4ta semana de Junio de 2005. El virus argentino en Holanda: mates en La Haya, asado en una casa okupa en Delft. Caminando sobre las aguas en el Mar de




Para el tamanio que tiene Holanda, son demasiadas las cosas que han sacado de la galera sus anfibios habitantes. Al pensar en Holanda algunos evocan los archifamosos molinitos, otros los tulipanes multicolores. Eso es culpa de las postales, pero estos tipos, además, fundaron Nueva York (con el nombre de New Amsterdam, hasta que los ingleses los sacaron a patadas) y el Gran Hermano (sí, idea holandesa). Otras cosas no las inventaron, pero las exacerbaron: como las bicicletas (no sólo cada calle tiene una bicisenda paralela sin excepción, sino que las ciudades están conectadas por bicisendas, con sus propios túneles y puentes). Otra fasceta holandesa es la de legalizar todo lo que el derecho romano se encargó de prohibir: la propiedad privada encuentra lindo frenate en el derecho a ocupar casas cuyos duenios no pueden mantener habitadas y habitables. Y la marihuana legalizada, que merece párrafo aparte. Basta con decir que la mitad de los conductores que me llevaron en el país fumaban y conducían con la más absoluta normalidad. Qué ironía que con tanto relax jurídico sea a Holanda a dónde vayan los que se portan muy mal. En La Haya está el Tribunal Internacional de Justicia. Y sino pregúntenle a Milosevic.
Mi amigo Stephen vivía en Delf, una ciudad pequenia, prolija y antigua, con sus canales atravesándola en todas direcciones y su plaza repleta de esas típicas casas flamencas y un par de iglesias góticas del siglo 13 así como así. Lo primero que ví al entrar en su casa fue un paquete de yerba en la repisa (Stephen tiene pasaporte holandés y corazón celeste y blanco) y un gato haciendo inútiles caricas a un cajón de cerveza. Así, el primer día fue de nostálgicas mateadas, sobretodo recordando la vez en que juntos caminamos al pueblo de Crotto, en provincia de Buenos Aires. Los viajes son como los vinos, una vez hechos mejoran con el tiempo, se aniejan.
El Domingo nos subimos a las bicicletas y pedaleamos hasta La Haya, donde había un festival de rock gratuito al que asistieron 100 mil personas. Allí, con perverso placer, Stephen sacó mate y bombilla y le metío para adelante. En tierra de la marihuana, nuestra yerba vieja y peluda causó espectacular interés y proporcional decepción. Se acercaban de a uno y en puntitas de pie a ver que era esa “pipa”, preguntaban si producía alucinaciones y regresaban cabizbajos a sus puestos. Gran noticia durante el recital: Máxima, la argentina princesa de Holanda ha tenido un nuevo hijo. Aplausos por doquier y alguna palmada en mi hombro. Pero si no es mío!
La agenda del complot decía que el martes era el turno del asado. Este se llevó a cabo en la casa “okupa” que Stephen y otras 15 personas están reciclando. No confundirse, acá okupa no significa rasca, los 15 amiguitos hicieron una vaquita para el reciclaje y juntaron un millon de euros… Fue el primer asado que preparé en la clandestinidad. Hacer fuego, en Holanda, requiere permiso municipal. Pero los churrascos se cocieron igual al margen de la ley. Mientras comemos charlamos. Stephen está cansado de trabajar en Holanda. Como ingeniero hidráulico su tarea es calcular el impacto de hipotéticas inundaciones en el anio 2114…y siente que su trabajo es inútil para el resto del mundo y quiere aceptar un puesto en Chad, trabajando para la ONU. Por eso te fuiste a Argentina? “Sí. –me dice- Pero allá cuanto más caro es un proyecto más contento se pone el gobierno”.
Dos días los dediqué a sacar un nuevo pasaporte italiano en Amsterdam. Fui y volví en tren, con la tarjeta de estudiante de Stephen, sonriendo sin hablar una palabra de holandés ante la llegada del guarda. Mi pasaporte italiano original se perdió en una carta de Dublín a Milán. Cuando esté listo el nuevo, Stephen deberá enviármelo por carta al sitio de Escandinavia donde me encuentre. Pero por ahora “el azul” se la banca, en él están la visa de Siria y un desubicado sello de salida de Suiza. El DNI italiano aparece como comodín en ocasionales controles de frontera, y si piden pasaporte sale “el azul” al paso. A eso lo llamo: evocación selectiva de tatarabuelos.
La semana terminó con un intento de caminar hacia una isla del mar del norte, durante la marea baja. Algo así como el suenio de todo ingeniero hidráulico, sentirse Moisés mientras las aguas se hacen a un lado. Para eso nos trasladamos a Gronningen, donde hicimos base. El conductor que me llevó hasta allí pasó a buscar a su novia por una especie de asentamiento transitorio donde había varios vagones de circo transformados en casas. Más gente que busca salir del sistema. Me encanta. La cosa es que iniciamos la caminata acuática con mapa, GOS y todo, pero a la media hora teníamos el agua por el cuello y hubo que volver. Como ven, cargué la cruz en Dusseldorf pero fallé a la hora de caminar sobre las aguas. Lamento decepcionar a los que creían ver en mí algún tipo de mesías…. Eso sí, lo de multiplicar los panes me sale bastante bien:. Mi presupuesto diario es de 5 euros. Aun así, en esta semana, la hospitalidad ajena me permitió andar en los 2,60 al día. El desastre de la semana: el dentrífico abierto en el bolsillo de la mochila. Salgo ahora hacia Dinamarca. Saludos!

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Acerca del Autor

Juan Pablo Villarino

Desde el 1 de mayo de 2005 recorro el mundo como mochilero para documentar la hospitalidad y la vida cotidiana de los destinos más insólitos a través de mis crónicas. Escribo libros de viaJe para contribuir a la revolución nómada.

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