas). Asi uno puede ver a la mezquita y al McDonalds, a estudiantes hip hop y mujeres vestidas de pies a tobillos y enveladas. Las leyes de Ataturk no pudieron impedir sin embargo que toda la vida cotidiana siga teniendo un distintivo tono de bazar. Incluso los minibuses tocan bocina cada 30 metros auspiciando sus servicios a cualquiera que remotamente parezca esperar un colectivo.
En Estambul, con su ritmo de vida secular, la introduccion a Medio Oriente es mas fuerte en su fase estetica. Los minaretes asemejan cohetes a punto de despegar y el llamado a la plegaria que desparrama mistica por los altoparlantes cinco veces por dia. El Bosforo, surcado constantemente por buques de todo tipo parece en constante preambulo a un desembarco. Del otro lado, conectado por dos inmensos puentes y por ferrıs, esta la orilla asiatica de Estambul. Una proximidad ‘veneciana’ se impone al dato geografico que dice que lo que esta en frente es otro continente, un poco auxiliada por la afinidad cromatica (predominan el rosa y un carmin lijado) y por los petroleros jugando la metafora gondola. El diminuto cospel de 1 lıra con que se paga el ferry poco desenmascara el caracter intercontinental de la corta travesia.
Fue en Bursa, antigua capital otomana 100 kms al sur de Estambul, donde senti que realmente habia cruzado una frontera cultural. Alrededor de la inmensa mezquita Ulu Cami, cientos de puestos formaban un bazar callejero. Era de noche, y los musulmanes, que en este sagrado mes de Ramazan guardan ayuno hasta que el sol se pone, formaban cola frente a los puestos de comida. Alli me puse a hablar con un vendedor de coranes llamado Sheref, quien hablaba algo de aleman y pronto me invito a tomar asiento de su lado. Cuando confieso que nunca lei el Coran toma uno de su mesa y me lo regala. Parece no importarle que no puedo leer turco. Dice que me va a proteger. Escribe en la primer pagina su nombre y numero de telefono y, llevandose la mano al pecho, me lo entrega. Cuando un musulman lleva su mano al pecho trago saliba. La coherencia y el compromiso del musulman promedio para con la doctrina que profesa es tal que si tengo que elegir un pais para verme en lios o necesitar urgente ayuda, no lo dudo: cualquier pais musulman. No importa lo que diga la CNN. Poco lograras buscando ayuda en las calles de Berlın o Buenos Aires, donde la poblacion cristiana-hedonista tiene una concepcion totalmente nominal de la fe que dice profesar y donde el propio pellejo es lo unico que importa. Contrariamente, uno tiene la impresion que a los musulmanes ayudar les hace inmensamente felices. Claro que no le dije al porbre Sheref que yo era ateo. No lo hubiera entendido…
La gente que me hospedaba en Bursa son jovenes recıen graduados, amigos de Selcen. El, inegeniero; ella, profesora de ingles. Totalmente ajenos al culto musulman, son tan hospitalarios como cualquiera en este pais, sugiriendo que el sentido de la hospitalidad, al margen de que en su origen haya sido religiosamente motivado, se encuentra presente en todos los grupos de la poblacion.
Al cabo de dos dias en Bursa continue hacia Ankara, la capital desde 1923. Ciudad moderna de 5 millones de habitantes planeada en el estilo de Brasilia o Canberra. Funcional y anonima excepto por la citadela del Pueblo Viejo. Alli, de cada callejuela salian ninios que me perseguian por la laberintica red, entre casas desvencıjadas y restos de una fortaleza. Desde la torre Este varios de ellos se divierten tirando aviones de papel hacia la metropolis. Parece que le envian un mensaje. Me dan una hoja para que haga mi avioncito. Asombrado veo a mis dedos ensamblar, tras 17 anios de pausa, un planeador con una hoja cuadriculada. Como los que haciamos con Albertito y Marcela en la calle Pampa. Aunque han olvidado el angulo exacto de cada pliego los dedos repiten el milagro. Los ninios, que no conocian el disenio, lo ven planear sobre la zona de villas. No sera una habilidad para mencionar en un CV, pero uno no deberia nunca olvidar estas cosas. Todo aquello que suplanta al lenguaje es sabio…
Gasto diario promedio esta semana: USD4.59. Kılometros: aprox 350

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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